14 de febrero de 2014

Soy el último poeta de la aldea

Soy el último poeta de la aldea,
mis cantos son humildes como un puente de madera.
Asisto a la misa final entre abedules
que inciensan el aire con sus hojas.
Se extinguirá la dorada llama
de este cirio de cera humana
y el remoto reloj de la luna
gruñirá mi postrer campanada.
Pronto saldrá el huésped de hierro
al sendero del campo azul,
sus negras manos recogerán
la avena derramada por la aurora.

¡Muertas manos, palmas extrañas,
no vivirán entre vosotras mis canciones!
Sólo los corceles de las espigas
llorarán por los viejos amos.
El viento acallará sus relinchos
mientras baila la danza del adiós...
Y el remoto reloj de la luna
gruñirá mi postrer campanada.

Arde, estrella mía, no caigas...
Arde, estrella mía, no caigas.
Derrama tus rayos fríos.
Tras la muralla del cementerio
ya no late ningún corazón.

Luces con el agosto y el centeno
y llenas la quietud de los campos
con el temblor sollozante
de las grullas que aún no partieron.
Me alcanza viniendo de lejos,
quizá del bosque o del cerro,
otra vez aquella canción
de mi país, y de mi casa natal.
Y el otoño dorado
reduciendo la savia de los abedules
llora sus hojas sobre la arena
por todos los seres que amé.
Lo sé. Lo sé. Dentro de poco,
ni por mi culpa ni por la ajena
tendré que tenderme también
detrás de la negra muralla.
Se apagará la llama cariñosa
y se convertirá en polvo el corazón.
Los amigos pondrán una piedra gris
con una alegre inscripción.
Mas yo, pensando en la triste muerte
así la compondría para mí:
"Amó a su patria y a su suelo
como un borracho a su taberna".

Serguéi Esenin

6 de febrero de 2014

Réplicas

Durante el terremoto que azotó la octava región de Chile
y que dejó un país devastado
todos los santos cayeron de sus pedestales
y al igual que la iglesia de la merced
en sólo tres minutos
fueron polvo.
Bajo los escombros yacía el cuerpo del cura párroco
don Celestino Callao.
Bajo los escombros también
la puerta que daba a los sótanos. Y allí…
las réplicas, los santos de utilería.
Fue allí donde se cavó primero.
Y por la tarde antes de que cayese el sol
ya un santuario improvisado se alzaba frente a las ruinas de la iglesia.
Allí podían acudir los desgraciados a pedir o dar gracias como Dios manda.
Está visto:
la iglesia desentierra primero a sus santos que a sus muertos.



Carlos Gallegos
"Dios me dio la bendición de ser ateo"

4 de febrero de 2014

Ladra la tarde en la literatura


Ladra la tarde en la literatura
los poetas somos perros viejos
comiendo charqui envasado
en un supermercado vietnamita

Algún día nosotros
seremos esa carne en oferta



Supermercado Vietnamita (fragmento)

31 de diciembre de 2013

Pude haberme extinguido

Pude haberme extinguido
pero vivo miro
la calle vacía
de la esperanza.
En la avenida Esperanza
no hay tráfico
sólo dos hombres
que se besan llorando.

Ni pájaros vuelan.


De "Periferia" (2005)

30 de diciembre de 2013

Gracias por el sentido

Gracias por el sentido
por el ardor y el respiro
gracias por la noche
y su carga de luceros.
Sólo soy una ventana
que se presenta sin cortinas.
Al viento y a la calma
me presento sin voz.
Y digo gracias en mi silencio
en el sonido de mis pasos.
En el recorrido pequeño
de mis pies olvidados.
Gracias por el arte
de pintar vocabularios
a la sombra de la incógnita
a la luz del mundo.

Gracias por todo.

Por todo.

De "Periferia" (2005)

27 de diciembre de 2013

Invernadero

Aunque la sangre no me duela
Aunque tus ojos no me duelan
cuando lanzan sus puños de aire
hacia mi cara

Aunque mañana lejos
tome un hacha y decapite
la leña pensando en la ciudad
y tú me mires por la ventana
suavemente
con olor a pan quemado

Aunque siempre pase el tren
y nunca lo tomemos
y las flores salgan tristes y amarillas
de su escondite balsámico
yo amaré tu ola tibia
superando la noche fría
azul y polar como un hielo en la boca
como un hueso en la piel

Inédito

26 de diciembre de 2013

Identidad

Entonces los pibes
escribieron
el nombre de Brian
en una de las paredes del barrio.
Lo escribieron y le dibujaron una aureola arriba.

Para la policía, Brian era un chorro.
Para los pibes, Brian es, ahora, un ángel.
Para su mamá, Brian era absolutamente todo
y ahora, todo es
absolutamente
nada.

Para mí, Brian
es un nombre
escrito
en aerosol sobre una pared del barrio.

Con una aureola
dibujada
arriba.


Luis Lhooner, El piso tembloroso del ring-side

25 de diciembre de 2013

Cabeza de macho

La mancha trágica de tus cabellos,
encarna un mar fascinante y entenebrecido.

Albea tu frente magnífica, escrita de surcos,
y tus sienes como dos azucenas puras.

Tus cejas y tus pestañas interrogadoras
recogen la esmeralda enferma de tus ojos.

Se destaca en la oscuridad del fondo
tu nariz de águila meditativa.

Tus labios destilan dolor y pasión
y están maduros para el beso.

Piedra con alma, sonríe tu cara de ídolo
dormida en la canasta de rosas de mi pecho.


Winnet De Rokha

24 de diciembre de 2013

El alma nacional

Patria dispersa: caes
como una pastillita de veneno en mis horas.
¿Quién eres tú, poblada de amos,
como la perra que se rasca junto a los mismos árboles
que mea? ¿Quién soportó tus símbolos,
tus gestos de doncella con olor a caoba,
sabiéndote arrasada por la baba del crápula?
¿A quién no tienes harto con tu timidez?
¿A quién aún convences de tributo y vigilia?
¿Cómo te llamas, si, despedazada,
eres todo el azar agónico en los charcos?
¿Quién eres,
sino este mico armado y numerado,
pastor de llaves y odios, que me alumbra la cara?
Ya me bastas, mi bella madre durmiente
que haces heder la noche de las cárceles:
ahora me corroen los deberes del acecho
que hacen del hijo bueno un desertor,
del pavito coqueto un pobre desvelado,
del pan de Dios un asaltante hambriento.


Roque Dalton

23 de diciembre de 2013

9 de diciembre de 2013

El Renacer


Carlos Gallegos, "Hospital Público"

Las ventanas.
Todas las ventanas tienen caras
y cosas que la gente deja olvidadas.
Había otro mundo en el filo de nuestra ventana.
Otro mundo.
Pero nadie se animó a mirar
por temor a espantarlo.

(...)

Por las noches se podía leer el revés del grito
dos palitos haciendo equilibrio sobre las ventanas.
Alguien corre con la urgencia esa de saber
que llega tarde - en su cabeza -
a la mancha de sangre
al cuerpo que rueda como un idioma roto
a la lengua que de pura oscuridad
se me antoja la noche.
Alguien deja una puerta abierta tras de sí
y regresa todo el tiempo.


Carlos Gallegos,
"Hospital Público"