19 de marzo de 2013

Algo de poesía

Poesía simplemente,
tomar nota de una transmutación, 
acertar los números de nada,
no ganar nunca ningún premio,
solicitar constantemente empleo,
refrescarse en la pileta tarde en la noche
y ser detenido por carabineros en 
estado de ebriedad; poesía simplemente,
lujuria en cajas de cartón,
el diario de vida de una modelo,
una petaquita que se baja manejando,
sobrio, entre Con-Cón y Quintero, 
una noche tan estrellada como tus dientes.
Poesía simplemente,
beber con desgano el café de la mañana,
leer el diario con indiferencia,
apostar de vez en cuando
y llegar puntual al mostrador,
atención al público, entrega de boletos,
encomiendas, recados, dinero, mucho
dinero para saciar el veraneo nacional.
Poesía, simplemente.
Hurgar los destinos de mis pasos,
arrebolar la existencia 
con algo más que lenguaje.



Quilpué, Marzo 2013.-

18 de marzo de 2013

No disparen en Corea



NO DISPAREN EN COREA

Al fondo de Pyongyang 
duerme una fruta
y se prepara
la más hermosa de las primaveras



Que no hablen los ejércitos
ni los príncipes herederos:

Que hable la sonrisa del pueblo,
la dulce poesía del Juche, suavemente,
como mermelada de rosas
en voz de una niña.


En el Gran Palacio de Estudios del Pueblo
treinta millones de libros esperan abiertos:
Pyongyang y sus suburbios acarician el ocaso
como el campesino su herramienta:
el color de las tardes es el mismo de la provincia:
ojos semiabiertos y el pulso de la tierra 
resistiendo.


 La ciudad ya fue arrasada
y sus habitantes calcinados
en el fuego de la historia:
pero el corazón es una fábrica
y se echa a andar lentamente:
rosas rojas nacen como pestañas 
de párpado ancestral.


Ah vieja capital de sauces
cuándo la paz en ti
cuándo el Taedong y su canción milenaria,
lejos, muy lejos de la horca occidental.


Las bestias braman en los altos rascacielos:
sus equipos celulares registran insultos,
sanciones, drásticas medidas:

Una exaltación de la barbarie,
una mazmorra nuclear.


Sin embargo suceden sonrisas
en fábricas y parques
en escuelas y universidades:
el hambre ya no está en los párpados:
el afán personal es la manzana de todos
y su gesto
una dramática resignación al combate:

La dura cárcel de la amenaza extranjera
prepara el zarpazo de la peor de sus bestias,
acorralada en una jaula económica,
consumida por estupefacientes, 
y enferma de videojuegos:

La bolsa en Nueva York afila sus colmillos
y el viento helado vuelve a bajar de Siberia:

Corea duerme con mil balas
apuntándole la cabeza.


Dice el diario occidental:
las mujeres no pueden andar en bicicleta
y deben usar todas el mismo corte de pelo:

Los empleados repiten el cable y la pauta canalla 
de la prensa cómplice va pariendo titulares:

Una bomba nuclear vende más diarios
que el palpitar de un niño 
en el vientre de una mujer norcoreana:

Una orden del jefe
vale más que cien mil vidas.


¿Qué sabemos de Pyongyang y sus parques,
llenos de pájaros como poemas, cantando serenos,
frente a la boca misma de su apocalipsis?

¿Qué sabemos de su independencia,
de su múltiple primavera de sangre?

¿Qué sabemos de sus atardeceres,
de sus pesadillas con Leviatán,
viniendo del mar enfurecido
a arrasar los ojos de sus niños?

¿Qué?



El verdadero sabor de la humanidad
es el precioso momento de los hijos:

Que los presidentes se maten entre ellos.


No a la guerra en Corea:
no a la sangre
en el Mar Amarillo:
no al paraguas nuclear:
no al intervencionismo
occidental.

Que no suceda Irak, que no suceda Libia:
armas y guerras inventadas por petróleo,
por acciones, por mercenarios.

La humanidad ya ha sangrado suficiente.

Es hora de ser primavera, una fruta para cada niño,
una flor por cada bandera, un poema por cada muerto.


NO DISPAREN EN COREA


Valparaíso, Chile, marzo de 2013.-

Absalón Opazo M.-

6 de febrero de 2013

Las Máscaras

En esa época yo fingía ser feliz.
Me desnudaba todas las noches, bebía
licores robados en supermercados chinos,
deambulaba espiando restaurantes de lujo
para retratar estómagos en éxtasis,
con una cámara digital japonesa.
Me comportaba como un espía ciego:
cosas horripilantes me venían a la cabeza.
No soportaba las bocinas de los autos,
los pájaros me causaban terror,
los ladridos de los perros me hacían orinar.

Pero fingía ser feliz
y las tardes me sorprendían como un querubín
ebrio de polen o miel, llorando emocionado
por la puesta de sol. O absolutamente romántico
escribía poemas con un plumón en las estaciones
del tren. Entonces creía en el poder de la palabra,
pero mi aspecto era lamentable: no comía en días,
no me bañaba en semanas, y mi ropa siempre
estaba húmeda, me sudaban las manos y los pies,
me salieron hongos en los zapatos, la cabeza
se me llenó de piojos. Comencé a comerme las uñas.
Esto último generó en mí un sentimiento de asco total,
hacia la vida y hacia la muerte, pero fingía ser feliz
y en las calles saludaba a todos los vecinos con un alegre
“buenos días”, “buenas tardes”, “buenas noches”,
y cargaba bolsas vacías para aparentar que comía,
que no sufría el hambre, que no estaba humillado
caminando escaso por las veredas, soportando
la provocación de las vitrinas.

Lo que quiero decir es que no pude escapar,
y me embarga una sensación de impotencia,
una vaguedad facunda;

Yo creí que escribir me hacía bien,
pero un insecto se mete en mi oreja
cada vez que menciono algunas palabras,
provocando un ataque de pánico casi
incontrolable en mi persona.

Este triste espectáculo lo he cometido
en innumerables lugares:
en la Fuente de Soda Españita
en el Internado de Señoritas
de las Hermanas Marinas de Portugal
en medio de un desfile naval
en la pescadería de San Benito;
los vecinos creen que tengo epilepsia
e insisten en hacerme morder una toalla
cuando lo que necesito es
¡sacar un insecto de mi oreja!

Debía tener cuidado con las palabras,
me mentalizaba y consumía un estricto
desayuno, procuraba aparecer servicial
y ágil, proactivo, integrado a la red social,
pero las ojeras arruinaron cualquier truco;
a nadie engañé con mis sonrisas forzadas,
me cayeron palomas muertas en la cabeza,
me tropezaba con las raíces de los árboles,
realicé absurdos reclamos en la oficina de partes
del registro civil; terminaba siempre durmiendo
en el banco de la plaza en la Biblioteca Nacional,
reblandecido por el frío.

Ahí me sobrevino esa crisis
que no se calmaba con pastillas

¡Imagínense!

Sin pastillas
nadie llega muy lejos

Yo no logro pasar frente a una estatua
sin ponerme a llorar

Creo que

La ciudad me deprime

Mas las hojas en el pavimento me recuerdan que la tierra existe
Que el alarido cósmico de los perros muertos / sigue aullando en las tinieblas de mi boca / esperándome lárico e impasible / junto a la efigie de mi vida / que se esculpe día a día / como los profundos túneles del invierno cuando Buenos Aires y sus heridas no dejan de picar / y la muerte de los días es nuestra propia muerte diaria y personal / y los pasillos de esta capitanía sin alturas semejan una selva de espejos deformes / y no hay otro camino

(Continuará…)

Chilean Way


Máquina, pedazo de metal, eléctrico,
sobornado por el sobrino del jefe,
haciendo el juego sucio, acelerado,
exitoso y conductor de vehículo propio,
puede llegar tarde y ser el primero,
trabajar con una petaquita en la boca,
pagar moteles y señoritas partime,
con tarjeta; el soborno vale oro,
zapatos, restaurantes, casinos con
botellas tan doradas como el color
de las monedas nuevas, cigarrillos y
todos los domingos libres para la familia;
empleado ejemplar, máquina aceitada,
harta grasa para que no falle, para que
haga la pega, para que se muera luego,
desechable como es, pálido y sapo,
consumidor de cerdo y teléfonos.

21 de enero de 2013

LA ROSA PRISIONERA



1.

La rosa sigue perseguida en su romántico borde de espinas, como la paz por la guerra; la persigue un hechicero fúnebre, resentido y voraz, una raza despreciadora de pueblos y caletas, hambrienta de nada; la ciencia lo sabe pero no hay soluciones, sólo tabaquismo y petróleo, ciudades grises, bebida y olvido; en los telares de la palabra, mesas y cuchillos: la rosa sigue prisionera y se multiplican las alambradas, las murallas y el miedo.

2.

La carne es de baja calidad; el suero de los enfermos; los alegatos de la tribu; las cavidades del suelo; el cemento sobre nosotros; los aviones secretos del nuevo orden planean por los campos buscando jardines con rosas de colores para contrabando, tráfico turbio de la belleza que pone todas las rosas en los mismos jardines, gigantes y amplios pero cerrados con enormes muros y guardia uniformada y armada, dispuesta a disparar, prohibiendo el paso.

3.

Las primeras rosas prisioneras fueron cortadas por cuchillos de acero inoxidable, controlados por guantes cien por ciento aislantes; después se rociaron los territorios con el pesticida más terrible, una bomba de cáncer en nuestros cerebros, y cayeron las rosas abatidas en su jardín; algo de nosotros cayó en el fondo de un pozo, pero tuvimos primavera y la más hermosa espera de rosas, todos juntos, desnudos y silvestres.

4.

Tuvimos silencio y un tibio útero que nos hizo árboles de piedra: el mar golpeó nuestros pies, forrados en follaje semi-marino con costras de siglos pegadas como moluscos; las nutrias marinas nos besan, en ellas descansa el mar de nuestros muertos, nos tratamos con amor, y cuando el sol se va ellas desaparecen y salen a la tierra a encender fogatas, comerciar cueros, preparar brebajes y morir en el intento; nosotros volvemos a ser peces de aire salado.

5.

Primero una espina cayó al suelo, después una hoja, un tallo, la rosa; el perfume; el poema no bastó para cubrir los mil ataúdes que selló el viento y la lluvia; las palabras fueron desplazadas por esas gotas tristes que lloraban sobre la tierra, y el caracol tuvo su momento en la ceremonia del olvido: lejos los bosques, el mar y los besos que abrieron las conchas vegetales de la rosa, lejos el universo donde cantamos cántaros poemas, lejos el calor de nuestras madres.

6.

Habilitaron fincas secretas para acaparar la rosa, pero los pétalos caídos nos indicaron el camino de los verdugos; la tinta del color, el perfume de la hoja, tristemente parida cinco segundos antes del corte, el amarillo voraz del fin, el dolor del cuchillo descabezando jardines, frutos, hermosuras y alegorías de carruajes con princesas: silencios que no bastaron para el nuestro, nos copamos en lágrimas y después fuimos anfibios, veloces disparos de vida verde.

7.

Cerveza fría, sombra de árbol, camino de Antofagasta, Valdivia, Papudo; no, fue en las costas al borde de Playa Ancha, bajando por un cementerio acantilado y encontrando el sepulcro de un bandido lleno de rosas, espinosas y claras como ampolletas de la tierra encendidas de día; piadosas cartas de agradecimiento, magia negra de las flores cortadas; cerveza fría, camino abierto y duro de provincia, con todas sus preguntas, con todas sus cruces.

8.

Soñamos con nuestras abuelas, en el ruidoso amanecer de los perros, en el tratado de libertad entre árboles y pájaros, jugo sexual de las hermanas; todas juntas nos mostraron sus manos abiertas, y nos entregaron el ardor de la sangre de la espina; el profundo corazón del dramatismo, rosas rojas incendiándose sobre una lápida húmeda; aprendimos; el jardín monumental en nuestro pecho es más celeste cuando la rosa es libre, niña y desprevenida.

9.

La rosa se abre y se sobresalta y es capaz de los colores; el hombre y la mujer, la planta y el suelo, la flor y el insecto, el aire y la luz, el agua; los elementos se repiten y entonces vamos multiplicando el sembradío de rosas, con vertientes, con alimento, ganando día a día una geometría al carcelero; la luna enrojece, el sol es más pálido; la tierra temblará de nuevo y en las ciudades las multitudes se preparan para la más terrible muerte, sin saberlo.

10.

El océano se torna color petróleo, padecemos un atardecer de tormenta, se divisa ya el viento desatado que inundará con sus aguas las arterias de la población, por debajo, reventando en agua y cañerías los baños y los enseres más preciados; los elementos se potencian con los amargos químicos de nuestro aliento y entonces sobreviene una fosa, una profunda escalera de piedras marinas que se prepara para darnos un manotazo, el último, el primero, el más doloroso.

11.

La rosa vive del agua, frente al mar, en la cordillera o el valle, en nuestro patio o en la gloriosa esfera del espacio público vigilado por niños; la rosa es inocente en su espina, frente a la espina del trueno; la rosa no es cavidad sino alegoría, de lo dramático y lo romántico; un jardín que alguna vez fue planeta, territorio pasadizo y bálsamo de hijos libres, ilustrados y cósmicos en su marcha verde por los márgenes de las cordilleras, por el silencio de los portahues.

12.

La rosa prisionera viaja de prisión en prisión, rodeada de hijos de puta y santitos de capillas carcelarias; como toda obra de arte, se hace esclava en la decoración; como toda flor sin tierra, sin extremadura ni aurora, no da polen, ni insecto ni idioma; pero sobrevive, se impone a la estética dura de los metales filosos, y reparte bandejas en el viento que llenan de pétalos vírgenes las manos, un idioma oculto para los caminos de la tierra.

13.

Se libera la rosa unos segundos y se libera para siempre; su espejo es el cielo que ve todo el mundo; su olor es el viento que nos hace sentir libres; la rosa no es espina de muerte sino de recuerdo, de dolor simple y pequeño, un fruto de sangre condenado a la belleza, a la admiración reducida del color más poderoso del globo; la sangre humana llena de rosas que florecen en silencio por los rincones de la carne, a cada momento, en silencio.

14.

La persiguen por tráfico, por contrabando, porque han puesto precio a su cabeza bella, desafiante: trata de cortarme sin cuchillos, trata de arrebatar mi belleza sin guantes ni tijeras; la espina de la vida está en todos los caminos, la espina es la hermosura que contiene a nuestras bestias; qué es la flor sin su espina, sin el abre sangres que derrocha el color hacia pétalos, pliegues, núcleos; el delirio agudo de la rosa cortada, el canto de la sangre guardada en las manos.

15.

Los lagartos comandan cuchillos, voraces infamias de cuero duro, metálico martirio de nuestras canciones; nos buscan y van cortando nuestras rosas, las venden en los mercados de la unión europea, en el oriente rico, en las sábanas plásticas del norte glamoroso, estúpido, lleno de rosas cortadas; sin jardines pensamos el infinito como dos párpados nuevos que se abren en lo más alto del cielo, cada noche, cuando los pétalos se encienden.

16.

Debemos encontrar jardines para las rosas, o hacer que la propia rosa haga su jardín; vamos juntos en misiones secretas, nadie nos imagina en esto, buscamos y olemos cada rincón de la patria muerta, nuestra tibia república, el más gigante jardín de rosas; esqueleto deforme bajo tierra, siempre hay un atajo en todos los cementerios, buscamos y olemos cada hoja, establecemos colonias, almácigos, puertas de papel pimienta y de madera bronca.

17.

La rosa es libre, la rosa es prisionera; la rosa y sus jardines sufren el bloqueo ideológico de la sobredosis capitalista; la hicieron rentable y decorativa, las quisieron todas y así avanzan quitándonos lo que siempre hemos llevado, como brebaje y fantasía, como rincón húmedo y sueño azul; privatizar el planeta parece una mala idea, alambradas en vez de jardines es acostumbrar al pájaro a su jaula, es corromper el latido áureo de los abriles.

18.

Nuevamente comandamos soldados, resistentes como cien botellas llenas, como cuatro estaciones hablando en simultáneo; la mano dura del cataclismo mundial sobrevino con violencia y desde entonces la rosa deambula sin respiro, con ánimo de jardín, multitud de trompas comunitarias, color y sonido en los campos; canciones de aves, insectos voladores de semen amarillo y a lo lejos, las marcas de la tribu en las rocas del ocaso, persistiendo.

19.

Tenemos jardines, no podemos decir dónde; la persecución arrecia; mirarás la televisión, escucharás la radio, leerás la prensa y no sabrás de la rosa, ni de los jardines, sólo decoración y fritos exóticos; pero existimos; desarrollamos sistemas de riego, canales y pequeños puentes; cosechamos tonalidades como cien mil dioses distintos; el dictamen del territorio no nos incluye, nos trata de tragar en silencio, pero nosotros no cabemos en su boca.

20.

La borrasca de los vestigios nos arrasa, mientras los mares nos encajonan hacia la cordillera y las multitudes hambrientas se vislumbran en el futuro; las rosas y sus colores abren un tránsito de polvo humano hacia mercados más tranquilos, donde se come charqui con vino y fogata a la luz de los acontecimientos; ciudades con intercambio justo de mercaderías, sin viles mafias de colusiones farmacéuticas en supermercados todoterreno; poblaciones alegres, sin violencia ni guardia privada.

21.

Por eso nos enfrentan y nos sobrevuelan con diplomáticos y pesticida; nosotros, el hormigueo inestable por las arterias del territorio, cargando maceteros y trabajando el agua dulce, regándonos en jardines que son invisibles para los perseguidores, carceleros y dueños; visualizamos el triunfo, nos imaginamos ancianos y libres nuevamente entre espinas y pétalos amarillos, hablando de la próxima cosecha, bebiendo bodegas de vino y caldo de carne.

22.

Una agridulce manta de vegetales como fogata del hombre popular, campesinos de herramienta dura pero creadora de campos, con actitud noble: control popular de la alimentación, desalambranza y guitarra al pie de la bandera; rosas en todos los ojales, esparciendo la sangría de su reino en impecables campos cultivados en kilómetros de hojas, palabras y toneles cargados por siglos de madera y roca lágrima, levantando sepulturas en los caminos, con piedras como vasos.

23.

Amanecerá un día y el mundo no estará, no habrán ciudades ni relinchos de caballo en las estaciones hacia la luna; veremos la planta madre del universo coronarse en silencio, rodeada de fantasmas que fuimos nosotros, los que perdimos la batalla del hombre contra el hombre; cabíamos tantos en el sueño que caímos todos, y nos quitaron rosas y limones y pedazos de tierra con algunas de nuestras raíces adentro; nos tienen, buscan poseernos, pero somos infinitos.

24.

Arrecia la persecución, estamos escondidos, pero lo sabemos todo: dónde las esconden, quién las compra, quién las interviene genéticamente; avanzamos escapando, descubriendo contrabandos y estudiando la cosecha; siempre nos acariciamos, y en las noches cuando encendemos el fuego, en las estrellas, el océano de las rosas nos picotea las manos con pájaros luminosos, con destellos de cactus hermanos que nos hacen libres, a pesar de las púas.

25.

La rosa prisionera es más libertaria que nunca; las bombas de racimo no son nuestros racimos, el fósforo blanco tampoco; la cocaína no es nuestra hoja; cultivamos resistiendo y pariendo hijos múltiples que crecen como caracoles, examinando los rincones almácigos del territorio sometido, birlado a la república muerta; alrededor cántaros de agua, pueblos escondidos, animales, chamanes y posadas, oscuridad, luciérnaga y fábula; sabiduría, cruces invertidas y caminos.

26.

El mundo detiene su maquinaria en la próxima estación; nos bajamos a orinar, y olemos por primera vez algo diferente a petróleo; dosis abierta del sembradío, vena azul de las acequias que ocultamos para regar nuestras plantas; crecemos, con pequeños brotes amarillos y rojos rodeando estatuas de aire embalsamado en papel; pensamos en quedarnos abajo pero el mundo nos precisa, y ante el ruido del motor volvemos a subirnos, concientes de la lástima.

27.

Nos vamos despidiendo comiendo almendras, bajando una florida escalera, burlando el sub-contrato ambiental; las industrias son una mandíbula metálica de cortes generales, y sus hombres oscuros como la turbia vida tras los muros; la rosa crece, y todos crecemos juntos cuando cantamos tonadas de espina y pétalos; queremos ser cultivadores, y entregar cosecha a los pies de las cordilleras vírgenes sin paraíso, sin patrullas ni tijeras, sin arreglos florales.

28.

El mar ante nosotros; sabemos ocultarnos; no hay pistas hacia el grupo; ven, ven con nosotros a mirar el jardín del oeste: dos cerros abajo, tres cerros arriba, una pequeña cordillera de arbustos, una perfecta hilera de álamos como cogollos de madre esperando labio y boca; la perfecta composición del cosmos en la agonía de la humanidad, las rosas, sus colores, el perfume libre de nuestros hijos, capataces seminales de todos los sembrados.

29.

Cuando veas la rosa libre, soberana, perpetua, con pájaros luminosos picoteando tus manos, nosotros estaremos comiendo frutos secos en algún camino, escalando las espinas de los cactus; el surco del regadío habrá cumplido su trabajo y las mariposas musicales del mediodía llevarán pétalos de rosa en las alas, volando libres por un aire sin plomo: los automóviles calmarán su latido y el sin sentido de las cárceles, de los muros privados, será nuestra estética de la ruina.

30.

Una rosa pequeña como anillo y nos escapamos, la noche es una sola escalera de ciudades fabulosas, infinitas como tu mirada de criatura marítima, acostumbrada al abandono; ven, vamos, busquemos esta noche el susurro del territorio, la calibración clandestina de la tierra; busquemos algo mejor que las bestias, algo para colorear los muros de la ciudad con el color de las rosas, un pájaro fuera de su jaula, un sub-contrato de flores interconectadas, encendidas como el fuego.

31.

La esperanza de la tierra es la resistencia, el amor de la sangre es el color de las rosas; fibra y símbolo del dolor, la espina nos recuerda lo pequeño de lo humano; vamos de una vez a escarbar la tierra, vamos de una vez a vomitar el barro; olvidemos la corona de espinas y seamos militantes del pétalo, no del arma blanca, no del látigo que asesinó a nuestros abuelos, enterrándolos en la jaula hueso del tiempo, sin derecho a voz, lejos de los jardines.

32.

Algún día cambiaremos la piel por piedras, y la raíz de la rosa en nosotros ya no será imagen sino vientre, pecho, brazo, huesos; rosa roja, amarilla, inconclusa como aquellas tardes mirando el mar, junto al capataz del jardín del sur; durmiendo en miraderos escondidos, estudiando anchos planos de túneles, con una profunda copa de luz sobre la mesa; ahora el nuevo orden acomoda sus máquinas y la materia del tiempo se congela esperando holocausto, sangre, respuesta; nosotros, la calma.



EPÍLOGO

Los años padecieron de todos los dolores posibles, el canto antiguo fue el canto de la agonía y la golpiza, del allanamiento y la desaparición. Pudimos seguir con nuestros muertos a cuestas. Somos hijos nietos de un siglo devastado, hervido a fuego lento y después derramado con violencia, con gritos y agresiones. No sabíamos hasta dónde podía llegar la maldad, no la conocíamos en toda su expresión. Por eso nuestras familias se refugiaron cordillera arriba, lejos, en jardines escondidos, secretos, fantásticos, que después exploramos jugando y peluseando.

Conocimos así a los cuidadores, jóvenes agrónomos que habían desarrollado un impecable sistema de ocultamiento, regadío y expansión de una hermosa planta que según ellos había que preservar como componente importante para el equilibrio del mundo. De ahí en adelante, la rosa prisionera fue nuestra aventura. Hablamos ahora que estamos viejos, con un vaso en la mano, compartiendo el borde del camino. Pero el movimiento sigue, el mundo aún no se libera. Dejamos testimonio de nuestra siniestra época del soldado, aquella época triturada donde la rosa cayó prisionera, iniciándose el mayor sin sentido en la historia del hombre: la privatización de la tierra, del agua y del aire.


22 de noviembre de 2012

DOS PÁRRAFOS SOBRE “NUEVA RESIDENCIA”


“Con este poemario estoy cerrando una etapa muy importante en mi experiencia poética. Es un período marcado por la partida de familiares cercanos que de cierta forma, orientaron mi interés por la literatura y especialmente por la poesía. Tanto Periferia como Caraja, mis anteriores trabajos, tienen el elemento común de la historia ancestral, de los antepasados como figuras de enseñanza y valor, quizás no tanto como ejemplos de persona pues todos tenemos defectos, pero sí como iluminadores de un camino, de una forma de encarar la vida. Nueva Residencia es el canto final, el último guiño a la materia que se transformó en polvo, una elegía donde me despido definitivamente de mis muertos tras experimentar poéticamente su presencia en los elementos de la naturaleza, en los jardines, en las abejas y las mariposas, en los caminos de las flores y en la vieja aldea cuyos campesinos siguen trabajando la tierra “con los mismos gestos de hace un siglo”, a decir de Teillier. Justamente, son esos preciados ingredientes que componen el maravilloso concepto de lo lárico, la poesía de los lares, de la frontera, los que componen esta Nueva Residencia, que si bien es un adiós, al mismo tiempo es un hasta siempre, porque pase lo que pase, siempre a nuestro lado estará la tierra, el aroma de sus jardines y la belleza del vuelo como metáfora de alimento y expansión”.

“Todos tendremos en algún momento una Nueva Residencia. La tierra, el árbol, el surco que alimenta la semilla con agua, el camino que nadie ha transitado, la abeja que parece errante pero que sin embargo tiene plena conciencia de la búsqueda floral de un tesoro para llevar a su colmena. Pienso que esa maravilla de la naturaleza tiene mucho que ver con la transformación de la materia, pues la materia es espíritu y el espíritu energía, entonces esa sabiduría que de repente nos sorprende en la naturaleza, no es más que la gloriosa armonía del universo expandiéndose, y la muerte humana no es la muerte oscura del purgatorio y el infierno/cielo católico, sino la integración de nuestras vidas a la canción luminosa de ese universo en expansión. Por eso me identifico plenamente con la visión de Jorge Teillier, en el sentido de que lo importante en la poesía no es lo estético, sino la creación del mito y de un espacio o tiempo que trasciendan lo cotidiano, utilizando lo cotidiano, donde el poeta no debe significar sino ser. En mi caso, la Nueva Residencia fue una hermosa revelación, que terminó por desatar un pesado nudo que cargué durante años en mi pecho, esa pesadumbre de la muerte, de la desaparición de la carne y la voz, sólo superada por el canto de los jardines azules que encontré vagando solitario por los confines de una bucólica república personal”.

Absalón Opazo, Buenos Aires, Noviembre 2012.-

8 de noviembre de 2012

Nueva Residencia/Ediciones Periféricas/Buenos Aires /Octubre 2012


En este poemario el hablante se sitúa en un valle a los pies de la Cordillera de los Andes, en la zona del Elqui, en Chile. Ahí experimenta un contacto poético con los maestros enterrados, aquellos titanes que desde su trinchera poética, social y campesina dejaron sus manos por forjar una sociedad más justa, llena de ideales, escuelas y libros. Con un tono que transita entre la elegía y lo lírico, este volumen de Absalón Opazo contiene preciados ingredientes de la rica tradición poética de la provincia. Lo lárico, lo creacionista, encuentran aquí la musicalidad que precisa el desafío de construir un poco de infinito para el hombre, un poco de amor para las aldeas.


1 de octubre de 2012

El Manantial

La corteza de un árbol
reviste mi alma

en mí
la dureza de la tierra
el animal quejido del invierno
la honda boca de la primavera

en mí el manantial de los planetas
el curso de agua que atraviesa
con pulcritud senil mi cuarto
el que me hizo crecer

La corteza de un árbol
reviste mi alma

anota sus huellas vegetales
en un blanco papel
que también le pertenece

y deposita su flora
en el cántaro poema

que yo llevo y traigo
de manantial en manantial

***


Yo te entrego una copa
esta que ves aquí
una copa que alguien ya creó
y verseó

Yo te la entrego a ti
tómala por nuestros pueblos
porque se levanten nuevamente
a mirar el porvenir

Llévala contigo
por los caminos de tu vid
en tu almuerzo diario
en tus noches solitario

en tu mundo crónico

Llévala en tu trabajo
eres más que ellos

Al fin puedes ver
que la historia de verdad
la hacemos nosotros
la hace nuestra palabra

El diccionario que vale
está en tus manos

***


Potente savia que da la sangre
la poesía ha cumplido su palabra
ha llevado vida a la muerte
ha entregado piezas al mundo

y el silencio ahora tiene los versos
que quedarán flotando en el aire

***


La aurora ya se ponía sus calzones
buscaba sus sostenes
y su cuerpo blanco de invierno
era delineado como un tronco inaccesible
como un aroma frutal era su esencia
robusto como mil árboles su seno
embriagador su cabello suelto
desatado como una tormenta de óvulos

y yo sólo la miraba mientras ella
buscaba su ropa

afuera el invierno
reclamaba su presencia

***



La tierra puede recuperarse
es un trabajo arduo pero posible

no todo está perdido
estamos a tiempo de iniciar
una nueva revolución

más conciencias se requieren
antes de la partida

más afecto más respeto
y un verso libre volando

afuera las envidias
y las malas palabras



(...)

28 de septiembre de 2012

Juventud


Lo áspero del tórax,
la lujuria chorreando
en tus ojos que me miran
como dos uvas reventadas:
tu boca dulcemente veneno,
bajando a beber agua 
directo de mis labios,
como un animal celeste
que olvidó su carne.

Gotea en la pared el paso de los años.
Se mueren en silencio los antepasados.
Algo de papel amarillo transita
por el abismo que deja el tiempo
con su paso senil, que a nosotros
no nos importa. Sólo nuestras gotas,
como espejos de seda, inagotables,
encantadoras como un cuerpo de fruta.




(Inédito)

Interior de prisión, Goya


Poemas de "Ático", de Úrsula Starke



Discurso I

Eres la niña de los nichos, cambias sangre de tu sangre, ensucias el lugar que tienes en la mesa, arrastras tu orina de la pieza al pasillo y lloriqueas bajito en la esquina grasienta de la cocina. Eres la vieja del cigarro chupado, la gallina hueca, la ruina familiar, la maldición del tatarabuelo, que obligó al cura santiguar el féretro materno con ortigas, porque los brujos habían corrompido su descendencia femenina de vírgenes locas, viudas secas, hijas enfermas. Escuchas el griterío de las arañas, no tocas la fragancia de los claveles, no caminas como cisne afeminado. Eres hielo dentro y dentro, feosa para los padres, que no alcanzan a olfatear la magulladura todavía húmeda que te hicieron sobre la razón y no cumplen su deber genético para merodear tu cabeza como tiuques tardecinos. Avanza la noche con su coreografía patética y tú ahondas en el excremento de la conciencia en desesperada búsqueda de la lucidez que extraviaste, ese bello equilibrio que te conducía al castillo de la vergüenza. Pero ya sabes que tu organismo esta deteriorado, que un gusano de seda se te metió por la oreja y elabora sus tristezas sobre la neurología retrasada de tu nacimiento. Yo sé que me equivoco, pero estás tan sola, tan sola, tan sola.


Discurso II

Una en mí maté
yo no la amaba

Gabriela Mistral

Tengo el sexo abrumado, me falta un brazo en la conciencia, la danza lúgubre de la demencia esconde su pelusa dentro de mi ojo, enfría la saliva hasta el témpano. No soy la fémina de meneo azucarado, tengo el llanto de hombre bajo los pelos, ando tenébrica y fea entre el gentío de bocas secas, me sobran metáforas cadavéricas cuando lavo mis dientes. No soy la hembra fecunda, mi útero quebradizo alberga el tejido mohoso de las arañas, me sale en medio de las piernas un tulipán de estiércol. Se me resbala el perfume de la oreja, los cabellos fermentan caramelo en mi cráneo, las uñas me germinan como alquitrán y no puedo hacer espejos. Y, cuando nací, todos coronaron mi nombre de rocío, me vistieron de princesita sempiterna, labraron en mi pecho las velas católicas de Jesucristo. Era una muñeca de porcelana rellena de rosas secas. Ellos, todos, todos ellos, pensaron que cruzaría el océano en su barquito de papel lustre para ser la dama de sus cuentos de hadas, pero yo nunca creí en sus cuentos de hadas, sabía desde el vientre que traía un pedazo podrido de alma en las venas, sabía que andaría mortecina por las acequias del barrio, que comería hongos azules en invierno y escribiría poemas turbios cuando nadie me viera. No fui la niña de seda, no soy la niña de seda y me duelen estos versos de tanto no ser mujer.

(...)

27 de septiembre de 2012

Sin lamentos, de Serguéi Esenin

Sin quejas, ni lamentos ni llantos
como el humo a través del florido manzano
hasta mí llegó la marchitez dorada
ya no seré más joven y lozano.
Ya no late con la fuerza de antes
mi corazón tocado por el hielo
y caminar descalzo por el bosque
ya no es una ilusión, no es un anhelo.
El deseo de aventura es menor
y el fuego de los labios ya se ha ido
¡oh mi joven y lejano frescor
mis antaños pletóricos sentidos!
Ahora son escasos mis afanes
¿he vivido mi vida o la he soñado?
Es como si en un alba primaveral
galopé sobre un caballo rosado.
Nuestro destino es frágil y finito
el cobre de las hojas lento emana
por todos los siglos sea bendito
lo que florece hoy para morir mañana.