9 de enero de 2017

Portahue

Yo los sentí venir,
estaba en la tierra,
fueron un rugido deforme
asesinando el sueño
de nuestros bebés,
despertándolos
a plena madrugada
con la tos mugrienta
de la historia oficial,
jineteada por uniformes
degenerados e infelices,
príncipes de la cobardía.

Yo los sentí venir.
Éramos semillas, cauces,
el manto rojo y limpio
que la cordillera extendía
por todos sus tambos,
ahí donde las piedras
susurran aún los pasos
de los primeros conquistadores.

A esos también los sentí venir.

Estaba en la tierra.

4 de enero de 2017

Frankfurt 68

Sigue haciendo, lo que estás haciendo sigue haciendo y repite el panorama de tu canción subliminal tarareada metro abajo, metro abajo como si fuera posible superar el letargo de las nuevas tecnologías trabándonos, rodeándonos de espejos virtuales donde nos vemos y reconocemos y lloramos cuando un paisaje se entierra para siempre, como actores de un drama simultáneo de pésames y sucedáneos.

Lo que quiero decir es simplemente un solo de bajo que armonice con tu oreja, enterrada hoy como ese pedazo de mundo que necesitamos germinar, gozar, rodear; arder siempre, bien dicho, arder siempre y permanentemente estallar y ser una tormenta que nos requiera en paciencia y granizo, con los pies rotos de tanto caminar, presentándonos a la puerta de la conciencia, esa puerta mediana, café y ancha que se abre al medio hacia una vieja sala fuertemente iluminada con la ausencia furtiva de los vegetales que las manos de ella, te acuerdas de ella, dejaron de regar una tarde mordida por el perro del tiempo.

Un suave toqueteo en la amanecida fue la señal, una mirada de reojo hacia la ventana de la memoria, sabiendo que todos alguna vez miraremos desde allá hacia acá; la quebrada recordaba días felices, en el aire todo era inmortal, hasta tú, que te quedaste mirándonos para siempre desde el marco de la foto, con la belleza de tu inocencia incrustada como un certero planeta en la mitad de la tribu, desacostumbrada a los días.

Una vieja micro volvió a pasar por fuera de la casa; hoy todo yace ensombrecido, la micro no se reconoció en la ventana y nosotros no llegamos a la hora; los pájaros picotearon todas las frutas del suelo y el humo de un incendio se quedó para siempre atravesado en la garganta, recordándonos el pesar del recuerdo y el imbécil chirrido de los neumáticos, inútiles como esta pena que no progresa y se queda sentada tercamente en el borde del momento, mirando al bosque.


A la memoria de Jaime Sebastián Moreno Morales

28 de diciembre de 2016

Mercado Cardonal



Foto de Carlos Gallegos

27 de diciembre de 2016

Paneo #2


Se me fue la vida -la preciosa vida-
vistiendo y desvistiendo una serpiente
un reptil de ojos marrones y labios azules
que terminó por tragarme
para luego vomitarme en el acto

Ahora soy un anciano deforme
viajo en tren pidiendo limosnas
pero la gente huye de mí

Me muero de hambre

5 de diciembre de 2016

No olvidar


Las lágrimas en el corazón
la libre estepa del olvido
la incansable gotera del patio
el reloj tan incansable como ella
en su merodeo por el misterio

No olvidar tejidos tristes
horas estancadas
en la arena que somos
frutas agridulces
como merienda

A veces tosíamos
a veces amábamos
olvidábamos
nacíamos

No olvidar su fotografía

Hay que seguir esperándola
de cierta forma



* Poema de "Nueva Residencia"

2 de diciembre de 2016

Algo de ruido



Caen del cielo
las alas de quienes ya
no las necesitan

23 de noviembre de 2016

Sotavento


Trato de escarbar la tierra
que me va quedando.
Las luces de la ciudad
prendieron barricadas
en todas las calles
de mi historia personal.
El estío y el ocaso
se revelan como titanes
y el pájaro ebrio de todos
los poemas cambia su plumaje
como el mundo de piel, despojándose
de nosotros e iniciando nuevos poemas
con el sedimento de todas las épocas.

Recorrí todo aquello
manchado con la grasa subliminal
que deja la conciencia
tras el sombrío pasar
de los acontecimientos.
La bestia humana
con todas sus llagas abiertas
al mismo tiempo
y el hijo dentro de una
jaula de leche.

Tomo nota
en la pared rupestre
que serán mis huesos
como quien golpea un viento
contra la ventana.

Con ese sonido de mundo.

18 de noviembre de 2016

17 de noviembre de 2016

Valparaíso Vintage (fragmento)


Composición
de elementos sobre
la página en blanco:
está la sangre, la sal,
la herida que cicatriza
al ritmo de la tierra,
cambiando la piel
como una serpiente
ancestral cargada
de símbolos:
está el aire,
que nos dibuja
como los remolinos
de las hojas, altos
e impredecibles,
musicales y fríos;
y está la luz, esa luz
que se enciende en tus ojos
cuando dices pueblo, escuela,
periferia, hijos;
un delirio estallando
como dos galaxias
fusionándose,
con gesto de océano
revolcándose en las rocas.

Alguna vez alguien
hablará de esta poesía
como quien examina
una época:
la post guerra de una guerra
que nunca terminó;
he ahí la primera traición
del lenguaje de la historia,
tan ajeno ante la sombra, enorme,
de la poesía.

Yo fui una guerra
en las palabras y en la calle:
la crecí bebiendo cada gota
de sangre que me caía
de los libros, recogiendo
cada pétalo arrebatado
a la primavera salada
de nuestros cerros;
mi época parte en la matanza
de una cultura ancestral
donde mis antepasados
bailan alrededor de la fogata
de la memoria, resistencia
histórica de la América casi
fantasma, casi bandida en su
insurgente espíritu de tierra,
tan selva, tan brava, tan voz.

Cada una de estas palabras
es una gota
que llegó a tierra
y germinó en tu ojo.

Y yo elegí la poesía porque en ella
está el rastro de mis huesos.

La nomenclatura es simple:
quieren incendiar nuestras aldeas
y no lo permitiremos. 

Quieren enterrar nuestros recuerdos
y no lo permitiremos.

Quieren bailar sobre nuestros huesos
y no lo permitiremos.

(*)




* Poema "Despedida", del libro "Valparaíso Vintage"