22 de marzo de 2017

Vi


El enorme pedazo
de hueso que dejó la historia

La perfecta sinfonía
eléctrica que dejó la música

El cicatrizado permanente
de la herida en los ojos

La matanza crónica
de la conciencia de clase

El subterfugio narco
de la comunidad organizada

La rabia nupcial
del que se hace escuchar

20 de marzo de 2017

9 de marzo de 2017

Lunala / fragmento

(...)

Dame la mano luna extraviada
Dime dónde fue enterrada
Con esa llave maestra que abre los candados de la tierra
Dime dónde su dedo cráter
Dónde la angostura cabello de su sombra nocturna
           
    Estamos en la era de los extravíos
Nadie encuentra su centro
Las lloviznas esporádicas en el corazón
Ya no saben comunicar el gesto
La gran ciudad esparce su incomunicación
En pequeños aparatos multicelulares
Y no se escucha el ruido de la luna
Cuando suspira resentida en el océano
    
      Las canciones pudieron ser mejores
pero el siglo se inicia con un gran bostezo cultural

Dónde la mano luna de los sentidos
En qué paisaje de oscuras dimensiones
Se hizo cueva sin ojos
Y pergamino tatuado en las piedras de los brujos
Dónde los antiguos ritos con chamanes luminosos
Entregando migajas de universo en manos inmensas
    hacia la madrugada de todas las épocas

Eso es todo

Algún día el viento no tendrá flautas para su voz
Algún día el viento no encontrará piedras sino vacío
Y la gran planta nuclear reina de todas las eras
Le sonreirá con una mueca deforme
En ese viento estaremos nosotros
Sin saber que fuimos solamente un gran rebaño de rumiantes
Un breve lapso en la alfombra temporal del universo
Un gramo de cosmos tan finito como un puñado de arena
Dónde la luna mano que hizo esa arena
Dónde el viento que meció mis sueños
A la sombra de un cactus inmortal
Mientras los peces nacían bajo la arena
En qué lengua tendremos que hablar
Para sentir de nuevo la absorción del agua
Bajando como savia por nuestras piernas
La gran masa de la tierra
Está llena de esqueletos de árboles
Está rebalsada de sangre época
La hora de los hombres silvestres
Aplastados por el hombre máquina
Armaduras también hay enterradas
Armaduras y pistolas y arcabuces y caballos
Pero la delgada línea mantiene su vértigo
Y callados en la historia nos quedamos
La gran masa de la tierra
Los hijos paridos de los volcanes
Con su majestad la nieve como partera
Y el suave viento del sur como silencio
Nosotros hijos bastardos sin padre ni madre
Tenemos llena de manos la tierra
La tenemos colmada de hueso músculo y alimento
Pocos parajes nos quedan bajo el pie
Sabemos cuánta sangre debe correr todavía
Sabemos que el día llegará y la noche oscura será el día
      de todos nosotros
La hembra solar será coronada
La lengua del sol lamerá nuestras pieles
La tierra será engullida por un monstruo de fuego
Amarillos sus ojos en furia galáctica
Los asteroides y sus espejos de hielo aniquilados
Igual que las frutas donde dormirán nuestras almas
Ese día llegará y esta poesía será el viento que quedará donde antes
      había una ciudad majestuosa llena de infartos y accidentes de tránsito
Dónde el cactus que me enterraba vivo en la tierra
Dónde la tierra madre que me daba cactus
La privatizaron los nietos de los nietos de los estancieros
La acorralaron a punta de culatazos y balas en la jeta
En la negra época de los soles escondidos
En la rosada fuente ilustre de la historia de América

(Buitres señalan el camino
Para comernos más adelante)

Ah humanidad de mil morbos por segundo
Ah vieja progenie que apagó los gestos
Ah eterna espera de algo mejor

La barbarie como ejercicio internacional
El crimen legalizado

La tierra no está muriendo
está siendo asesinada
Los hombres reinan sin contrapeso
Se comen a los animales que producen en serie
Aniquilan los bosques y se llevan el oxígeno
Saben que el mundo es demasiado grande para morirse
Saben que el planeta azul sangrará tarde o temprano
Y su desaparición será un breve lágrima que caerá
                     por las mejillas de la vía láctea
Ah por eso da todo lo mismo
Si la vida no tiene sentido
Así escribimos y así nos quedamos
En el rincón del festín
Con algo más que hambre
Y mucho frío en la espalda (...)




4 de marzo de 2017

Paneo #7


El viento, el viento
siempre refrescando
las heridas y las estrellas,
a cada momento haciendo
ondear la bandera en nuestro pelo,
el persistente solsticio de nuestra voz
resistiendo el olvido, los calendarios,
los decretos oficiales.

19 de febrero de 2017

Ni perdón ni olvido


Mientras falte uno solo
no tendremos noche ni día,
ni lluvia ni sol, naturaleza
o cordillera que merezca
nuestro amor de indios,
aquesta frágil melodía primigenia
colmada de árboles, refugio de
sombras y espíritus.

18 de febrero de 2017

Paneo #4


Cuidar la tierra,
como se cuida a un hijo
recién nacido o a una madre ya
muerta; con ese amor de prole
y huesos que -sabemos- son la
raíz de todos los árboles,
de todas las primaveras.

6 de febrero de 2017

Veranito


El brillo de los metales pesados
en la comisura de los labios.
La ola de arsénico
vaciándonos el alma
en silencio, con la
complicidad de las gaviotas,
eternas carroñeras
de nuestros huesos.
La devastación
aumenta en cada veranito.
Mientras jugamos
a la inmortalidad,
sentados en la arena.
Mirando el ocaso
con ingenua paz.

31 de enero de 2017

30 de enero de 2017

La tibia república



Yace en el grano más pequeño
de la última cosecha.

En la tenue seña
de la tierra germinando.

En el ínfimo alarido
del agua esparciéndose.

24 de enero de 2017

Virus


Primero la espalda que pesa,
después los huesos doliendo
en cada paso, en cada gesto,
y la máquina gastada del tiempo
que recuerda los primeros días,
de la mano de la madre, bellos
los dos, frente al puerto, libres,
jóvenes, azules como el cielo.

20 de enero de 2017

Nocturno #18


La mañana es el amarillo
que brotaría de tus ojos
si fueras una flor; en realidad
eres flor, ya flor en el jardín humano,
bella y fecunda como dos planetas
creciendo testiculares en el esqueleto
de un niño fusilado por militares;
de ahí el amarillo que sublima y no deprime,
de ahí la resistencia de lo añejo, del papel
que carga encima todos los poemas,
todos los alegatos y rencores,
el resentimiento como amanecer:
la poesía como trago amargo.

9 de enero de 2017

Portahue

Yo los sentí venir,
estaba en la tierra,
fueron un rugido deforme
asesinando el sueño
de nuestros bebés,
despertándolos
a plena madrugada
con la tos mugrienta
de la historia oficial,
jineteada por uniformes
degenerados e infelices,
príncipes de la cobardía.

Yo los sentí venir.
Éramos semillas, cauces,
el manto rojo y limpio
que la cordillera extendía
por todos sus tambos,
ahí donde las piedras
susurran aún los pasos
de los primeros conquistadores.

A esos también los sentí venir.

Estaba en la tierra.

4 de enero de 2017

Frankfurt 68

Sigue haciendo, lo que estás haciendo sigue haciendo y repite el panorama de tu canción subliminal tarareada metro abajo, metro abajo como si fuera posible superar el letargo de las nuevas tecnologías trabándonos, rodeándonos de espejos virtuales donde nos vemos y reconocemos y lloramos cuando un paisaje se entierra para siempre, como actores de un drama simultáneo de pésames y sucedáneos.

Lo que quiero decir es simplemente un solo de bajo que armonice con tu oreja, enterrada hoy como ese pedazo de mundo que necesitamos germinar, gozar, rodear; arder siempre, bien dicho, arder siempre y permanentemente estallar y ser una tormenta que nos requiera en paciencia y granizo, con los pies rotos de tanto caminar, presentándonos a la puerta de la conciencia, esa puerta mediana, café y ancha que se abre al medio hacia una vieja sala fuertemente iluminada con la ausencia furtiva de los vegetales que las manos de ella, te acuerdas de ella, dejaron de regar una tarde mordida por el perro del tiempo.

Un suave toqueteo en la amanecida fue la señal, una mirada de reojo hacia la ventana de la memoria, sabiendo que todos alguna vez miraremos desde allá hacia acá; la quebrada recordaba días felices, en el aire todo era inmortal, hasta tú, que te quedaste mirándonos para siempre desde el marco de la foto, con la belleza de tu inocencia incrustada como un certero planeta en la mitad de la tribu, desacostumbrada a los días.

Una vieja micro volvió a pasar por fuera de la casa; hoy todo yace ensombrecido, la micro no se reconoció en la ventana y nosotros no llegamos a la hora; los pájaros picotearon todas las frutas del suelo y el humo de un incendio se quedó para siempre atravesado en la garganta, recordándonos el pesar del recuerdo y el imbécil chirrido de los neumáticos, inútiles como esta pena que no progresa y se queda sentada tercamente en el borde del momento, mirando al bosque.


A la memoria de Jaime Sebastián Moreno Morales