24 de marzo de 2016
Frágil
No lloremos
por el fin del mundo
Encendamos un poema
al costado del camino
con vasos de piedra
escarbando la lengua
y dos luceros de metal
naciendo tras los ojos
un pequeño big-bang
en tu propia mente
saliendo por la boca
(...)
18 de marzo de 2016
Irene Morales 630
Los escombros
se amontonan
en la poza del alma.
Las piedras
y los musgos
amoratan los días.
Se destruye algo
-siempre-
Las piedras
y los musgos
amoratan los días.
Se destruye algo
-siempre-
entre tanta maleza.
Un roedor husmea
y una serpiente lo acecha:
anochece y yaUn roedor husmea
y una serpiente lo acecha:
no queda nadie.
La ciudad establece
su paralelo:
casas viejas
almas antiguas
cadáveres aún vivos
observando su paso
por el mundo del espejo.
Al borde de la cornisa.
17 de marzo de 2016
Escena perdida
Lobos, lobos hambrientos
corriendo a tu lado, sin poder
alcanzarte, mientras el bosque
se reorganiza para ayudarte a huir,
con la telúrica e invisible palabra
que el viento va descolgando
de los árboles y sus viejas
cabelleras, polvo, humus,
nieve, sangre azul de las
montañas, luz, pueblo,
voz ancestral que ahoga
los aullidos y te hace veloz,
imbatible, matria de huesos
y soles, poesía, resistencia,
invierno.
7 de marzo de 2016
Suburbia
Me despedí muchas veces
de la poesía:
igual me la encontraba
borracha
pidiéndome auxilio
-casi siempre-
en la subida Ecuador.
A cuestas la subía al colectivo.
A veces no me la admitían
por buitreada.
Dormíamos entonces
en la plaza Cochrane.
Ahí nuestros corazones
se hicieron metálicos.
En la cercanía tibia
de las heridas.
2 de marzo de 2016
Los derechos de la naturaleza
Eduardo Gudynas
Buenos Aires, Editorial Tinta Limón, Abril 2015
Muchas veces se ha comparado a los libros con puertas o ventanas que conducen a otros estados emocionales e intelectuales. En el caso de “Derechos de la naturaleza”, del investigador uruguayo Eduardo Gudynas (Editorial Tinta Limón, Buenos Aires, 2015), se podría decir que la puerta o ventana que se abre nos conduce a otro estado de humanidad. O derechamente: a otra humanidad.
Buenos Aires, Editorial Tinta Limón, Abril 2015
Muchas veces se ha comparado a los libros con puertas o ventanas que conducen a otros estados emocionales e intelectuales. En el caso de “Derechos de la naturaleza”, del investigador uruguayo Eduardo Gudynas (Editorial Tinta Limón, Buenos Aires, 2015), se podría decir que la puerta o ventana que se abre nos conduce a otro estado de humanidad. O derechamente: a otra humanidad.
Después de leer las 306 páginas de este volumen, queda la
sensación de que como nunca antes, la especie humana ha logrado articular -por
fin- una nueva conciencia -global-, la cual ya ha entrado en acción.
Parafraseando a Mc Luhan, hablamos de “una nueva corteza terrestre, un nuevo
sistema nervioso planetario”, cuya principal virtud es la desmitificación total
del antropocentrismo como paradigma de desarrollo.
A través de un lenguaje simple, que no abusa de los
tecnicismos, Gudynas construye en este texto una línea argumentativa que si
bien apunta a cuestionar el actual modelo de crecimiento económico, finalmente
desemboca en lo que constituye la idea fuerza del libro: la existencia y el necesario
reconocimiento de los derechos -inherentes- de la naturaleza, en cuanto a
especies vivas y ecosistemas.
Al respecto, resulta muy decidor el capítulo 1, “Los valores
y la naturaleza”, donde se establece que lo que está en juego son justamente valoraciones
sobre el entorno. En ese sentido, se señala que la valoración económica no es
la única valoración que existe respecto del ambiente. Hay otras valoraciones
relacionadas con lo estético, lo cultural y lo histórico, que en el orden
actual, están subyugadas a lo económico, que actúa como escala única de valores
respecto al medioambiente y sus recursos: éstos deben necesariamente traducirse
en un valor de mercado para poder, incluso, conservarse o protegerse.
Aquí radica el elemento fundamental que propone el libro: comprender
que los valores propios presentes en los seres vivos y el ambiente, son
independientes de los intereses y utilidades humanos. Se trata de una postura
que confronta no solamente la valoración economicista de la naturaleza, sino
también el derecho de los seres humanos a otorgar valoraciones. Porque, ¿sólo nosotros
podemos otorgar valores al ambiente, pues estos están esencialmente referidos a
nuestra utilidad? ¿O existen valores intrínsecos independientes del humano?
¿Qué es objeto o sujeto de valor y cómo se expresa?
Esta crítica frontal al antropocentrismo encuentra en la
propuesta del biocentrismo una salida coherente y justa: la vida es un valor en
sí misma, y tanto los seres vivos como los ecosistemas donde ellos desarrollan
sus procesos vitales, tienen el derecho a continuar con esos procesos vitales.
Es más: el autor destaca que la defensa de esos valores intrínsecos puede
superponerse con quienes afirman que los demás seres vivos se valoran a sí
mismos, aunque lo hacen dentro de sus capacidades cognitivas y sintientes.
Como vemos, se trata de otra humanidad, donde el ser humano
deja de sentirse superior al resto de las especies y se sitúa respetuosamente
frente a ellas. Pero también se podría decir que estamos frente a un cuento
viejo, pues lo que se cuestiona es la excesiva presencia del mercado en
nuestras vidas: todo y todos tienen un precio, y todo es, finalmente,
mercancía.
Sin embargo, la excelente documentación histórica que aporta
Gudynas, sumado al análisis de experiencias concretas como el proceso
constituyente en Ecuador -que termina reconociendo los derechos de la
naturaleza-, hacen de este libro un bello y poderoso manual para entender y
dimensionar la nueva humanidad que necesitamos levantar.
Conceptos como ética ambiental, justicia ecológica,
construcción del giro biocéntrico, derechos y ciudadanía, van conformando un
relato muy propositivo, que se solidifica de manera perfecta al momento de
confrontarlo con la realidad latinoamericana. No en vano el libro parte con un
duro análisis del actual momento continental, donde, por ejemplo, nos enteramos
que la mayor pérdida de bosques tropicales ha tenido lugar en América del Sur,
y que la extensión de la frontera agropecuaria tiene degradados el 14% de los
suelos del continente.
Si a eso sumamos el creciente uso de agroquímicos y los contaminantes procesos de la minería y las industrias forestales y petroleras -por nombrar algunas-, con el consiguiente deterioro y amenaza de especies y ecosistemas, nos damos cuenta que la aparición de esa otra humanidad es urgente, y que dentro de esa urgencia, los movimientos sociales y las comunidades tienen un rol absolutamente protagónico e ineludible. De nosotros dependerá.
28 de febrero de 2016
El poheta reptil y su OVNI
El
ambiente es chato, lleno de piscolas y latas de cerveza mezcladas con
alquitrán; la sensación generalizada es de una plana estupidez, validada por el
poder que da el dinero, la falopa y la tecnología; la poesía surge ahí como un
débil cacareo y se confunde con la imbecilidad de los memes, un patético neo-humorismo
que sitúa la imagen poética al mismo nivel de un stand up comedy; un
espectáculo inocuo disfrazado de político, risible como el eructo gaseoso de un
ingeniero comercial jugando a ser poheta y al que todos aplauden sin recordar
una sola palabra de su miserable show; al final todo termina con el vómito de
siempre, en el tristísimo baño de siempre, con el hígado retorcido y el hocico
balbuceante, espumante, intoxicado con la bebida oficial del neo-fascismo que
cabalga brillante en cada una de las palabras que este reptil enhebra en su desechable puesta en escena, icónica por su patética e inofensiva
rebeldía, siempre disponible y descargable en el inmundo catálogo de la
literatura sin contenido que tanto gusta a los pequeño-burgueses arribistas de
Santiago; poesía babosa cuya máxima expectativa es superar la resaca para
empezar de nuevo a estafar con el viejo truco del arte por el arte, con la jeta
amarrada al cordel neoliberal que lo alimenta y lo hace engordar como un cerdo marciano que se recordará por insípido y estéril o corredor
de bolsa, gris y enemigo, al cual todos golpearíamos por insolente y mala clase pero que finalmente zafa por causar lástima con su sebo
alcohólico y su patológica mirada de humorista de tercera peinado con gel y jalea de moco.
22 de febrero de 2016
Posible epílogo
Fuimos pedazos de cactus; yo me entregué
a las barbas de un dios que no prohibió nada;
éramos animales, azules y verdes; tomábamos
en vasos de piedra, por los contornos del
cactus,
como alquimistas del gesto del no retorno;
que nuestros huesos sean el calcio de una
estrella nueva,
que ésta sea descubierta por un niño, desde
otro mundo,
un día
como éste.
18 de febrero de 2016
Pescadores
El bote como esqueleto
El bote como fábrica de dolores antiguos
El bote como una pieza de museo
El bote como reivindicación social
El bote mejor amigo del hombre
Saquemos nuestras mejores pieles
Entreguemos nuestros pies al mar
Saquemos carne al aire
Sigamos siendo
pescadores de hombres
Pescadores de palabras
15 de febrero de 2016
15 de enero de 2016
6 de enero de 2016
Elementos
Composición
de elementos sobre
la página en blanco:
está la sangre, la sal,
la herida que cicatriza
al ritmo de la tierra,
cambiando la piel
como una serpiente
ancestral cargada
de símbolos:
está el aire,
que nos dibuja
como los remolinos
de las hojas, altos
e impredecibles,
musicales y fríos;
y está la luz, esa luz
que se enciende en tus ojos
cuando dices pueblo, escuela,
periferia, hijos;
un delirio estallando
como dos galaxias
fusionándose,
con gesto de océano
revolcándose en las rocas.
4 de enero de 2016
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


