26 de diciembre de 2006

Las soledades de Babel


Uno de los libros fundamentales dentro de la fecunda obra poética del uruguayo Mario Benedetti es el título “Las soledades de babel”, del año 1991. Un contundente volumen que pone su mirada en temas que muchos ilustres escritores y poetas tratan de no mirar, de no ver por las calles de la ciudad: la cuestión social, la difícil cuestión social que hoy florece en muchos países latinoamericanos como una corriente crítica - pero a la vez constructiva - respecto del deber ser de las “democracias” y los “sistemas”.

La pluma de Benedetti enfrenta con energía e inteligencia estos temas que a través de la historia, han sido atacados en nuestros países desde los cuatro costados. Los asume con la energía de una tarea inconclusa, que la conciencia gigante no cesa de recordarnos. Y así la poesía de este libro lleva consigo una semilla de esperanza que los poetas jóvenes están obligados por decencia a reconocer y cultivar de acuerdo a sus propios procesos.

“Las soledades de Babel” posee además una riqueza en el lenguaje y los tonos que la sitúa como una obra de alto valor estético, pero abordable de todos modos para el lector no especialista. Nuestro poeta grande de la República Oriental del Uruguay construye su poesía con un vocabulario rico, donde el verso sale limpio, libre de fatigas, espontáneo. Como lo señala la misma edición del libro, “un tono preciso y amable” que despoja los temas abordados de “cualquier solemnidad”.

Obviamente, tratándose de una de las voces más prolíficas del continente, este volumen también muestra una faceta más íntima del poeta: el amor, las angustias, los miedos y el temible destierro, ese odioso exilio que aún late por el mundo, forman parte de la Babel de Benedetti y redondean un libro que reafirma la talla del uruguayo en cuanto a figura de estatura chamánica para este agitado inicio de siglo. Es una voz que nos aconseja con tono ancestral y lenguaje popular, como un cántaro que en su piel de tierra nos enseña el color que cargan nuestros dedos, desafiándonos a la vez a seguir creyendo en nosotros mismos.

Se hace necesaria una revisión más profunda a su obra en estos momentos de ilusión bolivariana. Ya que está de nuestro lado con la lealtad inmensa que su poesía dibuja en nuestros corazones, Benedetti está llamado a ocupar un sitio de inmortalidad sublime en las pequeñas batallas cotidianas que libran aquellos que creen que no todo está perdido y han venido a ofrecer su corazón. La poesía tiene un lugar frente a esta nueva historia y “Las soledades de Babel” es una hoja de ruta indispensable para los que quieren asumir el desafío.

Algunos poemas:

Somos la catástrofe

La labor de los intelectuales de América Latina ha sido, en general, catastrófica,
OCTAVIO PAZ

Hay una dignidad que el vencedor no puede alcanzar.
JORGE LUIS BORGES


Dice octavio que en latinoamérica
los intelectuales somos la catástrofe
entre otras cosas porque defendemos
las revoluciones que a él no le gustan

somos la catástrofe asimismo
porque hemos sido derrotados
pero ¿no es raro que octavio ignore
que la verdad no siempre está
del lado de los victoriosos?

de cualquier manera
ya que con la derrota aprendimos la vida
exprimamos la memoria como un limón
quedémonos sin ángeles ni demonios
solos como la luna en el crepúsculo

desde paco pizarro y hernán cortés
hasta los ávidos de hogaño
nos han acostumbrado a la derrota
pero de la flaqueza habrá que sacar fuerzas
a fin de no humillarnos / no humillarnos
más de lo que permite el evangelio
que ya es bastante

para bien o para mal no es imposible
que los veteranos del naufragio
sobrevivamos como tantas veces
y como tantas veces empecemos
desde cero o desde menos cuatro

es casi una rutina

los derrotados mantenemos la victoria
como utopía más o menos practicable
pero una victoria que no pierda el turno
de la huesuda escuálida conciencia

los vencidos concebimos el milagro
como quimera de ocasión
pero siempre y cuando sea un milagro
que no nos cubra de vergüenza histórica
o simplemente de vergüenza

Los pobres de Babel (segunda variante)

Perdón
es la pobreza
que ha invadido
las calles

las vidrieras
despliegan
paraísos
de otros

es cierto
algo
ha cambiado

los espejos
cesantes
y cada vez
más pálidos
devuelven
el futuro

en la babel
del hambre
a ras de suelo
cada pobreza
habla
otra vez
otra vez
una lengua
distinta

El infinito

De un tiempo a esta parte
el infinito
se ha encogido
peligrosamente

quién iba a suponer
que segundo a segundo
cada migaja
de su pan sin límites
iba así a despeñarse
como canto rodado
en el abismo

Sobrevivientes

Cuando en un accidente
una explosión
un terremoto
un atentado
se salvan cuatro o cinco
creemos
insensatos
que derrotamos a la muerte

pero la muerte nunca
se impacienta
seguramente porque
sabe mejor que nadie
que los sobrevivientes
también mueren

Tu fábula y mi fábula

El silencio está inmóvil
y en el cristal de niebla
los dedos del invierno
dibujan iniciales

el silencio se mueve y
un cansancio arenoso
te pone en la frontera
de la melancolía

el silencio se abre
a imagen de los sueños
o del fulgor poniente
o de la breve infancia

el silencio se cierra
y al fin se quedan solas
tu fábula y mi fábula
sin amor ni rocío

Sombras nada más o cómo definiría usted la poesía

A José Emilio Pacheco

La verdad es que nunca
se me había ocurrido definirla

si usted en cambio preguntara
qué no es poesía entonces sí
podría imaginar como tiros al aire
quince o veinte respuestas

por ejemplo es probable
que no hallaran cabida en el registro
ni el espectro de la pena de muerte
ni el dedo admonitorio de wojtyla
ni los eróstratos de la amazonia
ni los bomberos del rencor en llamas
ni los defoliadores de utopías
ni las pinacotecas de gangsters y banqueros
ni los mezquinos prescindentes
ni muchísimo menos los vice prescindentes

pero no estoy seguro

la poesía tiene
como dios
o como dicen que usa dios
sendas inescrutables e infinitas
y algunas de ellas
poco transitadas

líbreme dios o sálveme mandinga
de decir esto no es poesía

cuando con tinta roja definió josé emilio
la poesía como sombra de la memoria
maravillosamente dio en la tecla
pero eso no descarta concebirla
también como memoria de la sombra

pasa el amor y deja sombra
el odio pasa y deja sombra
pasan la madrugada y la canícula
y dejan un sabor ácido a sombra
en los andamios y en el césped
en los lacónicos y hablantes
en las errantes bóvedas del mar

y con la clave de los cuerpos
y las complicidades de la luna
la sombra asombra a los olivos
a las glorietas a los campanarios
a las antenas parabólicas

así / después de todo
con esas sombras que nos dejan
en la mirada y en los tímpanos
en el vacío del delirio
en las hipótesis del sexo
en la ceniza finalista

con la memoria de esas sombras
damos alcance
en ciertas ocasiones
excepcionales ocasiones
a la blindada frágil poesía
o quizás a la memoria de la sombra
de la poesía