5 de diciembre de 2016

No olvidar


Las lágrimas en el corazón
la libre estepa del olvido
la incansable gotera del patio
el reloj tan incansable como ella
en su merodeo por el misterio

No olvidar tejidos tristes
horas estancadas
en la arena que somos
frutas agridulces
como merienda

A veces tosíamos
a veces amábamos
olvidábamos
nacíamos

No olvidar su fotografía

Hay que seguir esperándola
de cierta forma



* Poema de "Nueva Residencia"

2 de diciembre de 2016

Algo de ruido



Caen del cielo
las alas de quienes ya
no las necesitan

23 de noviembre de 2016

Sotavento


Trato de escarbar la tierra
que me va quedando.
Las luces de la ciudad
prendieron barricadas
en todas las calles
de mi historia personal.
El estío y el ocaso
se revelan como titanes
y el pájaro ebrio de todos
los poemas cambia su plumaje
como el mundo de piel, despojándose
de nosotros e iniciando nuevos poemas
con el sedimento de todas las épocas.

Recorrí todo aquello
manchado con la grasa subliminal
que deja la conciencia
tras el sombrío pasar
de los acontecimientos.
La bestia humana
con todas sus llagas abiertas
al mismo tiempo
y el hijo dentro de una
jaula de leche.

Tomo nota
en la pared rupestre
que serán mis huesos
como quien golpea un viento
contra la ventana.

Con ese sonido de mundo.

18 de noviembre de 2016

17 de noviembre de 2016

Valparaíso Vintage (fragmento)


Composición
de elementos sobre
la página en blanco:
está la sangre, la sal,
la herida que cicatriza
al ritmo de la tierra,
cambiando la piel
como una serpiente
ancestral cargada
de símbolos:
está el aire,
que nos dibuja
como los remolinos
de las hojas, altos
e impredecibles,
musicales y fríos;
y está la luz, esa luz
que se enciende en tus ojos
cuando dices pueblo, escuela,
periferia, hijos;
un delirio estallando
como dos galaxias
fusionándose,
con gesto de océano
revolcándose en las rocas.

Alguna vez alguien
hablará de esta poesía
como quien examina
una época:
la post guerra de una guerra
que nunca terminó;
he ahí la primera traición
del lenguaje de la historia,
tan ajeno ante la sombra, enorme,
de la poesía.

Yo fui una guerra
en las palabras y en la calle:
la crecí bebiendo cada gota
de sangre que me caía
de los libros, recogiendo
cada pétalo arrebatado
a la primavera salada
de nuestros cerros;
mi época parte en la matanza
de una cultura ancestral
donde mis antepasados
bailan alrededor de la fogata
de la memoria, resistencia
histórica de la América casi
fantasma, casi bandida en su
insurgente espíritu de tierra,
tan selva, tan brava, tan voz.

Cada una de estas palabras
es una gota
que llegó a tierra
y germinó en tu ojo.

Y yo elegí la poesía porque en ella
está el rastro de mis huesos.

La nomenclatura es simple:
quieren incendiar nuestras aldeas
y no lo permitiremos. 

Quieren enterrar nuestros recuerdos
y no lo permitiremos.

Quieren bailar sobre nuestros huesos
y no lo permitiremos.

(*)




* Poema "Despedida", del libro "Valparaíso Vintage"

2 de noviembre de 2016

Cerro Monjas


Olvidaré todo lo que aprendí.
Esperaré la máscara final
mirando al sol,
señalando sus sombras
como la música de mi vida.
La oscuridad anunciándose,
el sueño eterno del árbol
emergiendo en la espuma
de los libros.

Piedras, minerales, espuma.
Tus manos pálidas, ausentes.
El amor ya no brilla en tus ojos.
Se lo llevaron todos tus amantes,
lo enterraron al irse de casa,
en alguna ladera inaccesible
de tu corazón.


Volveré a la tierra,
pero dejaré mis huellas
luminosas
en las pieles
de la aldea.

Y en mil amaneceres más
estaremos donde mismo:
sentados, solos, en la roca fósil
del tiempo, lamiéndonos las 
heridas que la humanidad nos dejó 
como castigo por ser humanos.

(Una luz que agrupe sombras
un libro que aún no se escriba
un niño anciano que vuelva a sonreír.
Buenas intenciones, catástrofe
del nuevo siglo: es el tiempo
de las bestias, del colmillo
y la no-poesía).

(Un sueño:
nuestros vasos
eran calaveras).

(La sombra
y su bostezo
como la caricia de un sol negro
sublimando las pieles que subyacen 
bajo nuestros pellejos)

(Pieles del tiempo: transparentes)

(La deriva de una memoria,
una fogata de huesos
y mil estrellas reagrupándose)

(La expansión del cosmos
en nuestras cabezas,
moldes del multiverso)

(Nos duele el mundo
que no supimos vivir)

31 de octubre de 2016

26 de octubre de 2016

Cabildo


Van y vienen mis huesos:
la antigua provincia
establece algo de su muerte
en mis ropas.
Miro a los pájaros volar:
en su gesto de fuga
encuentro la sustancia
de mis poemas pasados.
Llevo una tristeza
colgando de las palabras.
Busco el fuego
que perdí enamorándome:
amando lo superfluo
expandido como verdad.
Una máscara:
una falsa sonrisa
es el mundo en mi vida.
Voces que me buscaron
como quien busca comida.

(El polvo del mundo
me ensucia la piel:
las manchas, el color,
entregan a mi rostro
un perfil de agotamiento,
una sensación de derrota).

Muero cada día
en cada palabra escrita.
Escribo esta poesía
como un gran epitafio
de mi existencia.
La selva muriendo conmigo
(muriendo).

Mi poesía es el ave
que escapa de esa muerte,
de ese incendio forestal
en el alma.

Una sola cáscara
es mi diáspora emocional.
Me reparto en pedazos
en cada momento
en cada sentimiento.
Así las cosas todas
llevan un poco de mí
y así me marchito lentamente.

Espero algo
que jamás llegará.

Una ventana se abre
al fondo de mi alma.
Veo al mundo muerto
al otro lado.
Respiro paz,
una sombra amigable
es el pozo oscuro
del universo.

La poesía no me sirvió
para entender la vida.
Me sirvió
para entender la muerte.
Para amarla, como a una
madre bella.