28 de diciembre de 2016

Mercado Cardonal



Foto de Carlos Gallegos

27 de diciembre de 2016

Paneo #2


Se me fue la vida -la preciosa vida-
vistiendo y desvistiendo una serpiente
un reptil de ojos marrones y labios azules
que terminó por tragarme
para luego vomitarme en el acto

Ahora soy un anciano deforme
viajo en tren pidiendo limosnas
pero la gente huye de mí

Me muero de hambre

5 de diciembre de 2016

No olvidar


Las lágrimas en el corazón
la libre estepa del olvido
la incansable gotera del patio
el reloj tan incansable como ella
en su merodeo por el misterio

No olvidar tejidos tristes
horas estancadas
en la arena que somos
frutas agridulces
como merienda

A veces tosíamos
a veces amábamos
olvidábamos
nacíamos

No olvidar su fotografía

Hay que seguir esperándola
de cierta forma



* Poema de "Nueva Residencia"

2 de diciembre de 2016

Algo de ruido



Caen del cielo
las alas de quienes ya
no las necesitan

23 de noviembre de 2016

Sotavento


Trato de escarbar la tierra
que me va quedando.
Las luces de la ciudad
prendieron barricadas
en todas las calles
de mi historia personal.
El estío y el ocaso
se revelan como titanes
y el pájaro ebrio de todos
los poemas cambia su plumaje
como el mundo de piel, despojándose
de nosotros e iniciando nuevos poemas
con el sedimento de todas las épocas.

Recorrí todo aquello
manchado con la grasa subliminal
que deja la conciencia
tras el sombrío pasar
de los acontecimientos.
La bestia humana
con todas sus llagas abiertas
al mismo tiempo
y el hijo dentro de una
jaula de leche.

Tomo nota
en la pared rupestre
que serán mis huesos
como quien golpea un viento
contra la ventana.

Con ese sonido de mundo.

18 de noviembre de 2016

17 de noviembre de 2016

Valparaíso Vintage (fragmento)


Composición
de elementos sobre
la página en blanco:
está la sangre, la sal,
la herida que cicatriza
al ritmo de la tierra,
cambiando la piel
como una serpiente
ancestral cargada
de símbolos:
está el aire,
que nos dibuja
como los remolinos
de las hojas, altos
e impredecibles,
musicales y fríos;
y está la luz, esa luz
que se enciende en tus ojos
cuando dices pueblo, escuela,
periferia, hijos;
un delirio estallando
como dos galaxias
fusionándose,
con gesto de océano
revolcándose en las rocas.

Alguna vez alguien
hablará de esta poesía
como quien examina
una época:
la post guerra de una guerra
que nunca terminó;
he ahí la primera traición
del lenguaje de la historia,
tan ajeno ante la sombra, enorme,
de la poesía.

Yo fui una guerra
en las palabras y en la calle:
la crecí bebiendo cada gota
de sangre que me caía
de los libros, recogiendo
cada pétalo arrebatado
a la primavera salada
de nuestros cerros;
mi época parte en la matanza
de una cultura ancestral
donde mis antepasados
bailan alrededor de la fogata
de la memoria, resistencia
histórica de la América casi
fantasma, casi bandida en su
insurgente espíritu de tierra,
tan selva, tan brava, tan voz.

Cada una de estas palabras
es una gota
que llegó a tierra
y germinó en tu ojo.

Y yo elegí la poesía porque en ella
está el rastro de mis huesos.

La nomenclatura es simple:
quieren incendiar nuestras aldeas
y no lo permitiremos. 

Quieren enterrar nuestros recuerdos
y no lo permitiremos.

Quieren bailar sobre nuestros huesos
y no lo permitiremos.

(*)




* Poema "Despedida", del libro "Valparaíso Vintage"

2 de noviembre de 2016

Cerro Monjas


Olvidaré todo lo que aprendí.
Esperaré la máscara final
mirando al sol,
señalando sus sombras
como la música de mi vida.
La oscuridad anunciándose,
el sueño eterno del árbol
emergiendo en la espuma
de los libros.

Piedras, minerales, espuma.
Tus manos pálidas, ausentes.
El amor ya no brilla en tus ojos.
Se lo llevaron todos tus amantes,
lo enterraron al irse de casa,
en alguna ladera inaccesible
de tu corazón.


Volveré a la tierra,
pero dejaré mis huellas
luminosas
en las pieles
de la aldea.

Y en mil amaneceres más
estaremos donde mismo:
sentados, solos, en la roca fósil
del tiempo, lamiéndonos las 
heridas que la humanidad nos dejó 
como castigo por ser humanos.

(Una luz que agrupe sombras
un libro que aún no se escriba
un niño anciano que vuelva a sonreír.
Buenas intenciones, catástrofe
del nuevo siglo: es el tiempo
de las bestias, del colmillo
y la no-poesía).

(Un sueño:
nuestros vasos
eran calaveras).

(La sombra
y su bostezo
como la caricia de un sol negro
sublimando las pieles que subyacen 
bajo nuestros pellejos)

(Pieles del tiempo: transparentes)

(La deriva de una memoria,
una fogata de huesos
y mil estrellas reagrupándose)

(La expansión del cosmos
en nuestras cabezas,
moldes del multiverso)

(Nos duele el mundo
que no supimos vivir)

31 de octubre de 2016

26 de octubre de 2016

Cabildo


Van y vienen mis huesos:
la antigua provincia
establece algo de su muerte
en mis ropas.
Miro a los pájaros volar:
en su gesto de fuga
encuentro la sustancia
de mis poemas pasados.
Llevo una tristeza
colgando de las palabras.
Busco el fuego
que perdí enamorándome:
amando lo superfluo
expandido como verdad.
Una máscara:
una falsa sonrisa
es el mundo en mi vida.
Voces que me buscaron
como quien busca comida.

(El polvo del mundo
me ensucia la piel:
las manchas, el color,
entregan a mi rostro
un perfil de agotamiento,
una sensación de derrota).

Muero cada día
en cada palabra escrita.
Escribo esta poesía
como un gran epitafio
de mi existencia.
La selva muriendo conmigo
(muriendo).

Mi poesía es el ave
que escapa de esa muerte,
de ese incendio forestal
en el alma.

Una sola cáscara
es mi diáspora emocional.
Me reparto en pedazos
en cada momento
en cada sentimiento.
Así las cosas todas
llevan un poco de mí
y así me marchito lentamente.

Espero algo
que jamás llegará.

Una ventana se abre
al fondo de mi alma.
Veo al mundo muerto
al otro lado.
Respiro paz,
una sombra amigable
es el pozo oscuro
del universo.

La poesía no me sirvió
para entender la vida.
Me sirvió
para entender la muerte.
Para amarla, como a una
madre bella.

18 de octubre de 2016

Un poema de amor


Salen de mi boca humos negros
las víboras acechan mi carne
como escualos que no dan tregua
me cuesta tanta sangre la poesía
que prefiero descuerar flores
de una mirada directo a su corazón
una cicatriz sola como la marca antigua
de mi periferia desnuda y amígdala

el humo negro es la versión jamás definitiva de mi ocaso
estoy en el territorio ancestral que me tocó
ahí donde habitan los espíritus de mis sueños
y se posan suavemente las melodías infinitas
que aprendí amándolos
a todos ustedes

12 de octubre de 2016

Cerro Florida


Bajo el cerro.
Toda la tarde, su color,
sus pájaros, la basura
que escurre hacia nuestra boca,
toda la inmensa latitud del océano,
listo para tragarnos, todo,
todo, todo me recuerda
la familia que fuimos,
el humo del fuego y la voz
de los antepasados,
la televisión siempre encendida,
los pájaros picoteando las frutas
en el patio de arriba, con la sombra
de un suicida colgando de un árbol,
así como el perfil de mi ojo
en tu dibujo; todo, todo, todo igual
a esta tarde, con el alma a media luz,
río al mar, penumbra de tiempo ido.

5 de octubre de 2016

Álbum Familiar


Le cambió la cara, le salieron arrugas
y unas ojeras como cataratas incas;
se leía en sus ojos el mapudungun de ayer
y en los gestos que entregaba se distinguió claramente
la señal del agua. Pero le cambió la cara,
el pelo ya desaparecía, las orejas colgaban tristes;
las manos transpiraban ocaso, y sus labios deslizaban
un tierno lenguaje de partida.

El bastón en un rincón, la cadera quebrada,
la montaña bajo sus pies balanceando piedras;
todas las noches un cargamento negro
se depositaba en sus sueños.

Se requerían sus manos
para la próxima primavera.

30 de septiembre de 2016

Los resentimientos intelectuales de Pinochet contra el general Carlos Prats

Carlos Prats sabía que andaban detrás de él. El arma que cargaba consigo cada vez que salía a la calle reafirma esa certeza. También sabía que andaban tras sus memorias. De ahí el apuro por escribirlas y la precaución de guardarlas en la caja fuerte de su departamento en Buenos Aires. Había recibido amenazas telefónicas y mensajes de advertencia. El más claro se lo hizo llegar el ex senador Carlos Altamirano por intermedio de un abogado chileno exiliado en Argentina: los servicios de seguridad de la República Democrática alemana habían sido advertidos de un plan para matar al general chileno.

Prats se dio por enterado en agosto de 1974, un mes antes del atentado, pero no hizo nada más que lo que estaba haciendo hace meses: cuidarse y esperar los pasaportes chilenos que la embajada de su país demoraba en entregarle. Tenía una oferta de trabajo en una universidad española y la posibilidad de viajar con documentos argentinos. Tenía todo para escapar de su destino pero ahí seguía, testarudo, orgulloso. Saldría con pasaportes de su país o no saldría. Era un asunto de dignidad, decía, confiando en la seguridad que le brindaban los servicios de inteligencia argentinos.

La seguridad, sin embargo, no fue la misma desde el 1 de julio. Ese día Juan Domingo Perón murió y las cosas ya no fueron como antes en Argentina.

La amenaza también era un secreto a voces en los círculos de poder al otro lado de la cordillera. Federico Willoughby, el secretario de prensa de la Junta de Gobierno, declaró a la justicia argentina que en los días previos al atentado se le acercó el coronel Pedro Ewing para manifestarle que se había generado «un ambiente muy peligroso para Prats». Es más, en esa misma declaración dijo que «por alguna razón (…) se fue generando irritación en Pinochet, en razón de que Prats tuviera gravitación en el extranjero y porque este reprobaba al régimen militar».

Ewing había sido alumno de Prats en la Academia de Guerra y, como muchos de sus alumnos y subalternos, le tenía cariño y respeto, no obstante que fuera crítico de su actuación en el gobierno de la Unidad Popular. Ewing y otros oficiales de su generación que trataron a Prats estaban enfrentados a un dilema. Más Ewing que otros: le debía lealtad a la Junta de Gobierno, de la que era ministro, pero no compartía que sus compañeros de armas quisieran tomar venganza contra Prats, un general que siempre se mostró leal y correcto con los suyos.

Ewing estaba en un problema que no supo cómo resolver. Después de asistir a una reunión en el penúltimo piso del edificio Diego Portales fue en busca del secretario de prensa para manifestarle su preocupación y decirle que algo había que hacer. Prats era objeto de seguimientos y, según Willoughby, el coronel le dijo que «temía sinceramente que pudiera ocurrirle algo malo».
Algo malo. Eso fue lo que se planeaba en Santiago, a la vista y oídos de todos.

***

Los que presenciaron la escena se quedaron paralizados. No era primera vez que veían algo así: en privado, entre camaradas y colaboradores de terno y corbata, el general solía dar rienda suelta a sus arrebatos de ira. Quienes lo trataban de cerca en esos días comenzaban a acostumbrarse a ese genio. Sin embargo, ese día fue distinto. Más intenso y explosivo que nunca. Todo por un artículo de prensa que alguien dejó sobre su escritorio.

La prensa extranjera solía enojarlo, sobre todo cuando se refería a los horrores de su régimen. Por ese motivo sus colaboradores le ocultaban algunas publicaciones. Pero esta vez alguien juzgó conveniente que el artículo de una publicación argentina, firmado con el seudónimo de Lautaro, llegara a manos del general.

Federico Willoughby, el asesor de prensa, recuerda cómo el rostro del general se iba descomponiendo a medida que leía. Y no avanzó demasiado. Bastaron un par de párrafos para que el general lanzara un grito destemplado y tirara por los aires la publicación.

Pinochet había maldecido a Carlos Prats, el verdadero autor tras el seudónimo Lautaro.

La publicación, que algún subalterno se apresuró a recoger sin atreverse a devolverlo al escritorio, trataba las implicancias geopolíticas del la crisis árabe-israelí. Un tema en apariencia inofensivo. Pero el punto no era ese, sino el autor y la materia: Carlos Prats había escrito sobre geopolítica, una materia en la que Pinochet se suponía experto.

Ese pudo ser el momento en que la suerte de Carlos Prats quedó sellada. Ese o cuando Pinochet leyó la carta que le envió Prats el 5 de junio donde se quejaba de una maquinación concertada en su contra. Días atrás, el agregado militar de Chile en Colombia había dado una entrevista de prensa en la que ironizaba sobre el buen pasar económico que supuestamente llevaba el ex comandante en jefe del Ejército chileno en su exilio en Buenos Aires.

Escribió Prats:
Quisiera manifestarle que no me parece que haya sido formulada espontáneamente por él; porque es inconcebible -en la práctica de las virtudes militares- que un coronel en servicio activo ataque públicamente a un ex comandante en jefe.

Además aprovechó de dar cuenta detallada de su precaria situación económica y no pasó por alto otros ataques verbales de los que había sido víctima desde su salida del país. La de Prats era una carta enérgica y resuelta que terminaba así:

Desde que dejé las filas (del Ejército) no me he entrometido en el quehacer de mi sucesor.

Esta última frase tocó una fibra sensible que Pinochet juzgó ponzoñosa, pues veía en ella una amenaza y un desafío a su autoridad. Su respuesta fue una carta redactada en un estilo seco y notarial, que marcó un punto de no retorno. Está fechada el 24 de junio, el mismo día en que Pinochet fue designado Jefe Supremo de la Nación:

Escribió Pinochet:
Con respecto a su afirmación de que no se ha entrometido en el quehacer de su sucesor, estimo que no es procedente tal declaración puesto que el suscrito, en su calidad de presidente de la Junta de Gobierno y comandante en jefe del Ejército, no se lo aceptaría ni al señor general ni a nadie.

Esa fue la última comunicación entre ambos. A partir de entonces no hubo más que decir. Era el turno de la acción.

***

El operativo que se ideó desde Santiago para acabar con la vida de Carlos Prats tuvo motivaciones políticas. Pero tuvo también un componente pasional. Pinochet recelaba de los contactos y aptitudes de su antecesor no necesariamente porque pusieran en riesgo su posición de poder, sino porque acusaban sus propias limitaciones intelectuales. Es muy probable que el recelo anteceda por mucho a la toma del poder y que se incubara por años, por toda una vida, hasta derivar, como en el caso del emperador Tiberio, en un resentimiento incurable.

Eso último no es un pecado sino una pasión, previno Gregorio Marañón en su ensayo sobre Tiberio. Pero esa pasión de ánimo -agregó- puede conducir al pecado y, a veces, a la locura o al crimen.
Marañón sostiene que en la génesis del resentimiento es condición esencial «la falta de comprensión, que crea en el futuro resentido una desarmonía entre su real capacidad para triunfar y la que se le supone». Y es precisamente esa incomprensión de sus capacidades la que impulsó a Pinochet a escribir textos militares y procurar abrirse camino en la docencia. En ese afán había un ánimo de reconocimiento que le fue esquivo.

Desde sus años de cadete militar, cuando debía esforzarse el doble que sus compañeros para conseguir logros que no superaban la medianía, Pinochet resintió una adversidad que muy probablemente juzgaba injusta. A diferencia de Prats, que tuvo una carrera brillante, la de Pinochet estuvo marcada por claroscuros.

Prats egresó de cadete como primera antigüedad y más tarde, en la Academia de Guerra, volvió a ser el alumno más destacado de su generación. Pinochet, en cambio, fue un estudiante del montón: nunca entre los primeros pero tampoco entre los últimos.

Así las cosas, no fue casual que Prats alcanzara la Comandancia en Jefe del Ejército; lo casual fue que un alumno de calificaciones regulares como Pinochet llegara a un puesto que tradicionalmente era y es ocupado por los mejores oficiales de cada generación.

Más que encono, Pinochet debería haber sentido gratitud hacia Prats: fue él quien lo promovió a comandante en jefe, creyéndolo capaz y, sobre todo, leal. Si algo de eso hubo, no duró más que diecisiete días. Roto el juramento de obediencia al presidente Allende, la gratitud derivó en encono. No porque Prats haya tenido responsabilidad alguna en las dificultades que Pinochet sorteó en su carrera, sino porque las ponía en evidencia.

En su biografía sobre Pinochet, Gonzalo Vial dice que el general que se hizo del poder en 1973 era consciente del menosprecio intelectual que Allende y otros políticos de la Unidad Popular sentían por él. Eso no significaba que no lo tuvieran por un hombre de fiar, muy por el contrario. Nada más confiable que un militar al que consideraban únicamente «preocupado de los juegos de guerra».
No había cómo pensar otra cosa. En confianza, en reuniones sociales o de trabajo, Pinochet solía hablar de gestas bélicas y anécdotas de cuartel. Esos eran sus temas. Pinochet representaba mejor que ningún otro oficial de ejército «esa concupiscencia y frivolidad, esas limitaciones intelectuales y culturales» de las que habló Prats en su carta de 1974 a la viuda de José Tohá.

En ese y otros sentidos, Prats era una excepción en el ejército chileno. Podía hablar de igual a igual con Allende y otros dirigentes de la Unidad Popular. Podía conversar de gestas bélicas y anécdotas de cuartel pero también de literatura, arte y política. Sus conocimientos eran amplios y ponían al descubierto las deficiencias de Pinochet. No solo ante dirigentes políticos, sino que también ante sus propios compañeros de armas.

Uno de ellos, el general Fernando Lyon, se sorprendió cuando Pinochet le confesó que el general René Schneider lo consideraba «un general de poco vuelo intelectual». Transcurrían los primeros días tras el golpe de Estado y, a decir de testigos, « esa confesión estuvo cargada de cierto resentimiento».

La opinión de Schneider no era muy distinta a la que expresó Prats en la carta a la viuda de José Tohá. Después de señalar la «limitaciones intelectuales y culturales» de los militares golpistas, se detuvo a diseccionar al jefe de ellos:

En su personalidad -como en el caso Duvalier- se conjugan admirablemente una gran pequeñez mental con una gran dosis de perversidad espiritual, como lo ha estado demostrando con sus inauditas declaraciones recientes.

En su ensayo sobre Tiberio, Gregorio Marañón dijo que el resentido es de naturaleza tímida y apocada. Incuba la enfermedad en silencio, secretamente, hasta que encuentra una posición de privilegio y tiene la oportunidad de cobrar venganza. Entonces hay que cuidarse. Hecho del poder absoluto, escribió Marañón, el resentido es capaz de todo.

***

La bomba instalada en el chasis del automóvil Fiat 125, y activada mediante control remoto la madrugada del 30 de septiembre de 1974 por dos agentes civiles de la Dina, provocó un efecto devastador. El informe que la policía argentina levantó en el lugar de los hechos dio cuenta de «restos calcinados de carne humana» esparcidos en un radio de cincuenta metros.

A Sofía Cuthbert, que ocupaba el asiento del copiloto, «le faltaban ambas piernas y el brazo izquierdo», además de presentar «quemaduras de primer grado y carbonización de cráneo, cara, muslo superior derecho, tórax y abdomen». En tanto Carlos Prats, que había bajado a abrir la cochera del estacionamiento de su casa al momento de producirse la explosión, tenía «quemaduras de cabellos, cejas, pestañas y bigotes, destrucción traumática de brazo, antebrazo, mano derecha y del miembro izquierdo».

59 y 57 años, respectivamente. Carlos Prats y Sofía Cuthbert tenían tres hijas y cinco nietos.

***

Al año siguiente, las hijas de Prats fueron recibidas en audiencia por el general Pinochet y se quejaron del desinterés del gobierno chileno por el proceso judicial que se seguía en Argentina. También por el trato del Ejército en los funerales de sus padres, sin honores militares ni saludos de pésame.

Sobre este último punto, el general Pinochet se mostró extrañado, ofendido incluso. Dijo que no correspondía hacer más de que se hizo, y para demostrarlo fue en busca de un reglamento que guardaba en uno de los estantes de su oficina de la Comandancia en Jefe. Con la normativa entre las manos, buscó un párrafo que parecía conocer de memoria y lo leyó en voz alta: ahí estaban las razones por las cuales, supuestamente, debido a las circunstancias de su muerte en el extranjero, víctima de un enemigo desconocido, al general Prats no le correspondían honores militares en su funeral.

La audiencia no duró más de unos veinte minutos. Pinochet cerró el reglamento, ensayó una sonrisa piadosa y dio por terminada la reunión.

***

La muerte del general Prats y su esposa, la muerte y sus circunstancias, impactaron a los oficiales que lo habían tratado de cerca, que no eran pocos. Varios habían estado de visita en su casa, especialmente sus compañeros del cuerpo de artillería y sus alumnos de la Academia de Guerra. Pocos jefes militares habían sido tan queridos y respetados como Prats. Aunque exigía disciplina y obediencia, era cercano, cálido y justo con sus subordinados.

El golpe, de cualquier modo, fue sordo: nadie se atrevió a lamentarse en voz alta, menos a preguntar o pedir una explicación. Todos sabían que para Pinochet y su grupo de incondicionales, Prats había traicionado al Ejército, y la traición se pagaba con la vida.

Así y todo, eran muchos lo que no creían, y aún hoy se niegan a creer, que Pinochet y su régimen estén relacionados con el crimen. Otros derechamente hicieron la vista gorda y, pese a las evidencias, se mantuvieron leales al hombre que dijo que en su país no se movía una hoja sin que él lo supiera.

Julio Canessa Robert fue uno de esos tantos leales. Dirigió el Comité Asesor de la Junta de Gobierno, que en rigor asesoraba únicamente a su jefe en materias políticas y administrativas, y llegó a ser vicecomandante en jefe del Ejército y senador designado. Así y todo guarda un gran afecto por Carlos Prats, quien fuera profesor suyo en la Academia de Guerra.

Desde su casa en la comuna de La Reina, donde pasa sus días de retiro, Canessa dice que como profesor Pinochet era bueno, pero Prats era sobresaliente. Sus clases de estrategia eran especialmente recordadas. Como todo profesor en esta materia, Prats solía proponer un escenario real de conflicto para que los alumnos desarrollaran un plan de guerra. Pero, a diferencia de otros, a él le gustaba debatir hondamente sobre las diferentes posibilidades de una campaña. Canessa recuerda que en sus clases Prats citaba las campañas de Napoleón y también las de Hitler y Baquedano. El arte de la guerra lo fascinaba, y cuando se enfrentaba a un problema complejo, uno para el que no tenía respuesta inmediata, fruncía el ceño y jugaba con su lengua al interior de sus mejillas. Acompañaba ese gesto, ceremonioso y coqueto, fumando un cigarrillo.

Canessa asegura que la muerte de su profesor le duele hasta estos días. Le duele y no cree que el gobierno del que formó parte, ni menos quien lo encabezó, hayan tenido algo que ver con ese crimen. De hecho, a los pocos días de  ocurrido, dice que salió de la duda. A puertas cerradas se plantó ante Pinochet y preguntó:

-Mi general, ¿fuimos nosotros?
-Cómo se le ocurre, Julito -respondió el general-. Nosotros no tenemos nada que ver con eso.



Extracto de “La secreta vida literaria de Augusto Pinochet”, Juan Cristóbal Peña.-

21 de septiembre de 2016

Orlando Letelier y los Chicago Boys

"La concentración de la riqueza no es una excepción, sino la regla; no es el resultado marginal de una situación difícil -como les gustaría que el mundo creyera- sino la base de un proyecto social; no es un sacrificio económico sino un éxito político temporal. Su real fracaso no es su evidente incapacidad para redistribuir la riqueza o para generar un camino más parejo de desarrollo (no son éstas sus prioridades), sino su incapacidad para convencer a la mayoría de los chilenos que sus políticas son razonables y necesarias.

En resumen, ellos han fracasado en destruir la conciencia del pueblo de Chile. El plan económico ha tenido que ser impuesto, y en el contexto chileno ello podía hacerse sólo mediante el asesinato de miles de personas, el establecimiento de campos de concentración a través de todo el país, el encarcelamiento de más de 100.000 personas en tres años, el cierre de los sindicatos y organizaciones vecinales y la prohibición de todas las actividades políticas y de todas las formas de expresión.

Mientras los “Chicago boys” han proveído una apariencia de respetabilidad técnica a los sueños de “laissez-faire” y a la avidez política de la vieja oligarquía agraria y alta burguesía de monopolistas y especuladores financieros, los militares han aplicado la fuerza bruta requerida para alcanzar esos objetivos. Represión para las mayorías y “libertad económica” para pequeños grupos privilegiados son en Chile dos caras de la misma moneda".

Orlando Letelier
1976

20 de septiembre de 2016

Cordón Cerrillos


El último cigarrillo que me fumé
lo recogí del suelo.

Después la policía
acribilló mi pecho
ajustando cuentas
con mi conciencia.

El barrio cerró sus párpados
al mismo tiempo
que yo cerraba los míos.

Y la tierra lloró
cuando al otro día el rocío
pobló las calles con melancólica
humedad (nadie lo supo).

5 de septiembre de 2016

Supermercado Vietnamita, epílogo (fragmentos)

(...)

Sigo recogiendo
los restos de mi poesía
tratando de rearmar
su esqueleto amarillo
limpiando sus huesos
con la paciencia de la lluvia
secando el barro de sus ojos
con una sola mirada directo al sol
apuntando fijo
a su órbita de fuego

(...)

Sigo buscando tus manos
en alguna esquina de Corrientes
en alguna estación entre Moreno
y Liniers

Ahí donde caímos juntos
y nos levantamos
con sangre en la boca
limpiándonos como perros
creyendo que la lluvia calmaría
el dolor de las heridas

Sigo buscando esa herida
entre Rivadavia y General Paz
donde los pájaros sentimentales mueren
mirando el amanecer

(...)

18 de agosto de 2016

Entrañas


El agrietado corazón
sigue apuntando hacia la tierra

arriba
las afiebradas postales del cielo
-ausente de pájaros-
recuerdan los salmos
que de nada nos sirvieron

12 de agosto de 2016

Humus


La tierra
me sale por la boca:
cada palabra es una roca
cada poema una montaña
y cada libro un pueblo

Mi muerte
algo imposible

9 de agosto de 2016

Pensando en Teillier


Universo agrícola y poemario
peones volviendo del húmedo octubre
siete de la tarde    después de un temporal
sin viento
sólo lluvia
mucha lluvia
el agua reina esparcida en los techos
en las norias y las acequias

Algunas ramas duermen en el suelo

Las aves ya no tienen miedo

Un desconocido podría silbar en el bosque

Y no duerme su estatura no estatua
no estática no biblia
y con el beso inicial de la luna
que llega corriendo a los brazos del poeta
queda dando vueltas el estado salvaje
del campo chileno
ese de silencios y parras crecidas
entre las iglesias del hombre

Qué saben las iglesias del hombre

Qué saben los hombres
de caminos

Qué saben los caminos
de guitarras

(Estación fría
la cara se enciende
con un cigarrillo)

Se puede ver su sombra
todavía por ahí la sombra
la sombra la sombra
bebiendo tranquilamente
como si nada hubiera pasado

O es la mañana su sonrisa

Qué sabemos nosotros de sonrisas

2 de agosto de 2016

Cementerio Playa Ancha


La prosperidad del capital
es en realidad la sangre
morada de mi abuelo

Los rieles el comercio y el
anillo son en realidad la
espalda torcida de mi padre

Las voces antiguas
soplan el viento

así nace la historia
condensada y fría

20 de julio de 2016

Nocturno # 47


Elegí la poesía porque en ella
está el rastro de mis huesos


///

15 de julio de 2016

Enseñanza


Cada una de estas palabras
es una gota
que llegó a tierra
y germinó en tu ojo

///

13 de julio de 2016

Declaración # 7


Mis puños son para trabajar
no para golpear a otro
en la cabeza

Mis dedos amarran libros
y palabras

Mi corazón
semeja una estupenda fábrica
bajo control obrero

No busques en mí
el lenguaje del carcelero

Encuéntrame
en el amor por los libros

En el salado aroma
de su resistencia

20 de junio de 2016

Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles

Por Aldo Pellegrini
Publicado en Poesía = Poesía Nº 9 Agosto de 1961, Buenos Aires

La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.

Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.

Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del Estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.

Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. En ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada "poesía oficial", poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.

La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.

Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma.

La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tiene el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad.

La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.

9 de junio de 2016

Nocturno #36


El frío rebota en las ventanas
mientras el silencio
recorta nuestras sombras
con la sórdida belleza
del olvido

25 de mayo de 2016

Arcilla


Una casa subyace
en el jardín que mi hija
levanta con sus manos
en la lejanía del cerro.
Un ojo de vidrio
es el planeta
que en ella habita.
Un brillo creciente
en el ocaso del mundo.

9 de mayo de 2016

Estado del arte (fragmento)


Suceden lunas en otras estatuas.
Calcio, sombras que nadie verá,
un viento que suena pero no,
no hay nadie para oírlo entonces
no existe; una amalgama de fuego
y una ventana celeste que como
un gran ojo azul nos observa
en silencio; nada existe ni nosotros
cuando suceden lunas y el calcio
llueve sobre la atmósfera formando
huesos, cavidades, párpados, pies,
dedos suaves, blancos, como los tuyos;
tu gesto recuerda el gesto de la materia,
ardiendo; basta mirar tus ojos, imaginarte,
en la seca longitud de un desierto, pastora,
para pensar irremediablemente en el cosmos,
dramático y mortal para nosotros,
hormigas luminosas del lenguaje.

11 de abril de 2016

Delirio #19


Dónde el calor de esa casa   Dónde tus manos esperando las mías   Dónde la sencilla madera de nuestros pies   Dónde los poemas que nos hacían delirar y comprender la fatal estatura de los huesos bajo tierra   La agria lengua muerta de la justicia social   Un país organizado por lobos   Una ciudad parálisis   Con calles manchadas de sangre   Sangre que fue nuestra   Alguna vez   En las subliminales estaciones que el pasado fue destruyendo para darnos vida    

Dónde esa escalera que me hacía escapar  Dónde los amigos amados  Dónde los papeles tatuados con heridas de todas las épocas    Y el reposo de las palomas sobre el techo   Dónde ese viejo verano que descubrimos heridos y enojados     Dónde el calor de esa      nuestra casa     

         
                     nuestra época


(...)

8 de abril de 2016

24 de marzo de 2016

Frágil


No lloremos
por el fin del mundo

Encendamos un poema
al costado del camino
con vasos de piedra
escarbando la lengua
y dos luceros de metal
naciendo tras los ojos

un pequeño big-bang
en tu propia mente

saliendo por la boca


(...)

18 de marzo de 2016

Irene Morales 630


Los escombros
se amontonan
en la poza del alma.
Las piedras
y los musgos
amoratan los días.
Se destruye algo
 
-siempre-
entre tanta maleza.
Un roedor husmea
y una serpiente lo acecha:
anochece y ya
no queda nadie.
La ciudad establece
su paralelo:
casas viejas
almas antiguas
cadáveres aún vivos
observando su paso
por el mundo del espejo.

Al borde de la cornisa.

17 de marzo de 2016

Escena perdida


Lobos, lobos hambrientos
corriendo a tu lado, sin poder
alcanzarte, mientras el bosque
se reorganiza para ayudarte a huir,
con la telúrica e invisible palabra
que el viento va descolgando
de los árboles y sus viejas
cabelleras, polvo, humus,
nieve, sangre azul de las
montañas, luz, pueblo,
voz ancestral que ahoga
los aullidos y te hace veloz,
imbatible, matria de huesos
y soles, poesía, resistencia,
invierno.

7 de marzo de 2016

Suburbia


Me despedí muchas veces
de la poesía:
igual me la encontraba
borracha
pidiéndome auxilio
-casi siempre-
en la subida Ecuador.

A cuestas la subía al colectivo.

A veces no me la admitían
por buitreada.

Dormíamos entonces
en la plaza Cochrane.

Ahí nuestros corazones
se hicieron metálicos.

En la tibia cercanía
de las heridas.

2 de marzo de 2016

Los derechos de la naturaleza


Eduardo Gudynas 
Buenos Aires, Editorial Tinta Limón, Abril 2015

Muchas veces se ha comparado a los libros con puertas o ventanas que conducen a otros estados emocionales e intelectuales. En el caso de “Derechos de la naturaleza”, del investigador uruguayo Eduardo Gudynas (Editorial Tinta Limón, Buenos Aires, 2015), se podría decir que la puerta o ventana que se abre nos conduce a otro estado de humanidad. O derechamente: a otra humanidad.

Después de leer las 306 páginas de este volumen, queda la sensación de que como nunca antes, la especie humana ha logrado articular -por fin- una nueva conciencia -global-, la cual ya ha entrado en acción. Parafraseando a Mc Luhan, hablamos de “una nueva corteza terrestre, un nuevo sistema nervioso planetario”, cuya principal virtud es la desmitificación total del antropocentrismo como paradigma de desarrollo.

A través de un lenguaje simple, que no abusa de los tecnicismos, Gudynas construye en este texto una línea argumentativa que si bien apunta a cuestionar el actual modelo de crecimiento económico, finalmente desemboca en lo que constituye la idea fuerza del libro: la existencia y el necesario reconocimiento de los derechos -inherentes- de la naturaleza, en cuanto a especies vivas y ecosistemas.

Al respecto, resulta muy decidor el capítulo 1, “Los valores y la naturaleza”, donde se establece que lo que está en juego son justamente valoraciones sobre el entorno. En ese sentido, se señala que la valoración económica no es la única valoración que existe respecto del ambiente. Hay otras valoraciones relacionadas con lo estético, lo cultural y lo histórico, que en el orden actual, están subyugadas a lo económico, que actúa como escala única de valores respecto al medioambiente y sus recursos: éstos deben necesariamente traducirse en un valor de mercado para poder, incluso, conservarse o protegerse.

Aquí radica el elemento fundamental que propone el libro: comprender que los valores propios presentes en los seres vivos y el ambiente, son independientes de los intereses y utilidades humanos. Se trata de una postura que confronta no solamente la valoración economicista de la naturaleza, sino también el derecho de los seres humanos a otorgar valoraciones. Porque, ¿sólo nosotros podemos otorgar valores al ambiente, pues estos están esencialmente referidos a nuestra utilidad? ¿O existen valores intrínsecos independientes del humano? ¿Qué es objeto o sujeto de valor y cómo se expresa?

Esta crítica frontal al antropocentrismo encuentra en la propuesta del biocentrismo una salida coherente y justa: la vida es un valor en sí misma, y tanto los seres vivos como los ecosistemas donde ellos desarrollan sus procesos vitales, tienen el derecho a continuar con esos procesos vitales. Es más: el autor destaca que la defensa de esos valores intrínsecos puede superponerse con quienes afirman que los demás seres vivos se valoran a sí mismos, aunque lo hacen dentro de sus capacidades cognitivas y sintientes.

Como vemos, se trata de otra humanidad, donde el ser humano deja de sentirse superior al resto de las especies y se sitúa respetuosamente frente a ellas. Pero también se podría decir que estamos frente a un cuento viejo, pues lo que se cuestiona es la excesiva presencia del mercado en nuestras vidas: todo y todos tienen un precio, y todo es, finalmente, mercancía.

Sin embargo, la excelente documentación histórica que aporta Gudynas, sumado al análisis de experiencias concretas como el proceso constituyente en Ecuador -que termina reconociendo los derechos de la naturaleza-, hacen de este libro un bello y poderoso manual para entender y dimensionar la nueva humanidad que necesitamos levantar.

Conceptos como ética ambiental, justicia ecológica, construcción del giro biocéntrico, derechos y ciudadanía, van conformando un relato muy propositivo, que se solidifica de manera perfecta al momento de confrontarlo con la realidad latinoamericana. No en vano el libro parte con un duro análisis del actual momento continental, donde, por ejemplo, nos enteramos que la mayor pérdida de bosques tropicales ha tenido lugar en América del Sur, y que la extensión de la frontera agropecuaria tiene degradados el 14% de los suelos del continente.

Si a eso sumamos el creciente uso de agroquímicos y los contaminantes procesos de la minería y las industrias forestales y petroleras -por nombrar algunas-, con el consiguiente deterioro y amenaza de especies y ecosistemas, nos damos cuenta que la aparición de esa otra humanidad es urgente, y que dentro de esa urgencia, los movimientos sociales y las comunidades tienen un rol absolutamente protagónico e ineludible. De nosotros dependerá.



28 de febrero de 2016

El poheta reptil y su OVNI


El ambiente es chato, lleno de piscolas y latas de cerveza mezcladas con alquitrán; la sensación generalizada es de una plana estupidez, validada por el poder que da el dinero, la falopa y la tecnología; la poesía surge ahí como un débil cacareo y se confunde con la imbecilidad de los memes, un patético neo-humorismo que sitúa la imagen poética al mismo nivel de un stand up comedy; un espectáculo inocuo disfrazado de político, risible como el eructo gaseoso de un ingeniero comercial jugando a ser poheta y al que todos aplauden sin recordar una sola palabra de su miserable show; al final todo termina con el vómito de siempre, en el tristísimo baño de siempre, con el hígado retorcido y el hocico balbuceante, espumante, intoxicado con la bebida oficial del neo-fascismo que cabalga brillante en cada una de las palabras que este reptil enhebra en su desechable puesta en escena, icónica por su patética e inofensiva rebeldía, siempre disponible y descargable en el inmundo catálogo de la literatura sin contenido que tanto gusta a los pequeño-burgueses arribistas de Santiago; poesía babosa cuya máxima expectativa es superar la resaca para empezar de nuevo a estafar con el viejo truco del arte por el arte, con la jeta amarrada al cordel neoliberal que lo alimenta y lo hace engordar como un cerdo marciano que se recordará por insípido y estéril o corredor de bolsa, gris y enemigo, al cual todos golpearíamos por insolente y mala clase pero que finalmente zafa por causar lástima con su sebo alcohólico y su patológica mirada de humorista de tercera peinado con gel y jalea de moco.

22 de febrero de 2016

Posible epílogo


Fuimos pedazos de cactus; yo me entregué
a las barbas de un dios que no prohibió nada;
éramos animales, azules y verdes; tomábamos
en vasos de piedra, por los contornos del cactus,
como alquimistas del gesto del no retorno;

que nuestros huesos sean el calcio de una estrella nueva,
que ésta sea descubierta por un niño, desde otro mundo,
un día como éste.

18 de febrero de 2016

Pescadores


El bote como esqueleto
El bote como fábrica de dolores antiguos
El bote como una pieza de museo
El bote como reivindicación social
El bote mejor amigo del hombre

Saquemos nuestras mejores pieles
Entreguemos nuestros pies al mar
Saquemos carne al aire

Sigamos siendo
pescadores de hombres

Pescadores de palabras

Ágiles habitantes de la resistencia oceánica

15 de enero de 2016

Playa Placeres


Volviendo a jugar
en el mismo océano
donde se amarraron
tus huesos

6 de enero de 2016

Elementos


Composición
de elementos sobre
la página en blanco:
está la sangre, la sal,
la herida que cicatriza
al ritmo de la tierra,
cambiando la piel
como una serpiente
ancestral cargada
de símbolos:
está el aire,
que nos dibuja
como los remolinos
de las hojas, altos
e impredecibles,
musicales y fríos;
y está la luz, esa luz
que se enciende en tus ojos
cuando dices pueblo, escuela,
periferia, hijos;
un delirio estallando
como dos galaxias
fusionándose,
con gesto de océano
revolcándose en las rocas.

4 de enero de 2016

Playa Carvallo


En las pequeñas olas del mar
encontraste las huellas
de tus propias manos