Poema de Cesare Pavese
Andaré por las calles hasta caer exhausta;
sabré vivir sola y retener en mis ojos
cualquier rostro que pase y seguir siendo la misma.
Este frescor que asciende a buscarme las venas
en un despertar que jamás había sentido tan verdadero
por la mañana: sólo que hoy me noto más fuerte
que mi cuerpo y que un temblor más frío acompaña la mañana.
Lejos están las mañanas de mis veinte años.
Y mañana, veintiuno: mañana saldrá a la calle,
me acuerdo de todas sus piedras y de las franjas de cielo.
Desde mañana la gente me verá nuevamente
caminando erguida y podré irme parando
y verme reflejada en los escaparates.
En las mañanas de antaño,
yo era joven y no lo sabía, ni tan sólo sabía
que era yo mismo quien pasaba - una mujer dueña
de sí misma. La delgada chiquilla que fui
ha despertado de un llanto perdurado por años:
ahora es como si aquel llanto nunca hubiese existido.
Y tan sólo deseo colores. Los colores no lloran,
son como un despertar: mañana volverán
los colores. Las mujeres saldrán a la calle,
cada cuerpo, un color - e incluso, los niños.
Este cuerpo vestido de color rojo claro,
tras tanta palidez, recobrará la vida.
Sentiré en torno a mí deslizarse miradas
y sabré ser yo misma: con una simpoe ojeada,
me veré entre la gente. Cada nueva mañana,
saldré a la calle en busca de colores.
De "Poesías completas".
Edición de Italo Calvino.
26 de enero de 2011
10 de enero de 2011
Niña en el jardín
Alejandra Pizarnik
a Daniela Haman
Un claro en un jardín oscuro o un pequeño espacio de luz entre hojas negras. Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años, señora de los pájaros celestes y de los pájaros rojos. Al más hermoso le digo:
- Te voy a regalar a no sé quién.
- ¿Cómo sabes que le gustaré? - dice.
- Voy a regalarte - digo.
- Nunca tendrás a quien regalar un pájaro - dice el pájaro.
1966
a Daniela Haman
Un claro en un jardín oscuro o un pequeño espacio de luz entre hojas negras. Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años, señora de los pájaros celestes y de los pájaros rojos. Al más hermoso le digo:
- Te voy a regalar a no sé quién.
- ¿Cómo sabes que le gustaré? - dice.
- Voy a regalarte - digo.
- Nunca tendrás a quien regalar un pájaro - dice el pájaro.
1966
7 de enero de 2011
Cátedra de aterrizaje
locación:-pelluhue.litoraldelmaule-
-27feb.dosmildiezveces
amaneciendobajolamar-
:
La suave brisa nos contiene,
lentos y amarillos,
sobrinos de una catástrofe:
cobijos de la mar y su pescada
nos hicieron bolsa de arena y basura:
fugaz pigmento en la escapada
nos temblaron las rocas lunares.
La mano del mar lo sublima.
Una dignidad parida con sangre,
un hombre flotante apareciendo de lejos
un gris reojo por los botes sobrevivientes
un amanecer mezclado con arena y ron:
Llamas y vengo rezando de mentira
Ojos piadosos son llamas no cruces:
Carnadas y manos sacudiendo la arena:
Pez sol durmiendo sobre las camas:
Cangrejo ebrio cortando alambradas:
Lágrima de sangre subiendo por el pecho:
Maniobra sutil de hombre piadoso
Amanecer patipelado en fogata de cerro
Rompimos en llanto por cada escombro
Con un tibio paisaje como recuerdo.
:
(Umbrías regiones ahorcadas
en destrozados indios litorales
fusilados con fuego tormento
en el amanecer de la conquista oscura
antes de la pesadilla de la república
antes del salvaje animal que escarba)
(La naturaleza
no es tan mala como el hombre
hay círculos en los lagos
ciruelas en los caminos
sobrias habitaciones de poetas
no tan malos como el hombre)
(Soñé un pedazo de bosque entre los dientes
soñé tajada de abeto roble y muchas lágrimas
y una gran arcada por el tóxico alumbramiento
del humus:
químico bienestar de la república celulosa
entrando lentamente al óxido,
con clara sobredosis de veneno.
Crimen azul y amarillo
en la mirada de nuestras abejas)
:
Resistencia es la acción,
resistencia nuestra boca:
la frágil república cadáver,
con su carne faenada en terremotos.
¿Nos sentamos en la misma mesa?
O en definitiva el frío nos divide
y la espuma del mar en las lágrimas
y la hoja resistencia de la imagen
y la canción triste de las caletas
y el oscuro tiempo de los fusileros
(sobrinos de embajadores,
apuntándote a la cabeza)
Quién limpió el vómito de la casta social?
Quién cargó el hábito manchado del sirviente,
la costra oscura de sus manos,
quién se alimentó bajo la alfombra,
y le sangraron las rodillas arrastrándose
por clemencia?
Hay un fragmento que queremos escarbar,
escuchar voces en el oleaje, peces nadando
hacia un reloj azul: ay, arrase de nuestra
vida material, ay, pesado reino de la arena,
cochayuyos y hembras gloriosas de escama
brillante: de rodillas, como antiguo testigo de dios,
cancerbero de letras o enemigo de la química,
viramos a perfil de gaviota ante el amanecer,
con un cangrejo rojo caminando hacia las estatuas,
a picotear el silencio nacional de los gobernados.
(Epílogo)
El memorial de los abuelos
es la bitácora del aprendizaje.
La cátedra del aterrizaje.
Ahora,
un rastro,
sólo un rastro,
en el sol que se va.
Ahora el silencio,
y nosotros el diluvio y todas las palabras.
Finalmente, brotaron verduras,
agiles y rosadas, amarillas, sutiles y azules.
El reloj del cielo amaneció y nació un vino,
rojo y nuevo como sangre de ojo y boca,
uteroso como el vientre del mar, pulposo,
como entraña de madre y reina pez.
Una sola copa es el silencio que tuvimos.
Y entonces levantamos estatuas, esculturas líricas,
oníricas y cláricas, fabulosas y marítimas,
faros de luz en la espesura del litoral,
rastros de nuestro hermoso esqueleto de amor.
28 de diciembre de 2010
Plaza Echaurren
Tanto sabor a pescado
Con tanta chaqueta roja
Mirando feo
El lagrimal escondido de la calle
Se restringe con lentes sapos
Y ratas que salen de escondites
Con orden de apaleo
Una tarde en el barrio
Es apedrear el recuerdo
Con sendas botellas grises
Esparcidas en la conciencia
Tan acorralados
Tan oscuros y perseguidos
Como una vil plaga sin órbita
Como una asquerosa escalopa
Entre los horrores elegímos este
Un menú de pobre pescado
Con más espinas que carne
Con más heridas que hambre
(...)
Con tanta chaqueta roja
Mirando feo
El lagrimal escondido de la calle
Se restringe con lentes sapos
Y ratas que salen de esconditesCon orden de apaleo
Una tarde en el barrio
Es apedrear el recuerdo
Con sendas botellas grises
Esparcidas en la conciencia
Tan acorralados
Tan oscuros y perseguidos
Como una vil plaga sin órbita
Como una asquerosa escalopa
Entre los horrores elegímos este
Un menú de pobre pescado
Con más espinas que carne
Con más heridas que hambre
(...)
23 de diciembre de 2010
Algo que no se recuerda
los trabajadores de chile no conocen
la casa central de los trabajadores de chile
su extraña casa de madera y escalas alfombradas
no conocen las salas azules / que fue la casa de
la organización fascista / Fuerza y Voluntad de Poder /
los trabajadores no se conocen a sí mismos
no hablan con nadie,
están ahí, no más,
tomando vino acostados en el suelo
con sus herramientas viandas secas
frente a la pantalla
están cesantes / leen los crímenes de la semana /
violaciones de menores de edad y putas viejas / dicen /
que si andan por ahí mostrando el poto / se lo buscan /
leen que una manga de drogadictos rompe tumbas
de trabajadores / hacen marcas del demonio /
se emborrachan / con las cruces que pusieron los
trabajadores
los trabajadores / fueron ensoñación de algo que ya
no se recuerda / los trabajadores están ahí / solos /
olvidados / apocados frente a sus herramientas /
mohosas y viejas.
(...)
Poema de José Angel Cuevas, publicado en la antología “Desmanes” de la editorial Quimantú, año 2010.
la casa central de los trabajadores de chile
su extraña casa de madera y escalas alfombradas
no conocen las salas azules / que fue la casa de
la organización fascista / Fuerza y Voluntad de Poder /
los trabajadores no se conocen a sí mismos
no hablan con nadie,
están ahí, no más,
tomando vino acostados en el suelo
con sus herramientas viandas secas
frente a la pantalla
están cesantes / leen los crímenes de la semana /
violaciones de menores de edad y putas viejas / dicen /
que si andan por ahí mostrando el poto / se lo buscan /
leen que una manga de drogadictos rompe tumbas
de trabajadores / hacen marcas del demonio /
se emborrachan / con las cruces que pusieron los
trabajadores
los trabajadores / fueron ensoñación de algo que ya
no se recuerda / los trabajadores están ahí / solos /
olvidados / apocados frente a sus herramientas /
mohosas y viejas.
(...)
Poema de José Angel Cuevas, publicado en la antología “Desmanes” de la editorial Quimantú, año 2010.
20 de diciembre de 2010
A modo de Plegaria este fin de año
Por Eduardo Galeano
Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.
(...)
Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.
(...)
17 de diciembre de 2010
Conrimel, la antología
56 voces reuné el volumen que se editó tras el Encuentro Latinoamericano de Mujeres Poetas Conrimel, realizado en Valparaíso y Santiago en noviembre de 2010.El libro fue diseñado y encuadernado artesanalmente en los talleres de Ediciones Inubicalistas, en el cerro Alegre de Valparaíso. Según explica Gladys González, ejecutora de “Conrimel” junto a Diego Ramírez, “la antología es el trabajo recopilatorio de textos poéticos y reseñas bibliográficas de todas las poetas que respondieron a la convocatoria del encuentro, realizada entre enero y noviembre de 2010”.
Así, entre el 16 y el 19 de noviembre de 2010, 56 poetas de varias generaciones se reunieron en Santiago y Valparaíso, en recitales de poesía, conversatorios, foros y presentaciones en espacios públicos y otros. Participaron poetas de El Salvador, Argentina, España, Perú, Bolivia, Chile, Venezuela, Cuba, México, Paraguay, Uruguay y Brasil.
De acuerdo a lo expresado por los ejecutores, “Conrimel se plantea como una suerte de conector regional de intercambio de mujeres poetas, donde se pretende revisar diversas problemáticas como las tendencias actuales de escritura, el rol emergente de la mujer como escritora y editora, las políticas de género y de difusión editorial, nuevas formas de edición, distribución, y su impacto en el continente americano”.
La antología contiene interesantes y variados textos – muchos inéditos –, de distintas temáticas. Es maravilloso leerlo y encontrar poemas buenísimos, de alto vuelo estético y potentes imágenes. Sin duda, se trata de un volumen contundente si lo entendemos como el registro de un encuentro al que llegan poetas de varias generaciones con distintos caudales de publicación. Ello, junto al carácter internacional y la visibilización de nombres jóvenes, constituyen las grandes sumas para el alma poética de este inolvidable libro Conrimel.
Algunos poemas
Marcia Mogro (Bolivia)
con estupor
piensa
en la fragilidad del cuello
la vicuña pastando
las miles de vicuñas pastando
piensa
en esa escena tan doméstica
en esa altura piensa
con ese azul cielo
con esas lanitas de colores en las orejas piensa
permanentes habitantes de estas regiones desoladas
esas vicuñas con sus cuerpos altamente sofisticados
su legado
tienes manta de vicuña? tienes colcha de vicuña?
tienes chompa de vicuña?
poncho de vicuña tienes hermanito?
visiblemente perturbado
invoca y articula
la profanación de lo sagrado
no sabe si darse vuelta
irse desaparecer desvanecerse
ausentarse largarse sucumbir
este es el lugar de adoración en el que estamos inmersos
nada más esencial
contemplar el viento y la lluvia en determinados escenarios
puede afectar estructuras fundamentales de la existencia
horribles conclusiones de la temporalidad del cuerpo
puede afectar en frentes múltiples
hasta el aniquilamiento
la luna estaría llena esa noche
(se sentaría junto a mi
y silenciosamente inspeccionaría la escena)
*****
Natalia Molina (Chile)
Tres semanas (de “Veteranos del ’79)
Todavía la cama tiene su olor
y la pieza y la silla y la cocina
esa mezcla de té con canela
colonia inglesa y tomaticán
ese olor dulce que tienen todas las viejas.
Recuerdo cuando se lavaba el pelo con champú de quillay
y se lo desenredaba en el patio.
Se pasaba el peine por la cabeza húmeda
y las hebras caían negras sobre sus pechos
de luchadora social
armados hasta los pezones
envueltos en un sostén-faja blanco de borches interminables.
Cruzo el pasillo todas las tardes
y miro sus figuritas de loza
que se llenan de polvo
en tres semanas.
*****
Damaris Calderón (Cuba)
Sílabas, Ecce Homo
Hablar del pájaro parlante
parlanchín posado en una rama
cantando (como diría Juan Luis Martínez)
en pajarístico.
Y el hombre es una lápida
un cuarto oscuro, una silla vacía
y una lámpara.
El que se aproxima a la lámpara
puede encontrar una salida
(o la ilusión de una salida).
¿Hay salida posible hacia fuera
o toda salida es hacia adentro,
hacia el reino de la raíz?
Hundirse como Virginia Woolf
con los bolsillos llenos de piedras en el río.
He ahí la verdadera ganancia,
lo que no alcanzan los nadadores de superficie.
El optimismo es una bandera a media asta
pero ostentada con júbilo.
Un consuelo o un autoconsuelo:
“Yo me levanté de mi cadáver y fui en busca de quien soy”
Como el cirujano corta,
las sílabas se parten.
Carne de la escisión,
escisión de la carne.
Un pájaro vino con la cabeza vendada
una esquirla de la tercera guerra mundial
Apollinaire cantando en una jaula
Los tetradracmas de oro de Ezra Pound.
Como la liebre en el soto,
la palabra en el lenguaje.
La angustia salta el perímetro
y echa a correr por las azoteas.
*****
Elvira Hernández (Chile)
Inédito
NO ENCUENTRO LA HORMA DE MI ZAPATO
El traqueteo infernal me deja sin pies
Los empellones las sobajaduras la pisada sin querer
Tiene un nombre de silencio infinito.
NO ENCUENTRO BAILARÍN PARA LA DANZA
Hago el solo el loco la gallinita ciega
La Dama de la Triste Figura en la pantalla
Sellada por el tiempo como crisálida eterna.
NO ENCUENTRO VIENTO PARA MI MOLINO
Aire sábanas que oreen el hastío
Bajo el botadero de la Ciudad del Mañana
Las computadoras me han caducado el contrato.
NO ENCUENTRO YA AMPARAX INMEDIATO
Insostenido mi músculo intranquila mi sangre
*****
Norah Méndez (El Salvador)
San Salvador
Aquí llora o se llueve?
escampa
por ratos las cosas parecieran detenerse
bolsas negras
suelos de horchata
mojados como vinimos al mundo
empapados
expulsados desde el agua
seguimos
barrancos
ríos de polvo
hilos que se sujetan
latas
barro
la materia in/orgánica
que habitamos
hechos uno
como piedra que resiste
los refugio sin refugio
los lejos
escampamos
*****
Alejandra González (Chile)
Huella (de “La enfermedad del dolor”)
Comienza a lastimarme
por favor
hazme
cortes exactos con tu gillete
Yo
no
quiero
una vida sin cicatrices
*****
Priscila Cajales (Chile)
Lorca (de “Termitas”)
Lorca es un muchacho ciego que trabaja en una fábrica de plásticos en Av. Matta
Lorca tenía las manos verdaderamente sucias
Lorca no sabía que una mosca estaba todo el tiempo parada sobre su cabeza
La mosca está atrapada por el pelo de Lorca, la mosca está pegada a este chico
como yo
que aprovecho el movimiento
para acercarme a él y su overol
y leer donde dice su nombre: Lorca
Acercarme para olerlo, bien debajo de la axila
donde los delgados bellos disfrutan de la humedad del cuerpo de Lorca
este ciego con vista al piso, este ciego de 25 años
bello
como los chicos de Santa Rosa de recorrido hasta el paradero 6 de esta calle tan larga
él no se baja nunca
este recorrido a casa termina
cuando la calle pierde su nombre.
*****
Amanda Durán (Chile)
Naturaleza Muerta
Una casa incrustada al ojo es
un animal muerto
atrapada al lagrimal por la cañería
dibujando con sus restos: los restos
YO AMÉ en el sur de antes
a la orilla del mar de antes YO AMÉ
pero ese tiempo se tragó en la memoria
la arena que hoy dispara un juguete de niño
un labio de pescador
un labio seco de frío
que se traga al amor
y está repleto de sangre.
Hoy el mar es un volcán,
la arena es un volcán,
la tierra es un volcán,
mi madre es un volcán,
mi hijo…
yo no lo quiero volcán a mi hijo,
pero todas las madres del sur,
pero todos los hijos
embutidos al barro
son
una erupción nacional.
*****
7 de diciembre de 2010
Señales del hombre popular
Así como medimos los desastres naturales, en pérdidas, podemos medir el desastre de nuestras almas: aquellos mordiscos que tiran a negro nuestros colores, que secan nuestras flores humanas y nos silencian sin matarnos. Hablamos desde una sociedad mutilada en su alma más frondosa, la fraternidad y la conciencia. Nos arrebataron ese dulce y antiguo libro de las manos y nos castigaron desterrando el conocimiento que nos hizo libres. El viejo saber del pueblo fue quemado en las calles de la república, hay evidencias. Después hicieron la educación sinónimo del barro. Arrojaron nuestras preguntas al fondo de la quebrada, envueltas en bolsas negras. Las nuevas leyes, de ahí en adelante, fueron la competencia, el libre mercado, y los perdedores que se supone deben existir para que haya competencia. Por eso aumentaron los vicios en las periferias; todo fue sometido al embrujo asqueroso de la vainilla seca; pastillas para todo de por medio; jarabes y jaurías, neoprenes y reproches, tolonpas y falopans. Hijos nuevos con tu misma tierna mirada de cachorro, pero ahora concientes de la barbarie, recordando los huesos dislocados a un costado del camino. Muchos vimos a estos hijos perderse en la lejanía absoluta del gran capital. No los desaparecieron como a sus tíos, los quemaron lentamente, con venenos en la esquina del bar, con polvo seco en los pulmones, con cerebros reventados por piedritas de coca. Ya hemos perdido casi todo. La universidad, la escuela, el barrio. Nos rodean muros de concreto gris, nos acechan guardias privados y públicos; la gente no entiende lo que lee, las verduras están contaminadas con plaguicidas, los barcos industriales arrasan el mar, las mineras destrozan la cordillera, se secan los ríos, se acaba el bosque, y con ellos nosotros, la gente de la tierra, quebrada por el garrote capital, resistiendo, simplemente, en la juventud.
(...)
(...)
10 de noviembre de 2010
La rosa prisionera (extracto)
La rosa sigue perseguida en su romántico borde de espinas, como la paz por la guerra; la persigue un hechicero fúnebre, resentido y voraz, una raza despreciadora de pueblos y caletas, hambrienta de nada; la ciencia lo sabe pero no hay soluciones, sólo tabaquismo y petróleo, ciudades grises, bebida y olvido; en los telares de la palabra, mesas y cuchillos: la rosa sigue prisionera y se multiplican las alambradas, las murallas y el miedo.


(...)
8 de noviembre de 2010
Crónica Roja
Por Absalón OpazoPublicado en Revista Cavila Nº21
La anciana salía todas las mañanas a barrer la escalera fuera de su casa. Por la noche, un grupo de cabros cesantes o derechamente vagos se sentaban ahí a tomar, jugar brisca y fumar puchos, dejando el lugar repartido de botellas, vasos y colillas. La abuelita salía pacientemente a barrer la cochinada. Otras veces, a mediodía, un adolescente dejaba en la escalera bolsas de basura que le habían mandado a botar, por irse apurado a buscar a su polola escuchando reggeton en su celular con altavoz. Aparecían perros que destrozaban las bolsas y repartían la basura. El contenedor estaba tres cuadras más allá. La anciana salía nuevamente a barrer la escalera. Su aparición era automática, nunca reprendía a nadie, sólo esperaba que se fueran y salía. Si era de noche, al otro día a las 8 am estaba con su escoba barriendo la escalera.
La chozita de la señora daba hacia la quebrada. Tenía tres gatos. Ningún perro. Un día, en la tarde, una pareja de pololos dejó dos cajas plásticas de completos, cuatro latas de cerveza y 20 colillas de cigarro con rush tiradas en la escalera. La señora no salió a barrer. El grupo de cabros llegó en la noche y se encontró por primera vez con la experiencia de tener que limpiar la escalera. Sólo echaron la basura a un costado. Al otro día, el adolescente reggetonero dejó una bolsa gigante de basura que fue nuevamente devorada y repartida por los perros del barrio.
Pasaron días y la anciana no salía a barrer lo que ya era un basural declarado. De pronto apareció el mal olor. Los vecinos comentaban. Hubo una llamada anónima. Llegó un periodista, tras él carabineros. Acordonaron el lugar. Al otro día la crónica roja titulaba: “Horror: anciana devorada por guarenes. Sórdidos detalles”. Era ella, en el titular de la página roja, con su basura hasta el cogote, con fotos de portada que mostraban “su escalera asquerosa”, “sus hábitos de mujer cochina”, “que vivía como un animal”.
En el barrio se miraron con vergüenza. Sabían que la basura de la anciana era en realidad la basura de ellos. Quisieron hacer algo, nadie supo qué. El diario tenía otro titular: “Balean en la cara a delincuente”. Y en la escalera ya no había brisca, sólo un basural insalubre, con papeles de diario manchados con pescado y toallas higiénicas rodeando la choza abandonada, la de los guarenes.
(...)
3 de noviembre de 2010
Cerro Cordillera

en la jaula del tiempo
la dormida mira sus ojos solos
el viento le trae
la tenue respuesta de las hojas
(Alejandra Pizarnik)
...
la dormida mira sus ojos solos
el viento le trae
la tenue respuesta de las hojas
(Alejandra Pizarnik)
...
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