23 de mayo de 2006

Poesía eterna...


Dulce matria mía
ella está conmigo.
Llevando mis palabras
hasta la timidez del pueblo.
Yo acá sencillo
sin hacer sombra.
Sólo palabras y recuerdos
como testimonio primario
de todos los tiempos.

19 de mayo de 2006

Un lugar para cada cosa...


... y cada cosa en su lugar.
Valparaíso, mayo de 2006

15 de mayo de 2006

Interludio

Cables enredados
me hacen tropezar.
Caigo al vaso
con los ojos abiertos.
Me arde el vacío
de algunas palabras.

3 de mayo de 2006

Libertad "Made in USA"


Mural en una casa del cerro Bellavista
Valparaíso - Chile
Mayo de 2006

28 de abril de 2006

Muralismo en Valparaíso



Avenida Baquedano, cerro Monjas
Abril de 2006

17 de abril de 2006

Simple (poema de Carlos Mellado)

Sabes que me gustaría decirte acostémonos
llevarte en silencio a una cama tranquila
para entibiarla juntos,
juntos no pensar.
Descansando de nada, dejar los átomos
libres,
no pensar:
sin amor ni palabras
solamente sentir que estás ahí sin mentira,
estar juntos a sabiendas,
nadie de nadie porque nadie es de nadie.
Que mis manos se independicen y tu cuerpo diga que sí
(oxígeno alcanza para los dos).
Somos tan de agua
¿para qué pensar?
Tan transitorios somos
¿para qué palabras?
No perdamos el tiempo, ahora que todavía no nos amamos;
tómalo como experiencia, tú, tan científica,
te tomaré como pueda, resbaladiza del mundo.

13 de abril de 2006

El Soneto (definición del soneto)*

Me piden ustedes, que son jóvenes poetas, una opinión sobre el soneto, lo cual me extraña, porque yo creía esa fórmula retórica absolutamente liquidada y sin vigencia alguna.

Hablar del soneto, discutir sobre el soneto, es algo que para mí no tiene ninguna importancia y ningún interés.

No me preocupa el soneto porque preocupó a mis abuelos. Seguir teniendo los mismos problemas de los abuelos me parece algo muy triste y síntoma demasiado grave.

Hay muchos hombres que son abuelos de sus abuelos. Otros querrían ser nietos de sus nietos. Las dos posiciones son falsas. Yo prefiero la segunda. Pero la verdadera es ser hombre de su tiempo vuelto hacia el porvenir, mirando hacia delante y trabajando en el presente para el futuro. Es necesario conocer las experiencias del ayer, no para repetirlas, sino para la seguridad en la marcha hacia nuevos horizontes. Los hombres vueltos hacia el pasado pueden ser historiadores, pero no serán poetas. Poema, poesía, del griego poiem, significa crear, creación, no repetición.

Los que miran demasiado hacia atrás corren el riesgo de convertirse en estatuas de sal; ellos van a llenar la tierra de esas bellas estatuas, las cuales pueden tener cierta atracción, y desde luego es seguro que las irán a lamer todas las vacas del mundo.

¡Qué difícil es para los hombres despegarse del pasado! ¡Cómo les atrae el tiempo ido y acabado! La neblina del ayer parece menos peligrosa que las neblinas del mañana. El hombre es un poltrón y son tan pocos los valientes. En verdad, los audaces producen cierta desconfianza y, aún, antipatía.

¿Por qué no discutimos sobre la actualidad de las golillas o sobre las crinolinas de las señoras, esas campanas que repican llamando a los fieles a cada movimiento de los dos badajos de sus pies seguramente delicados, ágiles, etc.?

¿Qué diríamos si viéramos a una dama con crinolina subiendo a un avión? “Esa señora está loca, se equivocó de tiempo o quiere hacerse la exótica”. Y el avión se vendría abajo creyendo que iba tirado por una pareja de caballos.

El absurdo del anacronismo visto en caricatura cuando se trata del vestir, debería verse igual cuando se trata del fenómeno artístico y poético. ¿Para qué hacer un soneto? Góngora, Quevedo, Lope los hicieron, y muy hermosos, cuando había que hacerlos. Como los hizo Shakespeare, Ronsard y tantos otros. Los grandes maestros fueron grandes creadores, ellos respondieron a su época. Lo esencial de la tradición es hacer como ellos: crear y no imitar. Sentir cada cual las razones profundas de su tiempo, los modos propios de su presente, y dejar testimonio vivo y en potencia actuante para los creadores del futuro.

*Artículo de Vicente Huidobro publicado en la revista “Amargo”, de Santiago de Chile, en 1947, poco antes de la muerte del poeta en Cartagena, el 2 de enero del ’48.

3 de abril de 2006

Libro recomendado: “Cobijo”, de Felipe Ruiz



La crudeza de la pobreza. La cosa rima, pero no es tan superficial como parece. En este poemario, editado por LOM Ediciones, podemos darnos cuenta de ello. Y es que el autor nos presenta en su poesía (muy original por lo demás) una cara terrible de este flagelo, marginada u oculta del país oficial: el hacinamiento.

Partiendo de esa base, y comprendiendo que el entorno es siempre el mismo en estos casos (falta de oportunidades, vicios, indigencia, violencia), Ruiz se conecta con la perpetuidad de los pobres, fenómeno que afecta a casi todos los que nacen en esa condición y que por ese sólo hecho, quedan condenados a vivir así durante toda la vida. En ese ambiente, claro está, aparecen conceptos como el amor, los tabúes y la “inocencia” de la niñez, entre otras apariciones concretas y espectrales.

Con una dureza temática capaz de provocar escalofrío y estremecimiento en un lector sensible, “Cobijo” presenta una escritura muy original y poderosa, que habla por las distintas bocas de sus protagonistas, generando así una poesía dinámica, rítmica y directa, que no cae en la mistificación del asunto, sino todo lo contrario.

Un libro pleno de sensaciones y capacidad evocativa, especial para los amantes de la poesía aburridos de la auto-referencia y que buscan algo de poesía social, original, creativa, y por sobre todo, que tenga algo concreto que decir.

Algunos poemas:

hubo color en las camillas de América nocturna?
hubo una vez solamente una vez la rosa perfumada
o todo bajo el sol que a sombra, siempre penumbra?


el amor fue sólo el beso que nos dieron al parir y antes de morir

la miseria es carnicera per se
comemos el charqui de los que no congelan
el calor de las perreras
compartimos sin equipaje
mediagua y entera motel
nos damos
de rodillas de espalda
de frente
mi padre abuelo
padre y madre

padre e hija
a una cama
nos asimos
nos cansó el hacino
qué caricias
no hicimos roces
patadas
vivimos en una micro
mi crío
mi criado
mi cria tura

el herpes
nos pegamos
los hongos de las uñas
las liendres
garrapatas
el quiltro
a sus crías

qué nos hicimos?
la sopa fría
los hematomas bajo el párpado

y el llanto?

el llanto despacio

que no despierten los vecinos

que no despierte la cría
nos cansó el hacino
vivimos en
una micro
viajando por la mala vía

***

moco
moco de niño
en las mangas
moco en los labios
y en las lenguas
encrostradas de herpes impétigo
moco
moco en los ceniceros
en las salas de esperanza

y todas las mañanas de invierno
llueve moco de niño sobre Santiago

mucosa en los pezones
en los delantales blancos
moscos y mocos de mocosos
con lágrimas
tubérculos secos
y leporinos sollozos
en cola de turno
se contagian como perros los ladridos
se multiplican por mil los llantos
los moscos
los niños enfermos
en las tibias mañanas de invierno
en las moconsultas de Santiago

***

grumos vomita
mientras sueña
con espasmo
los dioses
de su pasado

le empujo los flatos
como si fuera
el otro
que llega borracho


se caga y le cambio

***

los móviles inmóviles
osillos suspendidos
en el aire caliente
pero mi bebé ve mover
el cielo
la tierra bajo sus pies
no sabe
si duerme o muere
porque apenas distingue
la vida
apenas
el vino de la leche

***

no es que mi niño no entienda
es que aún habla el idioma de los animales

respira en esa atmósfera que nos ahogaría
las piedras le susurran sus nombres
hechos con la música de sus ondas en el agua

él comprende el silencio azul
y su dedo indica el canto que forma los ecos de otros ecos

pero su lengua es un pez que olvida el nado
y aprende a caminar
los dioses no le entienden
y mi niño ya no respira en la poesía


***

los prematuros
fueron sólo hernias que brotaron de mi madre
nada más que piedras
otras piedras que arrojar al mar
la pobre ponedora quiso llorar por sus minerales sin alma

pero quién llora piedras?

***

qué pobre leche
me has dado
mamá
se nota que
no te nutrías
como debiste
mi boca sabe
que bebes sopa
la purita no mana de tus mamas (no alcanza)
para tus crías
que te curten los pezones

***

la tormenta destruyó
el nido lárico
brutal farsa
compartimos
con otros de nuestra especia
no parlamos el mapudunzu
nunca oímos el río de la infancia
qué río
un canal pasaba por mi patio
mi abuelo más idiota que sabio
los pájaros conocieron no
nuestros hombres

nadie me espera de vuelta

adiós a la dulce infancia
en las calles de barro
sufrí desde que tengo
memoria
hasta sufrir de memoria
sin saber por qué
nos castigaron
hasta cuando santos

guagua que no llora no mama
perro que ladra no muerde

pero lloré y no mamé por eso ahora ladro y muerdo de rabia

cuando llegué a jugar
los niños
se escondieron
lo sé
los oí reír tras los arbustos
dónde están?

jugando?
están jugando!

desde pequeño conocí el cinturón y su locura

el padre se baja la cremallera
muestra
su verdadera intención
pequeñas plantillas
de hermanos prematuros
siguen
por el camino
hasta mi patio
sus risas
aún tras la brecha
están jugando!
están jugando!
siguieron
los globos de cumpleaños
sin saber
que nunca vinieron
y no eran globos
sino
placentas enfermas de mi madre

mis hermanos idos
lo ignoran
quieren jugar
andan por ahí escondidos
mis hermanas vírgenes
peinan las trenzas pálidas de sus muñecas
para fantasmas fiestas

mis hermanos fueron
piedras
Erinias
heridas
hernias
hemorragias de mi madre
caían lágrimas amnióticas
por todas
sus pérdidas

de las contracciones de su piñata
salieron mis hermanitos de malva
en negro rojo y gris
sangrientos
muertos
antes de vivir

***

cuánta destrucción en los nidos americanos
cuántas patrias arruinadas y marchitas
dónde están mis hermanos consumidos por el ácido?
consumidos, he?


***

qué camino seguirán las cigüeñas
con nuestros bastardos en sus garras
los arrojan
abajo los esperan
cunas de bronce
de mimbre
pesebres
y tiestos de basura

orfelinatos y perreras

***

28 de marzo de 2006

Poesía chilena de resistencia



“ustedes, los países que no han pasado por una ocupación militar
indefinida
no saben nada
viven como niños…”


(José Angel Cuevas)

Buen trabajo (Gustavo Donoso)

El tirano entró a la carnicería
y quedó gratamente impresionado
al ver en perfecto orden
animales desollados y sin cabeza.
Dio la mano a los carniceros:
eran hombres poderosos y fuertes,
de sonrosadas mejillas.
“Vengan y síganme”, les dijo,
“yo los haré carniceros de hombres”.

El resto es
historia conocida.

Hay soldados por todas partes hoy día (Magdalena Fuentes)

Hay soldados por todas partes hoy día
y tú quizás dónde
en qué mañana.
He sabido, viajaste hoy.
He sabido, que las industrias
están intervenidas
que hay muertos.
He visto, desde el patio de nuestra casa
helicópteros rondando.
He visto, desde la calle
aviones sobre la Moneda en llamas
(bombardeando como en las películas de guerra).
He visto vecinos
sobre los techos de sus casas
mirando las negras hogueras
de las fábricas
y he sentido balas y gritos desde lejos
que vienen a esta hora.
Y tú, aún no llegas, no llamas
aún no llegas a casa, todavía.
Y he llorado, he llorado por el que
ha caído en la casa de gobierno
mientras hay vecinos que ríen y
se abrazan, y bajo la cuneta
brindan, y tiran el sombrero
al aire.

Recomendaciones (Jorge Etcheverry)

No fumar de noche
Ver en todo civil un enemigo
Hacer valer en todo lugar el uniforme
Más que nada
Mantener en alto el prestigio del arma
La herencia de la escuela
El nombre de la patria
Sobre todo acordarse
que no debe hablar con nadie por la calle
que hay que andar con el dedo en el gatillo
no aceptar cigarros de un desconocido
Hay que andar en parejas
repitiendo mentalmente el santo y seña
No guardarse cosas en los allanamientos
Y sobre todo
No mostrarse blando
No olvidar nunca el santo y seña

A una lavandera de Santiago (Oscar Hahn)

Mi prima que vivía de su artesa
se me murió de muerte repentina:
le partieron de un golpe la cabeza
con la culata de una carabina.
Desde el abismo de su cráneo abierto
suben gritos y cantos fraternales,
entran en cada vivo, en cada muerto,
y empiezan a temblar los generales.
La ropa sucia no se lava en casa
cuando la manchan sangres tan enormes
que van de lavatorio en lavatorio.
Un regimiento de manchados pasa.
Y no podrá limpiar sus uniformes
ni el mismo purgador del Purgatorio.

Que digiera bien, señora (Ana María Vergara)

¿Está llena
su cacerola
ahora, señora?

¿De qué?

¿De carne?
¿De hígado?
¿De lengua?

¿De qué
está llena
cree usted,
señora,
su cacerola?

¿De vaca,
de cordero,
de chancho?
¿De qué, señora?

¿De tripas?
¿De corazón?
¿De patas?
¿De cabeza?

¿De sangre,
de sesos,
de costillas,
de huesos?

¿De qué
cree usted, señora,
que su cacerola
está llena ahora?

Caminos (Aristóteles España)

Nos llevan a cortar leña por los bosques,
de sol a sol,
custodiados por patrullas
que apuntan directamente a la cabeza.
Ordenan cantar y correr,
agujerean nuestra sensibilidad,
quieren destruirnos como guijarros
bajo la nieve,
humillarnos
mientras entonamos en alta voz:

“Bajo la linterna, frente a mi cuartel,
sé que tú me esperas, mi dulce amada bien…”


Y el viento invade los parques de mis sombras,
desordena los faroles, las plantas escarchadas.
Me acuerdo de Rosita en la última navidad,
o con su uniforme de colegiala y sus cuadernos.
(A lo mejor nunca leerá este poema).
Hay olor a nubes enterradas,
nos golpean,
mientras una rata camina entre la hierba…

“Si es que llega un parte y debo yo marchar
sin saber querida si podré regresar…”


Sólo vemos galerías pintadas de insomnio,
postes amontonados,
manos que sangran,
hoyos, vómitos,
en el trayecto al Campo de Detenidos,
y fusiles,
y mitades,
encerrados en un laberinto de crueldad y miseria
en el paralelo 53 sur de este mundo.

Poema de nombre y autor anónimo

No puedo dejar de hablarte, padre
los diarios mienten,
todos mienten,
desde el boletín oficial,
el periodista,
el impresor,
la tinta,
los avisos económicos,
el canillita
a mí me fusilaron
en la noche y a pleno campo
… no me arranqué.
(El Willy iba esposado y
engrillado,
no llevaba vendas).
Es imposible imaginarse algo bueno
con vendas,
todas las voces son asesinas,
todos los pasos traidores,
todas las manos cínicas.
Nos bajaron como de un tren de animales
besando por última vez la tierra que
tanto nos gusta
y padre, había ese olor a campo tan nuestro,
fue la alegría, la esperanza,
pero los hombres actuaron como lo hicieron siempre
sus primos, abuelos
y aquí me tienen convertido en un cadáver,
sin cargos, sin sumario, sólo porque
me había arrancado.
Entiérrame, padre, y no olvides poner
mi fecha de muerte, no olvidar, no olvidar que ese olor a campo
permanece.

* Estos textos pertenecen a la antología "Los poetas y el general. Voces de oposición bajo Augusto Pinochet, 1973 - 1990", realizada por Eva Goldschmidt Wyman. En ella se reúnen poemas que describen lo que sucede inmediatamente después del golpe; poemas de prisión, otros que hablan del exilio y finalmente aquellos que se refieren a la experiencia de estar "libres" bajo un régimen dictatorial. El volumen pertenece a LOM Ediciones, año 2002.

27 de marzo de 2006

Retrospectiva del Puerto (por Felipe Ugalde)

Alejadas de las aulas, están sin duda
alguna, las voces que aprendieron el
lenguaje del habitar Valparaíso. Esa historia
se traduce en viajes, retornos, temporales,
barcos que se hunden, cerros despedazados
por las lluvias, latas que vuelan por los
cielos, delincuentes que bajan desde
sus castillos bien allá arriba del cerro
para andar al acecho cuales buitres. La niñez
pura, el canto, los parientes le muestran a
uno las calles y los cementerios que
duermen silenciosos esperando la caída de
la tercera guerra mundial. Y ya nada es tan
importante como arrugar los ojos al mirar el
sol, con dos bolsos llenos de verduras y
peces frescos, tan frescos como para nadar
dentro de tu cabeza, y los grandes poetas se
emborracharon antes del amanecer...

* Escrito perteneciente al poemario "Cementerio 250 Torpederas". Para más información sobre Felipe Ugalde visitar el sitio http://laverdemar.blogspot.com.

21 de marzo de 2006

Poemas de Pablo Neruda


Los hombres del nitrato

Yo estaba en el salitre, con los héroes oscuros,
con el que cava nieve fertilizante y fina
en la corteza dura del planeta,
y estreché con orgullo sus manos de tierra.

Ellos me dijeron: “Mira,
hermano, cómo vivimos,
aquí en “Humberstone”, aquí en “Mapocho”,
en “Ricaventura”, en “Paloma”,
en “Pan de Azúcar”, en “Piojillo”.

Y me mostraron sus raciones
de miserables alimentos,
su piso de tierra en las casas,
el sol, el polvo, las vinchucas,
y la soledad inmensa.

Yo vi el trabajo de los derripiadores
que dejan sumida, en el mango
de la madera de la pala,
toda la huella de sus manos.

Yo escuché una voz que venía
desde el fondo estrecho del pique,
como un útero infernal,
y después asomar arriba
una criatura sin rostro,
una máscara polvorienta
de sudor, de sangre y de polvo.

Y ése me dijo: “Adonde vayas,
habla tú de estos tormentos,
habla tú, hermano, de tu hermano
que vive abajo, en el infierno”.

Los poetas celestes

Qué hicisteis vosotros gidistas,
intelectualistas, rilkistas,
misterizantes, falsos brujos
existenciales, amapolas
surrealistas encendidas
en una tumba, europeizados
cadáveres de la moda,
pálidas lombrices del queso
capitalista, qué hicisteis
ante el reinado de la angustia,
frente a este oscuro ser humano,
a esta pateada compostura,
a esta cabeza sumergida
en el estiércol, a esta esencia
de ásperas vidas pisoteadas?

No hicisteis nada sino la fuga:
vendisteis hacinado detritus,
buscasteis cabellos celestes,
plantas cobardes, uñas rotas,
“belleza pura”, “sortilegio”,
obra de pobres asustados
para evadir los ojos, para
enmarañar las delicadas
pupilas, para subsistir
con el plato de restos sucios
que os arrojaron los señores,
sin ver la piedra en agonía,
sin defender, sin conquistar,
más ciegos que las coronas
del cementerio, cuando cae
la lluvia sobre las inmóviles
flores podridas de las tumbas.

Las oligarquías

No, aún no secaban las banderas,
aún no dormían los soldados
cuando la libertad cambió de traje,
se transformó en hacienda:
de las tierras recién sembradas
salió una casta, una cuadrilla
de nuevos ricos con escudo,
con policía y con prisiones.

Hicieron una línea negra:
“Aquí nosotros, porfiristas,
de México, ‘caballeros’
de Chile, pitucos
del Jockey Club de Buenos Aires,
engomados filibusteros
del Uruguay, pisaverdes
ecuatorianos, clericales
señoritos de todas partes”.

“Allá vosotros, rotos, cholos,
pelados de México, gauchos,
amontonados en pocilgas,
desamparados, andrajosos,
piojentos, pililos, canalla,
desbaratados, miserables,
sucios, perezosos, pueblo”.

Todo se edificó sobre la línea.
El Arzobispo bautizó ese muro
y estableció anatemas incendiarios
sobre el rebelde que desconociera
la pared de la casta.
Quemaron por la mano del verdugo
los libros de Bilbao.
El policía
custodió la muralla, y al hambriento
que se acercó a los mármoles sagrados
le dieron con un palo en la cabeza
o lo enchufaron en un cepo agrícola
o a puntapiés lo nombraron soldado.

Se sintieron tranquilos y seguros.
El pueblo fue por calles y campiñas
a vivir hacinado, sin ventanas,
sin suelo, sin camisa,
sin escuela, sin pan.

Anda por nuestra América un fantasma
nutrido de detritus, iletrado,
errante, igual en nuestras latitudes,
saliendo de las cárceles fangosas,
arrabalero y prófugo, marcado
por el temible compatriota lleno
de trajes, órdenes y corbatines.

En México produjeron pulque
para él, en Chile
vino litriado de color violeta,
lo envenenaron, le rasparon
el alma pedacito a pedacito,
le negaron el libro y la luz,
hasta que fue cayendo en polvo,
hundido en el desván tuberculoso,
y entonces no tuvo entierro
litúrgico: su ceremonia
fue meterlo desnudo entre otras
carroñas que no tiene nombre.

Promulgación de la ley del embudo

Ellos se declararon patriotas.
En los clubs se condecoraron
y fueron escribiendo la historia.
Los Parlamentos se llenaron
de pompa, se repartieron
después la tierra, la ley,
las mejores calles, el aire,
la Universidad, los zapatos.

Su extraordinaria iniciativa
fue el Estado erigido en esa
forma, la rígida impostura.
Lo debatieron, como siempre,
con solemnidad y banquetes,
primero en círculos agrícolas,
con militares y abogados.
Y al fin llevaron al Congreso
la Ley suprema, la famosa,
la respetada, la intocable
Ley del Embudo.
Fue aprobada.

Para el rico la buena mesa.

La basura para los pobres.

El dinero para los ricos.

Para los pobres el trabajo.

Para los ricos la casa grande.

El tugurio para los pobres.

El fuero para el gran ladrón.

La cárcel al que roba un pan.

París, París para los señoritos.

El pobre a la mina, al desierto.

El señor Rodríguez de la Crota
habló en el Senado con voz
meliflua y elegante.
“Esta ley, al fin, establece
la jerarquía obligatoria
y sobre todo los principios
de la cristiandad.
Era
tan necesaria como el agua.
Sólo los comunistas, venidos
del infierno, como se sabe,
pueden discutir este código
del Embudo, sabio y severo.
Pero esta oposición asiática,
venida del sub-hombre, es sencillo
refrenarla: a la cárcel todos,
al campo de concentración,
así quedaremos sólo
los caballeros distinguidos
y los amables yanaconas
del Partido Radical”.

Estallaron los aplausos
de los bancos aristocráticos:
qué elocuencia, qué espiritual,
qué filósofo, qué lumbrera!
Y corrió cada uno a llenarse
los bolsillos en su negocio,
uno acaparando la leche
otro estafando en el alambre,
otro robando en el azúcar
y todos llamándose a voces
patriotas, con el monopolio
del patriotismo, consultado
también en la Ley del Embudo.

Elección en Chimbarongo (1947)

En Chimbarongo, en Chile, hace tiempo
fui a una elección senatorial.
Vi cómo eran elegidos
los pedestales de la patria.
A las once de la mañana
llegaron del campo las carretas
atiborradas de inquilinos.
Era en invierno, mojados,
sucios, hambrientos, descalzos,
los siervos de Chimbarongo
descienden de las carretas.
Torvos, tostados, harapientos,
son apiñados, conducidos
con una boleta en la mano,
vigilados y apretujados
vuelven a cobrar la paga,
y otra vez hacia las carretas
enfilados como caballos
los han conducido.

Más tarde
les han tirado carne y vino
hasta dejarlos bestialmente
envilecidos y olvidados.
Escuché más tarde el discurso,
del senador así elegido:
“Nosotros, patriotas cristianos,
nosotros, defensores del orden,
nosotros hijos del espíritu”.
Y estremecía su barriga
su voz de vaca aguardentosa
que parecía tropezar
como una trompa de mamut
en las bóvedas tenebrosas
de la silbante prehistoria.

La crema

Grotescos, falsos aristócratas
de nuestra América, mamíferos
recién estucados, jóvenes
estériles, pollinos sesudos,
hacendados malignos, héroes
de la borrachera en el Club,
salteadores de banca y bolsa,
pijes, granfinos, pitucos,
apuestos tigres de Embajada,
pálidas niñas principales,
flores carnívoras, cultivos
de las cavernas perfumadas,
enredaderas chupadoras
de sangre, estiércol y sudor,
lianas estranguladoras,
cadenas de boas feudales.

Mientras temblaban las praderas
con el galope de Bolívar,
o de O’Higgins (soldados pobres,
pueblo azotado, héroes descalzos),
vosotros formasteis las filas
del rey, del pozo clerical,
de la traición a las banderas,
pero cuando el viento arrogante
del pueblo, agitando sus lanzas,
nos dejó la patria en los brazos,
surgisteis alambrando tierras,
midiendo cercas, hacinando
áreas y seres, repartiendo
la policía y los estancos.

El pueblo volvió de las guerras,
se hundió en las minas, en la oscura
profundidad de los corrales,
cayó en los surcos pedregosos,
movió las fábricas grasientas,
procreando en los conventillos,
en las habitaciones repletas
con otros seres desdichados.

Naufragó en vino hasta perderse,
abandonado, invadido
por un ejército de piojos
y de vampiros, rodeado
de muros y comisarías,
sin pan, sin música, cayendo
en la soledad desquiciada
donde Orfeo le deja apenas
una guitarra para su alma,
una guitarra que se cubre
de cintas y desgarraduras
y canta encima de los pueblos
como el ave de la pobreza.

Los abogados del dólar

Infierno americano, pan nuestro
empapado en veneno, hay otra
lengua en tu pérfida fogata:
es el abogado criollo
de la compañía extranjera.

Es el que remacha los grillos
de la esclavitud en su patria,
y desdeñoso se pasea
con la casta de los gerentes
mirando con aire supremo
nuestras banderas harapientas.

Cuando llegan de Nueva York
las avanzadas imperiales,
ingenieros, calculadores,
agrimensores, expertos,
y miden tierra conquistada,
estaño, petróleo, bananas,
nitrato, cobre, manganeso,
azúcar, hierro, caucho, tierra,
se adelanta un enano oscuro,
con una sonrisa amarilla,
y aconseja, con suavidad,
a los invasores recientes:

No es necesario pagar tanto
a estos nativos, sería
torpe, señores, elevar
estos salarios. No conviene.
Estos rotos, estos cholitos
no sabrían sino embriagarse
con tanta plata. No, por Dios.
Son primitivos, poco más
que bestias, los conozco mucho.
No vayan a pagarles tanto.

Es adoptado. Le ponen
librea. Viste de gringo,
escupe como gringo. Baila
como gringo, y sube.

Tiene automóvil, whisky, prensa,
lo eligen juez y diputado
lo condecoran, es Ministro,
y es escuchado en el Gobierno.
Él sabe quién es sobornable.
Él sabe quién es sobornado.
Él lame, unta, condecora,
halaga, sonríe, amenaza.
Y así vacían por los puertos
las repúblicas desangradas.

Dónde habita, preguntaréis,
este virus, este abogado,
este fermento del detritus,
este duro piojo sanguíneo,
engordado con nuestra sangre?
Habita las bajas regiones
ecuatoriales, el Brasil,
pero también es su morada
el cinturón central de América.

Lo encontraréis en la escarpada
altura de Chuquicamata.
Donde huele riqueza sube
los montes, cruza los abismos,
con las recetas de su código
para robar la tierra nuestra.
Lo hallaréis en Puerto Limón,
en Ciudad Trujillo, en Iquique,
en Caracas, en Maracaibo,
en Antofagasta, en Honduras,
encarcelando a nuestro hermano,
acusando a su compatriota,
despojando peones, abriendo
puertas de jueces y hacendados,
comprando prensa, dirigiendo
la policía, el palo, el rifle
contra su familia olvidada.

Pavoneándose, vestido
de smoking, en las recepciones,
inaugurando monumentos
con esta frase: Señores,
la Patria antes que la vida,
es nuestra madre, es nuestro suelo,
defendamos el orden, hagamos
nuevos presidios, otras cárceles.

Y muere glorioso, “el patriota”
senador, patricio, eminente,
condecorado por el Papa,
ilustre, próspero, temido,
mientras la trágica ralea
de nuestros muertos, los que hundieron
la mano en el cobre, arañaron
la tierra profunda y severa,
mueren golpeados y olvidados,
apresuradamente puestos
en sus cajones funerales:
un nombre, un número en la cruz
que el viento sacude, matando
hasta la cifra de los héroes.

El pueblo victorioso

Está mi corazón en esta lucha.
Mi pueblo vencerá. Todos los pueblos
vencerán , uno a uno.
Estos dolores
se exprimirán como pañuelos hasta
estrujar tantas lágrimas vertidas
en socavones del desierto, en tumbas,
en escalones del martirio humano.
Pero está cerca el tiempo victorioso.
Que sirva el odio para que no tiemblen
las manos del castigo,
que la hora
llegue a su horario en el instante puro,
y el pueblo llene las calles vacías
con sus frescas y firmes dimensiones.

Aquí está mi ternura para entonces.
La conocéis. No tengo otra bandera.

*Poemas de "Canto General", libro publicado en la década del '50 en toda América.