17 de agosto de 2014
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No debe quedar rastro de ella
Ni de la arena húmeda en sus pies
Ni de la mancha de sol en su vientre
Ni de sus ojos incrustados en mis arterias
impidiendo el paso de mi sangre
...
8 de agosto de 2014
Agosto
Cierro la puerta por esta noche
siempre hay más formas de hacer todo
distintas maneras de trenzar la realidad
en la fuga loca del papel
o la fuga local del papel
declaro las buenas noches
para todos los hombres de paz
para todos los hermanos de más allá
afuera correrá la sangre
quizás lloverá el hambre
la tierra gritará y nadie la escuchará
pero siempre saldrá el sol
con una oportunidad bajo el brazo
así que a descansar a dormir
a cargar las corrientes de las arterias
a sumergirse en el misterio de los misterios
aunque sea por algunas horas
en una de esas
la vida aparece en serio
una
noche como esta...
(Caraja)
30 de julio de 2014
Intento # 4
Es algo colorado
una punteada
colorida
frente a tanto incolor
una vez en la habitación
siempre fue lo mismo
la misma toma de posiciones
desde la hipocresía del discurso
algo colorido
nos campaneaba en la boca
(sin embargo algo incoloro
sonaba sabrosamente sonoro)
sonaba sabrosamente sonoro)
caíamos al final
en la desidia de la cámara lenta
que es el tiempo
si lo miramos desde
muy arriba...
27 de julio de 2014
Baila Monstruo
Cae
la miel como cae la sangre de mi boca cuando muerdo tu ausencia pero soy
criatura de golpes y me levanto con la última visión de ti refulgando y
superando el brillo incandescente del aviso publicitario que quema mis ojos
cuando tarde en la noche paso por el puente viejo y me pierdo en las
poblaciones abandonadas por el derrame tóxico de la industria hace ya cuantos
años hace ya cuantas vidas que venimos perdiendo viviendo contaminados y
creciendo como larvas de una criatura crónicamente enferma sin ojos ni boca
16 de julio de 2014
Indigencia
Ya no está la pobreza
en nuestros zapatos.
Caminamos solos
y muy a la deriva
pero tenemos vino
para encendernos.
Una fogata
Una fogata
bajo el puente
recuerda esos veranos
de caza con los mayores.
Cuando los montes en Quilpué
Cuando los montes en Quilpué
tenían pumas y gatos hambrientos
esperándote en los arbustos.
El vino ahora
recuerda esa sangre.
Nuestra vida
es una botella
que se vacía lentamente
o violentamente de una sola vez.
Como un zarpazo
en los pasillos rocosos
de la ultratumba.Al viejo Quilpué
28 de junio de 2014
15 de junio de 2014
Sueño antiguo
Hablaban,
gesticulaban, se emborrachaban con coca-cola y algo más; musitaban algo de
música, quizás, a esa hora extraña de la noche cuando el estómago se mordía a
sí mismo y usaba el baño de alcohol como lujuria; nos hinchamos y nos cogoteamos
mutuamente la palabra como feroz jauría enjaulada; algunos se cansaron pero
nosotros amábamos, éramos animales; nos mantuvimos jugando en la cornisa, en la
quebrada o el sexo selva; una maldita mañana nublada o un perfecto verano
verde, bien borrachos los dos, colgando de los pezones cerro arriba; olvidamos,
y yo ahora duermo una gran resaca y juego a vencerla: hablo, gesticulo, me
emborracho con coca-cola y algo más, y creyéndome vencedor, tiro a correr
desnudo, gritando, por la playa.
9 de junio de 2014
2 de junio de 2014
Última lección
Contemplamos la estrepitosa caída
del accidente cardiovascular.
La muerte tiene olor a revista médica.
Su color es el amarillo de los faroles urbanos
que te saludan por la ventana de la clínica
mientras tus ojos rebobinan las verduras
los juguetes los afectos los anzuelos
que te enganchaste en la lengua
cuando la vida era un trámite
y la rutina una cortina
que te impidió entender
el desapego
la química
los gusanos que vendrían por ti.
(inédito)
28 de mayo de 2014
La marca de una bandera quemada
La larga cicatriz
que nos atraviesa el ojo izquierdo
es la lengua de la víbora que hirió
a nuestro hijo en la cuna.
Mientras dormíamos.
Cuando era precaria la casa
en medio de la selva.
Y éramos salvajes cortando leña
en aserraderos clandestinos.
(Igual llegaron a
nosotros
y nos abrieron el
vientre
con la misma hoz
de nuestras banderas)
de nuestras banderas)
La larga cicatriz
es una geografía
que todos llevamos.
Como un tatuaje
con el que se nace.
“La marca de una bandera quemada”
según los poetas jóvenes.
19 de mayo de 2014
10.
El océano se torna color
petróleo, padecemos un atardecer de tormenta, se divisa ya el viento desatado
que inundará con sus aguas las arterias de la población, por debajo, reventando
en agua y cañerías los baños y los enseres más preciados; los elementos se
potencian con los amargos químicos de nuestro aliento y entonces sobreviene una
fosa, una profunda escalera de piedras marinas que se prepara para darnos un
manotazo, el último, el primero, el más doloroso.
LA ROSA PRISIONERA
LA ROSA PRISIONERA
11 de mayo de 2014
Las alitas caídas
Nadie
imaginó que su baile coquetón arriba del ring era una danza de conquista. Nadie
pensó siquiera que su mano derecha fuerte también podía acariciar los mentones
y los hombros sangrantes. Nunca pensaron que el número uno de los guantes de
oro, que el paladín de los sudamericanos, al que no le pegó nadie ni en el
cuadrilátero ni en la esquina, el que se zumbaba a quien quería, al que no le
quedó títere con cabeza en Los Lagos y sus alrededores, volvería de Santiago
muerto y vestido de mujer.
Porque
¿cómo conjugar su título de campeón de box con su clandestino hábito de irse a
Santiago a revolotear de mariposa nocturna? Difícil era figurarlo frágil y
lechuguino, si todas las veces hacía rodar por el suelo a cuanto macho de pelo
en pecho que se le ponía por delante. Cuando la copucha se repartió entre los
intersticios del pueblo nadie la creyó. Si estaba “entrenando” decían en San
Miguel, si “cuida autos” decían en la Cisterna, si era “sereno” en Conchalí, si
era “junior” en Macul, si es “copero” en Maipú. Hasta que llegó “muerto no más”
por una cuchillada nocturna y traicionera, que no pudo esquivar con las fintas
de sus mejores noches, porque la pasta base y los zapatos de taco alto le
entorpecieron su famoso baile de gorrión.
Ahí estaba
ahora, en la vitrina de los muertos, cubriendo su palidez inerte con colorete.
Su franco pelo duro se había trastornado en una brillante peluca rubia, el
protector bucal lo había reemplazado por un lápiz labial escarlata, sus
pestañas de indio eran ahora crespas y largas agujitas azabache. Nadie lo reconoció.
Sólo dos
cosas anunciaban que era el campeón: primero, su nariz de aguilucho aporreado,
estaba en la posición en que la dejan los guantes adversarios y que sus nuevos
amigos santiaguinos no pudieron ocultar con mañas de maquillaje. Lo otro, era
el cinturón de Campeón Sudamericano, que brillante e inútil estuvo todo el
tiempo arriba del féretro y que lo acompañó como única flor en su viaje final
hacia la tierra, que lo recibía envuelto en perfumes de mujer y con guantes de
boxeador.
Por Javier Milanca
Extraído de
“Pichi Epew”
Ediciones Periféricas
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