Se anunció en el Salón de Conferencias de la Universidad de Chile un ciclo de Enrique Molina sobre la Revolución Rusa. El tema era quemante y el expositor tenía un currículum imponente. Autor de obras de divulgación en que se advierte la influencia de Henri Bergson, se le reputaba entonces el filósofo chileno por excelencia. Profesor del Liceo de Talca, luego en Concepción, pasó a ser uno de los fundadores y primer rector de la Universidad que surgió en esa ciudad, con financiamiento a cargo de la Lotería. Hombre de logia, alto y flaco como un campanario, sugería la imagen misma del espíritu sumergido en sus perplejidades, cavilaciones y reflexiones trascendentales. Con físico de Quijote no dejaba, sin embargo, escapar la prosa de la coyuntura y revestirse según el color de las circunstancias.
El recinto de la conferencia era conocido nuestro. Por las mañanas solíamos escuchar allí las clases de Derecho Romano que impartía, breve y perezosamente, Juvenal Hernández, a la sazón el más joven de los rectores de la Universidad de Chile, gracias a la degollina de autoridades académicas que produjeron las efervescencias estudiantiles y políticas de 1931 y 32.
A la hora señalada, 7 PM, rodeábamos a Huidobro, aguardando con cierta desconfianza lo que diría el “Maestro de Juventudes”. El público era heterogéneo. La mitad delantera estaba ocupada por gente de edad, caballeros bien vestidos, “fans” crepusculares del filósofo penquista. La parte de atrás estaba repleta de universitarios revoltosos, a la espera de los acontecimientos.
El filósofo montó sus anteojos sobre el caballete de la nariz pronunciada y comenzó a leer con voz lejana un texto diatriba contra la espeluznante “hidra roja”. El cuento iba para largo porque se proyectaba una seguidilla de disertaciones. Desde el principio, don Enrique Molina desdeñó el método socrático del diálogo fecundo. Se divorció de la mayéutica y la dialéctica. Olvidó el distanciamiento que aconseja tratar un fenómeno social con talante objetivo. Se convirtió en un anatomista o disecador de cadáveres. Hundió el escalpelo, chorreó pus y sangre y la sala respiró los relentes sulfúricos del demonio, mensajes venidos del fondo del frío infierno siberiano. Una corriente de aire congelado recorrió el hemiciclo.
El filósofo caminaba por sendas que no eran suyas. ¿Tenía sentido conducir a ese auditorio al descubrimiento de la verdad a través del método de la pregunta? Decididamente, no. Se trataba de una conferencia, no de una clase. No estaba en el gimnasio ni en la academia. Pero no traicionaba a su maestro Platón. Al contrario, seguía el ejemplo del que escribió “La República”.
La fracción selecta del auditorio escuchaba lo que vino a oír y fluctuaba entre el horror y el éxtasis ante la denuncia de tanto crimen. La parte posterior comenzó a inquietarse y a murmurar. Tuve la impresión de que el conferenciante, absorto en su lectura, no percibía la carga de dinamita que estaba montando.
Hacia el final de su exposición, Huidobro, sin que nadie le ofreciera la palabra, subió al proscenio. Dijo con voz aplomada y acento de convicción definitiva:
“Hemos escuchado hablar a un ignorante supino, a un copista textual, a un mal traductor del francés. Todo lo que ha dicho lo ha plagiado de un libro ridículo, publicado por Henri Beraud en París en la década del 20. Fue el hazmerreír de Francia entera. Sólo ‘Le Figaro’ lo elogió, porque decía las mismas vulgaridades que ese diario ultraderechista dice todas las mañanas en sus editoriales torpemente anticomunistas”.
Estupor en el sector decente. Aplausos en la zona trasera, la tenebrosa. El filósofo sintió más que nunca la incompatibilidad entre política y alta especulación metafísica, entre meditación sobre el destino del hombre y la miseria del hombre. Se movía mejor entre el Logos y el Mito. Ahora se encontraba sumido en un abismo. Y se derrumbó en su sillón. Era la suerte de los sabios incomprendidos. Su silencio no bastó para apaciguar a las fieras. En ese ambiente no había nada parecido al Banquete de Platón. Verdad también que el suyo tampoco era el discurso de Fedro sobre el tema del Amor.
Pero no fue la voz de los bárbaros la que se escuchó. Desde la sección noble alguien dijo una frase retadora y confiada a la vez: “Que conteste el filósofo…”.
Estaba seguro de que haría polvo al poeta deslenguado. Don Enrique Molina Garmendia vaciló al escuchar ese requerimiento que provenía de uno de sus admiradores. Tardó un par de minutos largos. Se escucharon gritos de la región obscura: “Sí, que conteste…”.
Algún escéptico agregó: “Que conteste, si es capaz”.
El Maestro, siempre sumergido en la inmensidad de su tristeza ante la precariedad de la condición humana, sin mirar al mefistofélico poeta y sin ponerse de pie, musitó con voz de ultratumba: “Lo único que quiero es que mi patria se salve en libertad y democracia”.
“¿Por qué entonces apoyaste la dictadura de Ibáñez?”
Por el tuteo, irrespetuoso hasta la indecencia, se supo de inmediato que esta acusación nefanda provenía de la sección plebeya del público. La pregunta soez fue coreada por alaridos descocados y apremiantes: “Que explique, que explique ahora mismo…”.
Como si aquella fuera una orden, un santo y seña, la multitud no filosófica (noventa por ciento estudiantes) inició una maniobra envolvente. Avanzó rápida por los costados, flanqueó la reunión y se fue acercando a la tribuna hasta copar enteramente el proscenio y rodear al apenado pensador. Éste comprendió que era víctima de “La Rebelión de las Masas”, exacto diagnóstico de Ortega y Gasset, que estaba de moda en los círculos cultos de ese tiempo. Se le hizo evidente el terrible axioma, como una fatalidad dolorosa de la era moderna.
Sucedió algo peor. Las turbas formaron un círculo de hierro alrededor del filósofo en desgracia y lo sometieron a un interrogatorio tan duro como vejatorio, que difícilmente ni el mismo Sócrates hubiera podido soportar. Todas las preguntas se hacían tuteándolo con descaro, aunque el improvisado fiscal acusador tuviera veinte años: “¿Por qué expulsaste de la Universidad a un gran matemático, el profesor Domingo Almendras? ¿No podías tolerar el verdadero talento?"
Él no respondería a ese tribunal rojo que lo tenía sentado en el banquillo. “¿Por qué tú, maestro sin valor real te atreviste a exonerar de la Universidad de Concepción a un auténtico sabio, al profesor Alejandro Lipchutz?”
No eran preguntas. Eran cargos, una lluvia de acusaciones.
Los partidarios de la filosofía no cabían en sí de indignación y de pánico. Temían que pronto las emprendieran a golpes con el Maestro acorralado. Alguien se deslizó fuera para comunicar el bochornoso espectáculo a su amigo el rector. El filósofo iba a ser agredido de un instante a otro por la canallada estudiantil, azuzada por Huidobro. Había que salvarlo. El informante pensó que el rector debería penetrar al recinto donde se consumaba el sacrilegio, hablar a los alumnos y preservar la integridad física del héroe platónico, aunque se veía que era muy difícil restablecer el respeto por el mérito y la dignidad moral. Al momento, Juvenal Hernández concluyó que, dado el clima del mitin, no sería escuchado por los estudiantes ni por el poeta azuzador. Recurrió a métodos más institucionales.
Quince minutos después, varias unidades de carabineros penetraron al Honorable Salón de Conferencias repartiendo palos por arriba y por abajo. Los golpes de laque, los lumazos de la policía dolían y luego empujaron a los desalmados hacia los carros policiales, que entonces eran camiones sin toldo, donde fuimos arrojados a empellones, rumbo a la Comisaría. El poeta recibió su cuota de garrotazos. Pero parecía orgulloso y contento de haber empezado el machitún, desnudando en público a un filósofo que sin duda prefería los diálogos atenienses y encaminarse hasta el Acrópolis impartiendo con sus palabras la sabiduría en búsqueda de la verdad y de la paz. Esa noche quisieron obligarlo a beber la copa de cicuta hasta el fondo.
Antes del amanecer todos quedamos libres, con citación al juzgado por promover desórdenes en un sitio tan respetable como la Universidad de Chile.
Al salir de los calabozos compramos ejemplares recién salidos de la prensa matutina. Un diario titulaba: “A palos terminó Conferencia de Molina sobre la Revolución Rusa”. Se culpaba al poeta Vicente Huidobro de encender la mecha del polvorín y provocar el colosal desorden con su intervención, que dividió el auditorio, desató enfrentamientos entre partidarios y contrarios al conferenciante, provocó aplausos, gritos, rechiflas. Ello obligó a la policía a actuar con máxima energía, practicando numerosas detenciones a fin de rescatar sano y salvo al señor Rector Molina.
Huidobro estaba en la gloria. Hizo lo suyo. La juventud lo había acompañado en su proeza.
*Texto extraído del libro “Huidobro: La marcha infinita”, de Volodia Teitelboim.
31 de enero de 2008
17 de enero de 2008
Estimativa y método (fragmento)*
“La estética es el conocimiento intuitivo del universo, formulado en esquemas y axiomas conceptuales.
La voluntad del subconsciente, expresada racionalmente.
He aquí por qué la estética no se enseña, se genera, suscitándola en el individuo, como la expresión filosófica de sus instancias vitales e individuales, buscando lo genérico.
Porque la verdad es múltiple; y la unidad de la verdad, es, únicamente, la unidad del ser específico – cósmico.
La estética es un organismo de grandes preguntas, más que de grandes respuestas.
Adentro del artista, la estética asume el rol del material sedimentario y acumulado del subconsciente, que anhela jerarquía y disciplina: orden.
La belleza es la tercera entidad funcional que existe entre hombre y mundo, entre lo subjetivo y lo objetivo.
Así, la belleza existe en el arte, sólo en el arte existe la belleza, y quien percibe, por ejemplo la belleza estupenda de una hermosa mujer desnuda, la percibe como quien percibe una obra de arte, es decir elevando su naturaleza al éxtasis expresional, motivado por el instinto, urgido a su más alta instancia.
La belleza es la expresión lograda, numérica, exacta, la expresión humana, el orden nuevo, el orden puro, que impone el ser viviente a la naturaleza.
El arte es la expresión maravillosa del instante en que la máxima potencialidad del hombre intuye la máxima potencialidad del universo interno – externo y le impone su ley imaginaria.
'Todo conocimiento está suscitado por la experiencia; pero no todo conocimiento radica en la experiencia' (Kant).
Entonces, hay una manera de conocimiento, que emana del ser subjetivo, que arranca su dinámica y su mecánica, no de la conciencia, entidad servida por la experimentación objetiva, sino de los abismos psico – cósmicos del subconsciente individual o colectivo, expresando los arquetipos platónicos; y aquella manera de conocimiento es el conocimiento estético.
Dominio, sentido, destino del arte.
Paralelamente a conciencia, subconsciencia; a reflexión, intuición; a concepto, imagen; a razonamiento, estilo; a ciencia, arte; a verdad lógica, verdad estética; a filósofo, artista; a conocimiento lógico, conocimiento estético”.
* Texto de Pablo de Rokha publicado en la Antología de Poesía Chilena Nueva, de Eduardo Anguita y Volodia Teitelboim, en 1935.
BONUS TRACK
… “… el estilo es la resultante de la subconciencia expresándose en imágenes. El razonamiento genera la ciencia; el estilo genera el arte. Ciencia y arte generan aquellos dos significados, enormemente paralelos y substantivos de la unidad vital: la verdad lógica y la verdad estética”.
“Encima del esquema dibujado por nosotros, evolucionan eternas, las maneras paralelas del conocimiento: el conocimiento lógico y el conocimiento estético, invadiéndose, distanciándose, confundiéndose, azotándose, uno contra otro”.
La voluntad del subconsciente, expresada racionalmente.
He aquí por qué la estética no se enseña, se genera, suscitándola en el individuo, como la expresión filosófica de sus instancias vitales e individuales, buscando lo genérico.
Porque la verdad es múltiple; y la unidad de la verdad, es, únicamente, la unidad del ser específico – cósmico.
La estética es un organismo de grandes preguntas, más que de grandes respuestas.
Adentro del artista, la estética asume el rol del material sedimentario y acumulado del subconsciente, que anhela jerarquía y disciplina: orden.
La belleza es la tercera entidad funcional que existe entre hombre y mundo, entre lo subjetivo y lo objetivo.
Así, la belleza existe en el arte, sólo en el arte existe la belleza, y quien percibe, por ejemplo la belleza estupenda de una hermosa mujer desnuda, la percibe como quien percibe una obra de arte, es decir elevando su naturaleza al éxtasis expresional, motivado por el instinto, urgido a su más alta instancia.
La belleza es la expresión lograda, numérica, exacta, la expresión humana, el orden nuevo, el orden puro, que impone el ser viviente a la naturaleza.
El arte es la expresión maravillosa del instante en que la máxima potencialidad del hombre intuye la máxima potencialidad del universo interno – externo y le impone su ley imaginaria.
'Todo conocimiento está suscitado por la experiencia; pero no todo conocimiento radica en la experiencia' (Kant).
Entonces, hay una manera de conocimiento, que emana del ser subjetivo, que arranca su dinámica y su mecánica, no de la conciencia, entidad servida por la experimentación objetiva, sino de los abismos psico – cósmicos del subconsciente individual o colectivo, expresando los arquetipos platónicos; y aquella manera de conocimiento es el conocimiento estético.
Dominio, sentido, destino del arte.
Paralelamente a conciencia, subconsciencia; a reflexión, intuición; a concepto, imagen; a razonamiento, estilo; a ciencia, arte; a verdad lógica, verdad estética; a filósofo, artista; a conocimiento lógico, conocimiento estético”.
* Texto de Pablo de Rokha publicado en la Antología de Poesía Chilena Nueva, de Eduardo Anguita y Volodia Teitelboim, en 1935.
BONUS TRACK
… “… el estilo es la resultante de la subconciencia expresándose en imágenes. El razonamiento genera la ciencia; el estilo genera el arte. Ciencia y arte generan aquellos dos significados, enormemente paralelos y substantivos de la unidad vital: la verdad lógica y la verdad estética”.
“Encima del esquema dibujado por nosotros, evolucionan eternas, las maneras paralelas del conocimiento: el conocimiento lógico y el conocimiento estético, invadiéndose, distanciándose, confundiéndose, azotándose, uno contra otro”.
11 de enero de 2008
Litoral
Me levanté y tú estabas ahí
mirando el mar
rompiendo almejas
bebiendo licores de dudosa procedencia
sobre una roca que parecía un templo
y tú una santa pagana llena de sol
La playa era estrecha como la carpa
mi voz raspaba la arena como el viento
los restos de la fogata dormían esperando la noche
y tú en tu silencio eras como un vegetal
de esos que crecen solos frente al mar
como un tesoro ofrenda que se ofrece pequeño
Me levanté y tú estabas ahí
a tu lado este poema era una poza de mar
dejada por la marea y su cópula de noche
ahora el momento el instante tu vida
queda latiendo como un ejercicio de olas
entre gaviotas y almejas quebradas
mirando el mar
rompiendo almejas
bebiendo licores de dudosa procedencia
sobre una roca que parecía un templo
y tú una santa pagana llena de sol
La playa era estrecha como la carpa
mi voz raspaba la arena como el viento
los restos de la fogata dormían esperando la noche
y tú en tu silencio eras como un vegetal
de esos que crecen solos frente al mar
como un tesoro ofrenda que se ofrece pequeño
Me levanté y tú estabas ahí
a tu lado este poema era una poza de mar
dejada por la marea y su cópula de noche
ahora el momento el instante tu vida
queda latiendo como un ejercicio de olas
entre gaviotas y almejas quebradas
1 de enero de 2008
No stress
A UN NIÑO EN UN ÁRBOL*Eres el único habitante
de una isla que sólo tú conoces
rodeada del oleaje del viento
y del silencio rozado apenas
por las alas de una lechuza.
Ves un arado roto
y una trilladora cuyo esqueleto
permite un último relumbre de sol.
Ves al verano convertido en un espantapájaros
cuyas pesadillas angustian los sembrados.
Ves la acequia en cuyo fondo tu amigo desaparecido
toma el barco de papel que echaste a navegar.
Ves al pueblo y los campos extendidos
como las páginas del silabario
donde un día sabrás que leíste la historia de la felicidad.
El almacenero sale a cerrar los postigos.
Las hijas del granjero encierran las gallinas.
Ojos de extraños peces
miran amenazantes desde el cielo.
Hay que volver a tierra.
Tu perro viene a saltos a encontrarte.
Tu isla se hunde en el mar de la noche.
*Texto de Jorge Teillier, perteneciente al libro "Poemas del país de nunca jamás".
23 de diciembre de 2007
Un minuto de amor
Tomó la caja y la apretó suavemente contra su pecho. Cerró los ojos. Por un minuto, tan sólo por un minuto, dejó entrar nuevamente aquel prohibido sentimiento, desterrado de su vida hace tanto tiempo, cuando decidió no sentir más y olvidar, olvidar y olvidar. Sumergirse. Perderse en la vagancia.
La noche era como todas. La ciudad, despreciable como siempre. Pero la soledad se hacía más tibia gracias a la caja, la bendita caja que esperaba por él para llevárselo lejos, donde nadie pudiera encontrarlo.
Dejó entonces fluir la sensación, esa cosquilla en el vientre que crecía y subía hasta los labios y la lengua para diluirse así, delicada, en sus ojos. En su corazón de hombre solo hace rato que no había espacio para esto. Pero qué carajos, es sólo un instante, un instante para sentir. Y lo hizo. Amó los litros en su pecho. Amó ese instante bajo la escalera, sus trapos y cartones, sus tarros, amó sus zapatos, sus heridas y las arrugas de su cuerpo. Y por primera vez en mucho tiempo, amó su estirpe indigente. Al menos durante un mísero minuto, no se odió. Se amó. Y eso fue suficiente. Ahora a seguir, seguir adelante, adiós, adiós nuevamente, me voy, me voy para siempre.
El viejo Alberto despertó de la ensoñación y de un mordisco abrió la caja. No hay más motivos para esto, pensó. Y con desesperada angustia se metió a la boca un largo trago de vino negro, que una vez más llegaba a apagar cualquier atisbo de amor en su persona.
*Texto de Absalón Opazo M., aparecido en la revista porteña "Cavila", durante 2007.
La noche era como todas. La ciudad, despreciable como siempre. Pero la soledad se hacía más tibia gracias a la caja, la bendita caja que esperaba por él para llevárselo lejos, donde nadie pudiera encontrarlo.
Dejó entonces fluir la sensación, esa cosquilla en el vientre que crecía y subía hasta los labios y la lengua para diluirse así, delicada, en sus ojos. En su corazón de hombre solo hace rato que no había espacio para esto. Pero qué carajos, es sólo un instante, un instante para sentir. Y lo hizo. Amó los litros en su pecho. Amó ese instante bajo la escalera, sus trapos y cartones, sus tarros, amó sus zapatos, sus heridas y las arrugas de su cuerpo. Y por primera vez en mucho tiempo, amó su estirpe indigente. Al menos durante un mísero minuto, no se odió. Se amó. Y eso fue suficiente. Ahora a seguir, seguir adelante, adiós, adiós nuevamente, me voy, me voy para siempre.
El viejo Alberto despertó de la ensoñación y de un mordisco abrió la caja. No hay más motivos para esto, pensó. Y con desesperada angustia se metió a la boca un largo trago de vino negro, que una vez más llegaba a apagar cualquier atisbo de amor en su persona.
*Texto de Absalón Opazo M., aparecido en la revista porteña "Cavila", durante 2007.
9 de diciembre de 2007
A los borrachos ciudadanos del puerto misterio*
Uds. abandonaron el futuro
Vuestro camino es el ayer en pendientes
Les hablo
Ya que soy el encargado de regar ... para siempre ...
Las plantaciones de gaviotas
Cuando Uds. duermen
Nosotros trabajamos y vice-verso
Las paredes están escritas con letras invisibles
La trasnocha para resucitar muertos
Ida es regreso
* Poema de Felipe Ugalde, aparecido en la "Antología de poemas nocturnos Valparaíso Bohemio" de José Miguel Camus y Rodrigo Gutiérrez.
Vuestro camino es el ayer en pendientes
Les hablo
Ya que soy el encargado de regar ... para siempre ...
Las plantaciones de gaviotas
Cuando Uds. duermen
Nosotros trabajamos y vice-verso
Las paredes están escritas con letras invisibles
La trasnocha para resucitar muertos
Ida es regreso
* Poema de Felipe Ugalde, aparecido en la "Antología de poemas nocturnos Valparaíso Bohemio" de José Miguel Camus y Rodrigo Gutiérrez.
4 de diciembre de 2007
Schibboleth*
- por eso puede hablar
de las palomas
Si tu boca habla y no este poema
si habla tu boca siempre desnuda
tal un coigüe inmenso en la hoja que cae
todo tu cuerpo está en tu boca.
Si entonces tú me hablas
yo escucho el mar detrás de tus palabras
y un silencio nos recuerda
como el mar se lleva una hoja seca
o tu boca, este poema.
*Poema de Claudio Gaete, del libro El Cementerio de los Disidentes.
de las palomas
Si tu boca habla y no este poema
si habla tu boca siempre desnuda
tal un coigüe inmenso en la hoja que cae
todo tu cuerpo está en tu boca.
Si entonces tú me hablas
yo escucho el mar detrás de tus palabras
y un silencio nos recuerda
como el mar se lleva una hoja seca
o tu boca, este poema.
*Poema de Claudio Gaete, del libro El Cementerio de los Disidentes.
30 de noviembre de 2007
Hora de almuerzo
Alguna vez el marserá la tumba de mis versos
alguna vez la noche
alguna vez tu sombra
alguna vez un cactus
en la carretera al norte
el país mineral
el país fluvial
el país vocabulario
los niños a pie pelado
me saludan desde los calendarios
quemados por la inconciencia
hay un montón de preguntas
y muy pocas respuestas
pocos diccionarios que valen
Hora de almuerzo
caen las verduras de su testículo vegetal
y desde qué páginas tú entiendes esto
abrirás la puerta cuando tarde en la noche
alguien te pida comida
abrirás sabiendo que es invierno
y llueve torrencialmente
Yo vi las caras de la noche
los niños empapados buscando un pan
le vi los ojos en la sopa caliente
que mi abuelo les servía
y después en el plato de comida
y en la fruta y en la leche
y esa sonrisa es lo más cerca que he estado de la poesía
Los niños se perdieron en el tiempo
en alguna calle perdida duermen sus pasos
y yo qué hago en estas páginas?
No cerrarán los mares nunca
su puerta de mil años
en su vientre está el latido
que necesitamos escuchar
de vez en cuando
Hora de almuerzo
paso / respiro
El sol como cada tarde cuelga de la pared
una flor se marchitó en el florero
y en el aire de la pieza dos moscas
se baten a duelo
en un bello ejercicio de física solar
y energía en movimiento
22 de noviembre de 2007
8 de noviembre de 2007
Un poeta
Enciendo un cigarrillo
respiro
miro la ciudad que se puede mirar
el mar que se puede conocer
el horizonte que te saluda con melancólica mirada
Cayeron las órbitas de ciertos astros
yo creo a partir de ese vacío
no pienso en despegar mi vista del sol que me espera
en la oscuridad la vida no tiene sentido
por mucha poesía que escriba el impostor hablante
respiro
miro la ciudad que se puede mirar
el mar que se puede conocer
el horizonte que te saluda con melancólica mirada
Cayeron las órbitas de ciertos astros
yo creo a partir de ese vacío
no pienso en despegar mi vista del sol que me espera
en la oscuridad la vida no tiene sentido
por mucha poesía que escriba el impostor hablante
30 de octubre de 2007
La poesía qué podemos decir de la poesía
Mejor enrollemos algo seco
nada en polvo
algo de ramas y
alguna botella achinada
Mejor tus ojos abiertos
botando las cenizas que antes
fumamos amables
mirando de reojo
el devenir mundial
en esa tele que da vueltas
y vueltas
Lentes oscuros para la mente
mientras soñamos con la estatua
de la diosa creadora del gemido
La vida se parece a un afiche
pegado con esa cola nocturna
de la independencia cultural
antes mucho antes
de patrimonios y concursitos
Hay quienes cayeron reventados
en los acantilados del olvido
hay otros que duermen en las cajas
de sus medicamentos (pastillas crónicas)
hay a veces olor a colonia de guagua en tu pieza
cuando la mañana se parece a tu vaso ciego
que me mira y no me reconoce
Quisiera tocar ese pétalo de cactácea
que se te sale del pecho
aunque nunca lo sabrás
No sé cuándo mirarás el reloj
y admirarás el tiempo caído
en mi amable conversa
Mejor pongamos la radio
en esa canción que tanto nos gusta
Esa canción de agosto
diciembre y abril
esa de guitarras ardientes
en un descontrol que se fuga
Ahora hay que seguir (poner la cabeza)
y no titubear ante una sombra
la ciudad está llena de sombras
tus manos están llenas de sombras
de machucones de aceites
y ya duerme el que dijo ‘la poesía está en decadencia’
mientras sus pies despiertan en medio de la playa
y se agitan en su presencia los monumentos naturales
que las olas pulen por los siglos de los siglos
También duerme el conductor del ferrocarril al sur
pero tus labios siguen fraguando combate
a medida que pasan las horas
‘Dónde estás prenda querida’
esa es la canción
que tanto nos gusta
Mientras
un esqueleto se estremece en el cementerio de Playa Ancha
(...)
nada en polvo
algo de ramas y
alguna botella achinada
Mejor tus ojos abiertos
botando las cenizas que antes
fumamos amables
mirando de reojo
el devenir mundial
en esa tele que da vueltas
y vueltas
Lentes oscuros para la mente
mientras soñamos con la estatua
de la diosa creadora del gemido
pegado con esa cola nocturna
de la independencia cultural
antes mucho antes
de patrimonios y concursitos
Hay quienes cayeron reventados
en los acantilados del olvido
hay otros que duermen en las cajas
de sus medicamentos (pastillas crónicas)
hay a veces olor a colonia de guagua en tu pieza
cuando la mañana se parece a tu vaso ciego
que me mira y no me reconoce
Quisiera tocar ese pétalo de cactácea
que se te sale del pecho
aunque nunca lo sabrás
No sé cuándo mirarás el reloj
y admirarás el tiempo caído
en mi amable conversa
Mejor pongamos la radio
en esa canción que tanto nos gusta
Esa canción de agosto
diciembre y abril
esa de guitarras ardientes
en un descontrol que se fuga
Ahora hay que seguir (poner la cabeza)
y no titubear ante una sombra
la ciudad está llena de sombras
tus manos están llenas de sombras
de machucones de aceites
y ya duerme el que dijo ‘la poesía está en decadencia’
mientras sus pies despiertan en medio de la playa
y se agitan en su presencia los monumentos naturales
que las olas pulen por los siglos de los siglos
También duerme el conductor del ferrocarril al sur
pero tus labios siguen fraguando combate
a medida que pasan las horas
‘Dónde estás prenda querida’
esa es la canción
que tanto nos gusta
Mientras
un esqueleto se estremece en el cementerio de Playa Ancha
(...)
28 de octubre de 2007
Pasatiempo*
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía
luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros
ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
*Texto de Mario Benedetti.
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía
luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros
ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
*Texto de Mario Benedetti.
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