16 de febrero de 2011

Pido respeto

José Manuel Parada era jefe de Procesamiento y Archivo del Departamento Jurídico de la Vicaría de la Solidaridad cuando fue degollado por Carabineros el 29 de marzo de 1985, a los 34 años de edad.

El caso conmocionó al país y a la opinión pública internacional. Parada – sociólogo de profesión – fue secuestrado desde las puertas del Colegio Latinoamericano de Integración mientras dejaba a su hija pequeña. También se detuvo en esa ocasión al profesor Manuel Leonidas Guerrero, dirigente de la Asociación Gremial de Educadores de Chile e inspector del colegio. Otro profesor que intentó resistir el atraco fue baleado a quemarropa. Un día antes, la policía había raptado en plena vía pública a Santiago Nattino Allende, publicista de militancia comunista, argumentando “la vigencia del estado de sitio en la totalidad del país”.

Los tres hombres aparecieron ferozmente degollados el 30 de marzo de 1985 en el camino que une Quilicura con el aeropuerto de Pudahuel. La investigación judicial determinó la participación de Carabineros en el horrendo crimen. Entonces, el mundo entero escuchó estupefacto la explicación del general de Carabineros y golpista de 1973, César Mendoza: “Por algo los habrán degollado pues”. Pocos meses después, este oscuro personaje dejaba su cargo justamente por la tremenda conmoción que provocó el asesinato de los tres profesionales.

A José Manuel Parada le costó la vida trabajar en la Vicaría de la Solidaridad, apoyando a las víctimas de la represión derechista. Dejó 4 hijos, “con quien formaba un grupo hermoso, con un padre aventurero y alegre, un caminante de la vida, capaz de asumir las más duras responsabilidades en su trabajo y de sentirse libre, intensa y verdaderamente libre, en el ejercicio de su creación”. La cita es de María Estela Ortiz, esposa de José Manuel y principal impulsora de la publicación de un libro con los poemas de su esposo, “Pido respeto”, que hoy, a 26 años de su desaparición física, llega a mis manos.

Se trata de un hermoso volumen de poemas acompañados por dibujos de Parada y otros de destacados artistas nacionales, como Nemesio Antúnez y Gracia Barros. Fue editado en el mes de mayo de 1986 por Emisión Limitada, en una edición de lujo y otra rústica, con 2 mil ejemplares c/u para distribución. La edición general estuvo a cargo de Héctor Cereceda y María Estela Ortiz, quien en la presentación agrega algunos detalles sobre los textos.

“José Manuel comienza a escribir poemas después del golpe militar. Los hacía tarde en la noche, cuando los niños dormían y siempre me los mostraba preguntando mi opinión. No quería conservarlos; por él, los habría botado. Tampoco quería mostrarlos a otras personas, pues decía que eran muy suyos y muy míos. Tuvimos muchas discusiones al respecto. Me los iba regalando con el compromiso que no los diera a conocer. Tiempo después lo convencí que los pasara en limpio en un solo cuaderno y así se fueron juntando y yo guardando mi pequeño tesoro”, dice Ortiz.

Finalmente, María Estela reconoce haber “roto el compromiso que tuve con él, en relación a los poemas, pues creo que forman parte, al igual que los dibujos, de lo que era José Manuel hombre, político, amante de la vida y de la lucha por los que más sufren”.

En los poemas está el enorme sentir de una generación que se la jugó por completo por un ideal. Parada aporta desde su poética una visión inteligente del mundo, un constante merodeo por las preguntas, por la inquietud de aprender y crecer como persona, siendo mejores con los demás y comprometidos simplemente con vivir en un mundo con justicia.

Se nota además una fuerte presencia de la experiencia histórica que significó la Vicaría de la Solidaridad, donde llegaban cada día cientos de casos de violaciones a los derechos humanos, los que eran archivados y estaban a cargo del sociólogo. Es inevitable no imaginarse al poeta abrumado escribiendo uno de los textos más profundos del libro, “Los hijos del silencio”, tras una extenuante jornada de trabajo en la Vicaría, en contacto diario con la injusticia y la brutalidad impuesta por la Junta Militar.

Oponer a esta violencia la voz de la poesía, fue dejar a José Manuel para siempre vivo en la profunda cavidad de la conciencia, ahí donde su poesía levantó el canto más hermoso de su sinfonía celeste, el canto a la humanidad y al amor que somos capaces de entregar, a pesar del adversario. Un poemario que pone en valor el libre e importante ejercicio de la creación y el derecho de todos a alzar la voz y exigir “respeto”. En la imagen, vigilia de la familia de José Manuel Parada, una vez conocida su desaparición.


A continuación algunos poemas del libro:

TRIÁNGULO

El torturador
no sabe lo que quiere.
El traidor
apenas sabe de qué quiere escapar.
El que resiste
sabe la esperanza del hombre.

El tiempo
es olvidado por el que aplica la tortura.
El pasado
persigue al delator.
El que resiste
camina hacia el futuro.

El más omnipotente con el más indefenso
está ya condenado.
El que entregó a su hermano
está preso en sí mismo para siempre.
El que resiste
ya es parte de la dignidad de la tierra
y de todo lo que vive.

ALGÚN DÍA

La ropa está colgada en los cordeles
vacía está. Sin gente.
Son cáscaras de nuez,
ventana sin morada,
soledad sin reencuentro.
Pero es cuestión de tiempo:
el sol lo seca todo, y entonces
ya mañana
se irá la ropa puesta
a pasear
calle abajo
al rumbo que ella quiera.

EL HAMBRE

El hambre
trae un cerco
callado, silencioso.
No da golpes violentos:
avanza como el tiempo
aprieta desde lejos
y mientras más se acerca
más parece olvidada;
junto a su gran silencio
más habla de la vida
de lo que pudo ser,
hasta el límite extremo
y de los muchos niños
cercenados
presentes.

LOS HIJOS DEL SILENCIO

Si yo tuviera un hijo
le pondría Manuel.
Hubo un obrero que se llamaba así.
Salió de un barrio gris del sur.
Anduvo por el Norte
y publicó un buen diario clandestino.
Cayó en Arica.
Cayó y calló.
Calló y murió.
Es joven y está enterrado
no sé dónde.

Si tuviera una hija, tal vez
le pondría Teresa.
Hubo una mujer
con otro nombre:
no se llamaba así
pero ése era su nombre de combate
y a mí me basta y sobra en este día.
Apareció
en una playa, masacrada.
Fue torturada hasta el extremo.
Yo sólo sé
que camina hoy mucha gente en la calle
por su ejemplar silencio.

Puedo seguir así hasta el infinito.
Sus silencios
son gritos de exigencia
y sus muertes
cimientos de la vida:
mi alegría
será mi pena siempre
si yo tuviera un hijo.


(...)

12 de febrero de 2011

El juego en que andamos

Poema de Juan Gelman

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

(...)

10 de febrero de 2011

26 de enero de 2011

Agonía

Poema de Cesare Pavese

Andaré por las calles hasta caer exhausta;
sabré vivir sola y retener en mis ojos
cualquier rostro que pase y seguir siendo la misma.
Este frescor que asciende a buscarme las venas
en un despertar que jamás había sentido tan verdadero
por la mañana: sólo que hoy me noto más fuerte
que mi cuerpo y que un temblor más frío acompaña la mañana.

Lejos están las mañanas de mis veinte años.
Y mañana, veintiuno: mañana saldrá a la calle,
me acuerdo de todas sus piedras y de las franjas de cielo.
Desde mañana la gente me verá nuevamente
caminando erguida y podré irme parando
y verme reflejada en los escaparates.
En las mañanas de antaño,
yo era joven y no lo sabía, ni tan sólo sabía
que era yo mismo quien pasaba - una mujer dueña
de sí misma. La delgada chiquilla que fui
ha despertado de un llanto perdurado por años:
ahora es como si aquel llanto nunca hubiese existido.

Y tan sólo deseo colores. Los colores no lloran,
son como un despertar: mañana volverán
los colores. Las mujeres saldrán a la calle,
cada cuerpo, un color - e incluso, los niños.
Este cuerpo vestido de color rojo claro,
tras tanta palidez, recobrará la vida.
Sentiré en torno a mí deslizarse miradas
y sabré ser yo misma: con una simpoe ojeada,
me veré entre la gente. Cada nueva mañana,
saldré a la calle en busca de colores.



De "Poesías completas".
Edición de Italo Calvino.

10 de enero de 2011

Niña en el jardín

Alejandra Pizarnik

a Daniela Haman



Un claro en un jardín oscuro o un pequeño espacio de luz entre hojas negras. Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años, señora de los pájaros celestes y de los pájaros rojos. Al más hermoso le digo:
- Te voy a regalar a no sé quién.
- ¿Cómo sabes que le gustaré? - dice.
- Voy a regalarte - digo.
- Nunca tendrás a quien regalar un pájaro - dice el pájaro.



1966

7 de enero de 2011

Cátedra de aterrizaje

locación:
-pelluhue.litoraldelmaule-
-27feb.dosmildiezveces
amaneciendobajolamar-
:
La suave brisa nos contiene,
lentos y amarillos,
sobrinos de una catástrofe:
cobijos de la mar y su pescada
nos hicieron bolsa de arena y basura:
fugaz pigmento en la escapada
nos temblaron las rocas lunares.

La mano del mar lo sublima.

Una dignidad parida con sangre,
un hombre flotante apareciendo de lejos
un gris reojo por los botes sobrevivientes
un amanecer mezclado con arena y ron:

Llamas y vengo rezando de mentira
Ojos piadosos son llamas no cruces:
Carnadas y manos sacudiendo la arena:
Pez sol durmiendo sobre las camas:
Cangrejo ebrio cortando alambradas:
Lágrima de sangre subiendo por el pecho:

Maniobra sutil de hombre piadoso
Amanecer patipelado en fogata de cerro
Rompimos en llanto por cada escombro
Con un tibio paisaje como recuerdo.

:

(Umbrías regiones ahorcadas
en destrozados indios litorales
fusilados con fuego tormento
en el amanecer de la conquista oscura
antes de la pesadilla de la república
antes del salvaje animal que escarba)

(La naturaleza
no es tan mala como el hombre
hay círculos en los lagos
ciruelas en los caminos
sobrias habitaciones de poetas
no tan malos como el hombre)

(Soñé un pedazo de bosque entre los dientes
soñé tajada de abeto roble y muchas lágrimas
y una gran arcada por el tóxico alumbramiento
del humus:
químico bienestar de la república celulosa
entrando lentamente al óxido,
con clara sobredosis de veneno.

Crimen azul y amarillo
en la mirada de nuestras abejas)

:

Resistencia es la acción,
resistencia nuestra boca:
la frágil república cadáver,
con su carne faenada en terremotos.
¿Nos sentamos en la misma mesa?
O en definitiva el frío nos divide
y la espuma del mar en las lágrimas
y la hoja resistencia de la imagen
y la canción triste de las caletas
y el oscuro tiempo de los fusileros
(sobrinos de embajadores,
apuntándote a la cabeza)

Quién limpió el vómito de la casta social?
Quién cargó el hábito manchado del sirviente,
la costra oscura de sus manos,
quién se alimentó bajo la alfombra,
y le sangraron las rodillas arrastrándose
por clemencia?

Hay un fragmento que queremos escarbar,
escuchar voces en el oleaje, peces nadando
hacia un reloj azul: ay, arrase de nuestra
vida material, ay, pesado reino de la arena,
cochayuyos y hembras gloriosas de escama
brillante: de rodillas, como antiguo testigo de dios,
cancerbero de letras o enemigo de la química,
viramos a perfil de gaviota ante el amanecer,
con un cangrejo rojo caminando hacia las estatuas,
a picotear el silencio nacional de los gobernados.

(Epílogo)

El memorial de los abuelos
es la bitácora del aprendizaje.
La cátedra del aterrizaje.

Ahora,
un rastro,
sólo un rastro,
en el sol que se va.

Ahora el silencio,
y nosotros el diluvio y todas las palabras.
Finalmente, brotaron verduras,
agiles y rosadas, amarillas, sutiles y azules.
El reloj del cielo amaneció y nació un vino,
rojo y nuevo como sangre de ojo y boca,
uteroso como el vientre del mar, pulposo,
como entraña de madre y reina pez.

Una sola copa es el silencio que tuvimos.

Y entonces levantamos estatuas, esculturas líricas,
oníricas y cláricas, fabulosas y marítimas,
faros de luz en la espesura del litoral,
rastros de nuestro hermoso esqueleto de amor.


28 de diciembre de 2010

Plaza Echaurren

Tanto sabor a pescado
Con tanta chaqueta roja
Mirando feo

El lagrimal escondido de la calle
Se restringe con lentes sapos
Y ratas que salen de escondites
Con orden de apaleo

Una tarde en el barrio
Es apedrear el recuerdo
Con sendas botellas grises
Esparcidas en la conciencia

Tan acorralados
Tan oscuros y perseguidos
Como una vil plaga sin órbita
Como una asquerosa escalopa

Entre los horrores elegímos este
Un menú de pobre pescado
Con más espinas que carne
Con más heridas que hambre


(...)

23 de diciembre de 2010

Algo que no se recuerda

los trabajadores de chile no conocen
la casa central de los trabajadores de chile
su extraña casa de madera y escalas alfombradas
no conocen las salas azules / que fue la casa de
la organización fascista / Fuerza y Voluntad de Poder /
los trabajadores no se conocen a sí mismos
no hablan con nadie,
están ahí, no más,
tomando vino acostados en el suelo
con sus herramientas viandas secas
frente a la pantalla
están cesantes / leen los crímenes de la semana /
violaciones de menores de edad y putas viejas / dicen /
que si andan por ahí mostrando el poto / se lo buscan /
leen que una manga de drogadictos rompe tumbas
de trabajadores / hacen marcas del demonio /
se emborrachan / con las cruces que pusieron los
trabajadores
los trabajadores / fueron ensoñación de algo que ya
no se recuerda / los trabajadores están ahí / solos /
olvidados / apocados frente a sus herramientas /
mohosas y viejas.

(...)

Poema de José Angel Cuevas, publicado en la antología “Desmanes” de la editorial Quimantú, año 2010.

20 de diciembre de 2010

A modo de Plegaria este fin de año

Por Eduardo Galeano


Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.

Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.

Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.

Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.

Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.


(...)

17 de diciembre de 2010

Conrimel, la antología

56 voces reuné el volumen que se editó tras el Encuentro Latinoamericano de Mujeres Poetas Conrimel, realizado en Valparaíso y Santiago en noviembre de 2010.

El libro fue diseñado y encuadernado artesanalmente en los talleres de Ediciones Inubicalistas, en el cerro Alegre de Valparaíso. Según explica Gladys González, ejecutora de “Conrimel” junto a Diego Ramírez, “la antología es el trabajo recopilatorio de textos poéticos y reseñas bibliográficas de todas las poetas que respondieron a la convocatoria del encuentro, realizada entre enero y noviembre de 2010”.

Así, entre el 16 y el 19 de noviembre de 2010, 56 poetas de varias generaciones se reunieron en Santiago y Valparaíso, en recitales de poesía, conversatorios, foros y presentaciones en espacios públicos y otros. Participaron poetas de El Salvador, Argentina, España, Perú, Bolivia, Chile, Venezuela, Cuba, México, Paraguay, Uruguay y Brasil.

De acuerdo a lo expresado por los ejecutores, “Conrimel se plantea como una suerte de conector regional de intercambio de mujeres poetas, donde se pretende revisar diversas problemáticas como las tendencias actuales de escritura, el rol emergente de la mujer como escritora y editora, las políticas de género y de difusión editorial, nuevas formas de edición, distribución, y su impacto en el continente americano”.

La antología contiene interesantes y variados textos – muchos inéditos –, de distintas temáticas. Es maravilloso leerlo y encontrar poemas buenísimos, de alto vuelo estético y potentes imágenes. Sin duda, se trata de un volumen contundente si lo entendemos como el registro de un encuentro al que llegan poetas de varias generaciones con distintos caudales de publicación. Ello, junto al carácter internacional y la visibilización de nombres jóvenes, constituyen las grandes sumas para el alma poética de este inolvidable libro Conrimel.

Algunos poemas

Marcia Mogro (Bolivia)

con estupor
piensa
en la fragilidad del cuello

la vicuña pastando
las miles de vicuñas pastando
piensa
en esa escena tan doméstica
en esa altura piensa
con ese azul cielo
con esas lanitas de colores en las orejas piensa
permanentes habitantes de estas regiones desoladas
esas vicuñas con sus cuerpos altamente sofisticados
su legado
tienes manta de vicuña? tienes colcha de vicuña?
tienes chompa de vicuña?
poncho de vicuña tienes hermanito?

visiblemente perturbado
invoca y articula
la profanación de lo sagrado
no sabe si darse vuelta
irse desaparecer desvanecerse
ausentarse largarse sucumbir

este es el lugar de adoración en el que estamos inmersos
nada más esencial

contemplar el viento y la lluvia en determinados escenarios
puede afectar estructuras fundamentales de la existencia
horribles conclusiones de la temporalidad del cuerpo
puede afectar en frentes múltiples
hasta el aniquilamiento

la luna estaría llena esa noche

(se sentaría junto a mi
y silenciosamente inspeccionaría la escena)

*****

Natalia Molina (Chile)

Tres semanas (de “Veteranos del ’79)


Todavía la cama tiene su olor
y la pieza y la silla y la cocina
esa mezcla de té con canela
colonia inglesa y tomaticán
ese olor dulce que tienen todas las viejas.

Recuerdo cuando se lavaba el pelo con champú de quillay
y se lo desenredaba en el patio.
Se pasaba el peine por la cabeza húmeda
y las hebras caían negras sobre sus pechos
de luchadora social
armados hasta los pezones
envueltos en un sostén-faja blanco de borches interminables.

Cruzo el pasillo todas las tardes
y miro sus figuritas de loza
que se llenan de polvo
en tres semanas.

*****

Damaris Calderón (Cuba)

Sílabas, Ecce Homo

Hablar del pájaro parlante
parlanchín posado en una rama
cantando (como diría Juan Luis Martínez)
en pajarístico.
Y el hombre es una lápida
un cuarto oscuro, una silla vacía
y una lámpara.
El que se aproxima a la lámpara
puede encontrar una salida
(o la ilusión de una salida).
¿Hay salida posible hacia fuera
o toda salida es hacia adentro,
hacia el reino de la raíz?
Hundirse como Virginia Woolf
con los bolsillos llenos de piedras en el río.
He ahí la verdadera ganancia,
lo que no alcanzan los nadadores de superficie.

El optimismo es una bandera a media asta
pero ostentada con júbilo.
Un consuelo o un autoconsuelo:
“Yo me levanté de mi cadáver y fui en busca de quien soy”

Como el cirujano corta,
las sílabas se parten.
Carne de la escisión,
escisión de la carne.

Un pájaro vino con la cabeza vendada
una esquirla de la tercera guerra mundial
Apollinaire cantando en una jaula
Los tetradracmas de oro de Ezra Pound.

Como la liebre en el soto,
la palabra en el lenguaje.
La angustia salta el perímetro
y echa a correr por las azoteas.

*****

Elvira Hernández (Chile)

Inédito

NO ENCUENTRO LA HORMA DE MI ZAPATO
El traqueteo infernal me deja sin pies
Los empellones las sobajaduras la pisada sin querer
Tiene un nombre de silencio infinito.

NO ENCUENTRO BAILARÍN PARA LA DANZA
Hago el solo el loco la gallinita ciega
La Dama de la Triste Figura en la pantalla
Sellada por el tiempo como crisálida eterna.

NO ENCUENTRO VIENTO PARA MI MOLINO
Aire sábanas que oreen el hastío
Bajo el botadero de la Ciudad del Mañana
Las computadoras me han caducado el contrato.

NO ENCUENTRO YA AMPARAX INMEDIATO
Insostenido mi músculo intranquila mi sangre

*****

Norah Méndez (El Salvador)

San Salvador

Aquí llora o se llueve?
escampa
por ratos las cosas parecieran detenerse
bolsas negras
suelos de horchata
mojados como vinimos al mundo
empapados
expulsados desde el agua
seguimos
barrancos
ríos de polvo
hilos que se sujetan
latas
barro
la materia in/orgánica
que habitamos
hechos uno
como piedra que resiste
los refugio sin refugio
los lejos
escampamos

*****

Alejandra González (Chile)

Huella (de “La enfermedad del dolor”)

Comienza a lastimarme
por favor
hazme
cortes exactos con tu gillete

Yo
no
quiero

una vida sin cicatrices

*****

Priscila Cajales (Chile)

Lorca (de “Termitas”)

Lorca es un muchacho ciego que trabaja en una fábrica de plásticos en Av. Matta
Lorca tenía las manos verdaderamente sucias
Lorca no sabía que una mosca estaba todo el tiempo parada sobre su cabeza
La mosca está atrapada por el pelo de Lorca, la mosca está pegada a este chico
como yo
que aprovecho el movimiento
para acercarme a él y su overol
y leer donde dice su nombre: Lorca
Acercarme para olerlo, bien debajo de la axila
donde los delgados bellos disfrutan de la humedad del cuerpo de Lorca
este ciego con vista al piso, este ciego de 25 años
bello
como los chicos de Santa Rosa de recorrido hasta el paradero 6 de esta calle tan larga
él no se baja nunca
este recorrido a casa termina
cuando la calle pierde su nombre.

*****

Amanda Durán (Chile)

Naturaleza Muerta

Una casa incrustada al ojo es
un animal muerto

atrapada al lagrimal por la cañería
dibujando con sus restos: los restos

YO AMÉ en el sur de antes
a la orilla del mar de antes YO AMÉ

pero ese tiempo se tragó en la memoria
la arena que hoy dispara un juguete de niño
un labio de pescador
un labio seco de frío
que se traga al amor
y está repleto de sangre.

Hoy el mar es un volcán,
la arena es un volcán,
la tierra es un volcán,
mi madre es un volcán,
mi hijo…
yo no lo quiero volcán a mi hijo,
pero todas las madres del sur,
pero todos los hijos
embutidos al barro
son
una erupción nacional.


*****

7 de diciembre de 2010

Mensaje




(...)

Señales del hombre popular

Así como medimos los desastres naturales, en pérdidas, podemos medir el desastre de nuestras almas: aquellos mordiscos que tiran a negro nuestros colores, que secan nuestras flores humanas y nos silencian sin matarnos. Hablamos desde una sociedad mutilada en su alma más frondosa, la fraternidad y la conciencia. Nos arrebataron ese dulce y antiguo libro de las manos y nos castigaron desterrando el conocimiento que nos hizo libres. El viejo saber del pueblo fue quemado en las calles de la república, hay evidencias. Después hicieron la educación sinónimo del barro. Arrojaron nuestras preguntas al fondo de la quebrada, envueltas en bolsas negras. Las nuevas leyes, de ahí en adelante, fueron la competencia, el libre mercado, y los perdedores que se supone deben existir para que haya competencia. Por eso aumentaron los vicios en las periferias; todo fue sometido al embrujo asqueroso de la vainilla seca; pastillas para todo de por medio; jarabes y jaurías, neoprenes y reproches, tolonpas y falopans. Hijos nuevos con tu misma tierna mirada de cachorro, pero ahora concientes de la barbarie, recordando los huesos dislocados a un costado del camino. Muchos vimos a estos hijos perderse en la lejanía absoluta del gran capital. No los desaparecieron como a sus tíos, los quemaron lentamente, con venenos en la esquina del bar, con polvo seco en los pulmones, con cerebros reventados por piedritas de coca. Ya hemos perdido casi todo. La universidad, la escuela, el barrio. Nos rodean muros de concreto gris, nos acechan guardias privados y públicos; la gente no entiende lo que lee, las verduras están contaminadas con plaguicidas, los barcos industriales arrasan el mar, las mineras destrozan la cordillera, se secan los ríos, se acaba el bosque, y con ellos nosotros, la gente de la tierra, quebrada por el garrote capital, resistiendo, simplemente, en la juventud.


(...)