Una vez juré no volver a escribir sobre Valparaíso
e inmediatamente varias gárgolas
comenzaron a levantarse del cementerio
empezaron a deambular acechantes por la neblina
oliendo el marchito perfume de los poetas pobres
destapando botellas para llamar al fuego
ellas siempre miraron de lejos
con el miedo atávico del blanco
por el negro
Ah viejas gárgolas que nunca pudieron
dar más que un poema
Ah decrépita y marchita cabeza de fósforo
de la simpática poesía institucional
amenazando con un incendio
desde un edificio de departamentos
de 30 pisos / con conserje adiestrado
y aseo domiciliario
privado
Afuera
la tormenta se resistió con stencil
con voz / pegamento / tiritos de algo que
parecía ser el despojo del miedo
la acumulación de la insolencia
el resplandor de una barricada
en la deriva de los tiempos
Esa vez juré
no volver a escribir una palabra más
sobre Valparaíso
sin saber
que Valparaíso
ya vivía dentro de mí
por el solo hecho de ser yo
No hacen falta palabras
para enumerar presencias
o ausencias
Lo esencial es invisible a los giles
Para todo lo demás
está el baño
está el baño