30 de julio de 2014

Intento # 4


Es algo colorado
una punteada

colorida
frente a tanto incolor

una vez en la habitación
siempre fue lo mismo

la misma toma de posiciones
desde la hipocresía del discurso

algo colorido
nos campaneaba en la boca

(sin embargo algo incoloro
sonaba sabrosamente sonoro)

caíamos al final
en la desidia de la cámara lenta

que es el tiempo
si lo miramos desde muy arriba

...

27 de julio de 2014

Baila Monstruo

Cae la miel como cae la sangre de mi boca cuando muerdo tu ausencia pero soy criatura de golpes y me levanto con la última visión de ti refulgando y superando el brillo incandescente del aviso publicitario que quema mis ojos cuando tarde en la noche paso por el puente viejo y me pierdo en las poblaciones abandonadas por el derrame tóxico de la industria hace ya cuantos años hace ya cuantas vidas que venimos perdiendo viviendo contaminados y creciendo como larvas de una criatura crónicamente enferma sin ojos ni boca

16 de julio de 2014

Indigencia


Ya no está la pobreza
en nuestros zapatos.

Caminamos solos
y muy a la deriva
pero tenemos vino
para encendernos.

Una fogata
bajo el puente
recuerda esos veranos
de caza con los mayores.

Cuando los montes en Quilpué
tenían pumas y gatos hambrientos
esperándote en los arbustos.

El vino ahora
recuerda esa sangre.

Nuestra vida
es una botella
que se vacía lentamente
o violentamente de una sola vez.

Como un zarpazo
en los pasillos rocosos
de la ultratumba.


Al viejo Quilpué

28 de junio de 2014

La memoria histórica



Akira Nagasawa

15 de junio de 2014

Sueño antiguo

Hablaban, gesticulaban, se emborrachaban con coca-cola y algo más; musitaban algo de música, quizás, a esa hora extraña de la noche cuando el estómago se mordía a sí mismo y usaba el baño de alcohol como lujuria; nos hinchamos y nos cogoteamos mutuamente la palabra como feroz jauría enjaulada; algunos se cansaron pero nosotros amábamos, éramos animales; nos mantuvimos jugando en la cornisa, en la quebrada o el sexo selva; una maldita mañana nublada o un perfecto verano verde, bien borrachos los dos, colgando de los pezones cerro arriba; olvidamos, y yo ahora duermo una gran resaca y juego a vencerla: hablo, gesticulo, me emborracho con coca-cola y algo más, y creyéndome vencedor, tiro a correr desnudo, gritando, por la playa.

9 de junio de 2014

2 de junio de 2014

Última lección


Contemplamos la estrepitosa caída
del accidente cardiovascular.
La muerte tiene olor a revista médica.
Su color es el amarillo de los faroles urbanos
que te saludan por la ventana de la clínica
mientras tus ojos rebobinan las verduras
los juguetes los afectos los anzuelos
que te enganchaste en la lengua
cuando la vida era un trámite
y la rutina una cortina
que te impidió entender
el desapego
la química
los gusanos 
que vendrían por ti.


(inédito)

28 de mayo de 2014

La marca de una bandera quemada

La larga cicatriz
que nos atraviesa el ojo izquierdo
es la lengua de la víbora que hirió
a nuestro hijo en la cuna.
Mientras dormíamos.

Cuando era precaria la casa
en medio de la selva.

Y éramos salvajes cortando leña
en aserraderos clandestinos.

(Igual llegaron a nosotros
y nos abrieron el vientre
con la misma hoz
de nuestras banderas)

La larga cicatriz
es una geografía
que todos llevamos.

Como un tatuaje
con el que se nace.

“La marca de una bandera quemada”
según los poetas jóvenes.

19 de mayo de 2014

10.

El océano se torna color petróleo, padecemos un atardecer de tormenta, se divisa ya el viento desatado que inundará con sus aguas las arterias de la población, por debajo, reventando en agua y cañerías los baños y los enseres más preciados; los elementos se potencian con los amargos químicos de nuestro aliento y entonces sobreviene una fosa, una profunda escalera de piedras marinas que se prepara para darnos un manotazo, el último, el primero, el más doloroso.


LA ROSA PRISIONERA

11 de mayo de 2014

Las alitas caídas

Nadie imaginó que su baile coquetón arriba del ring era una danza de conquista. Nadie pensó siquiera que su mano derecha fuerte también podía acariciar los mentones y los hombros sangrantes. Nunca pensaron que el número uno de los guantes de oro, que el paladín de los sudamericanos, al que no le pegó nadie ni en el cuadrilátero ni en la esquina, el que se zumbaba a quien quería, al que no le quedó títere con cabeza en Los Lagos y sus alrededores, volvería de Santiago muerto y vestido de mujer.

Porque ¿cómo conjugar su título de campeón de box con su clandestino hábito de irse a Santiago a revolotear de mariposa nocturna? Difícil era figurarlo frágil y lechuguino, si todas las veces hacía rodar por el suelo a cuanto macho de pelo en pecho que se le ponía por delante. Cuando la copucha se repartió entre los intersticios del pueblo nadie la creyó. Si estaba “entrenando” decían en San Miguel, si “cuida autos” decían en la Cisterna, si era “sereno” en Conchalí, si era “junior” en Macul, si es “copero” en Maipú. Hasta que llegó “muerto no más” por una cuchillada nocturna y traicionera, que no pudo esquivar con las fintas de sus mejores noches, porque la pasta base y los zapatos de taco alto le entorpecieron su famoso baile de gorrión.

Ahí estaba ahora, en la vitrina de los muertos, cubriendo su palidez inerte con colorete. Su franco pelo duro se había trastornado en una brillante peluca rubia, el protector bucal lo había reemplazado por un lápiz labial escarlata, sus pestañas de indio eran ahora crespas y largas agujitas azabache. Nadie lo reconoció.

Sólo dos cosas anunciaban que era el campeón: primero, su nariz de aguilucho aporreado, estaba en la posición en que la dejan los guantes adversarios y que sus nuevos amigos santiaguinos no pudieron ocultar con mañas de maquillaje. Lo otro, era el cinturón de Campeón Sudamericano, que brillante e inútil estuvo todo el tiempo arriba del féretro y que lo acompañó como única flor en su viaje final hacia la tierra, que lo recibía envuelto en perfumes de mujer y con guantes de boxeador.


Por Javier Milanca

Extraído de “Pichi Epew”
Ediciones Periféricas

10 de mayo de 2014

Vitamina Vietnamita


La aldea y su herramienta
ardieron en mis ojos

La vieja fábrica
echó a andar en mis huesos

Un supermercado vietnamita
a siete cuadras de mi casa

7 de mayo de 2014

Nocturno de otoño morado



Nadie lo determina.
Yo personalmente
he muerto y resucitado
treinta y un veces.
Tengo tres árboles
como testigos.
Solamente
pido un juicio justo.