23 de febrero de 2006

Alturas de Valparaíso


Vista de la estación superior del ascensor Monjas
Fotografía tomada en febrero de 2006

17 de febrero de 2006

Poemas de Vicente Huidobro

Solo

Solo solo entre la noche y la muerte
Andando en medio de la eternidad
Comiendo una fruta en medio del vacío

La noche La muerte
El muerto recién plantado en el infinito
La tierra se va la tierra vuelve

Solo con una estrella al frente
Solo con un gran canto adentro y ninguna estrella al frente

La noche y la muerte
La noche de la muerte
La muerte de la noche rondando por la muerte

Tan lejos tan lejos
El mundo se va por el viento
Y un perro aúlla de infinito buscando la tierra perdida

Tiempo de espera

Pasan los días
La eternidad no llega ni el milagro

Pasan los días
El barco no se acerca
El mar no se hace flor ni campanario
No se descubre la caída

Pasan los días
Las piedras lloran con sus huesos azules
Pero no se abre la puerta
No se descubre la caída de la noche

Ni la ciencia en su cristal
Ni el comprender ni la apariencia ni la hojarasca del porqué
Pasan los días
No sale adolescencia
Ni atmósfera vivida ni misterio

Pasan los días
El ojo no se hace mundo
Las tristezas no se hacen pensamiento
El mar no llega hasta mis pies agonizando

Pasan los días
Y ella es pulmón de noches rompiéndose en sonidos
Y es hermosa como llanura comprendida
Es abundancia de sauces y silencios

Pasan los días
Ella es huracán que desata sus ruidos
Es una gran lágrima cayendo interminablemente
Como una estrella que se volviera loca

Pasan los días
El miraje infinito de las tumbas una a una
No detiene la marcha
Se abren paso hacia el día hacia las horas
Hacia la edad y sus malezas

Pasan los días
Y no se oye el ruido de la luna

Camino inútil

Cortar el suspiro del infinito nacido en nuestro pecho
Cortar la tarde con sus grandes senos desesperados
El miedo de los labios ante el canto que brota
El miedo de la montaña ante la luna
Y del tiempo en mi cabeza ante el tiempo en su vacío

Yo ando sobre mi sangre desesperada
Buscando el rincón secreto de mí mismo
Sin miedo de caer sobre mis montañas
Sin miedo a la tempestad que se prepara en mis ojos

Andando sobre el barco de mí mismo
Sobre este esqueleto sin vuelta y sin tristeza
Andando andando
Amenazado por tanta semilla propia
Por tanta oscuridad que quisiera cantar
El buque tiene sus horas contadas
Lleva un espíritu de savia en su árbol astrológico
Y no me obedece cuando mi voz llega a su destino
Cuando abro los ojos para que quepa el sol

Aliento

El hálito del poema apaga todas las bujías del mundo
No hay más fósforos en el cielo ni el los bolsillos del viento
Hay el poeta y algo grande en torno suyo
Los astros del destino nadan sin ruido
Su aliento propulsor cambia la vida
Arrastra témpanos y borrascas encima del tiempo
Sus ojos leen la eternidad
Sus manos abren la puerta de las estrellas desconocidas
Y él espera arriba de la escala
Él solo ante el absoluto

Un astro gira
Una campana suena
Una campana lanza sus dados sobre los destinos
Entre los hombres
Descienden pasos al fondo del alma
El azar cae sin emoción de los dedos celestes
Los arroyos desembocan en el corazón
Los ríos desembocan en los ojos
El infinito en la palabra
La palabra desemboca en la boca
En la lengua donde el cielo se acuesta

La eternidad se escapa por la ventana
Un misterio se realiza en el espacio
Los lazos se rompen los mares se desatan
Un mundo nuevo vuelve a nacer

El pecho el azar la eternidad
El aliento del poema alumbra el incendio de los cielos que al fin han comprendido su verdad


*Textos pertenecientes al poemario "El ciudadano del olvido", de 1941.

13 de febrero de 2006

Veraneo porteño



Llega una hora en que todos duermen (o casi todos)
los quiltros las garrapatas las sombras
los cabros chicos las abuelas los ratones
y en el cerro Mariposa el verano toma forma de cerveza
en una tarde en que el reloj se cae a pedazos
y gotean los techos de las casas
y se acaba una botella y llega otra
a llenar la letanía de un domingo abochornado
un domingo en el que todos duermen
(o casi todos)
como en el más fatal de los cementerios.

10 de febrero de 2006

Libro recomendado: "Álbum de Valparaíso", de Elvira Hernández

Este libro del año 2002 contiene una poderosa y fresca poesía, escrita en un estilo libre que sorprende por su naturalidad y por ofrecer una particular visión del oficio poético.

Con el puerto de Valparaíso como entorno geográfico, la autora va dando forma a un cuadro lleno de imágenes individuales y urbanas, donde la ironía, la parodia y la crítica están presentes a través de una pluma magistral y llena de curvas, tal como sucede en muchas calles de nuestro puerto principal.

Así, junto a algunos lugares reconocibles de la ciudad, es posible encontrar voces y ecos del ciudadano acostumbrado / asombrado a la vitalidad de Valparaíso, dejando también espacios para algunas "declaraciones" sobre el "deber ser" del poeta, que en este caso, no se parecen en nada a los rancios cánones literarios de ciertos personajes.

Una saludable ejercicio de lectura, en lo posible bajo la influencia de alguna flor benigna, es este "Álbum de Valparaíso", la opera prima de la poetisa Elvira Hernández, nacida en Lebu en 1951.

Algunos poemas:

No hay que echarse a morir

Hay que echarse a vivir serenamente.

Debes ir y poner tu huella digital
sobre lo más sólido
Después brindar con el borrón de ti mismo
sin cuenta nueva en el espejo
en el bar de la esquina
Después marcharte con el portazo único
de tu corazón
por la calle larga
y cerciorarte
que nunca nadie te siga.

***

"Stultifera Navis" atraca al fondo
Las aduanas no registran nada
Es como un temblor imperceptible grado 1,5
Un contrabando que viaja en una amígdala
Un amasijo amatorio que da el quilo
Aleve se guarnece con álgebras
Fiel se traslada a su capacha
Hace ejercicio en los palos mayores para
encontrarse con las nubes
El mundo es un ojo de buey mirado por
un ojo de buey
Un cansancio color ataúd.

***

No me dé sopa de tortuga - ese milenio no cabe en una sopa
Ni loco vedado c/ la agregaduría de cortina de humo
Ni choro-zapato por un asunto de simbolismo
Ni sierra todavía inencontrable en su mismo piso
Ni atún tipo caballa que no quiero parecidos
Ni menos epopéyica espinaca

Tráigase un pez eléctrico enchufado

***

Entre el Hotel Bristol y el Hotel Lancaster
está el Mago de las Ruedas
Entre cerro y cerro los vericuetos irrespirables
que se meten al bolsillo
Entre ventana y ventana un cordel de ropa
pendiendo al mar hecho trinquete
Entre vacío y litoral grúas pendulares
ánimas de pájaros de pronto
Entremedio ¡upas! para alcanzar la cima y el rincón
prometidos los brazos que por horas
recogerán mi sueño metido
Entre ceja y ceja

***
tiro por la borda claridades añejas
tiro la casa por la puerta principal
tiro sopapos de lo lindo
tiro como loco
tiro al tanteo y al tuntún
me tiro al dulce – es amargo –
tiro tres tristes trenos tincados
le tiro los platos por el trasero
tiro y no aflojo
tiro desde el fondo de mí mismo
no tiro a salir a flote
tiro en la sien.
***
muy señor mío y señora mía
pohetas:

te tienes que escribir con algo de letra muda para
entenderte, y entender que no puedes entrar en
globo aerostático o montado en burro a la ciudad.

¿vives acaso en la cima de una columna o estás
tratando de arrebatar el micrófono? (constato que
hoy todos chupamos ese candy de palabras con la
rara excepción tuya) ¿cuál es la palabra del poeta?
(quizás ya no quedan palabras)

te recomiendo mejor una de nuestras fiestas de
larga duración donde hombres y mujeres caen del
cielo y a pedir de boca el suche es rey y el rey paco
raso y las paganas vírgenes sabias mujeres, etc.
Todo se revuelve

no sé dónde deberías comprar ropa para lucir con
eso del hábito y del monje, ¡habitar tanto lugar
común!... Pórtate mejor como chaqueta amarilla

si te has ido a pique sobrevive en la submarina y
escríbenos en la arena porque igual te queremos
***

9 de febrero de 2006

Fecundo aroma de flor...


Fecundo aroma de flor
en el pie del cerro carcomido
y a lo lejos
la voz bálsamo de la quebrada
viniendo en ágil brisa celeste
con amalgama de sueño
enquistada en su perfume.
Caen del cielo las nubes
en su desorden cósmico
y en la mitad del azul
las plumas que se agitan
y el ave que desaparece.
Abajo mis ojos
como un manantial de polen
como un panal de abejas
tirando lazos invisibles
hasta el misterio del universo.
Es primavera
12 PM
y en mis venas la planta
crece clandestina en su aroma.

7 de febrero de 2006


Vista parcial del cerro La Virgen
Fotografía tomada desde el cerro La Cruz
un día de 2005

1 de febrero de 2006

Poema Impúdico (de Luis Castillo, poeta porteño)*

Cantaremos al amor que hay en tus ojos.
El beso ardiente que en tus labios duerme
será la chispa que encenderá mi deseo.
Tus brazos serán la cadena de mi gula obscena.
Me recostaré en tu cuerpo.
Cumpliremos el rito con todo el entusiasmo
de tu curiosidad de virgen.
Yo seré el sacerdote. Tú la diosa obsequiosa.
Me adentraré en tu cuerpo
con toda la vitalidad de mi virilidad hambrienta.
Me sentirás muy hondo. Palpitará tu entraña.
Te morderé en la boca
y tú te harás más vaina mientras más me sufras.
Mis brazos afiebrados modelarán tus carnes.
Tus senos perfumados me servirán de almohada,
y al compás de nuestras ansias
se hará anhelante el ritmo,
frenética la danza.
Seremos bailarines. Seremos dos serpientes.
Seremos como el mar.
Yo, fuerte y fiera ola que cubre mansa playa
tú, blanca y fina arena que se brinda sumisa
a los golpes del mar.

* Luis Castillo nació en 1920 en Valparaíso y falleció en noviembre de 2004, dejando un volumen titulado "Relatos...", como herencia a su familia. En él se intercalan poemas y cuentos.

31 de enero de 2006

Pela-cable (inédito)

Las luces del puerto se encienden nuevamente
como todos los días del siglo
como todas las tardes
sólo que esta vez una micro olvidó su recorrido
y se perdió entre los pasajes de tierra de Montedónico
nadie sabe nada de sus pasajeros
ni de su chofer
ni de sus motivos
a la ciudad no le importan las micros perdidas
la ciudad prefiere ver los colores de la tarde que se repiten
igual que la ropa tendida entre las casas
moviéndose siempre entre la brisa húmeda del océano
o igual que los perros
que suelen tener un perfil de espíritu pobre
y más de una garrapata torturándoles la existencia

La ciudad no se hace cargo de nada
prefiere sentarse y mirar sus calles tan disímiles
algunas llenas de pies y manos y cabezas
otras vacías de toda sombra
de todo aliento
a nadie le importan las micros que se pierden
y menos si ésta
iba llena de pobres

Solamente a un poeta
se le puede ocurrir pensar una historia semejante

27 de enero de 2006

Aquella ventana...

Me limpio la cara
duermo
me voy soñando
que vuelvo a mi cama
a mi tiempo solitario
a mi aprendizaje inicial
sin botellas rotas
ni salvajes lenguas
rompiendo mi boca.

25 de enero de 2006

En busca del discurso perdido (por Juan Cameron)*

La segunda publicación de Absalón Opazo, Periferia, aporta varias declaraciones de principios que, es de esperar, conformen el estilo de este joven poeta porteño. Aparecido bajo el sello de Editorial La Cáfila este 2005 -dato no consignado en la edición- el volumen está conformado por tres secciones: Alturas, Periferia y Epílogo, que dan razón a su discurso. En él, el poeta realiza un denotado intento por hacerse cargo de la cuestión social, aparentemente olvidada y poco importante. Se trata más bien de un asunto victimado por los medios de comunicación masiva y por el poder, ambos coludidos o vinculados al monstruo de siete cabezas mercado que estrangula a este país.

No es el único en este momento, claro; pero su escritura es técnicamente más desarrollada y no se fundamenta en el mero motivo. Esta toma de posiciones en Opazo, valiente por lo demás (en el campo de las artes), viene precedida por algunas declaraciones de principios y contiene a la vez aciertos y asperezas que requieren ser observados.

En lo formal nos precisa: “Este libro no tiene aspiraciones artísticas. Es un emblema de grito, de desgarro y resentimiento. Herida abierta de par en par tras una batalla campal”. El epígrafe no puede tomarse al pie de la letra toda vez que la escritura se presenta ante el lector bajo los cánones de la poesía, con un ritmo particular y una estructura reconocible. En cuanto a su contenido, la advertencia de página 9, también inicial, oculta un rasgo de solemnidad y una seria proposición o señal de ruta: “estampo la historia de mi palabra/ como un legado de piedra virgen/ que se entrega a los pies del mundo”. Su lectura no acepta otra interpretación. El poeta tiene un rol y una responsabilidad tribal: es el vocero, el “werkén”. En cierto sentido es o se asume como el elegido para señalar con su palabra. La intención estética supera entonces su necesidad de construir el verso como un arma, como el emblema del grito señalado con anterioridad.

El primer acierto a destacar, como se indicó más arriba, es su voluntad de hacerse cargo de un discurso vacante. Tal como los poetas santiaguinos asaltan la ciudad a través del lenguaje publicitario y de “la pobla”, en un sentido por lo demás posmoderno, Opazo lo rescata desde una visión anterior, más acorde a la realidad. En la segunda sección del libro, incorpora una clara declaración de combate: “Por ellos/ por nosotros y por los que vendrán/ botellas al aire/ piedras y poesía/ barricada y apagón”. Su voluntad de ser actor de este proceso, anunciada en página 87, “Sobre el autor”, sindica un proceso de lectura y formación necesario en el oficio.

En este sentido, cuando el poeta supera los errores comunes a todos quienes empiezan, consigue un verso limpio y al mismo tiempo pleno de capacidad evocativa: “La radio informa/ graves incidentes en la periferia/ pero en el centro todo está normal/ vaya al mall/ al supermercado/ no se preocupe/ los vándalos están lejos de aquí/ en sus suburbios”. A la vez, la evidente búsqueda de un ritmo propio hace más notoria esta observación.

Sin embargo, Absalón Opazo debe aún limar ciertas asperezas; proceso al cual contribuye sin duda tanto la lectura de sus pares como una construcción más acuciosa del verso. Leerlos en voz alta en silencio y soledad, en el gabinete del doctor Caligari, se hace ya indispensable luego de un segundo libro. Una mejor limpieza de adjetivos, gerundios, distribución del acento inicial del verso y eliminación de puntos suspensivos son cuatro normas para un buen comienzo y para destacar las ventajas de su talento. Y, aunque nos parezca acertado atribuir al poeta el papel de brujo de la tribu, es necesario también reírse un poco de la solemnidad, ese corset que ahoga la respiración en el verso. Es cierto que el dolor duele y que la estupidez es permanente; pero no olvidemos la propuesta de Enrique Lihn (y no de Nicanor Parra, sin embargo) acerca de "el hueveo como factor de lucha".

Esta notoria falta de ironía parece una característica generacional que afecta a casi la totalidad de los novísimos exponentes en el género. Una visión más relajada le permitirá acceder al juego, sin duda un elemento fundamental para descubrir los vasos comunicantes entre una palabra y otra. Aún cuando el autor insista en carecer de aspiraciones artísticas.

Absalón Opazo Moreno nació en Valparaíso, en 1978. Con anterioridad ha publicado Agreste Urbano, el año 2003. Esta reciente edición, de buen tamaño y diseño de portada, viene ilustrada con fotografías de César Pincheira y Marcelo Conejeros, ambos del colectivo Huelladigital.cl.


* Artículo publicado en el semanario "Liberación" de Suecia, y en www.granvalparaiso.cl

24 de enero de 2006

Saludamos al poeta Felipe Ugalde...

... por la publicación de su poemario "CEMENTERIO $250 TORPEDERAS"...

Este trabajo se encuentra disponible en la librería "Ivens", ubicada en el sector de la plaza Aníbal Pinto de Valparaíso, a sólo 2 mil pesos. Además, pueden visitar

www.laverdemar.blogspot.com

para conocer más acerca del trabajo de Felipe.

CEMENTERIO $250 TORPEDERAS (POEMARIO)
HOMBRE RANA EDICIONES
COLECCION SUMERGIENDO 2005.

Salud poeta!

18 de enero de 2006

Entrégate (de Agreste Urbano, 2003)

Te amaré bajo la lluvia
si me regalas tu cuerpo.
Debes darme tus pechos,
alzados y redondos
en la quietud de tu tórax:
debes entregar tus caderas
a la mano de mi arte
y debes ceder tu entrepierna
a los designios de mi sangre.
Debes ser mía entera.
Sólo así la lluvia esculpirá la piedra
y en ella aparecerá la lengua
de los que antes amaron aquí;
yo sé que estuviste con ellos,
pero ahora tus ojos serán míos,
y tus labios pertenecerán
a la estancia de mi poesía:
yo te amaré con la fuerza de un viento
y cada gota de agua
que resbale por nuestros besos
llevará la semilla de este amor
hasta los grados cavernarios de la tierra.
Por eso dame tu cuerpo entero,
ahora mujer, ahora mujer,
para tocarlo, para olerlo,
para sentirlo y escarbarlo;
para que por fin seas flor y no maleza
en las inmensidades del planeta humano.