26 de junio de 2011

We Tripantu



Toda mi sangre
en tus banderas

20 de junio de 2011

El Encuentro



No hay más motivos para la poesía
que encender una fogata
una lámpara una luz
en la oscuridad reinante

11 de junio de 2011

Domicilio en el Báltico

* Poema de Gonzalo Rojas

Tendré que dormir en alemán, aletear,
respirar si puedo en alemán entre
tranvía y tranvía, a diez kilómetros
de estridencia amarilla por hora, con esta pena
a las 5.03, ser exacto
y silencioso en mi número como un lisiado
más de la guerra, mimetizarme coleóptero
blanco.

Envejecer así, pasar aquí veinte años de cemento
previo al otro, en este nicho
prefabricado, barrer entonces
la escalera cada semana, tirar la libertad
a la basura en esos tarros
grandes bajo la nieve, agradecer,
sobre todo en alemán agradecer,
supongo, a Alguien.



(Publicado en el poemario "Oscuro", año 1977)

1 de junio de 2011

Con mi hija en el jardín

(...) 
 Las flores no se detienen
Juegan con los colores en nuestros ojos
Nos hacen creer en la esperanza
Habitar el silencio de las tardes
Contar cada nota en sus pétalos
Creer que el amor se les parece
En su largo recorrido hacia el ocaso
En su tierna espera de más estaciones 
 (...)

30 de mayo de 2011

Bitácora nocturna

...


dolores hay pocos
solo la áspera ruda
de la vida de cerro

arriba no descansamos

en silencio formamos
fugitivos



(...)

24 de mayo de 2011

La contienda es desigual


Protesta social
Valparaíso
21 de mayo de 2011


(...)

10 de mayo de 2011

Atardecer en Papudo




luces en algún sector desconocido
una empanada antes del silencio
y cuando el sol hacía su camino
dormitábamos quietos y azules
como cactus que brotan


(...)

6 de mayo de 2011

Poema al campesino chileno

Los primeros días regresan
y entonces estoy solo, solo
en un pequeño bosque,
con una montaña nacida
entre medio de las cejas,
con un cigarro encendido
en la leña de mis dedos,
con los pies llenos de barro,
con la boca caliente y su voz
apagada, áspera como una
víbora o una horca, con el
vientre de cobre brillando
oscuro bajo tierra, con la
estepa libre del corazón
llena de vientos y rumores,
con una limpia melodía azul
llenando mis huesos de rocío,
cuando el sol del mediodía
ilumina las ciudades y las
periferias, cuando las flores
inspiran la vida, mi vida
bajo estas cuatro estaciones,
cuando ya nadie sueña y el
campo es una cicatriz bella,
y yo soy un nicho, una huesa,
un afiche, la sórdida factura
del estado de derecho,
la carcomida bandera
de la dignidad, enterrada
y nunca, nunca sacada
de nuevo al sol, jamás
sembrada otra vez
en los jardines
privatizados
del país.


(...)

Autor: Absalón Opazo (Chile)

20 de abril de 2011

Semana Santa

Todas las noches había rezo

Las velas encendidas en su amarillo silencio
Las sábanas manchadas de fantasma y cristo
Los ojos del crucificado en las buenas noches
Las rodillas del nazareno se me aparecían en pesadillas

Soñé un mundo sin cruces
Soñé una iglesia sin sangre
Soñé las rodillas de cristo
Reventadas por las piedras

En el nombre del padre
El hijo y el espíritu sacro
Las velas se apagan
La noche abre su fosa

El niño se estremece de terror

El cristo agoniza y no deja de mirarlo


(...)

18 de abril de 2011

Los indios chavantes


Si bien se evoca siempre a estos indios como a un pueblo de guerreros sin compromiso, por las muchas matanzas que ejecutaron en los últimos tiempos, se recuerda, sin embargo, una época en la historia en que esta raza firmó un juramento de eterna fidelidad a la reina de Portugal y de alianza con los blancos.

Cuando los conquistadores portugueses empezaron a internarse en las selvas del Brasil para buscar oro, piedras preciosas y especialmente para esclavizar indios, se encontraron con la tribu de los chavantes, que en aquel entonces habitaba la orilla del río Araguaia, y que se resistió con suma violencia a la esclavización por los bandeirantes. Mantuvieron muchos sangrientos combates, que distanciaron cada vez más a indios y conquistadores. Los salvajes se volvieron progresivamente más desconfiados y más feroces, y las poblaciones de la región sufrieron las consecuencias de la lucha.

En la segunda mitad del siglo XVIII, siendo Tristán de Cunha gobernador de Goiaz, se propuso pacificar a los chavantes y con este fin envió tropas al mando de oficiales versados en el trato con los indígenas. Pero toda diplomacia era inútil. Los chavantes siguieron hostilizando a las tropas, sin preocuparse de las intenciones de éstas. Finalmente el alférez Miguel de Arruda Sá consiguió apresar a un guerrero junto con varias mujeres y criaturas. Dejó libres a éstas, y llevó al hombre a la capital de Goiaz, donde le dieron un excelente trato, colmándolo de agasajos. Seis meses después lo hicieron volver a su aldea, y él prometió convencer a sus congéneres de las buenas intenciones de los blancos.

Entonces empezaron a acercarse pequeños grupos de salvajes, con toda precaución, y todos fueron colmados de presentes de toda especie. Finalmente, aquellos accedieron a la invitación de trasladarse en masa a la capital de Goiaz, como huéspedes de los blancos.

En dos grandes grupos iban acercándose los chavantes, formando un total de 3 mil almas. A la vista de hecho, el gobernador previó la imposibilidad de recibir a semejante multitud. Entonces hizo demorar la marcha, mientras acababan de construir toda una ciudad, especialmente destinada a los indios, a la cual denominaron Pedro III. Se inauguró esta ciudad solemnemente en el año 1788, en presencia de los chavantes y de grande y calificada representación de las autoridades portuguesas. Los chavantes firmaron allí un juramento de "paz perpetua" y alianza con los blancos. Con este acto parecía haber terminado la época de luchas sangrientas entre los terribles chavantes y los invasores de sus territorios.

Vivieron así felices unos años, hasta que eliminaron todos los animales salvajes de los alrededores, los peces de los ríos y las frutas silvestres, y se dieron cuenta de que para subsistir necesitarían trabajar la tierra y criar ganado tal cual lo hacen los blancos. Evidentemente, estaban desilusionados, pues no era esto lo que esperaban cuando los llenaban de regalos y los invitaban a vivir entre los blancos como "huéspedes" de éstos.

No sé - y otros tampoco lo saben - si fue precisamente ésta la causa de lo que aconteció luego. Las crónicas anotan, solamente, que un buen día se levantó toda la aldea y abandonó el paraíso creado especialmente para sus nuevos habitantes, encaminándose hacia el Norte. Cuando los chavantes llegaron a cierta altura, bastante alejada de su antigua morada, una parte de la tribu determinó cruzar el río Araguaia, mientras que la otra decidió quedar en la orilla derecha. De aquí viene la división de la tribu en cherentes, que hoy en día habitan los alrededores del río Tocantins y son en parte salvajes y en parte mansos, y los chavantes, que cruzaron el Araguaia y se establecieron entre este río y el Xingú.

Deben de haberse quedado muy resentidos con el trato que les dieron los blancos, pues desde esa fecha hasta hoy han rechazado sistemáticamente todos los intentos de los civilizados y también de otras tribus indias, de ponerse en contacto con ellos, observando una política de aislamiento hermético y considerando como enemigo mortal a cualquier persona que no sea chavante. También rechazan sistemáticamente - salvo pocos casos - el uso de objetos usados por los blancos.

No se sabe a ciencia cierta, pero es probable que exista entre ellos un juramento según el cual se mantendrían alejados de la "maldición" de los civilizados. Y quizás no sea del todo infundada esa cautela. Es sabido que los indios no resisten a la enfermedades que la convivencia con los blancos les trae. La gripe, la tuberculosis y la sífilis son plagas que la civilización siembra entre los hijos de la selva; combate sus constumbres ancestrales y les impone su religión y su lengua; los somete a trabajos desagradables y a ganarse el pan de todos los días con el sudor de su frente. En una palabra, anula la vida de los indios y los convierte en parias dentro de otra nación. Tal vez no lo sientan tan claramente los chavantes, pero tienen un instinto de conservación quizás más fuerte que los demás indios.


Extraído del libro "Por tierras de indios" de Tibor Sekelj, 4ta. edición en "Libros Centenario" de editorial Peuser, 1967, Buenos Aires, Argentina.-

13 de abril de 2011

Abril

Amé del otoño su luz amarilla
cayendo chispeada en techos de
casas lejanas, siempre borrosas,
pero presentes en sus lámparas
encendidas tarde en la noche,
cuando el espiritismo de los
bosques antiguos se bebe en
vasos de piedra encontrados
en el fondo de la quebrada.

Son azules las lámparas del cielo
y cuando brota una semilla ellas
están encendidas, siempre.

Las hojas amarillas son poemas
derramados sobre la milenaria
alfombra que cargaremos como
costra algún no lejano día.

Por eso amé las estaciones,
amé el otoño de luz amarilla y su
cárcel hojalata en los cerros, allá,
en la denuncia justa de la barricada
y el apagón, en el fósforo pequeño
que nos ilumina el poema.

Ahí amé tu calor, tu vida entera
amé, y fue en otoño cuando nos
vestimos de árbol y fuimos ramaje
perdido del viento y repartimos
semillas, viejas y hermosas, y
encontramos una palabra, una
palabra, como la voz del vino,
como la voz del poema, como
la tibia entrega de un colosal
otoño, salpicado de sangre
y esperma en la barricada
sentimental de nuestras
vidas.

10 de abril de 2011

La “palabra maldita” de Gabriela Mistral

Texto de Roberto Castro Herrera (extracto)

“No podemos dejar de indicar que los tres más grandes escritores chilenos, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Vicente Huidobro, fueron muy prolíferos en su arte, la literatura, y que sus temas eran totalmente humanistas, pacifistas, a fin de lograr la felicidad del hombre. Que con los versos libres en su medida, con sus prosas poemáticas y con sus sonetos alejandrinos expresaron una enorme cantidad de temas y asuntos.

Ellos se preocuparon de los problemas humanos, abarcando al hombre en todas sus edades, expresando el sentir y los problemas de su pueblo, de sus gentes y muy especialmente de la niñez y los pueblos étnicos.

La escritora elquina de Vicuña centró su obra literaria en muy importantes temas de clara lucha social, dejando preciosos mensajes para los pueblos. Se destaca su preocupación por la justicia social basada en la paz y no en la guerra cuando dice “no creo en la mano militar para cosa alguna”, haciendo airada alusión a los oscuros dictadores Mussolini en Italia y Hitler en Alemania. Sobre el mismo importante tema de la paz, debemos mostrar su incomparable prosa titulada “La palabra maldita”, refiriéndose a la guerra y la paz, y que en parte dice: “No se trabaja y crea sino en la paz, es una verdad de perogrullo, pero que se desvanece, apenas la tierra pardea de uniformes y hiede a químicas infernales…”.

Gabriela Mistral, como se sabe, se preocupó del trabajador campesino y lo demuestra su declaración hecha a la prensa de Suecia al día siguiente de la recepción del Premio Nobel: “La tierra debe pertenecer a quien la cultiva y esto forma parte de la verdadera tradición española, legada por Isabel La Católica, tradición que hasta el presente ha sido traicionada”.

Otro gran tema desarrolla la poetisa Nobel en su prosa, en su poesía y en sus comentarios. Es la defensa del indio americano, especialmente de sus compatriotas aborígenes. Precisamente en su obra denominada “Araucanos”, dice: “Ellos fueron despojados, pero son la Vieja Patria, el primer vagido nuestro y nuestra primera palabra…”. En una de sus prosas, preciosamente expresa: “Que el indio espere sin apremios, Dios le dio ese don natural y sobrenatural a la vez, él tiene paciencia; él parece llevar la paciencia derramada sobre todas sus potencias, en cuerpo carácter y costumbres”. En el año de 1934, en su obra “Breve descripción de Chile”, escribe: “Esta raza india fue dominada a medias, pero permitió la creación de un pueblo nuevo, en el que debe insuflar su terquedad con el destino y su tentativa contra lo imposible”. Y finalmente, en su defensa de sus aborígenes, ella dice: “Los extranjeros nacionales que se blanquean para alejarse de su indio personal y presumir de europeos, no son leales consigo mismos…”.

Es un deber de sinceridad hacia nuestra Premio Nobel reconocer que fue una abnegada e inteligente defensora de los derechos de la mujer. Ya en 1904, cuando sólo tenía 15 años de edad y siendo una joven maestra, empezó a pedir por la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, a solicitar salarios justos e iguales para campesinos y campesinas. También debemos recordar que cuando era una especie de secretaria en el Liceo de Niñas de La Serena, ella aceptó como alumnas a unas jovencitas humildes que cumplían con los requisitos necesarios para ingresar al establecimiento, pero la directora las rechazó por ser pobres y pidió la renuncia a Gabriela Mistral.

Finalmente es un deber resumir los ideales humanistas que contiene toda la obra de la poetisa elquina: la defensa de los derechos humanos con su actuación destacada en las Naciones Unidas en representación de Chile; la defensa enérgica del aborigen americano tanto en su prosa como en sus versos; la defensa con energía y en forma preciosa de la igualdad de derechos para el hombre y la mujer, pidiendo salarios iguales en todas las áreas de trabajo. Pero su mayor preocupación fue la defensa de la paz y su claro aborrecimiento a los regímenes dictatoriales, defendiendo la paz mundial en casi toda su incomparable obra imperecedera”.

(...)