11 de abril de 2016

Delirio #19


Dónde el calor de esa casa   Dónde tus manos esperando las mías   Dónde la sencilla madera de nuestros pies   Dónde los poemas que nos hacían delirar y comprender la fatal estatura de los huesos bajo tierra   La agria lengua muerta de la justicia social   Un país organizado por lobos   Una ciudad parálisis   Con calles manchadas de sangre   Sangre que fue nuestra   Alguna vez   En las subliminales estaciones que el pasado fue destruyendo para darnos vida    

Dónde esa escalera que me hacía escapar  Dónde los amigos amados  Dónde los papeles tatuados con heridas de todas las épocas    Y el reposo de las palomas sobre el techo   Dónde ese viejo verano que descubrimos heridos y enojados     Dónde el calor de esa      nuestra casa     

         
                     nuestra época


(...)

8 de abril de 2016

24 de marzo de 2016

Frágil


No lloremos
por el fin del mundo

Encendamos un poema
al costado del camino
con vasos de piedra
escarbando la lengua
y dos luceros de metal
naciendo tras los ojos

un pequeño big-bang
en tu propia mente

saliendo por la boca


(...)

18 de marzo de 2016

Irene Morales 630


Los escombros
se amontonan
en la poza del alma.
Las piedras
y los musgos
amoratan los días.
Se destruye algo
 
-siempre-
entre tanta maleza.
Un roedor husmea
y una serpiente lo acecha:
anochece y ya
no queda nadie.
La ciudad establece
su paralelo:
casas viejas
almas antiguas
cadáveres aún vivos
observando su paso
por el mundo del espejo.

Al borde de la cornisa.

17 de marzo de 2016

Escena perdida


Lobos, lobos hambrientos
corriendo a tu lado, sin poder
alcanzarte, mientras el bosque
se reorganiza para ayudarte a huir,
con la telúrica e invisible palabra
que el viento va descolgando
de los árboles y sus viejas
cabelleras, polvo, humus,
nieve, sangre azul de las
montañas, luz, pueblo,
voz ancestral que ahoga
los aullidos y te hace veloz,
imbatible, matria de huesos
y soles, poesía, resistencia,
invierno.

7 de marzo de 2016

Suburbia


Me despedí muchas veces
de la poesía:
igual me la encontraba
borracha
pidiéndome auxilio
-casi siempre-
en la subida Ecuador.

A cuestas la subía al colectivo.

A veces no me la admitían
por buitreada.

Dormíamos entonces
en la plaza Cochrane.

Ahí nuestros corazones
se hicieron metálicos.

En la cercanía tibia
de las heridas.

2 de marzo de 2016

Los derechos de la naturaleza


Eduardo Gudynas 
Buenos Aires, Editorial Tinta Limón, Abril 2015

Muchas veces se ha comparado a los libros con puertas o ventanas que conducen a otros estados emocionales e intelectuales. En el caso de “Derechos de la naturaleza”, del investigador uruguayo Eduardo Gudynas (Editorial Tinta Limón, Buenos Aires, 2015), se podría decir que la puerta o ventana que se abre nos conduce a otro estado de humanidad. O derechamente: a otra humanidad.

Después de leer las 306 páginas de este volumen, queda la sensación de que como nunca antes, la especie humana ha logrado articular -por fin- una nueva conciencia -global-, la cual ya ha entrado en acción. Parafraseando a Mc Luhan, hablamos de “una nueva corteza terrestre, un nuevo sistema nervioso planetario”, cuya principal virtud es la desmitificación total del antropocentrismo como paradigma de desarrollo.

A través de un lenguaje simple, que no abusa de los tecnicismos, Gudynas construye en este texto una línea argumentativa que si bien apunta a cuestionar el actual modelo de crecimiento económico, finalmente desemboca en lo que constituye la idea fuerza del libro: la existencia y el necesario reconocimiento de los derechos -inherentes- de la naturaleza, en cuanto a especies vivas y ecosistemas.

Al respecto, resulta muy decidor el capítulo 1, “Los valores y la naturaleza”, donde se establece que lo que está en juego son justamente valoraciones sobre el entorno. En ese sentido, se señala que la valoración económica no es la única valoración que existe respecto del ambiente. Hay otras valoraciones relacionadas con lo estético, lo cultural y lo histórico, que en el orden actual, están subyugadas a lo económico, que actúa como escala única de valores respecto al medioambiente y sus recursos: éstos deben necesariamente traducirse en un valor de mercado para poder, incluso, conservarse o protegerse.

Aquí radica el elemento fundamental que propone el libro: comprender que los valores propios presentes en los seres vivos y el ambiente, son independientes de los intereses y utilidades humanos. Se trata de una postura que confronta no solamente la valoración economicista de la naturaleza, sino también el derecho de los seres humanos a otorgar valoraciones. Porque, ¿sólo nosotros podemos otorgar valores al ambiente, pues estos están esencialmente referidos a nuestra utilidad? ¿O existen valores intrínsecos independientes del humano? ¿Qué es objeto o sujeto de valor y cómo se expresa?

Esta crítica frontal al antropocentrismo encuentra en la propuesta del biocentrismo una salida coherente y justa: la vida es un valor en sí misma, y tanto los seres vivos como los ecosistemas donde ellos desarrollan sus procesos vitales, tienen el derecho a continuar con esos procesos vitales. Es más: el autor destaca que la defensa de esos valores intrínsecos puede superponerse con quienes afirman que los demás seres vivos se valoran a sí mismos, aunque lo hacen dentro de sus capacidades cognitivas y sintientes.

Como vemos, se trata de otra humanidad, donde el ser humano deja de sentirse superior al resto de las especies y se sitúa respetuosamente frente a ellas. Pero también se podría decir que estamos frente a un cuento viejo, pues lo que se cuestiona es la excesiva presencia del mercado en nuestras vidas: todo y todos tienen un precio, y todo es, finalmente, mercancía.

Sin embargo, la excelente documentación histórica que aporta Gudynas, sumado al análisis de experiencias concretas como el proceso constituyente en Ecuador -que termina reconociendo los derechos de la naturaleza-, hacen de este libro un bello y poderoso manual para entender y dimensionar la nueva humanidad que necesitamos levantar.

Conceptos como ética ambiental, justicia ecológica, construcción del giro biocéntrico, derechos y ciudadanía, van conformando un relato muy propositivo, que se solidifica de manera perfecta al momento de confrontarlo con la realidad latinoamericana. No en vano el libro parte con un duro análisis del actual momento continental, donde, por ejemplo, nos enteramos que la mayor pérdida de bosques tropicales ha tenido lugar en América del Sur, y que la extensión de la frontera agropecuaria tiene degradados el 14% de los suelos del continente.

Si a eso sumamos el creciente uso de agroquímicos y los contaminantes procesos de la minería y las industrias forestales y petroleras -por nombrar algunas-, con el consiguiente deterioro y amenaza de especies y ecosistemas, nos damos cuenta que la aparición de esa otra humanidad es urgente, y que dentro de esa urgencia, los movimientos sociales y las comunidades tienen un rol absolutamente protagónico e ineludible. De nosotros dependerá.



28 de febrero de 2016

El poheta reptil y su OVNI


El ambiente es chato, lleno de piscolas y latas de cerveza mezcladas con alquitrán; la sensación generalizada es de una plana estupidez, validada por el poder que da el dinero, la falopa y la tecnología; la poesía surge ahí como un débil cacareo y se confunde con la imbecilidad de los memes, un patético neo-humorismo que sitúa la imagen poética al mismo nivel de un stand up comedy; un espectáculo inocuo disfrazado de político, risible como el eructo gaseoso de un ingeniero comercial jugando a ser poheta y al que todos aplauden sin recordar una sola palabra de su miserable show; al final todo termina con el vómito de siempre, en el tristísimo baño de siempre, con el hígado retorcido y el hocico balbuceante, espumante, intoxicado con la bebida oficial del neo-fascismo que cabalga brillante en cada una de las palabras que este reptil enhebra en su desechable puesta en escena, icónica por su patética e inofensiva rebeldía, siempre disponible y descargable en el inmundo catálogo de la literatura sin contenido que tanto gusta a los pequeño-burgueses arribistas de Santiago; poesía babosa cuya máxima expectativa es superar la resaca para empezar de nuevo a estafar con el viejo truco del arte por el arte, con la jeta amarrada al cordel neoliberal que lo alimenta y lo hace engordar como un cerdo marciano que se recordará por insípido y estéril o corredor de bolsa, gris y enemigo, al cual todos golpearíamos por insolente y mala clase pero que finalmente zafa por causar lástima con su sebo alcohólico y su patológica mirada de humorista de tercera peinado con gel y jalea de moco.

22 de febrero de 2016

Posible epílogo


Fuimos pedazos de cactus; yo me entregué
a las barbas de un dios que no prohibió nada;
éramos animales, azules y verdes; tomábamos
en vasos de piedra, por los contornos del cactus,
como alquimistas del gesto del no retorno;

que nuestros huesos sean el calcio de una estrella nueva,
que ésta sea descubierta por un niño, desde otro mundo,
un día como éste.

18 de febrero de 2016

Pescadores


El bote como esqueleto
El bote como fábrica de dolores antiguos
El bote como una pieza de museo
El bote como reivindicación social
El bote mejor amigo del hombre

Saquemos nuestras mejores pieles
Entreguemos nuestros pies al mar
Saquemos carne al aire

Sigamos siendo
pescadores de hombres

Pescadores de palabras

Ágiles habitantes de la resistencia oceánica

15 de enero de 2016

Playa Placeres


Volviendo a jugar
en el mismo océano
donde se amarraron
tus huesos