27 de marzo de 2014

Bolero


Tanto tiempo disfrutamos de este amor y nuestras almas se acercaron, se acercaron los fantasmas, tu sabor enamorado, mi sabor acariciado. No pretendo ser tu dueño, no soy nada, me almidono esperanzada, yo no tengo ni retengo vanidad acaudalada, de mi vida doy lo bueno, soy tan pobre, qué otra cosa puedo dar?

- Hay amor eternidad? Hay amor donde tu estás?
- Hay amor igual que aquí: Picante como el ají



Por Marinero Miel

24 de marzo de 2014

Epitafio

Este animal murió solo, vivió solo,
no leyó ni la mitad de su biblioteca,
no conoció ni la mitad de su país,
no estuvo entre los ganadores
del premio al empleado del año,
no ganó ninguna elección,
no acertó jamás los números del concurso.
Fue un silencio, una herramienta afilada,
creadora de otras herramientas, sillas,
muebles, repisas, papel, mucho papel escrito
que no alcanzó a leer.

Estuvimos ahí, con él,
en el momento de la materia.

Sentimos que respiraba.


Inédito

22 de marzo de 2014

Inauguración del Seminario de Nueva Poesía Chilena* **



* poesía chilena de provincia
** incluye zonas de sacrificio 

16 de marzo de 2014

La cultura del terror

Yo niño
abusado por mi confesor

Yo niña
golpeada por mi padre

Yo mujer
menstruada con fusil
y arrojada muy azul
a una embajada extranjera

Yo callejón sin salida
fríamente ejecutado
en el más hermoso silencio

Yo estatua sin voz
pedazo de tierra sin fosa
simple horror de la presa

Yo soy la carne
que hace andar
tus máquinas

Tus relojes tus teléfonos
y la sangre dentro de ti

Yo soy
el esqueleto de tu cultura


De "Valparaíso Vintage"

15 de marzo de 2014

Supermercado Vietnamita (fragmento)





Bajo una lluvia de estrellas

mi corazón en picada

5 de marzo de 2014

Es olvido

Juro que no recuerdo ni su nombre,
mas moriré llamándola María,
no por simple capricho de poeta:
por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
supe de la su muerte inmerecida,
nueva que me causó tal desengaño
que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
Y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
por la gente que trajo la noticia
debo creer, sin vacilar un punto,
que murió con mi nombre en las pupilas,
hecho que me sorprende, porque nunca
fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
relaciones de estricta cortesía,
nada más que palabras y palabras
y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
sólo queda un puñado de cenizas),
pero jamás vi en ella otro destino
que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
con el celeste nombre de María,
circunstancia que prueba claramente
la exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡quién es el que no besa a sus amigas!
Pero tened presente que lo hice
sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
su inmaterial y vaga compañía
que era como el espíritu sereno
que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
la importancia que tuvo su sonrisa
ni desvirtuar el favorable influjo
que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aun, que de la noche
fueron sus ojos fuente fidedigna.
Mas, a pesar de todo, es necesario
que comprendan que yo no la quería
sino con ese vago sentimiento
con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
lo que a esta fecha aún me maravilla,
ese inaudito y singular ejemplo
de morir con mi nombre en las pupilas,
ella, múltiple rosa inmaculada,
ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
que se pasa quejando noche y día
de que el mundo traidor en que vivimos
vale menos que rueda detenida:
mucho más honorable es una tumba,
vale más una hoja enmohecida,
nada es verdad, aquí nada perdura,
ni el color del cristal con que se mira.
Hoy es un día azul de primavera,
creo que moriré de poesía,
de esa famosa joven melancólica
no recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
como una paloma fugitiva:
la olvidé sin quererlo, lentamente,
como todas las cosas de la vida.


Nicanor Parra
Poemas & Antipoemas

21 de febrero de 2014

Pata de Conejo

III

olas miniatura en ciudades miniatura
ha finalizado la gran guerra

el pueblo en silencio
escucha el canto de las aves

el canto que no es canto
es vuelo

(...)

las plumas que hierven en cazuelas infernales
el brote de una casa que se esmera en apagarse
un cerro de Valparaíso avanza como caballo de troya



(...)


"Pata de Conejo"
Felipe Ugalde

19 de febrero de 2014

Árbol quieto entre nubes

Aquel joven soldado
era sonriente y tímido y erguido
como un joven durazno.
El vello de su rostro se doraba
con el rubor de los duraznos
al amarillo sol de mediodía.
Sus ademanes eran
como los ademanes del durazno
cuando el viento lo mueve, en la colina.
Si sonreía era su sonrisa
un imprevisto florecer durazno.
Una ráfaga a veces lo nublaba
y entonces, serio, ensimismado,
era un durazno al aire, deshojado.

Jugaba con los niños, en la tarde,
con un fervor nostálgico, lejano,
con la misma ternura de la ola
que se aleja volviendo la cabeza.
Un viento melancólico barría
nubes en flor, apenas nubes,
y en el jardín volaban hojas
¡oh despeinada primavera!
Árbol quieto entre nubes, hojas, niños,
se preguntaba aquel soldado:
¿Es nube todo, todo es hoja, viento?


¿Los familiares árboles son nubes?
¿Esta rama que toco, esta corteza,
estos niños, son nubes? ¿Nube el sueño
y la muchacha aquella y su perfume,
fantasma de la carne, nube, espuma
apenas sostenida por el viento?

Y se alejó, callada nube negra.



Octavio Paz

18 de febrero de 2014

Hotel

Me despierto a oscuras
en una habitación extraña.
Hay una voz en el techo
con un mensaje para mí.

Repite una y otra vez
la misma ausencia de palabras,

el sonido que el amor hace
cuando alcanza la tierra,

metido a la fuerza en un cuerpo,
acorralado. Arriba hay una mujer

sin cara y con un animal
desconocido que tiembla dentro de ella.

Enseña los dientes y solloza;
la voz susurra a través de las paredes y el suelo;
ahora está suelta, libre y corriendo
cuesta abajo hacia el mar, como agua.

Examina el aire alrededor y encuentra
espacio. Al final,
me penetra y se vuelve mía.


Margaret Atwood
Poéticas del Cuerpo

14 de febrero de 2014

Soy el último poeta de la aldea

Soy el último poeta de la aldea,
mis cantos son humildes como un puente de madera.
Asisto a la misa final entre abedules
que inciensan el aire con sus hojas.
Se extinguirá la dorada llama
de este cirio de cera humana
y el remoto reloj de la luna
gruñirá mi postrer campanada.
Pronto saldrá el huésped de hierro
al sendero del campo azul,
sus negras manos recogerán
la avena derramada por la aurora.

¡Muertas manos, palmas extrañas,
no vivirán entre vosotras mis canciones!
Sólo los corceles de las espigas
llorarán por los viejos amos.
El viento acallará sus relinchos
mientras baila la danza del adiós...
Y el remoto reloj de la luna
gruñirá mi postrer campanada.

Arde, estrella mía, no caigas...
Arde, estrella mía, no caigas.
Derrama tus rayos fríos.
Tras la muralla del cementerio
ya no late ningún corazón.

Luces con el agosto y el centeno
y llenas la quietud de los campos
con el temblor sollozante
de las grullas que aún no partieron.
Me alcanza viniendo de lejos,
quizá del bosque o del cerro,
otra vez aquella canción
de mi país, y de mi casa natal.
Y el otoño dorado
reduciendo la savia de los abedules
llora sus hojas sobre la arena
por todos los seres que amé.
Lo sé. Lo sé. Dentro de poco,
ni por mi culpa ni por la ajena
tendré que tenderme también
detrás de la negra muralla.
Se apagará la llama cariñosa
y se convertirá en polvo el corazón.
Los amigos pondrán una piedra gris
con una alegre inscripción.
Mas yo, pensando en la triste muerte
así la compondría para mí:
"Amó a su patria y a su suelo
como un borracho a su taberna".

Serguéi Esenin

6 de febrero de 2014

Réplicas

Durante el terremoto que azotó la octava región de Chile
y que dejó un país devastado
todos los santos cayeron de sus pedestales
y al igual que la iglesia de la merced
en sólo tres minutos
fueron polvo.
Bajo los escombros yacía el cuerpo del cura párroco
don Celestino Callao.
Bajo los escombros también
la puerta que daba a los sótanos. Y allí…
las réplicas, los santos de utilería.
Fue allí donde se cavó primero.
Y por la tarde antes de que cayese el sol
ya un santuario improvisado se alzaba frente a las ruinas de la iglesia.
Allí podían acudir los desgraciados a pedir o dar gracias como Dios manda.
Está visto:
la iglesia desentierra primero a sus santos que a sus muertos.



Carlos Gallegos
"Dios me dio la bendición de ser ateo"

4 de febrero de 2014

Ladra la tarde en la literatura


Ladra la tarde en la literatura
los poetas somos perros viejos
comiendo charqui envasado
en un supermercado vietnamita

Algún día nosotros
seremos esa carne en oferta



Supermercado Vietnamita (fragmento)