pohetas:
te tienes que escribir con algo de letra muda para
entenderte, y entender que no puedes entrar en
globo aerostático o montado en burro a la ciudad.
¿vives acaso en la cima de una columna o estás
tratando de arrebatar el micrófono? (constato que
hoy todos chupamos ese candy de palabras con la
rara excepción tuya) ¿cuál es la palabra del poeta?
(quizás ya no quedan palabras)
te recomiendo mejor una de nuestras fiestas de
larga duración donde hombres y mujeres caen del
cielo y a pedir de boca el suche es rey y el rey paco
raso y las paganas vírgenes sabias mujeres, etc.
Todo se revuelve
no sé dónde deberías comprar ropa para lucir con
eso del hábito y del monje, ¡habitar tanto lugar
común!... Pórtate mejor como chaqueta amarilla
si te has ido a pique sobrevive en la submarina y
escríbenos en la arena porque igual te queremos
*Texto de Elvira Hernández, perteneciente al libro "Album de Valparaíso", del año 2002.
2 de octubre de 2007
20 de septiembre de 2007
Al oído del tiempo*
Tengo grandes sueños que acumulan tesoros en las raíces de los árboles
Tengo ese oficio que hace morir al mar
Voy andando en semejanza de cosa alada
A veces canto porque las lágrimas se hacen demasiado gruesas
El universo viene a picotear en mis manos
Los que no saben lo espantan torpemente
Tengo grandes ansias y vergüenza de todo
Como una hora que se detiene a pedir pan
Como aquel que no puede decir lo que quiere
Enterrado al fondo de su raza
Contemplo de tan alto que todo se hace aire
Contemplo el ojo enorme de la tierra
Qué hacer qué hacer
La luna insomne pasa dulcemente
Un río sin voluntad se extasía en silencio
La luz empapada en sus faroles de puertos angustiados
No sabe tampoco qué decir
Ni el faro que ilumina la vitrinas del mar
El río tiene pena
Y una tal cantidad de ojos extasiados
Que la noche podría equivocarse
Que los árboles podrían hacerse vagabundos
Luego todo se va
Y yo miro la tierra y sus distancias desesperadas
Cuando las olas se hablan entre sí
No hay formas no hay colores
No hay seres al fin en esta luz sin luz
Desaparece la creación y sus augurios
Sus pensamientos sus sensaciones y también sus imágenes
Y hasta sus sueños de substancias prisioneras
La nada luminosa
Ni luminosa ni oscura
La armonía de la nada sin armonía
La nada y el todo sin todo
Para ver esto hay que resucitar dos veces
Para sentirlo hay que morir primero
*Poema de Vicente Huidobro, publicado en el libro "El ciudadano del olvido", del año 1941.
Tengo ese oficio que hace morir al mar
Voy andando en semejanza de cosa alada
A veces canto porque las lágrimas se hacen demasiado gruesas
El universo viene a picotear en mis manos
Los que no saben lo espantan torpemente
Tengo grandes ansias y vergüenza de todo
Como una hora que se detiene a pedir pan
Como aquel que no puede decir lo que quiere
Enterrado al fondo de su raza
Contemplo de tan alto que todo se hace aire
Contemplo el ojo enorme de la tierra
Qué hacer qué hacer
La luna insomne pasa dulcemente
Un río sin voluntad se extasía en silencio
La luz empapada en sus faroles de puertos angustiados
No sabe tampoco qué decir
Ni el faro que ilumina la vitrinas del mar
El río tiene pena
Y una tal cantidad de ojos extasiados
Que la noche podría equivocarse
Que los árboles podrían hacerse vagabundos
Luego todo se va
Y yo miro la tierra y sus distancias desesperadas
Cuando las olas se hablan entre sí
No hay formas no hay colores
No hay seres al fin en esta luz sin luz
Desaparece la creación y sus augurios
Sus pensamientos sus sensaciones y también sus imágenes
Y hasta sus sueños de substancias prisioneras
La nada luminosa
Ni luminosa ni oscura
La armonía de la nada sin armonía
La nada y el todo sin todo
Para ver esto hay que resucitar dos veces
Para sentirlo hay que morir primero
*Poema de Vicente Huidobro, publicado en el libro "El ciudadano del olvido", del año 1941.
12 de septiembre de 2007
Resaca
El soplido de la estética, el vértigo amanecer de la palabra cuadrada en el infinito, dejando su ventana abierta para siempre. En casa, algunas moscas muertas, algo de sangre en la ventana, cuadernos que se transforman en raquetas, y el sonido de la construcción del frente me recuerda el trabajo, sus sindicatos, la obra, la acalorada reunión nocturna, las impresiones clandestinas y un millar de historias de aquí a Iquique.Llego a otro lugar. El soplido del cementerio, lleno de titanes, como una cáscara oceánica abriéndose al cosmos, como cayéndose a la galaxia, en esas noches limpias de enero, el cementerio, el océano de la tierra, lleno de historia silenciada, con un rumor de paz y marea que complica cualquier teoría sobre la vida eterna. La vida eterna y sus primas, el perdón de los pecados, el pariente rico, que no comparte nada, la vida eterna, la reencarnación, el juicio final. No. No hay nada, nada más que mar, tierra y los elementos cruzados entre sí.
Nos hacemos parte de este ecosistema, como esa zanahoria que cayó olvidada a la tierra y volvió a ser tierra (así dejó de estar sola y olvidada y formó parte de un todo). Los sentidos se van con el cuerpo. Por ende cualquier concepción al respecto es imaginaria. A mi me inquieta más pensar quien sujeta los planetas en el aire, quien los amarra en órbitas, quien enciende los soles. Hay límites o todo es infinito. Por ahí va la intuición, una tenacidad media pariente de la necedad pues a fin de cuentas nunca descubriré nada.
El soplido de la estética. Caen las últimas banderas y el gran rey corrupción capital se instala a gozar sus últimos años. Aún agoniza el cristianismo en Europa y en otros lados, pero en América Latina muchos cristianos aún dan cara y se les respeta. Caen en pedazos los edificios agrietados de la creencia partidaria. Todo se empieza a revolver, hay muchas armas en muchas manos, algo de cocaína, más de lo que creemos, y en el horizonte aúlla un pelícano convertido en zorro culpeo.
Dejo constancia de mis reparos. El soplido, la épica social americana, los trabajadores, el encanto de tus faldas. Voy y vengo por la avenida del descrédito y la lección, el aprendizaje sublime del silencio, escarbando arcilla en periferias ajenas a toda lógica. Lejos, muy lejos del centro de tus manos. El soplido, esa tierna brisa de media tarde en Playa Ancha, cambia todo y va y viene revolviendo la imaginación, las ganas, la locura.
El soplido de la estética, concepto imagen, algo inconcluso, buscando partes por el territorio castigado, donde antes hubo una patria joven y madura como la más linda de las viñas, donde antes hubo un sol que alumbraba a todos por igual. Al margen de los libros siempre han estado nuestras orillas. No entramos, no cabemos en los cuadernos sacrosantos, en los conventos convertibles del país capital. Pero nosotros somos tierra y crecemos en las raíces.
8 de septiembre de 2007
La historia de Luchín
Una noche de junio, el mes más frío del año, se cernieron nubes negras sobre la cordillera y estalló una violenta tormenta, con un furioso vendaval y lluvias torrenciales. Tendidos en nuestra cama, a salvo y abrigados mientras oíamos el golpeteo de las persianas de madera bajo la ventolera sabíamos que en las poblaciones los frágiles techos eran arrancados de los refugios improvisados, que familias enteras debían de estar expuestas al viento y la lluvia, perdiendo sus pocas posesiones. Si el río Mapocho crecía, corrían peligro de ser barridos por la inundación. Todos los inviernos ocurría lo mismo; muchos guaguas morían de frío o neumonía, pero persistía aquel estado de cosas y aparte de algunos auxilios de caridad, de una distribución de objetos usados y viejas mantas, no se tomaban medidas drásticas para socorrer a las víctimas y evitar que se repitiera la tragedia.Con un gobierno popular, la respuesta tenía que ser diferente. Y lo fue. Organizaciones gubernamentales, sindicatos e incluso las universidades se movilizaron para llevar ayuda inmediata a las víctimas de la tormenta, que había afectado a una amplia zona y devastado muchos distritos pobres. Las tareas de rescate se coordinaron de manera tal que cada Facultad fuese responsable de un área distinta. Los estudiantes de la Universidad Técnica poseían aptitudes inestimables para dirigir la construcción de viviendas de emergencia, la provisión de agua, drenaje y otras necesidades, pero hasta los músicos y los bailarines brindaron su mano de obra inexperta y sus músculos.
Como siempre, cuando se despejaron las nubes después de la tormenta dejando a la vista la cordillera cubierta reluciente de nieve, un frío penetrante descendió sobre Santiago. Todos los vehículos de la Facultad se movilizaron para distribuir combustible y alimentos, además de equipos de salvamento a la población de Renca, pero se descubrió que sólo servían los jeeps. En las tierras bajas y en los caminos sin pavimentar el barro llegaba a los muslos. Ni siquiera era posible caminar. Los intensos vientos habían dejado sin hogar a muchas familias que trataban de buscar refugio en el único edificio un poco más grande y más sólido de la comunidad, que era la iglesia. Los niños de pecho y los de corta edad, desabrigados y descalzos, corrían peligro inmediato de enfermar gravemente.
Era necesaria una solución más drástica y se decidió evacuar a los niños al edificio de la Facultad y usar los grandes estudios de ballet como dormitorios. Esa empresa, que parece lógica si se tiene en cuenta que la salud de los niños e incluso su vida corría grave riesgo, fue sin embargo insólita y absolutamente revolucionaria.
Todo fue organizado y animado por una maravillosa mujer, ejemplar para todos nosotros. Quena era, probablemente, un prototipo del pequeñísimo pero significativo número de personas aristocráticas que se adhirieron a los cambios revolucionarios en Chile. Era una mujer bien parecida, en general desaliñada, cuyo lenguaje no era precisamente refinado, que chapoteaba vestida con un chaquetón andrajoso y unos pantalones viejos. En su juventud había pasado una temporada trabajando en una granja de Inglaterra, y se había aventurado a dar la vuelta al mundo confiando exclusivamente en sí misma para ganarse la vida y renunciando al apoyo de su familia. Ahora trabajaba como administradora en el Departamento de Danza y en aquella emergencia se convirtió en el alma de la operación de salvamento.
Nos empujó a todos, incluso a los más reacios e indolentes, a hacer algo útil. El recluido reino del ballet se vio invadido por niños desarrapados y chillones que nunca habían visto un cuarto de baño y un lavabo. Muchos padecían disentería. Estaban desnutridos, sucios y asustados al verse separados de su familia, aunque después de una buena comida caliente revivieron.
Fue la primera vez que la verdadera tragedia de la pobreza tocó nuestro cómodo mundo privilegiado y tengo la certeza de que para muchos bailarines resultó una vivencia muy importante. Aunque fuésemos política y socialmente conscientes con anterioridad, y aunque a menudo hiciéramos las habituales colectas de ropa vieja y mantas “para los pobres”, no era lo mismo que atender a aquellas criaturas, verlas comer con hambre canina y descubrir su hermosura después de lavarle la cabeza y peinar sus enmarañadas melenas para quitarles los piojos.
Uno de los guaguas que llegaron a la Facultad se convirtió en tema de una canción de Víctor. Luchín estaba gravemente enfermo de pleuresía y necesitaba constantes cuidados día y noche. Quena le había encontrado en uno de sus viajes a la población: un mugriento montoncito de harapos en el fangoso suelo de una choza donde vivía con su numerosa familia. Un caballo, única posesión de valor de la familia y fuente de su precario sustento, compartía la habitación. Luchín tenía casi un año pero era menudo para su edad. Necesitaba una prolongada convalecencia antes de que pudiera ser devuelto a su familia, de modo que Víctor y yo nos lo llevamos a casa y le atendimos durante algunas semanas hasta que más adelante, con el consentimiento de sus padres, Quena le adoptó definitivamente.
Luchín
Frágil como un volantín
en los techos de Barrancas
jugaba el niño Luchín
con sus manitos moradas
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro
el caballo lo miraba.
En el agua de sus ojos
se bañaba el verde claro
gateaba a su corta edad
con el potito embarrado
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro
el caballo lo miraba.
El caballo era otro juego
en aquel pequeño espacio
y al animal parecía
le gustaba ese trabajo
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro
y con Luchito mojado.
Si hay niños como Luchín
que comen tierra y gusanos
abramos todas las jaulas
pa’ que vuelen como pájaros
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro
y también con el caballo.
*Extraído del libro “Víctor, un canto inconcluso”, escrito por Joan Jara, esposa del cantautor chileno Víctor Jara.
26 de agosto de 2007
25 de agosto de 2007
24 de agosto de 2007
Cronista
Un cargador de sacos
de todo tipo
un chofer de una especie de bicicleta
que afila cuchillos
una mendiga
que no despertó más
un niño que nació
para nacer mil veces
un anciano que recién ahora
supo un gran secreto de su vida
quién está al otro lado de la ventana
quién es el pájaro que vuela lejano
anoche golpearon a la puerta
estaban pidiendo algo de comida
hay hambre en la ciudad
aunque tú no lo creas
es tan sencillo detenerse
mirar y escuchar
y encontrar
estas caras que te cuento
de todo tipo
un chofer de una especie de bicicleta
que afila cuchillos
una mendiga
que no despertó más
un niño que nació
para nacer mil veces
un anciano que recién ahora
supo un gran secreto de su vida
quién está al otro lado de la ventana
quién es el pájaro que vuela lejano
anoche golpearon a la puerta
estaban pidiendo algo de comida
hay hambre en la ciudad
aunque tú no lo creas
es tan sencillo detenerse
mirar y escuchar
y encontrar
estas caras que te cuento
17 de agosto de 2007
En escabeche
Hay del frío que es posible de espantar y otro que no. Frío corporal, siempre posible: siempre hay disponible un ron, un vino, algo de pisco. Frío espiritual, difícil diagnóstico. O le falta una buena amante, o definitivamente estás mal enfocado, mal de fábrica como dicen los maestros. Pifiado de fábrica. Como el mundo de la poesía. La poesía del mundo. Las palabras resbalan a veces por los cuerpos y se quedan tendidas en el olvido. El pavimento se apiada de ellas y las hace parecer rocío, unas gotas locas que cayeron en la madrugada.Hay demasiada palabra dando vueltas, mucha información, pocas cabezas atentas. La mirada subjetiva de la poesía recrea escenarios que ya se levantaron hace tiempo. El lenguaje ofrece su flexibilidad al mercado y éste devuelve el mismo producto pero más elaborado, más adornado. La poesía abunda pero nadie sabe quién la escribe. Los que la publican son solamente una pequeña muestra de la abundancia lírica de nuestros días.
Pifiado de fábrica. La gente sola no es pifiada de fábrica, es una pifia de una máquina mal administrada, pésimamente ordenada. A lo mejor tú también estás mal enfocado. El hombre le pega a la mujer, el hijo mata a ese padre / hombre desquiciado. Otros amarraron al compañero a la silla y le dieron de patadas en la cara. Qué cosas. La competencia está en nuestras venas. Siempre tiene que haber un perdedor. Siempre hay que ganarle a alguien. Si no, ¿a quién le has ganado?
Algunos se aburren, otros disfrutan del dinero que siempre llega a sus bolsillos, mes a mes, semana a semana. En las páginas actuales de la poesía porteña cuesta encontrar el rostro frío del peoneta del mercado. Puedo equivocarme. Alguna vez le escuché un buen poema a un chico universitario. Hay buenas revistas dando vueltas por ahí. Las hojas no necesitan ser blancas. Miremos las murallas, los baños de los bares o de las escuelas públicas. Te recuerdo que el mejor poema es el que no se ha escrito aún.
Se cierra el bar. Hemos pelado mucho el cable hoy. Salud. Por los que vendrán mañana, a ocupar esta silla y a vagar por la bohemia, por esa bohemia latera que también explota a ciertos muchachos que trabajan mucho por muy poco. Pero ahora se cierra el bar. Un mirador puede ser una buena idea aunque la playa no está tan lejos. Y en tu mirada veo clarito clarito el color del amanecer. ¿Te habían dicho que tus ojos parecen un amanecer?
12 de agosto de 2007
8 de agosto de 2007
5 de agosto de 2007
3 de agosto de 2007
Recapitulando

Gané experiencias
varias en minutos
palabras y verbos
que simples llegaban.
Ahí en el neón en picada
aprendí yo a escribir
las vivencias
los momentos.
Éramos tantos
y ahora tan pocos quedan.
Nos vemos sólo en los recuerdos.
Está bien.
No extraño saludarte.
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