17 de diciembre de 2014
Aplicación
Lo que falta
es siempre
lo que queremos.
Faltan quinientos
pa un ron achupallas.
Falta más papel
pa enrollar la vida.
Pa fumarla por los ojos,
leyendo.
Faltan las partes de un reloj
que se detuvo hace 40 años.
Y faltan las industrias retumbando,
sublimes, en la conciencia reposo
de nuestros días.
Hambre
hoy
soy una sombra
una
araña de rincón en la
oscuridad
de su cueva
rehuir
quiero cualquier mirada
y
olvidar que mi voz resuena
mientras
la humanidad
es
asesinada todas las mañanas
al
fondo de mi corazón
en
esta oscura pagoda
mis
días están contados
a
pesar de las palabras que
escapan
por la rendija de mi
esqueleto
(araña
o vicio o eterna infelicidad
de
la poesía
insecto o presa o voraz infamia)
(recuerdo
aquel incendio que consumió
mi
casa completa conmigo adentro)
/araña o vicio o segregada virtud
/o un mar de olas oscuras como regalo final
Intento # 16
El viento sopla
hacia el norte.
Las llamas nos miran
y avanzan.
Nunca las casas
se habían sentido
tan pequeñas.
3 de diciembre de 2014
Los gatos
Por Carlos Peirano
1) Hace un par de años, cuando estaba viviendo en
el sur de Chile, leí una novela de Haruki Murakami que tenía entre sus
protagonistas a un hombre de mediana edad, algo calvo y un poco lento, que poseía la extraña capacidad
de no asombrarse al ver que la mayoría de los gatos le hablaban. La novela en
cuestión se llama Kafka en la orilla.
Del nombre del japonés que hablaba con los gatos no me acuerdo, pero sí de la
génesis de su extraño don. Como este pretende ser un inventario (con todas sus
limitaciones), no voy a referirme a la trama de la novela. 2) En Islas en el golfo, novela póstuma, si
mal no recuerdo, de Ernest Hemingway, hay un gato que se llama Cabrotas. 3) En La nueva novela, de Juan Luis Martínez, en la página 77, hay una bibliografía general sobre los gatos. El
propio Martínez, en un poema que precede a la citada página 77, escribe con
valor, y amargura, sobre la desaparición de un gato en su propia porcelana. Es
posible que la bibliografía citada sea una broma bien elaborada, aunque tengo
conocimiento del Old Possum´s Book of
practical Cats, de T.S. Eliot. 4) Yo tengo cinco gatos que se llevan pésimo
entre ellos (Jane Bowles escribió sobre las razones por la que los gatos no
podían estar juntos y se parecen bastante a las razones que esgrimía para
defender que dos escritores no pueden estar juntos: “Creo que los dos gatos
juntos representan una desventaja, porque ninguno de ellos consigue la atención
que desea y exige”). 5) ¿El gato de Cheshire era realmente un gato? 6) William
S. Burroughs decía que cuando sus gatos se ausentaban sentía muchas ganas de
llorar y a menudo lo hacía. 7) Justamente cuando vivía en el sur de Chile
murieron dos de nuestros gatos, Manchester
y Gengis Khan, y mi hermana tuvo que
enterrarlos en el patio de la casa. 8) Paul Bowles escribió un cuento, “Kitty”, en el que una niña se convierte
en gato. 9) Rolando Cárdenas alimentaba a sus gatos con sobras de pescado que
encontraba en los alrededores del mercado central. 10) Paul Bowles tenía un
gato negro en Tánger. 11) Una vez vi en Mendoza, a las afueras de la
universidad nacional de Cuyo, cómo una jauría de perros mataba a un gato grande
lleno de manchas que parecían dibujadas sobre su cuerpo. 12) No sé si Enrique
Lihn tenía gatos en su altillo ubicado en la calle General Salvo. 13) La
primera vez que vi un gato fue en Quillota, tenía como cuatro o cinco años, y
me provocó mucha angustia verle. 14) Ted Hughes le regaló un gato siamés, en
Londres, a Sylvia Plath, y ésta lo rechazó. 15) Uno de mis gatos se llama Joe, y es negro, como el boxeador que le
impidió, según relata el hermano menor de Jorge Teillier, Iván, en su cuento Antes del otoño, conseguir la corona
mundial al púgil nacional Arturo Godoy. 16) Clarice Lispector detestaba a los
gatos. 17) En esta época del año, en mi casa, aparecen otros gatos. 18) Marcia
Saavedra, que tiene sólo un poemario publicado, titulado Rumor en la sala, tenía un gato que se llamaba Carlos. 19) En los monasterios budistas se prohíbe el ingreso de
felinos (y de otros animales). 20) Deleuze, en un documental titulado L´abécédaire de Gilles Deleuze, que vi
hace bastante tiempo, decía que no le gustaban los gatos “por restregones”. 21)
Robert Crumb creó una tira cómica notable que se llama Fritz the Cat. 22) Las últimas palabras de William S. Burroughs,
nos cuenta Félix Romeo (a quien cito textualmente en algunos de estos párrafos),
en Gato encerrado, son: “Nosotros
somos los gatos encerrados. Somos los gatos que no pueden caminar solos y para
nosotros sólo hay un lugar”. 23) Alejandro Jodorowsky, que conoció en el D.F.
Mexicano a Leonora Carrington, dijo de ella que “tenía esa mirada penetrante,
vivaz y misteriosa que sólo poseen los gatos”. 24) Edgar A. Poe, que nació en
Baltimore, y era dipsómano, escribió en 1843 The Black cat. 25) Baudelaire, que tradujo al francés,
parcialmente, la obra de Poe, vivía con dos gatos y su madre enferma en un
París cercado por la miseria. 26) Giuseppe Ungaretti, en Alejandría, tenía una
gata que se llamaba Liebre. 27) A
propósito del Gato negro de Poe, dice el protagonista del cuento: “era un animal muy fuerte y bello, completamente negro y de
una sagacidad maravillosa. Mi mujer, que era, en el fondo, algo supersticiosa,
hablando de su inteligencia, aludía frecuentemente a la antigua creencia
popular que consideraba a todos los gatos negros como brujas disimuladas.” 28)
Robert Smith escribió, borrachísimo, una canción titulada All cats are grey. 29) En
ninguna de las películas que he visto de Rainer Werner Fassbinder aparecen
gatos. 30) Paul Bowles tuvo en su casa de Acapulco un ocelote, que es un gato
grande, parecido a un puma, pero que puede domesticarse. 31) Witold Gombrowicz,
que detestaba a los poetas, llegado a Buenos Aires, amaba (de manera
displicente) a los gatos que rondaban las viejas pizzerías ubicadas en el
barrio de Palermo. 32) En el colegio, yo y mis compañeros, tuvimos que
embalsamar a un gato y algunos, cuando vaciamos las entrañas del animal en una
pequeña palangana, vomitaron y se negaron a realizar el ejercicio. 33) En Gummo, de Harmony Korine, los
adolescentes que protagonizan la película, cazan gatos con escopetas hechizas y
los venden, por kilo, al administrador negro de una carnicería en Ohio. 34)
Perry Farrell, en una de sus canciones, cuenta que su gato, Maceo, “es un pequeño hombre en el
cuerpo de un gato”. 35) No tengo noticias de mis gatos, que ahora deben andar
por el patio, o en las quebradas (mientras yo escribo esto), tomando el
benévolo sol de este invierno que comienza a expirar, lamentablemente, hasta
que llegue la hora en que vengan a pedirme comida y a beber el agua estancada
del nenúfar que aún no ha florecido.
13 de noviembre de 2014
26 de octubre de 2014
Sedimentos*
Eres la sinfonía
(lejana)de algún poeta anónimo
que sin darse cuenta
se inspiró en ti.
Entonces,
tú bailas ahí,
en un cuaderno
que es el limbo,
entre lo que se recuerda
y lo que a propósito
no se quiere recordar;
algo así como una estatua
sobreviviente de un incendio;
una figura,
que en la oscuridad no se ve,
pero se siente.
* Carolina Gómez Maray (Con-Cón)
8 de octubre de 2014
Intento # 14
Limpié mis manos
lo mejor posible
retoqué mis ojos
lubriqué mis labios
el pelo arreglé
como quien guarda un llanto
en el fondo de un pozo.
El tiempo infalible
El tiempo infalible
acaricia mis sentimientos
con intenciones
que no alcanzo
a dimensionar.
Me dicen que estás
perdida en algún punto
de esta ciudad.
Me dicen que me buscas
pero no me puedes encontrar.
Me arreglo.
Me preparo.
El invierno se abre paso
El invierno se abre paso
entre mis dedos morados
enciendo un cigarrillo
deseando que su luz de ceniza
te diga dónde estoy
solo
esperándote.
2 de octubre de 2014
Sueño de Federico García Lorca, por Antonio Tabucchi
Una noche de agosto de 1936, en la casa de Granada, Federico
García Lorca, poeta y antifascista, tuvo un sueño. Soñó que se encontraba en el
escenario de un pequeño teatro itinerante y que, acompañándose al piano,
cantaba canciones de gitanos. Estaba vestido de frac, pero en la cabeza traía
un mazantini de flecos largos. El público era de ancianas enlutadas, con una
mantilla en la espalda, que lo oían extasiadas. Una voz, desde la sala, le
pidió una canción, y Federico García Lorca se puso a tocarla . Era una canción
que hablaba de duelos y de naranjos, de pasión y de muerte.
Al terminar de cantar, Federico García Lorca se puso de pie y saludó al público. Bajó el telón y sólo entonces se dio cuenta que detrás del piano no había bastidores, sino que el teatro estaba en medio de un campo desierto. Era de noche y había luna. Federico García Lorca se asomó por las cortinas del telón y vio que el teatro se había vaciado como por arte de magia, la sala estaba completamente sola y las luces se iban apagando. En ese instante escuchó un ladrido y a sus espaldas apareció un perrito negro que parecía esperarle. Federico García Lorca creyó que debía seguirlo y dio un paso. El perro, como a una señal convenida, comenzó a corretear poco a poco para indicar el camino. ¿A dónde me llevas perrito negro?, dijo Federico García Lorca. El perro ladró lastimosamente y Federico García Lorca sintió un escalofrío. Volteó la vista y miró hacia atrás y vio que las paredes de tela y madera de su teatro habían desaparecido. Quedaba una platea vacía bajo la luna mientras el piano, como acariciado por invisibles dedos seguía tocando él solo una vieja melodía. Un muro cortaba el campo; un largo e inútil muro blanco detrás del cual se veía otro campo. El perro se detuvo y ladró nuevamente y Federico García Lorca también se detuvo.
En ese momento, de la parte de atrás del muro surgieron repentinamente los soldados que dando risas le rodearon. Iban de negro y con tricornios. En una mano traían un fusil y en la otra una botella de vino. El jefe de ellos era un enano monstruoso con la cabeza llena de excrecencias.
Al terminar de cantar, Federico García Lorca se puso de pie y saludó al público. Bajó el telón y sólo entonces se dio cuenta que detrás del piano no había bastidores, sino que el teatro estaba en medio de un campo desierto. Era de noche y había luna. Federico García Lorca se asomó por las cortinas del telón y vio que el teatro se había vaciado como por arte de magia, la sala estaba completamente sola y las luces se iban apagando. En ese instante escuchó un ladrido y a sus espaldas apareció un perrito negro que parecía esperarle. Federico García Lorca creyó que debía seguirlo y dio un paso. El perro, como a una señal convenida, comenzó a corretear poco a poco para indicar el camino. ¿A dónde me llevas perrito negro?, dijo Federico García Lorca. El perro ladró lastimosamente y Federico García Lorca sintió un escalofrío. Volteó la vista y miró hacia atrás y vio que las paredes de tela y madera de su teatro habían desaparecido. Quedaba una platea vacía bajo la luna mientras el piano, como acariciado por invisibles dedos seguía tocando él solo una vieja melodía. Un muro cortaba el campo; un largo e inútil muro blanco detrás del cual se veía otro campo. El perro se detuvo y ladró nuevamente y Federico García Lorca también se detuvo.
En ese momento, de la parte de atrás del muro surgieron repentinamente los soldados que dando risas le rodearon. Iban de negro y con tricornios. En una mano traían un fusil y en la otra una botella de vino. El jefe de ellos era un enano monstruoso con la cabeza llena de excrecencias.
- Eres un traidor - dijo el enano -, y nosotros tus verdugos.
Federico García Lorca le escupió en la cara mientras los soldados le detenían. El enano se rio obscenamente y gritó a los soldados que le bajaran los pantalones.
- Eres una hembra - dijo - y las hembras no usan pantalones, deben quedarse encerradas en la casa y cubrirse la cabeza con un velo. A una señal del enano, los soldados le ataron, le bajaron los pantalones y le taparon la cabeza con una manta.
- Asquerosa mujer que vistes de hombre - dijo el enano -, llegó la hora en que le reces a la Santa Virgen.
Federico García Lorca le escupió en la cara y el enano siguió riendo. Después desenfudó la pistola y le metió el cañón a la boca. Por el campo se oía la melodía de un piano. El perro ladró. Federico García Lorca sintió un golpe y se enderezó en la cama. Llamaban a la puerta de su casa en Granada con las culatas de los fusiles.
28 de septiembre de 2014
Intento # 19
La
dignidad no se olvida
como no se olvida el respiro
el amor
el país
las canciones
los poemas
los cerros
el mar.
La dignidad no se olvida
se levanta
y no importa cómo:
con piedras cruzando el cielo
con trapos pintados de rojo
con poesía estremecida
en el pasaje de la pobla:
la dignidad es mía
es tuya, nuestra
hasta el fin de los tiempos
y nadie ha nacido aquí
con el derecho a quitarla.
como no se olvida el respiro
el amor
el país
las canciones
los poemas
los cerros
el mar.
La dignidad no se olvida
se levanta
y no importa cómo:
con piedras cruzando el cielo
con trapos pintados de rojo
con poesía estremecida
en el pasaje de la pobla:
la dignidad es mía
es tuya, nuestra
hasta el fin de los tiempos
y nadie ha nacido aquí
con el derecho a quitarla.
25 de septiembre de 2014
8 de septiembre de 2014
Invierno # 4
Miro el cielo que envejece sobre mí.
El barrio reaparece entre la neblina.
Sonidos de perros ausentes
lamen las hojas secas, pienso,
mientras las casas retoman su forma
y los árboles acomodan sus ramas
para saludar a los fantasmas que
despiertan a esta hora, pienso.
Los antepasados. La hora última
Los antepasados. La hora última
de sus ojos mirando al techo
en estas mismas casas, pienso,
y ahora ya son fantasmas o
perros ausentes ejercitando
el lento movimiento
del envejecimiento personal.
La dulce muerte cotidiana
deshojando mis manos,
pienso.La dulce muerte cotidiana
...
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