22 de agosto de 2017

Arenga a la autogestión

En tiempos de competencia desleal, colusiones y desfalcos millonarios, la autogestión aparece como el último diamante de dignidad que resta a los creadores y comunicadores comprometidos con el cambio social. Las políticas públicas, esmeradas en difundir tutoriales para cargar perfiles en formularios acumulativos, han mermado pero no aniquilado por completo el sabor de la colaboración entre iguales, pares, colegas, vecinos o compañeros. Sin fondos ni concursos de por medio, cuando sólo se trata de voluntades asumidas por la convicción de lo que se cree justo, el resultado final de lo que sea tiene otro sabor, ni mejor ni peor: simplemente más quiltro, más callejero, más auténtico. Pienso en el Valparaíso del 1900, lleno de talleres de sastres y zapateros, artesanos del trabajo no apatronado que con su quehacer aguja cosieron la conciencia de clase más formidable en la historia de Chile. Pienso en esa libertad del amor por el trabajo propio, en concordancia con el dar y recibir que no palpita al ritmo de la oferta y la demanda capitalista, sino en el pulso del respeto o culto al oficio, a la conciencia del valor que cada ser humano entrega a esta cadena sanguínea que somos todos juntos, pueblo o sociedad, concientes de sí mismos y sus carencias.

Es ahí donde debe estar el arte y la comunicación, trabajando para la superación de aquello que impide derrotar la competencia desleal que habita entre nosotros y que nos tiene llenando formularios para encontrar la fórmula estética o el ladrido de la vanguardia, negando que el primer paso es habitar el alarido que disconforma, agujereando a diario la gruesa capa de cotidianeidad ciega que nos imponen.

5 de agosto de 2017

Nocturno #46


Esa espalda que gotea
esperma y sudor gotea
como una llovizna salada
chorreando cuello gotea

una y otra vez
mi cuello y su cuello
evaporándose
fluido a lubricante
abajo bien adentro
un gemido se le sale

me moja
y me gotea

25 de julio de 2017

Arte Poética de Pablo Neruda

Entre sombra y espacio, entre guarniciones y doncellas,
dotado de corazón singular y sueños funestos,
precipitadamente pálido, marchito en la frente,
y con luto de viudo furioso por cada día de vida,
ay para cada agua invisible que bebo soñolientamente,
y de todo sonido que acojo temblando,
tengo la misma sed ausente y la misma fiebre fría,
un oído que nace, una angustia indirecta,
como si llegaran ladrones o fantasmas,
y en una cáscara de extensión fija y profunda,
como un camarero humillado, como una campana un poco ronca,
como un espejo viejo, como un olor de casa sola
en la que los huéspedes entran de noche perdidamente ebrios,
y hay un olor de ropa tirada al suelo, y una ausencia de flores,
posiblemente de otro modo aun menos melancólico,
pero la noche, de pronto, el viento que azota mi pecho,
las noches de substancia infinita caídas en mi dormitorio,
el ruido de un día que arde con sacrificio,
me piden lo profético que hay en mí, con melancolía,
y un golpe de objetos que llaman sin ser respondidos
hay, y un movimiento sin tregua, y un nombre confuso.

De Residencia en la tierra

15 de julio de 2017

Valparaíso Vintage / Las estaciones del olvido

Miré hacia atrás
nunca dije basta
las bestias del rebaño
huelen la sangre
y te salen a buscar
con sus colmillos afilados

Un corvo es más amigable

Pero la periferia porfía
y el día siempre empieza
con un muerto tibio
y su cabeza reventada
 en la vereda

(Mientras el papel de los siglos
miente y denuncia
oprime y sentencia)
(Cabalga en la historia
el héroe nacional)

Una leche fría
y a la perrera
otro tibio atardecer
cargando cadenas
otra pesada herencia
de esqueleto y tos

Olvidando
siempre olvidando
el dolor del fuego

8 de julio de 2017

30 de junio de 2017

26 de junio de 2017

Kantalao / Las ventanas


El mar abre sus ventanas
Todas ellas invisibles

Qué se muestra después de la apertura

Hay que ser pez de agua salada para verlo
Hay que ser pelícano de extensas latitudes
O tímida estrella de mar
Escondida en las vaginas de la roca
Hay que ser velero de madera perdido en las corrientes
O piedra submarina que nunca ha visto el sol

Las ventanas parecen escaleras
A veces se rompe un pedazo de cielo
La luna deforma un gato
Y en la ciudad duermen todas las ánimas
Amontonadas sobre un macetero estelar

El mar abre sus ventanas
Y qué pasa con las olas que se fueron
Detrás de los barcos
Y qué pasa con los botes que se tragó el océano
El viejo océano color cielo color estación
Ese océano que me hace adicto
Que me enferma de salinidad y saludable deseo

Las ventanas del mar
Llegaron a mi vida no sé cómo
Yo no estoy seguro de nada
Ni siquiera de ser pez o pelícano o náufrago
Una ola baja dormita en mi alma
Y en lo profundo
Se arma el mundo
Recorre mis venas
Y sale por mis ojos

25 de junio de 2017

23 de junio de 2017

La prepotencia del poder


Fernando Milagros en el cierre de una marcha estudiantil
en Santiago de Chile. Junio de 2017. 

20 de junio de 2017

Rapa Nui


Le sangraban las narices
y sin embargo seguía
repartiendo sus manos:
su vida entera
pasaba delante
de nosotros
cuando llegaba
arrastrando la red
con moluscos.

Ahí entendimos
el sentido de la humanidad.

El valor de la entrega total.