30 de diciembre de 2006

Ella*

Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
Y el segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían como está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo

Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza

Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla
Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma

Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas


*Poema de Vicente Huidobro, perteneciente al libro “De ver y palpar”, poemas 1923 – 1933, Ediciones Ercilla, Colección Poetas de América, Santiago, 1941.

26 de diciembre de 2006

Las soledades de Babel


Uno de los libros fundamentales dentro de la fecunda obra poética del uruguayo Mario Benedetti es el título “Las soledades de babel”, del año 1991. Un contundente volumen que pone su mirada en temas que muchos ilustres escritores y poetas tratan de no mirar, de no ver por las calles de la ciudad: la cuestión social, la difícil cuestión social que hoy florece en muchos países latinoamericanos como una corriente crítica - pero a la vez constructiva - respecto del deber ser de las “democracias” y los “sistemas”.

La pluma de Benedetti enfrenta con energía e inteligencia estos temas que a través de la historia, han sido atacados en nuestros países desde los cuatro costados. Los asume con la energía de una tarea inconclusa, que la conciencia gigante no cesa de recordarnos. Y así la poesía de este libro lleva consigo una semilla de esperanza que los poetas jóvenes están obligados por decencia a reconocer y cultivar de acuerdo a sus propios procesos.

“Las soledades de Babel” posee además una riqueza en el lenguaje y los tonos que la sitúa como una obra de alto valor estético, pero abordable de todos modos para el lector no especialista. Nuestro poeta grande de la República Oriental del Uruguay construye su poesía con un vocabulario rico, donde el verso sale limpio, libre de fatigas, espontáneo. Como lo señala la misma edición del libro, “un tono preciso y amable” que despoja los temas abordados de “cualquier solemnidad”.

Obviamente, tratándose de una de las voces más prolíficas del continente, este volumen también muestra una faceta más íntima del poeta: el amor, las angustias, los miedos y el temible destierro, ese odioso exilio que aún late por el mundo, forman parte de la Babel de Benedetti y redondean un libro que reafirma la talla del uruguayo en cuanto a figura de estatura chamánica para este agitado inicio de siglo. Es una voz que nos aconseja con tono ancestral y lenguaje popular, como un cántaro que en su piel de tierra nos enseña el color que cargan nuestros dedos, desafiándonos a la vez a seguir creyendo en nosotros mismos.

Se hace necesaria una revisión más profunda a su obra en estos momentos de ilusión bolivariana. Ya que está de nuestro lado con la lealtad inmensa que su poesía dibuja en nuestros corazones, Benedetti está llamado a ocupar un sitio de inmortalidad sublime en las pequeñas batallas cotidianas que libran aquellos que creen que no todo está perdido y han venido a ofrecer su corazón. La poesía tiene un lugar frente a esta nueva historia y “Las soledades de Babel” es una hoja de ruta indispensable para los que quieren asumir el desafío.

Algunos poemas:

Somos la catástrofe

La labor de los intelectuales de América Latina ha sido, en general, catastrófica,
OCTAVIO PAZ

Hay una dignidad que el vencedor no puede alcanzar.
JORGE LUIS BORGES


Dice octavio que en latinoamérica
los intelectuales somos la catástrofe
entre otras cosas porque defendemos
las revoluciones que a él no le gustan

somos la catástrofe asimismo
porque hemos sido derrotados
pero ¿no es raro que octavio ignore
que la verdad no siempre está
del lado de los victoriosos?

de cualquier manera
ya que con la derrota aprendimos la vida
exprimamos la memoria como un limón
quedémonos sin ángeles ni demonios
solos como la luna en el crepúsculo

desde paco pizarro y hernán cortés
hasta los ávidos de hogaño
nos han acostumbrado a la derrota
pero de la flaqueza habrá que sacar fuerzas
a fin de no humillarnos / no humillarnos
más de lo que permite el evangelio
que ya es bastante

para bien o para mal no es imposible
que los veteranos del naufragio
sobrevivamos como tantas veces
y como tantas veces empecemos
desde cero o desde menos cuatro

es casi una rutina

los derrotados mantenemos la victoria
como utopía más o menos practicable
pero una victoria que no pierda el turno
de la huesuda escuálida conciencia

los vencidos concebimos el milagro
como quimera de ocasión
pero siempre y cuando sea un milagro
que no nos cubra de vergüenza histórica
o simplemente de vergüenza

Los pobres de Babel (segunda variante)

Perdón
es la pobreza
que ha invadido
las calles

las vidrieras
despliegan
paraísos
de otros

es cierto
algo
ha cambiado

los espejos
cesantes
y cada vez
más pálidos
devuelven
el futuro

en la babel
del hambre
a ras de suelo
cada pobreza
habla
otra vez
otra vez
una lengua
distinta

El infinito

De un tiempo a esta parte
el infinito
se ha encogido
peligrosamente

quién iba a suponer
que segundo a segundo
cada migaja
de su pan sin límites
iba así a despeñarse
como canto rodado
en el abismo

Sobrevivientes

Cuando en un accidente
una explosión
un terremoto
un atentado
se salvan cuatro o cinco
creemos
insensatos
que derrotamos a la muerte

pero la muerte nunca
se impacienta
seguramente porque
sabe mejor que nadie
que los sobrevivientes
también mueren

Tu fábula y mi fábula

El silencio está inmóvil
y en el cristal de niebla
los dedos del invierno
dibujan iniciales

el silencio se mueve y
un cansancio arenoso
te pone en la frontera
de la melancolía

el silencio se abre
a imagen de los sueños
o del fulgor poniente
o de la breve infancia

el silencio se cierra
y al fin se quedan solas
tu fábula y mi fábula
sin amor ni rocío

Sombras nada más o cómo definiría usted la poesía

A José Emilio Pacheco

La verdad es que nunca
se me había ocurrido definirla

si usted en cambio preguntara
qué no es poesía entonces sí
podría imaginar como tiros al aire
quince o veinte respuestas

por ejemplo es probable
que no hallaran cabida en el registro
ni el espectro de la pena de muerte
ni el dedo admonitorio de wojtyla
ni los eróstratos de la amazonia
ni los bomberos del rencor en llamas
ni los defoliadores de utopías
ni las pinacotecas de gangsters y banqueros
ni los mezquinos prescindentes
ni muchísimo menos los vice prescindentes

pero no estoy seguro

la poesía tiene
como dios
o como dicen que usa dios
sendas inescrutables e infinitas
y algunas de ellas
poco transitadas

líbreme dios o sálveme mandinga
de decir esto no es poesía

cuando con tinta roja definió josé emilio
la poesía como sombra de la memoria
maravillosamente dio en la tecla
pero eso no descarta concebirla
también como memoria de la sombra

pasa el amor y deja sombra
el odio pasa y deja sombra
pasan la madrugada y la canícula
y dejan un sabor ácido a sombra
en los andamios y en el césped
en los lacónicos y hablantes
en las errantes bóvedas del mar

y con la clave de los cuerpos
y las complicidades de la luna
la sombra asombra a los olivos
a las glorietas a los campanarios
a las antenas parabólicas

así / después de todo
con esas sombras que nos dejan
en la mirada y en los tímpanos
en el vacío del delirio
en las hipótesis del sexo
en la ceniza finalista

con la memoria de esas sombras
damos alcance
en ciertas ocasiones
excepcionales ocasiones
a la blindada frágil poesía
o quizás a la memoria de la sombra
de la poesía

24 de diciembre de 2006

Avenida General Velásquez*

Las malditas silban en la calle
donde vive mi madre
y yo parapetada en la puerta esquivándolas.
En la esquina de la calle,
donde vive mi madre
bajo un viejo vehículo
tres hombres y un revólver disparan
hacia la avenida General Velásquez.
Ahí a la avenida, han llegado “ellos”
en vehículos protegidos, muchos vehículos
con chalecos anti balas, muchos chalecos,
y balas balas de todos los calibres las balas.
Yo que esa tarde fui a ver a mi madre, me hago
pequeñita, pequeñita contra la puerta, mientras
ella suplica.
Son las 5 de la tarde
ya nadie dispara bajo el viejo vehículo.
Como el Cardenal nicaragüense salto al infinito
corro por calles solitarias, atravieso solitarias barricadas
ese 5 de julio de 1985
para llegar a mi casa, ese 5 de julio, mientras mi madre reza.


*Poema de Magdalena Fuentes, aparecido en la antología “Los Poetas y el General. Voces de oposición bajo Augusto Pinochet, 1973 – 1990”, de Eva Goldschmidt. El volumen pertenece a LOM Ediciones, año 2002.

17 de diciembre de 2006

En torno a la inteligencia*

Es lógico que desee
un hijo inteligente
y sagaz y luchador,

pero a causa de la inteligencia
es que hoy por hoy nos llevan prisioneros
arriba de un camión
(soldados queman libros en las calles)

y no es que yo quisiera
tener un hijo ignorante y estúpido,

pero es acerca de la inteligencia
que hoy he pensado
que si fuéramos ignorantes y estúpidos
hoy por hoy
seríamos miembros importantes del clero,

candidatos a senadores
ministros de Estado
o Generales de la República.


*Poema de Eduardo Embry, aparecido en la antología “Los Poetas y el General. Voces de oposición bajo Augusto Pinochet, 1973 – 1990”, de Eva Goldschmidt. El volumen pertenece a LOM Ediciones, año 2002.

11 de diciembre de 2006

Obituario con hurras


Vamos a festejarlo
vengan todos
los inocentes
los damnificados
los que gritan de noche
los que sueñan de día
los que sufren el cuerpo
los que alojan fantasmas
los que pisan descalzos
los que blasfeman y arden

los pobres congelados
los que quieren a alguien
los que nunca se olvidan
vamos a festejarlo
vengan todos
el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra
el ladrón
el cochino
se acabó para siempre
hurra
que vengan todos
vamos a festejarlo
a no decir
la muerte
siempre lo borra todo
todo lo purifica
cualquier día
la muerte
no borra nada
quedan
siempre las cicatrices
hurra
murió el cretino
vamos a festejarlo
a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas
se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo
a no ponernos tibios
a no creer que éste
es un muerto cualquiera
vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda


Mario Benedetti

9 de diciembre de 2006

Cordillera del mar


Oh Valparaíso, cauce de sal
la paz de tus changos
parece seguir en la tierra
que el viento escupe lejos
hasta la cordillera del mar.

23 de noviembre de 2006

Flash de verano


Rodamos hacia abajo
el mar nos esperaba con sus fauces abiertas
pero se arrepintió a último momento
y nos recibió con una forzada sonrisa

Caímos junto a una pequeña roca
me puse a la sombra - tú al sol
y nos pusimos a conversar
sobre las posibilidades de la naturaleza
ante ciertas cosas medio complicadas
que están sucediendo en el planeta

21 de noviembre de 2006

Vida en poesía


Aquí me quedo yo.
Entre tintas y sombras
entre cuadro y fotografía
entre derrota y victoria
con el dibujo solemne
del calendario irremediable
a media luz a media noche
en la mitad de una caída estelar
en la fecunda imagen del hombre inquieto
ahí me quedo yo
como un grano en mano campesina
como un limón en la mitad del fuego
como un camino de brasa seca
entre soles y abismos
en la oscuridad y en la luz
en el aguacero del reloj
en el lápiz que es golondrina voraz
pelícano extenso
estrecha paloma
y con mi aroma que es arena y suburbio
me quedo yo:
en la latitud infinita de la imaginación
en la lucha independiente del cobre
en la escarcha triste del pie descalzo
estaré yo
siempre.

18 de noviembre de 2006

Nativo


Todas estas calles
las he caminado.
He visto rostros
que hoy no me recuerdan
y he escrito en agrias paredes
salvajes lenguas de vida aprendiz.

Los cerros se ordenan
para encontrar mis ojos.
Soy una carne conocida
en este territorio de sales.

7 de noviembre de 2006

Poema de los diálogos

Es difícil esta época
uno naufraga - muchos naufragan
nadie pesca nada
todo parece estar en orden
por las armas parece ser la cuestión
- porque ya una vez quedó la cagá
y puede pasar de nuevo
es pesada la mano -
dicen algunos
- es cosa de tiempo -
dicen otros

pero está difícil
entender
las culturas extremas los signos extraños en la naturaleza
las aves que vuelan confundidas
y el hombre que no lo hace nada de mal

(y un inconciente a cargo de todo
hace todo más difícil - cuesta arriba
en vez de hacerlo fácil)

- pero si nunca ha sido fácil -

¿quién dijo eso?

29 de octubre de 2006

Vocación de altura*

Es inútil andar por el desprecio con el desprecio a cuestas
Es inútil marchar por el cielo y con el cielo al hombro
Es inútil ser mar con grandes alas como noches
Nunca la verde pluma solitaria tan alta y musical
Calmará sus anhelos ni las rocas violentas del planeta

El viento pasa a través del esqueleto
Hace sonar marfiles al fondo del tiempo y de mi soledad
Bate alturas derramadas y llantos de lejanas circunstancias
Tiene tanto sabor de cielo malherido
Que la voz se acaricia como la sombra de un barco muriéndose de angustia

Los árboles no cantan en sus orillas deseadas
Pero la noche tiene una agua suave
Hay cosas puras como el muerto entre sus velas
Hay cosas dulces como la aldea en sus ventanas y enredaderas
Hay cosas tristes como la lámpara de ciertas tumbas para leer un nombre

El viento pasa a través de los hombres
Y lleva el olor de su planeta

*Poema de Vicente Huidobro, extraído del libro “El ciudadano del olvido”, de 1941.

24 de octubre de 2006

Rayado porteño

Mira
sorpréndete
date cuenta

El mundo hace rato
se te fue de las manos

18 de octubre de 2006

Bachelet y el trauma de 1973*


El profe Ramiro tuvo que trabajar extra y gratis la otra noche, pero fue por propia decisión. Se le ocurrió asistir a la parrillada que la junta de vecinos ofreció a sus asociados a objeto de recaudar plata para comprar regalos de Navidad a los niños del sector. No se trató sólo de una enorme parrilla cubierta por jugosa carne de vacuno y de cerdo, ya que también hubo bailongo, rifa de pollos asados y otras menudencias. A las cuatro de la madrugada comenzó el retiro de mesas y vasos, en un claro aviso de que la fiesta había terminado.

Un pequeño grupo de amigos permaneció en el patio de la sede social ‘rebajando’ las últimas botellas y dándole duro a la lengua, mientras las mujeres y los dirigentes vecinales lavaban la vajilla y ordenaban el pandemonio de papeles, sillas y botellas dispersas por doquier. En breves minutos, el profe Ramiro agarró la batuta sin que nadie se la hubiera entregado (típico de todos los docentes) y decidió coordinar una discusión que agarró vuelo justo en el momento que las mujeres que habían estado en la cocina se reincorporaban al gupo.

Hubo temas varios, desde el cahuineo local hasta la elección que se avecina en la Asociación Nacional de Fútbol Profesional. Por cierto, los diputados, alcaldes y concejales ocuparon también espacio de privilegio en el pelambre madrugador (o de trasnoche, como usted quiera). Para sintetizar el asunto, la frase más recurrente de todos los participantes en los distintos temas fue: ‘estamos cagados’. El profe trató de conducir la conversación por cauces de mayor nivel, pero la realidad del país, según evaluaron los contertulios, frustró tan loable intento.

Después de unos cuantos finteos y rebotes, se llegó al punto neurálgico. El tema central de la conversación fue el meneo de hombros que hizo la Presidenta con la cuestión de la ONU y el Consejo de Seguridad. La verdad es que a ninguno de los presentes le agradó la abstención. Es que por acá somos huasos a puro pelo. O sí o no…pero nada de medias tintas. El ‘Fulluca’ - después de despacharse la última de chacolí - propuso hacer una rápida votación entre los presentes, pero debió retirar su moción luego que las mujeres lo empapelaran a garabatos por tamaña ocurrencia. Por ello, no pudimos saber si era Venezuela o si era Guatemala el preferido de ese lote.

En cambio lo que sí quedó clarito como agua de vertiente fue que la abstención chilena en la ONU representaba una victoria de los gringos, tal como dijo el periodista Fernando Paulsen en un programa de la tele: “Votar por Guatemala o abstenerse, es igual un triunfo para los Estados Unidos’.

- Es que la Presidenta no quiere que le pase lo mismo que a Allende - apuntó el ‘Cuculí’, y todos lo miraron con cara de extrañeza, especialmente el profe.

- No entiendo lo que quieres decir - dijo Gabriel, otro viejo que se las trae cuando hablamos de política, pero se hace el de las chacras hasta el momento de las opiniones finales. Sin embargo, el ‘Cuculí’ estaba lanzado y no iba a entregar la pelota así como así.

- Es que… parece que resucitó la CODE….¡¡la CODE poh gancho!!...¿o ya se olvidó de ella? La CODE…la Confederación Democrática, ese contubernio que formaron los momiachos del Partido Nacional con los democristianos y los de la Izquierda Radical pa’ sacar a Allende de La Moneda. Ayer en la mañana me acordé de estas cuestiones y palabra que se me subió la mostaza cuando escuché al diputado Muñoz Barra queriendo aconsejar a la Presidenta. ¿Con qué moral este ‘iñor’ habla de democracia, justicia y latinoamericanismo? Él fue uno de los responsables directos del ‘permiso político’ otorgado por la CODE a los milicos golpistas el ’73. Miembro del ya fallecido PIR (Partido de IZQUIERDA Radical), Muñoz Barra era Vicepresidente de la Cámara de Diputados en aquella época, y alentó el acuerdo parlamentario golpista que declaró al Presidente Allende ‘fuera de la ley y la Constitución’. Chis!!...Pinochet y los gringos nunca han dejado de agradecerle. ¿Y ahora se las viene a dar de demócrata? Creerá que uno es el faraón de los desmemoriados….

A las expresiones del ‘Cuculi’ siguió un prolongado silencio. Parecía que todos estaban echando a andar la pensadora y así poder recordar los eventos acaecidos en los ya lejanos años 1972-1973. El profe Ramiro, que de joven no tiene nada, fue el primero en reaccionar tras las aseveraciones que continuaban flotando en el ambiente.

- ¿Qué diablos tiene que ver la CODE con la votación chilena en la ONU? - quiso saber don Gonzalo adelantándose a otros preguntones. “Sí, poh amigo Cuculí - apuntó el ‘Fulluca’ - eso de la CODE pasó hace más de treinta años”.

- Chuata que son ingenuos ustedes - el Cuculí sonrió con ironía. Pasó hace treinta años y está volviendo a pasar. Por eso es que doña Michelle bajó el moño y ordenó abstenerse en la ONU. Ella no quiere morir en La Moneda como murió el Chicho, no desea que los F-16 bombardeen el palacio de gobierno, ni que los mismos uniformes que asesinaron a su papá la maten a ella. ¿No cachan ustedes que acaba de surgir una CODE nueva? Vean: ahí están los momios de siempre, de la UDI y de RN, junto con algunos democristianos y un buen lote de PPD’s y radicales, todos abrazados, igual que en el ’73, haciendo arcadas contra Venezuela, contra Chávez, contra la izquierda, en fin, contra todo aquello que se oponga a Estados Unidos y a la lotería empresarial. Por supuesto que Washington le dio la bendición a esta sociedad política antidemocrática. El cowboy Bush ya debe haber dado la autorización: Si doña Michelle se pone demasiado chúcara….¡¡salen los F-16 y sanseacabó!!

- ¿No le estai poniendo mucho? - apuntó la Susanita, siempre amiga de defender a la autoridad, cualquiera sea ésta.

- Pa’ ná; fíjate por ejemplo en el parlamentario de apellido Tarud, que se dice progresista. El papá de este caballero fue asesor directo de Salvador Allende, pero el hijito salió medio momiacho. Por ahí anda amenazando a los países vecinos y es muy amigo de romper la amistad con otras naciones sudamericanas, todo ello en beneficio del gran capital que viene de cualquier parte del mundo. Chiss, la CODE ya volvió como el ave Fénix, y sus componentes políticos son esencialmente los mismos de hace treinta años.

- Entonces, si todo eso es cierto, significa que de verdad estamos hasta el cogote -reafirmó el ‘Fulluca”. Porque si al gobierno no le gustaba Venezuela como miembro del Consejo de Seguridad, debería haberlo expresado claramente, de frente, pero no aprovecharse de que había dos países en competencia y decir que La Moneda no quería meterse en un baile que mostraba divisiones entre las naciones hermanas.

- Sí, estamos realmente dando jugo - concluyó el profe Ramiro, ya entregado completamente a las evidencias. Parece que seguiremos largo tiempo con las indecisiones; y no sólo en asuntos de relaciones internacionales, sino también en importantes cuestiones internas.

- A lo mejor este gobierno es más de derecha que los otros - insistió Susanita.

- Ah, bueno, también es posible - dijo el profe. Lo sano y honesto sería reconocerlo, pero no continuar jugando con imágenes engañosas porque, como ejemplo no más, yo nunca he votado por la derecha. Y la señora Michelle se inclinó definitivamente hacia ese lado. Me parece poco serio políticamente defraudar a la gente que le dio su preferencia porque ella se mostró como persona de izquierda.

Yo había mantenido estricto silencio durante la conversación, pues deseaba enterarme directamente de las impresiones que mis amigos poseían respecto de los problemas que aquejan al país. Reconozco que pude - y tal vez debí - intervenir, mas, siempre con el propósito de dejar terreno libre a las ideas y opiniones de los asistentes, mantuve la boca cerrada. El viejo Gonzalo me sacó del ostracismo al preguntarme qué me parecía lo escuchado.

- Sólo puedo afirmar que ustedes están bien informados de lo que ocurre - respondí.

- Si no somos giles, amigazo - apuntó el ‘Cuculí - Lo único que nos falta es plata.

Esa madrugada regresé a mi casa reflexionando respecto de cuán poco conoce el mundo político a los trabajadores agrícolas y a quienes viven en localidades rurales. Estoy seguro de que muchos parlamentarios, incluyendo al gobierno y oposición, deben creer a pie juntillas en ese viejo mito clasista y prepotente que caracteriza a veleidosos citadinos cuando se refieren a los ‘huasos’, ya que la gente de campo está bien enterada de lo que ocurre en el país y en el mundo.

Quizá los campesinos que estuvieron esa noche junto a la parrillada de la junta de vecinos carezcan de toda la información necesaria para emitir un juicio certero sobre lo ocurrido en la ONU, pero al menos tienen opinión y la argumentan, algo que pocos habitantes de las grandes ciudades pueden hacer.

* Artículo publicado en www.granvalparaiso.cl, por Arturo Alejandro Muñoz, de Coltauco.

16 de octubre de 2006

Puñales

La noche me clava sus puñales y yo no opongo resistencia.
Son puñales de ausencia y melancolía que no me son ajenos:
los conozco, y bien de cerca
pero había olvidado el aliento fétido que expele el recuerdo trizado de una sombra desaparecida para siempre de mi lado.

Hace tiempo, bastante tiempo
que no se metía este hielo en mi vaso.
Hace mucho que estos látigos puñales no se enredaban en mi pelo.
Ahora los veo perseguirme y meterse en mi piel cada noche,
cuando el silencio llega con su pesado manto de olvido
y me hace florecer la garganta con espinas y sangre.
La noche maldita se hace eterna cuando una lágrima se atora en el lápiz. Y no hay poema, no hay poema que calme el alfilerazo continuo del momento tormento.

¿O lo hay? ¿Cómo leerlo sin escribirlo?

Podría decir: la noche me clava sus puñales con saña.
Afuera retumba el mundo, resuena el eco de los misiles y los fusiles. Los platos vacíos se alzan como un fantasma nuevo que recorre el mundo. Y sin embargo yo padezco de un hielo tan intenso como los pies desnudos de un mendigo a plena noche de junio, y sin tener hambre, sin tener frío, sin tener sed, siento morir mi carne en un grito silencioso de estéril cachorro seco,
plagado de sequías mentales y espirituales
cansado como los vientos de un árbol milenario
y oprimido como el más combativo de los pueblos.

Y no tengo en mis dedos la chispa que tuve antes.
Sólo los puñales de la noche llegan y me incentivan al menos a dormirme pronto y esperar a que el sol venga luego y se lleve esta noche que me paraliza, me tortura, y me va reduciendo a un montón de nervios y carne tensa, sin la más mínima intención de seguir adelante
¿adelante para qué?
¿para verme postrado en un sin sentido
muy parecido a un ataúd con alas?

Pero el cuerpo resiste y se mantiene a flote.

Dicen que la piel es fuerte y que todo lo puede el sol.
Dicen que la noche es cópula de astros inmóviles
y que un poco de su semen cae a nuestros ojos alguna vez en la vida. Se dicen tantas cosas.
Pero yo me equivoco y no encuentro nada más que restos,
restos salvajes de un amor acabado
en cada esquina, en cada tugurio y en cada plaza,
y hay restos de mí esparcidos en las mesas de mi casa, en las sillas,
y yo digo restos de qué, si no soy nada, ahora nada,
y me escondo y quiero pasar desapercibido y no morirme
pero igual me caigo a pedazos, y por qué si ya me alejé del ‘infierno’ y ahí la paciencia se me acaba pues no entiendo nada.

En ese momento ya me duermo
y no siento los puñales de la noche que siguen ahí.
Mi alma duerme, a alguna hora no siempre exacta duerme, profundamente,
y sueña con quizás qué playas habitadas por carpas grises y azules, lejos del alcance de los besos y las caricias perdidas y extrañadas que han traído de vuelta a aquellos malditos alfileres que el universo arma en alguna bodega inalcanzable para el hombre común y corriente.

13 de octubre de 2006

Nadie*

No se puede dormir
alguien anda moviendo las cortinas.
Me levanto.
No hay nadie.
Probablemente rayos de luna.

Mañana hay que levantarse temprano
y no se puede conciliar el sueño:
parece que alguien golpeara la puerta.

Me levanto de nuevo
abro de par en par:
el aire me da de lleno en la cara
pero la calle está completamente vacía.

Sólo se ven las hileras de álamos
que
se
mueven
al
ritmo
del
viento.

Ahora sí que hay que dormir.
Sorbo la última gota de vino
que todavía reluce en la copa
acomodo las sábanas
y doy una última mirada al reloj
pero oigo sollozos de mujer
abandonada por delitos de amor
en el momento de cerrar los ojos.

Esta vez no me voy a levantar
estoy exhausto de tanto sollozo.

Ahora cesan todos los ruidos
sólo se oyen las olas del mar
como si fueran los pasos de alguien
que se acerca a nuestra choza desmantelada
y
no
termina
nunca
de
llegar.

*Poema de Nicanor Parra, extraído del libro “Canciones rusas”, de 1967.

10 de octubre de 2006

El antilázaro*

Muerto no te levantes de la tumba
qué ganarías con resucitar
una hazaña
y después
la rutina de siempre
no te conviene viejo no te conviene

el orgullo la sangre la avaricia
la tiranía del deseo venéreo
los dolores que causa la mujer

el enigma del tiempo
las arbitrariedades del espacio

recapacita muerto recapacita
que no recuerdas cómo era la cosa?
a la menor dificultad explotabas
en improperios a diestra y siniestra

todo te molestaba
no resistías ya
ni la presencia de tu propia sombra

mala memoria viejo ¡mala memoria!
tu corazón era un montón de escombros
- estoy citando tus propios escritos -
y de tu alma no quedaba nada

a qué volver entonces al infierno del Dante
¿para que se repita la comedia?
qué divina comedia ni qué 8/4

voladores de luces - espejismos
cebo para cazar lauchas golosas
ése sí que sería disparate
eres feliz cadáver eres feliz
en tu sepulcro no te falta nada
ríete de los peces de colores

aló - aló me estás escuchando?

quién no va a preferir
el amor de la tierra
a las caricias de una lóbrega prostituta
nadie que esté en sus cinco sentidos
salvo que tenga pacto con el diablo

sigue durmiendo hombre sigue durmiendo
sin los aguijonazos de la duda
amo y señor de tu propio ataúd
en la quietud de la noche perfecta
libre de pelo y paja
como si nunca hubieras estado despierto

no resucites por ningún motivo
no tienes para qué ponerte nervioso
como dijo el poeta
tienes toda la muerte por delante

*Poema de Nicanor Parra extraído del libro “Hojas de Parra”, del año 1985.

8 de octubre de 2006

La poesía terminó conmigo*

Yo no digo que ponga fin a nada
no me hago ilusiones al respecto
yo quería seguir poetizando
pero se terminó la inspiración.
La poesía se ha portado bien
yo me he portado horriblemente mal.

Qué gano con decir
yo me he portado bien
la poesía se ha portado mal
cuando saben que yo soy el culpable.

¡Está bien que me pase por imbécil!

La poesía se ha portado bien
yo me he portado horriblemente mal
la poesía terminó conmigo.

*Poema de Nicanor Parra, extraído del libro “Versos de salón”, del año 1962.

7 de octubre de 2006

Última postal


Algún día se secarán las lágrimas...

Valparaíso, septiembre de 2006

25 de septiembre de 2006

Una nueva bandera para Chile


... más acorde a su realidad...
Protesta estudiantes secundarios
Valparaíso, agosto de 2006

23 de septiembre de 2006

Recuerdos de una playa (inédito)

Recuerdo la playa
el amor silencioso que nacía a medias tintas
entre la luna y la nube que la violaba
entre el quejido de mi vena entrando a tu vida
y el aceite marino de tu arena caliente

estábamos tan lejos
pero tan juntos

y los olores de las mañanas
y los clamores del oleaje
y la salud de tus piernas
todo era sintonía todo
con los besos y los pezones

y mientras el mar amasaba peces
yo amasaba tu vientre
y tú mi poesía

dos kilómetros más al sur
un pelícano lloraba en las rocas

15 de septiembre de 2006

Otro poema de Agreste Urbano

Las cuatro estaciones

Esa taza de café
que dejaste sobre la mesa
un día de invierno
marcó su calor en la madera.

El vaso que quebraste
esa noche de primavera
estaba lleno de vino
que manchó camisas y manos.

Y el desnudo
de ese verano que pasó
era el deseo campestre
del camino de tierra.

Y en otoño de nuevo eres mía.
Vivida y asombrada,
plena y absorta,
en las cuatro estaciones.

10 de septiembre de 2006

Desaparecida*

Vientos y cuerdas
se besan en una población
donde el sol se niega
a desaparecer.

(Silencio)
Alguien deambula por estas calles.

(Tribulación)
Es una mirada que vaga por la acera;
es una caricia que cae hasta la solera desnuda.
Son tus pasos por las huellas del infinito:
es tu cuerpo blanco de seda
adornando una mañana de luna,
recordando una noche de lagunas
verde como el bosque:
son tus lágrimas de metal,
tu sonrisa de dolor,
tus ojos de lamento,
sin brillo ni color.

(Silencio)
Escuchad.

En medio de las estrellas
susurra un espíritu:
un canto olvidado.

(Silencio)

*Poema del libro Agreste Urbano, publicado por Absalón Opazo en 2003.

30 de agosto de 2006

Libro recomendado: “Vagabundos de la nada”


Una de las más notables páginas de la historia literaria chilena está contenida en este libro, cuyo título completo es “Vagabundos de la nada: poetas y escritores en el bar Unión”, y que fue publicado bajo el alero de la editorial La Calabaza del Diablo (Santiago) en 2003.

Se trata de una generosa recopilación de cuentos y poemas de varios literatos nacionales, publicadas en torno a numerosas tertulias bohemias vividas en este bar ubicado en el centro de la capital, en días en que la oscuridad de la derecha gobernaba el país, tal como cuenta Ramón Díaz Eterovic en la introducción del texto:

“1980. Nos rodea la oscuridad de la época y el miedo asedia al vino. Hablamos en susurros. La vieja mesa de madera crece con las horas. Al mediodía ha llegado Jorge con algunos libros bajo el brazo. Lo espera su hermano Iván. Lo esperamos Rolando Cárdenas, Germán Arestizábal, Alvaro Ruiz, Carlos Olivares, Roberto Araya Gallegos, Aristóteles España, Juan Guzmán Paredes, Mardoqueo Cáceres y algunos más que ‘matamos’ las horas conversando de poesía, de fútbol, de los chismes literarios de esos días, pobres y grises, como todo lo que nos rodea. Es el inicio de una tertulia más en la ‘Unión Chica’, bar ubicado en la calle Nueva York, en el centro de Santiago, con sus garzones de chaqueta blanca y mesas de madera, que eran el medio que rodeaba nuestras reuniones; de esas charlas interminables que iban quedando registradas en una bitácora que Jorge Teillier custodiaba con especial celo y que finalmente, después de su muerte, se encontró en su casa de La Ligua, entre sus libros de poesía y manuscritos”.

El libro transporta de inmediato al lector a un ambiente mágico, místico y cálido, pero que no alcanza un perfil de olimpo: es que en un bar no hay dioses ni diosas, aunque Jorge Teillier o Stella Díaz Varín sean algunos de sus parroquianos más frecuentes. La poesía es la única que podría denominarse como “diosa”, cuestión que igual es bastante discutible. Pero ese es otro asunto.

“Vagabundos de la nada” parte con la ya mencionada - y notable - introducción de Díaz Eterovic, más un artículo publicado en 1982 por el mismo Teillier en el diario El Mercurio (que en esa época apoyaba con todo a la dictadura, ¡oh! paradojas de la literatura y sus “dioses”) y otros escritos de Poli Délano y Mariano Aguirre, que ayudan a entender el contexto y la forma en que fue concebido este proyecto: un grupo de laburantes sencillos, apasionados y bohemios, dejando constancia de la creación sobre la represión, en un país que en ese instante comenzaba a desaparecer como tal.

Los textos puestos en la mesa son de buena calidad, cada uno en su estilo y temática. La recopilación estuvo a cargo de Díaz Eterovic e incluyó, en orden alfabético, a Roberto Araya, Germán Arestizábal, Mardoqueo Cáceres, Juan Cameron, Rolando Cárdenas, Ramón Carmona, Ramón Díaz Eterovic, Stella Díaz, Gonzalo Drago, Aristóteles España, Mario Ferrero, Jaime Gómez, Juan Guzmán Paredes, Eduardo Molina, Ronnie Muñoz, Carlos Olivares, Ramón Riquelme, Alvaro Ruiz, Iván y Jorge Teillier (hermanos ambos), Enrique Valdés, Julio Venegas, y Leonora Vicuña. Mención aparte merecen las llamadas “actas de la Unión Chica”, redactadas por todos los asistentes, y en donde se aprecia, en un lenguaje más coloquial, la cotidianeidad de la época y las relaciones personales entre todos los “vagabundos de la nada”.

Este es uno de los libros imprescindibles para comprender la poesía chilena de la década de los ’80. Nos remite a la necesidad de la palabra de expresarse en cualquier contexto, reivindicando a la vez la figura del bar como punto de encuentro social y cultural que no desaparece jamás de las ciudades, por muchos toques de queda que caigan sobre ella.

Veamos algunos poemas.

De Germán Arestizábal:

“La calle escarlata”


Siempre llueve en esa calle,
la gente lleva sombrero,
hay un olor a pizza y florerías,
altas veredas,
como las inalcanzables mujeres
que descienden de brillantes coches
con chofer.
Edward G. Robinson camina despacio,
masticando recuerdos, aquí encontró
el amor que trastornó su vida,
duró muy poco y con triste final,
por unos días se sintió amado,
alto, audaz, juvenil y vivaz.
Esto fue hace tiempo,
hoy arrastra los pies, hablando
solo por esta calle
esperando esta vez
volver a verla
una vez más.

De Juan Cameron:

“Cuando muere un camarada”


Difícil es hallar una cerveza en la noche de Lutero
Los boxeadores impiden la entrada a las discotecas
como si fuera el cielo o el infierno
Los siete círculos de la lluvia se burlan en los árboles
El despertador es una broma de tiempo y los kioscos
cierran sus piernas a los desesperados
Las hermosas pasean con luces de neón
/ como taxis por las avenidas
Los buenos muchachos duermen en la tierra
prometida sin premura ni sed
En los sueños boxean
Y el murmullo de las ruedas sobre el asfalto semeja un arroyo
en el valle central
de un país olvidado que no existe.

De Rolando Cárdenas:

“Los silencios”


A veces en la casa lo único que se oía
era el crepitar de la leña en la estufa
y el acompasado ruido de la devanadera
en la que se absorbía la abuela.

Todos reunidos y todos silenciosos
como llamados a presidir solemnemente el invierno,
con una actitud igual que en el sueño de las noches
pero con dos vidas detrás de esos años:
una, con miles de árboles blanqueados
y otra, que deja crecer el silencio de ahora
con la ventisca alrededor de esta casa.

El crepitar de la leña les devora las palabras
y las vueltas de la devanadera los aleja y los adormece.

Por dentro la casa es un silencio de madera,
pero después de tanto tiempo
alguien se mueve de su asiento y se acerca al fuego,
porque alguna gota de lluvia rezagada
que burbujeó en la tina
es motivo para comentar brevemente sobre el cielo despejado.

De Ramón Díaz Eterovic:

“Cárdenas”

Algunas tardes vuelvo a la cantina
donde él embriagaba su sonrisa provinciana.
Sus poemas saltan a mi memoria,
como huidizos y lejanos copos de nieve.
Recuerdo las calles
que recorrimos
mientras el viento
- aquel del sur y el corazón -
nos decía
que éramos tan frágiles
como los rayos del sol
en un amanecer magallánico.

Algunas tardes
su nombre asoma en el vino que bebo.
Y es como una llama
que ilumina el camino,
ahora
que estoy solo
y los amigos se han ido
sin anunciar la fecha del regreso.

“Retrato de un puntero izquierdo”


Solo,
apegado a la línea de cal
con la pelota junto al pie,
y el aliento
de los defensas a sus espaldas.

Sueña con llegar a la red del arco contrario,
y por amor a la libertad
juega por el sector izquierdo de la cancha.

De Aristóteles España:

“Jorge Luis Borges en un prostíbulo”


Con su cara de maldito y sus ojos de leopardo extranjero,
el poeta entra a un prostíbulo en el sur de Chile;
nadie lo acompaña esta vez,
ni profesores ni damas extravagantes,
es El con su líbido y su cruz.

Vino de incógnito a Chile con el único objetivo
de
hacer
el amor,
ni poemas,
ni conferencias, sólo sexo,
el gran sexo del sur chilensis,
con hembras como fantasmas
que salen de sus bolsillos ingleses,
es El.

Con el dinero de su amante y piernas que tiemblan,
compra a hembra chilena y baila el único
bolero antes de ir a la cama,
Borges tiene hambre,
ingresa con mujer mapuche al nervio,
sólo al nervio, dijo.

Y comienza a volar por el dormitorio y sus
enanos vuelan
también;
la mujer llora desconsolada
porque Borges la ha penetrado, ¡es Borges!

la habitación se mueve
y los huesos atraviesan el local
y todo el sur con el nombre.

De Mario Ferrero:

“Invierno”


Esta tarde de invierno,
quemando mi café en la llama fría,
siento el hueso capital
la furia
de dos gotas inmensas de neblina.

Se sentaron los vuelos pierna arriba
detrás de la llovizna.
Es un caballero eterno el que se muere
de tanto galopar contra la vida.

Hay en tus ojos una herida rubia
esta tarde de invierno,
esta tarde lejana y ya vivida
en que estoy fuera de mí,
apenas calentando este duro café
en la llama fría.

De Jaime Gómez:

“Versos a la muerte”


A mi tierra

Yo no vengo a pedir venganza
por mis muertos,
ni vengo a pedirle a la muerte
que comprenda.
Yo sólo traigo las voces de los pájaros,
yo sólo traigo estos versos a la muerte.
Cuando se mata un árbol,
algo del aire entre sus ramas muere,
pero otros verdes del árbol amanecen.
Por eso nace el sol.
Por eso la luz caída, en el monte,
reverbera.
Deshojada la flor, sigue naciendo.
Yo no vengo a pedir venganza
por mis muertos.
Pero ha de ser
y, un día,
rendida ha de caer también
la muerte,
rodando, a la huesera.

De Ronnie Muñoz:

“El milagro de la vid”


A Omar Lara

En cautivantes lagares cantan
las almas de los divinos borrachos
que se marcharon al corazón del cielo
con un ardiente racimo entre las venas.

El vino es topacio y río,
en el sereno altar de la vendimia.
Pájaros ebrios picotean la uva
y el diablo baila en los toneles.

Amo el viento besando los parrones,
las bodegas anhelando la cosecha
y al mosto que se desliza entre los senos
de lozanas vendimiadoras.

Me estremezco en las bodegas olorosas,
en el edén de todos los viñedos;
cuando la magia de los toneles
embruja las sedientas miradas
de poetas, frailes y borrachos.

Manos ardientes cogen los vasos
y en el ritual del amor y la alegría,
los amantes se tienden junto a un ánfora,
agradeciendo a Dios, el perpetuo milagro de la vid.

Ángeles rojos sonríen en las vasijas,
rudas manos exprimen los racimos,
que estallan como pezones sagrados.

La tarde se marea, el viento se marea;
gatos borrachos sueñan en los toneles;
enrojecen los labios de la tarde
y se marea el viento.

Revienta una guitarra, sonríen los luceros
y las copas se trepan a los labios,
para exaltar el rito del vino luminoso,
que alegra el alma del rico y el mendigo.

De Jorge Teillier:

“Sentados frente al fuego”


Sentados frente al fuego que envejece
miro su rostro sin decir palabra.
Miro el jarro de greda donde aún queda vino,
miro nuestras sombras movidas por las llamas.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos,
a pesar de su rostro frente al fuego,
y de nuestras sombras movidas por las llamas.
Quizá si yo pudiera encontrar una palabra.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos:
aún cae una gotera, brilla el cerezo tras la lluvia.
Pero nuestras sombras movidas por las llamas
viven más que nosotros.

Sí, ésta es la misma estación que descubrimos juntos:
- Yo llenaba esas manos de cerezas, esas
manos llenaban mi vaso de vino -.
Ella mira el fuego que envejece.

De Leonora Vicuña:

“La hora del lobo”


Es la hora del lobo.
La madre cierra suavemente las persianas.
Salen de sus oscuros escondites las polillas,
las baratas.
Puertas adentro la ciudad se recoge
en su desesperanza.
En el silencio total que nos inunda,
un suspiro puede ser una amenaza.

Los lobos rondan las calles abandonadas.

De pronto: disparos y un grito a la distancia.
El corazón se agita.
Los ojos se dilatan.
Nadie se mueve.
Nadie dice nada.
Pero todos sabemos
en la tibia oscuridad de la casa
que alguien esta noche ha caído en una trampa.

Santiago de Chile, 1982.

14 de agosto de 2006

Tarde de domingo


Serenidad de la tarde…
… estrellas lejanas…
vidas en multitud
esparcidas al neón
al cuerpo agitado del puerto
tan bello en su crimen
tan loco en su ascenso
por las mareas del cerro
y la ilusión del lápiz.

10 de agosto de 2006

Apuntes necesarios para la periferia, tercera parte y final*

En Chile, donde no pasa nunca nada…

Entre las frases de hechizo y exorcismo que en el seno de las familias constituían la presunta sabiduría oral chilena, ésta, en “Chile nunca pasa nada”, parecía adaptarse a la concepción de un Chile que era un lugar común naif: la copia feliz del Edén. Todo se podía arreglar en Chile, era cuestión de confianza, de acuerdos entre caballeros, fórmulas de pasillo de Parlamento y redacción de periódicos, encontrarse en la calle Ahumada con Huérfanos y solucionar el problema, celebrar la solución en una comida. Todo podía terminar felizmente, en un banquete de reconciliación. Fórmulas para cualquier problema de política, tanto el más casero como el más universal.

Cuando Arturo Alessandri Palma después de su segunda presidencia, al día siguiente de la asunción del mando del Frente Popular, luego, es claro, de los muertos del Seguro Obrero, hizo naturalmente un viaje a Europa, para reposarse y “estudiar la situación internacional”, se entrevistó en Roma con Ciano, el Ministro de Relaciones exteriores de Mussolini. 1939. Después de hablarle de la situación de Chile, de extenderse sobre las condiciones sudamericanas, inquirió el viejo Presidente al joven conde italiano cuál era la verdad, la “firme” y secreta verdad de los graves conflictos europeos en curso. Después de oír atentamente al Ministro - que por cierto se abstuvo de transmitirle sus firmes secretos -, Alessandri, descendiente de italianos y famoso en Chile por su sentido del humor (aunque los caballeros chilenos llaman humor a un pesado sarcasmo pueblerino), pero sin sombra de intención humorística esta vez, reveló hasta qué punto era el paradigma de los políticos chilenos, diciéndole como observación final: “¿Y no habrá solución de conjunto para los problemas europeos?” Hasta el propio jerarca fascista creyó del caso contar con estupor esta entrevista en su Diario.

Una “solución de conjunto”…, el ideal político cazurro chileno. Hemos visto tantas soluciones de conjunto, de compromiso, fórmulas mágicas de equilibrio inestable, que muchos llegaron a creer en la banalidad de que a fin de cuentas en Chile no pasaba nunca nada (“este país está enfermo de ponderación”, le oí comentar, mientras yo seguía jugando en el patio solo, a mi tío Pedro por esos años). Todo se arreglaba en pasillos, y pasillos eran también los periódicos y órganos de publicidad, pasillos las manifestaciones públicas, los cortejos políticos se parecían a las procesiones religiosas. Todos eran, finalmente, de los mismos. Pero el pueblo era otro, y a sus espaldas se arreglaba todo. Sobre sus espaldas. Estas acrobacias, en régimen democrático, se hacen en público y con aplausos del honorable público que paga. Prestidigitaciones.

Pero también por cazurrería, el pesimismo, un escepticismo a veces banal y barato, se abría lugar frente a cada pequeña crisis - los saltos mortales del índice de precios, el fuelle de la inflación perpetua (crisis no tan pequeñas para quienes vivían al mínimum de subsistencia) -, y entonces los chilenos de sobremesa exclamaban limpiándose la boca y alzando los brazos a media altura: “¡este país no tiene remedio!”. Lo que no tenía remedio era su sistema de poder, pero como tal sistema se quería idéntico al país, Chile entero con su geografía, su naturaleza física y humana, su mayoría de pobres, el que no tenía remedio. Luego de la exclamación el chileno en su comedor quedaba desahogado y podía volver al día siguiente al trabajo de cada día, al servicio público de hacer funcionar la inflación succionadora.

Los caballeros más viejos, más desesperados y más caballeros requerían, para descargarse de estas graves preocupaciones de bien común, de una exclamación más radical; la operación quirúrgica imaginaria que debía practicarse en el cuerpo lamentable de Chile era eutanásica, pero sin piedad: como recuerda haber oído hace muchos años un escritor chileno cuando niño, mientras era lustrabotas de Club, “hay que vender este país y comprarse algo más chico en Europa”. ¿Rasgo de humor? ¡Sarcasmo, rasgo de psicología social!

***

Vender, comprar. Los caballeros han tenido siempre una afición irresistible por la compraventa en grande pero con criterio en chico. ¡Vender el país! Si estaba siendo vendido mes a mes, sus minas subterráneas, el salitre, el cobre, el hierro, sus riquezas más profundas, a ingleses, a norteamericanos, al extranjero…

***

¡Europa! Se fue a Europa. Volvió de Europa pasando por Estados Unidos, está de viaje en Europa, está estudiando en Estados Unidos. Tiene amigos extranjeros, goza de la confianza de una gran firma de inversionistas, es persona seria: hace negocios con el extranjero. El sueño del criollo rico, transmitido de generación en generación aun después de siglos en América: volver a “Europa”, una Europa “del alma” (llamando “alma” al vacío moral dejado por el desprecio hacia los propios pueblos americanos), instalarse en esa costa azul que cubre todo el continente europeo, en esas aguas milagrosas, Baden-Baden, Trevi, Lourdes, termas. ¡Europa! Que con el tiempo pasó también a comprender Estados Unidos.

***

(Cuando se habla del sueño de la razón, se sabe - desde Goya -, que produce monstruos. El ridículo de estas imágenes corresponde al inconsciente social criollo, no al cronista que las extrae de los balbuceos que ha podido escuchar mientras su clase duerme. Estos monstruos no son cómicos, son horribles; se alimentan de sangre; esta sangre, desde 1973, ha corrido Chile más anónima que nunca, más lastimosamente. Clama al cielo. ¡Qué vergüenza!).

***

“Era inevitable: ¿Por qué Allende no fue más prudente? ¿Por qué la gentuza que salía a las calles a hacer manifestaciones (en vez de trabajar) desafió a los militares? Se sabe lo que son, los militares, se sabe para qué están. ¿Cómo no tomó en cuenta, la Unidad Popular, que se le estaba pasando la mano? Los rotos estaban alzados. Querían más regalías, los regalones. Ya nadie trabajaba en Chile. Un verdadero caos. Orden era lo que se necesitaba. Los militares están para eso. No podían quedarse sentados mirando la descomposición social. ¡Luchas de clases! Guerra interna es lo que van a tener. A cargo de los militares. Ellos saben cómo hacer estas cosas”.

“La situación no podía seguir así. Hay que haber estado aquí para saber cómo estaban las cosas. No nos vengan con opiniones a distancia, desde el extranjero. La cosa no daba para más. Si hasta podían salir los desalmados de los cordones industriales, de sus cuevas, y empezar la degollina de un momento para otro. Cuando suene la hora del roto con su corvo y su carabina recortada, ¿a dónde vamos a ir a parar? Los militares saben aplacarlos. Es su función. Para eso están. Un poco de sangre tiene que correr, es inevitable. Pero después las cosas vuelven a su cauce normal, y podemos vivir tranquilos unos y otros, unos trabajando y los otros (caballeros de Chile) dirigiendo al país”.

“Este Salvador Allende ha echado todo a perder. Es un pije, lo habíamos dicho desde hace mucho tiempo. ¡Lo que se le fue a ocurrir! ¡Resistir en La Moneda! ¿Qué hacía ahí en La Moneda? Su lugar estaba en el extranjero, entre sus queridos rusos o cubanos, o si no le gustan tanto como dice, en algún lugar de Europa, en el exilio”.

“De dónde sacó esto de resistir con armas en La Moneda. Culpa suya es. La Moneda tuvo que ser bombardeada por los aviadores. Él destruyo La Moneda así como hizo pedazos el país, por su culpa, por su gravísima culpa; los militares tuvieron que bombardear la galería de los Presidentes, los bustos de mármol (hay algunos de yeso). Los militares ahora están obligados a poner orden por la fuerza. No es que les guste la fuerza. Tampoco a nosotros nos gusta. Pero el deber es el deber. Su deber es que nunca más en Chile se alce el roto y pueda amenazarnos. Lástima si esto puede costar vidas inútiles, quiero decir, muertes inútiles. No son inútiles si esto significa salvar al país (salvarnos a nosotros), acabar con la injusticia de las expropiaciones, devolvernos el fundo, la fábrica, entenderse con los inversionistas (ya que no querían invertir en Chile), poner al pueblo en su lugar”.

“¡Este Allende! Se le ocurrió morir en su puesto, como si éste fuera el caso del Combate Naval de Iquique. Curioso que los marinos, que fueron los primeros en alzarse por la patria el 11 de septiembre, se vieran obligados a acabar con este nuevo Arturo Prat que nos salió. Allende muere, tan contento, y deja el pastel. Ahora hay que matar al enemigo interno como a las palomas, al vuelo. Esta es la herencia de Allende. Le dio por el pueblo. Ahora hay que matar pueblo como a moscas. La culpa es suya y de los que fomentaron a estos rotos sublevados”.

“Quizás cuánto vaya a durar esta empresa. Mejor sería tener, no solo orden sino alguna libertad. Pero no importa. Ya volverá nuestro turno, más bien dicho ya ha vuelto; se dio vuelta la tortilla: ahora mandamos nosotros; los militares son transitorios, ya volverán a sus cuarteles y entonces mandaremos nosotros - como siempre - y podremos ser benévolos”.

***

(Neruda en su lecho de muerte, diez días después del golpe, me lo contó su interlocutor, único visitante esa tarde, el toque de queda espantaba a los amigos disponibles, la mayoría estaban escondidos, había algunos muertos. Dijo: “Ponte a los pies de la cama para verte. No puedo torcer la cabeza. Ándate de aquí apenas puedas. Están matando mucha gente. Tienen necesidad de matar para que puedan dominar los mediocres. Matarán mucho. Mandarán los mediocres, dominarán en todo los mediocres. Y cuando ya no puedan matar más, entonces se pondrán benévolos, los gobernantes besarán a los niños pobres en las poblaciones. Pero entonces serán más peligrosos que nunca”).

***

¿Los militares?

Los militares creen representar a Chile, el espíritu y cuerpo nacional, la historia, a voluntad del Estado. Los militares de hoy representan la voluntad de que el país (donde debíamos crecer) no exista. Esa voluntad es antigua en nuestra tierra, ha permanecido a través de todos los esfuerzos de hacer el país, desde el comienzo. Es uno de los rasgos ocultos inconscientes de las clases que han dirigido siempre Chile, hasta hoy. La tentación de que el país muera como tal y se entregue a la historia exterior, a los imperios, a los “imperativos de la geografía”, a los “círculos financieros internacionales”, a todo lo que a distancia, al ojo del provinciano isleño y cerril duro de cabeza y sin fantasía, escarnecedor y sin humorismo humano, envidioso, desconfiado, inseguro, le parece la realidad de este mundo. Los militares representan la voluntad de muerte del país. Cuando matan , no solo asesinan a quienes matan: a izquierdistas o a “rotos alzados”. Acaban - quieren acabar, pero no podrán - con el Chile histórico. No podrán hacerlo; porque el verdadero Chile histórico, la comunidad que verdaderamente necesita que Chile exista, y que ha sudado cuatrocientos años para realizar el país, es el pueblo perseguido y castigado, el que no tiene opción ni siquiera imaginaria en el mundo sino su lugar, su tierra, su trabajo.

*Textos extraídos del libro “Caballeros de Chile”, de Armando Uribe, escrito entre marzo y junio de 1974.

7 de agosto de 2006

Apuntes necesarios para la periferia, segunda parte*

Pero la verdad de los mitos consiste en su eficacia temporal. Y estos mitos, que servían un fin histórico en beneficio de algunos, no de todos los chilenos (sin perjuicio de que los fundamentos de una parte de ellos - como los relativos a las libertades - tuviesen una validez superior al aprovechamiento minoritario al que se les sometió), demostraron su eficacia; pero asimismo su fugacidad, su carácter de trucos sociales manipulados.

Cuando una ideología es “nacional” y dura un buen tiempo, cuando es compartida prácticamente sin discusión - como sistema de valores y principios elementales -, cuando es confirmada por un debate abierto y continuo sobre sus consecuencias y sus formas, no es necesario que haya dolo directo ni siquiera en el más malicioso de sus manipuladores. Los chilenos de poder - creo decir con buena fe - eran inconscientes de la mentira final contenida en su sociedad. Ello no los hace menos responsables: sino más.

***

¿En qué consistió esa ideología? Varios de sus extremos han ido apareciendo a través de las ilustraciones prácticas que son lo principal en este libro: anécdotas o historias, rememoraciones infantiles y adolescentes - las épocas en que uno sufre el choque inicial con la dosis de mentira y ficción que contiene la vida social, tantea el cómo adaptarse a ella, se crean mecanismos de protección y ataque a su respecto, y más que nada sabe hacerse en toda instancia las preguntas fundamentales. Otras resultarán del resto de este libro.

La poderosa burguesía de Chile, con sus intelectuales, su historia social identificada a la historia del país, su hegemonía ideológica cristalizada en una institucionalidad capaz de englobar todo lo legítimo, de legitimar lo asimilable y de condenar lo refractario, con sus mitos ancestrales y su aptitud a continuar poblando el Olimpo chileno, esa burguesía, fauna y bosques sagrados de la “copia feliz del Edén” (himno nacional de Chile), ¿quiénes la componían, cómo se había formado, qué era?

A Chile llegaron los Conquistadores. Ciento cincuenta hombres jóvenes y una mujer, concubina de su jefe Pedro de Valdivia. Se cree en Chile que una circunstancia diferenciaba a estos Conquistadores de las otras meznadas españolas: mientras aquellos que cubrieron las otras vías de América se abren camino por tierras ajenas en busca de oro y para mayor gloria del rey y Dios, los conquistadores de Chile habrían celado, además, un diverso propósito. Se sabía que lo que fue por ellos llamado Chile era pobre, su naturaleza cruel, su escasa población más irreductible que las conocidas desde Nueva España hasta Perú. La experiencia frustrada de una primera conquista en 1537 que diezmó a los soldados selectos del gran Almagro y arruinó para siempre a su jefe, habían hecho de Chile una palabra maldita. Valdivia y sus compañeros habrían partido a la conquista de las tierras del sur no para hacer fortuna y retornar a España, sino para crear una nación para ellos y las generaciones de sus descendientes.

***

¿Será cierto? En todo caso es la versión clásica. Muchas penurias pueden haber imaginado Valdivia y sus seguidores, para sí y para sus herederos, pero no es probable que hayan previsto la resistencia encarnizada de un pueblo indígena mapuche que no tenía imperio ni gran nombre en América, y que sin embargo, se hizo de un nombre en la propia guerra con los españoles: Arauco. El nombre de este pueblo le fue dado por sus enemigos, se hizo nación en sus combates, la gesta de su guerra, que duró siglos, fue obra de un poeta que los admiró peleando en su contra. La epopeya de La Araucana, de Don Alonso de Ercilla y Zúñiga (uno de los pocos conquistadores de las primeras hornadas que tenía derecho legal a usar el Don), creó el segundo catálogo de mitos chilenos: la guerra natal de gran estilo, cuyos episodios de sangre y de honor harían de Chile la única nación moderna nacida de una epopeya.

***

Por décadas en los siglos XVI y XVII los colonizadores de Chile eran guerreros. Estaban obligados a empuñar las armas y juntamente impelidos, so pena de aniquilamiento, a ser más industriosos y más duros en su trabajo y en la administración de la fuerza de trabajo de indígenas y mestizos que los colonizadores de las tierras fáciles de los grandes imperios, de las fabulosas riquezas del resto de América. He aquí una tercera fuente de mitología.

***

En el siglo XVIII los Borbones de España hicieron posible, con sus provisiones económicas y administrativas, el flujo a Chile de ondeadas colonizadoras de un carácter distinto: los llamados en general “los vascos” comenzaron a llegar, primero hombres solos, luego en ligas de hermanos, primos, parientes. Se casaron entre ellos pero también eligieron las herederas más ricas en tierras, joyas, casas, tradiciones, entre las antiguas familias de las cohortes conquistadoras. Habrían absorbido así la mejor riqueza del país. Habían formado bloque, desde fines del siglo XVIII hasta entrado el XX. Serían la “clase alta” chilena. Su tensión social con los grupos, más numerosos pero más disgregados, de los linajes “venidos a menos”, sería el tema de la verdadera “cuestión social” interior por el mando del país. Cuarta serie de “mitos”.

***

Las guerras de independencia entre 1810 y mil ochocientos veintitantos habría sido la quinta gesta chilena. La población mestiza sería prácticamente homogénea. Dirigidos simbólicamente sus intereses por los caballeros de la capital y las provincias, descubierta la “ignominia” del estado colonial, se decide la independencia política, y que el país sea gobernado por los criollos, no por los empleados del rey. Ayudados por los patriotas argentinos, los chilenos liberan su propia tierra y emprenden la hazaña de libertar al Perú, Virreinato legendario pero inepto, que necesita de Chile, más pobre, más sobrio, pero más valeroso y decidido, para expulsar a los españoles.

***

Las luchas de la Independencia provocan sin embargo el caos político en Chile. Muchos “ideólogos” provenientes de toda América, impiden que en el país se de un gobierno ordenado. El genio de la raza chilena suscita un hombre de razón: don Diego Portales. Mercader al por mayor, contratante de un estanco fiscal, sin compromisos - por demasiado joven e indiferente - en las escaramuzas políticas de la Independencia, devela con un golpe de ojo magistral en poquísimo tiempo, cuáles son las fuerzas sociales y económicas, vivas y aptas para formar un bloque sólido de poder en el Chile de 1830. En la República recién nacida, funda el Estado. Sexto mito.

***

Las peripecias de la fundación del Estado cuestan la vida a Portales, que por su muerte, a manos de un grupo de oficiales insurrectos fracasados, consolida la forma institucional de esa obra de razón política. La Constitución (de 1833) y los Códigos, cuyo modelo está en el Código Civil de don Andrés Bello - el arquetipo definitivo del intelectual chileno -, reciben la garantía de sangre de que esta obra impersonal de las clases dirigentes: el Estado y sus instituciones, merece que los mejores hombres de carne y hueso mueran por ella. Morir por la legitimidad es el séptimo gran complejo mítico.

***

Chile no es sólo una nación, es ya un Estado. La República, como persona moral en una América confusa, indecisa, inmadura, es superior a sus fronteras geográficas, chilenos de empresa se esparcen en las zonas vacías de jurisdicción dudosa: el desierto del norte, los contrafuertes de los Andes, el océano infinito al oeste. Labran minas de plata nueva, disfrutan la utilidad inédita del salitre, ¡hacen correr el peso chileno en las islas del otro lado del Pacífico y hasta en China! La burguesía es nacional. Tiene capitales, bancos, barcos de cabotaje y alta mar, hombres de empresa, una administración organizada del Estado, un ejército capaz de guerras de anexión. En la era de Portales y Andrés Bello, el ejército, sometido finamente sin discusión al poder civil impersonal, había servido, triunfando en la guerra preventiva contra la Confederación Perú-boliviana, para que la entidad moral del nuevo Estado de Chile fuera reconocida inviolable por sus vecinos. Cuarenta años después la existencia de una clase empresarial nativa deseosa de probarse en la expansión económica justifica la proeza de una nueva guerra contra Perú y Bolivia que tenga ahora fines económicos de provecho. Esta guerra es ganada. Chile crece geográficamente. Octava galería de mitos.

***

Aparece la concupiscencia del capital extranjero. Chile tiene demasiadas riquezas. El monopolio natural del salitre, conquistado en la “Guerra del Pacífico”, es presa apreciable y también natural de Imperio Británico que no en balde domina media mundo. La liquidación de la guerra del Pacífico le da la oportunidad de introducirse masivamente en esta nueva Cucaña de millones. El último de los burgueses nacionales, el Presidente Balmaceda, osa enfrentarse al extranjero. No sabe dar satisfacción política al bloque social dominante, éste hace causa común con los intereses británicos, y Balmaceda, pese a haber recurrido en su desesperación a una incipiente “clase media” burocrática, pierde la guerra civil y se suicida. Queda consagrado el rito de que la legitimidad nacional cuesta la vida de quien la simboliza. Noveno mito.

***

Chile de transforma en factoría privilegiada. Vive de las rentas del salitre que otros explotan; la política es cosa de gente de club y de círculos, un juego serio de sociedad. Pero el espíritu de la burguesía nacional ha impregnado desde la época heroica de los hombres de Estado y empresa del siglo XIX, la representación ideológica que el chileno dirigente se hace de su país. Después de treinta años de política de salón, las crisis generadas por la Primera Guerra Mundial y por la reconstitución posbélica del mundo dan lugar en Chile a ensayos tenaces y superficiales por recuperar, reconstruir o reinventar una forma viable para el Estado nacional, repristinando el rol de la clase dirigente como una verdadera administradora legítima de las fuerzas de la nación. Con altibajos, tal intento habría asumido el buen camino, aunque incorporando a la vicisitud del camino cierta hostigosa sensación de que una crisis mayor puede ser siempre inminente. Dirige el país por segunda vez Arturo Alessandri Palma (bajo su presidencia nacen o crecen quienes hoy dirigen en Chile); deja lugar a Aguirre Cerda, el del Frente Popular, a quien sucede Juan Antonio Ríos, radical también pero más autoritario, a cuya muerte es elegido González Videla en un movimiento, que simulaba ser profundo, de reacción contra la irrisoria “fronda aristocrática” de principios de siglo, y a Ibáñez nuevamente fracasado lo reemplaza un hijo de Alessandri que ensaya todas las recetas conservadoras a su alcance sin éxito, y a éste Frei y a éste Allende. La curva de ficticias acciones y reacciones del mismo círculo encantado, para quebrar la recurrente pesadilla política que había sido, a contar de fines del siglo XIX, el efecto en la conciencia y subconciencia social de la burguesía chilena, de su enorme y costosa frustración al no poder constituir una verdadera burguesía nacional, ha dado origen durante los últimos cincuenta años a una décima categoría de mitos burgueses.

***

Este libro no pretende hacer historia científica. No puede pretender que la enumeración anterior forme un cuadro de la realidad social efectiva de Chile (faltan, nada menos, proletarios y campesinos…). Pero expresa los datos de que disponía la conciencia histórica de la clase dirigente chilena sobre sus propios avatares como clase. Son los arquetipos psicológicos con que el pueblo de Chile se encontró al iniciar su odisea de Gobierno Salvador Allende.

En esta historia reducida y deformada, se delinea además la partenogénesis por la cual la clase social dirigente creaba estratos sociales interiores en su lucha con su propia sombra por el poder.

***

La llamada clase alta… Mejor ni hablar de ella: cada vez sabe menos ella misma lo que es hoy. Su conciencia de sí la componen una vaga nostalgia porfiada de sus tiempos favoritos, los de la época del parlamentarismo y las rentas del salitre, su bella época inútil de hasta el año 20, el tributo mental que paga a sus penates - las duras figuras de cera de los constructores de la república en el siglo XIX -, la idea que se hace de una Europa que no existe - que tal vez nunca existió -, lugar de “retorno” deseado e imposible. Pero en lo profundo de sí misma se ha ido reconociendo - con la pérdida del prestigio que tuvo cuando sus costumbres hacía ley - lo que siempre ha sido en realidad: una burguesía tenaz y rapaz. Vuelve a abrir tienda, como en el siglo XVIII, a veces muy concretamente, otras ejerciendo las actividades más variadas con un espíritu de comercio al por menor. Pero pierde la ilusión de sobrevivir compacta, se disfraza de clase media, sumiéndose en cualesquiera familias que prometan fuerza económica o política, se resigna gustosa a la compañía poco recomendable de hombres de fortuna nueva, de extranjeros de apetito insaciable y urgente, está dispuesta a servir a los militares, renunciando, como eran sus hábitos, a servirse de ellos. Sin embargo produce, ya que no tropas, al menos cerebros de choque, capaces de indicar el sentido correcto a la nueva coalición de la burguesía, de administrar la nueva concentración monopólica, de seducir a ciertos militares inseguros y atrasados de noticias, de prestar apariencia histórica respetable a la traición colectiva de la clase burguesa al país.

***

Los uniformados, ¿serían caballeros? Algunos oficiales tenían conducta de caballeros. Otros eran “caballerosos”, no más. Unos pocos llegaban a ser caballerescos, quijotescos. ¿Y los demás? Los oficiales de caballería, y hasta ciertos centauros de Carabineros, disponían de tiempo, asistentes u ordenanzas, caballerizas, picaderos, pesebreras, y podían sentirse - literalmente - caballeros, lo que ya les estaba vedado por las exigencias de la lucha social y política a los antiguos caballeros, aun a los dueños de fundos con haras. Todas estas singularidades gratuitas que aislaban en un ángulo del grupo escultórico burgués al “inocente” militar, separaban a estos oficiales de la clase media civil.

Cuando esta clase media, frente al sordo tronar de las masas populares, se descubrió como lo que era: el tronco de la burguesía chilena; cuando la “clase alta” decidió reconocerse cabeza predestinada no de todo el país sino de dicha burguesía; cuando los pequeños trepadores del pequeño comercio, la pequeña empresa, la pequeña profesión liberal, cerraron filas admitiendo que la burguesía en Chile era una sola, muchos oficiales de las Fuerzas Armadas sintieron el llamado a la guerra social, recordaron a sus padres, pensaron en sus hijos, tantearon sus bolsillos, revisaron sus armas, carraspearon y dieron órdenes: eran, se dijeron, clase media, es más: eran el nervio de la burguesía. Fueron la punta de lanza del bloque burgués. Se alzaron contra el pueblo.


*Textos extraídos del libro “Caballeros de Chile”, de Armando Uribe, escrito entre marzo y junio de 1974.

3 de agosto de 2006

Apuntes necesarios para la periferia, primera parte*

Han pasado veinte o treinta años. Cuarenta desde que nací. No somos niños, los de las páginas anteriores. Habemos muertos, perdidos, olvidados. ¿Hay ricos y poderosos? Sí, los hay: están con la Junta. Habemos desterrados; el exilio no es estar en otra parte que el país donde se nació: es no estar en ninguna parte.

Ellos, con la Junta, ¿están en Chile?

Creo que son más desterrados que yo. Se asilan en sus intereses, en los bienes que creen que tienen. Se identifican con sus bienes. Esas cosas son su patria.

¡Pobres hombres!, ellos, pero también yo, que creíamos ser más que las cosas. Ellos han terminado identificándose con cosas y yo perdiéndolas. Dije que prefiero renunciar a esa gente. ¿No debería decir también que la he perdido?

¿Qué creíamos ser?

No una clase. En el sentido escolar podíamos ser clase: Cuarto Año B o Sexto de Preparatorias, último de Humanidades, clases. Compañeros de clase.

Socialmente no. ¡Cuántas diferencias creíamos que había! Infinitas. Cada familia era una clase por sí sola; los parentescos eran ley. “Somos medio parientes”. “Mi primo el guatón T.”. “El papá de…”.

De muchos se decía, o se sabía sin decirlo: son de clase media, medio pelo. Algunos se decían a sí mismos (inseguros): Nosotros, los de la clase alta… gente bien. Pero otros, más seguros, no se lo decían: lo sabían.

Otros, no sabíamos, en esas épocas, sino que éramos: “decentes”.

Qué importan las distinciones sutilísimas a que nos fuimos acostumbrando. Nosotros éramos, todos, sin distinción, el más perseguido entre nosotros como el más dominante, todos aventajados frente a los pobres.

La existencia de los pobres era lo que nos daba unidad entre nosotros.

La cultura que teníamos acerca de los pobres era nuestra fuerza de cohesión. Los observábamos todo el tiempo, tácitamente. Ellos eran: los otros absolutos, los otros de todos nosotros, los otros de todo.

Encarnecidos, peligrosos, feos. Contagiosos, protegibles. Necesitaban de nosotros, debíamos actuar de manera que les fuéramos necesarios para siempre. Dependientes.

Los caballeros deben mandar. Si no, este país se acaba.

***

“Nosotros, los pobres, ustedes, los ricos. Ustedes los ricos son todos iguales. ¡Nos tienen fregados a nosotros los pobres!”. Me enojé.: “Yo no tengo nada en contra de los pobres”. “Ustedes tienen de todo: por eso son ricos. ¡Nosotros sí que no tenemos nada!”. (De todo significaba: hasta dos pares de zapatos). “Pero nosotros les damos limosna a los pobres”. El niño, mayor que yo que tenía siete, él tendría nueve años o diez, pero no más alto que yo ni más fuerte, saltó como un gato al que le pisan la cola. “¡Rico desgraciado!”. Retrocedió, se agachó. Al pararse de nuevo, vi que tenía las manos llenas de piedras. “¡Vas a ver!”, me gritó retrocediendo de espaldas y tirándome piedras. Tenía buena puntería. “Van a ver lo que les va a pasar, ricos de mierda”. Retrocedía rápidamente, cateando a lado y lado por si salía una empleada a la puerta o alguien a mirar por la ventana. “¡Son todos iguales!”, gritó y lanzó la última piedra. Dobló la esquina y desapareció. No se le vio nunca más por esos lados.

Existíamos por contraste, teníamos identidad en comparación con lo que no éramos, contra los otros. De ahí el sadismo social chileno.

***

(Si me pregunto, pasados tantos años, ocho meses después del golpe, cómo se explica la brutalidad de los militares y ciertos civiles condescendientes a sus voluntades, qué significa el endoso apenas disimulado de un buen número de otros que no quieren saber pero saben - más allá de la pasividad que provoca el terror a la Junta -, la única respuesta es: el antiguo sadismo social contra los pobres, son sus mil formas imperceptibles en el pasado, cubiertos como estaban por la famosa institucionalidad legal, las libertades públicas, una especie de pacto social - impuesto pero de apariencia viable -, disfrazado por la gran ideología histórica nacional; las peculiaridades de Chile… ¡Éramos muy distintos a los demás sudamericanos! Sí: muy distintos: cuando se trató de matar, los militares y sus paniaguados y sus consejeros demostraron que la actual singularidad chilena en Sudamérica es matar más, violando leyes).

***

Se consideraba que el pueblo era muy feo. Tener cara de roto, manos de roto, facha de roto: insultos. La misma palabra roto - cualquiera que sea su origen histórico y su etimología - expresa: lo incompleto, lo violado, lo inservible, lo que se puede y se debe botar. ¡Modos de roto! No saberse mover, sentar ni comer ni vivir. Lo que está roto es barato. A los rotos chilenos se los puede tratar como cosas de utilidad limitada. ¡Hay tantos y todos igualmente rotos! Más de los necesarios.

La hipocresía social hace que estas nociones no sean casi nunca explícitas. La prudencia social en los últimos treinta o cuarenta años evita incluso que se manifiesten en el trato directo de patrones con asalariados. Pero en la conversación y con más frecuencia en los chistes entre “patrones”, la idea de la inferioridad congénita, espiritual y física, moral, estética y sensible de la gente del pueblo chileno, domina siempre y es una cantidad mensurable que los privilegiados están dispuestos a restar en sus cálculos sobre lo que merece el pueblo (lo que merece comer, la dignidad que merece).

Me dirán que exagero. Naturalmente hay excepciones. Naturalmente una actitud colectiva inconfesable como ésta se disfraza de paternalismos, racionalizaciones, argumentos económicos, piedad religiosa. No es del todo consciente. No sería soportada por la conciencia civil si no fuera secreta.

Pero se revela incluso en la celebración, de los dientes para afuera, de las cualidades del roto chileno. Hasta hay una estatua y una plaza en Santiago dedicada a ese roto. La escultura de bronce representa a un “roto” más griego, romano y mediterráneo de proporciones clásicas que chileno.

El físico del hombre popular de Chile suscita en la clase “alta” repugnancia y escarnio; cuando, en el extranjero o frente a extranjeros debe caracterizarlo, o lo idealiza o trata de disculpar sus “fallas” con pacata vergüenza. En la reserva de sus conversaciones de negocios con extranjeros, critica sin ambages los defectos morales y físicos que - ¡en su experiencia! - tienen aquellos que llama: esa gente. El apelativo suena como un latigazo. ¡Qué gente ésa! Floja, torpe, exigente, desordenada, irresponsable.

Las bromas sobre la mujer popular, y la irritación mezclada a la tentación de degradarse en su contacto, enturbian aún más el trato con las “chinas” que el que sufren los rotos.

La palabra “china”, ¿qué origen tendrá? Es poco probable que haya implicado, aún en su origen, un cariñoso elogio. Basta oír las frases equívocas a medias palabras, sobre los caballeros - eran numerosos hace años - que en su vida sexual non sancta mostraban esta invencible inclinación: ser “chineros”. “Le gustan las chinas”. Oída en boca de señoras, en rápido susurro, (no está bien detenerse en tales debilidades), la palabra china y sus derivativos eran hasta entrado el siglo XX estigma y anatema.

***

De nuevo me dirán que me dejo llevar por la exageración rabiosa de trazos parciales y ya superados de costumbres mucho menos generalizadas de cuanto doy a entender.

Trato de ilustrar, barajando mi experiencia de cuarenta años, una situación que varios otros han descrito: el abismo social que en la psicología de quienes dominan Chile, los separa del pueblo cuyo trabajo es condición para que exista el dominio. Una compleja serie de mitos nacionales justifica y, al mismo tiempo, encubre tal percepción de una diferencia que se desea básica, esencial, eterna. La ideología pública fundada por los grupos dominantes nutriéndose de una historia mítica, proyectándose en instituciones que eran consideradas intocables y a la vez susceptibles de perpetua renovación interior, legitimaba la gran diferencia entre explotados y patrones.

Este rasgo colectivo de Chile se refleja, a mi juicio, no menos que en los estudios de ingresos y repartición de la riqueza - y la pobreza -, en el mundo cultural del lenguaje social chileno. Y en este libro es el lenguaje a que recurrimos para revelarlo. Las palabras tabúes tribales, cuando salen a la luz parecen siempre caricaturas.

Este sadismo ahora desatado exhibe aspectos femeninos. Bajo la voz bronca de los militares y en sus actos de fuerza cuartelera, en los escritos que se quieren definitivos y en los discursos que se quieren terminantes, pulsiones hay de estridencia y espasmo. En sus condenas a los políticos hay despuntes del celos, como un perfil de la envidia que desde generaciones han incubado las mujeres de los militares - empleados públicos subalternos - hacia sus coetáneas, las mujeres de los hombres de poder. Y en las admoniciones a quienes llaman (es la expresión de un Decreto Ley de la Junta) “nuestros trabajadores”, en la amenaza inflexible de más trabajo por la misma o menos paga, disciplina sin derecho a voz ni a réplica, se repite a escala nacional el estilo de “dueña de casa” que administraba a las “sirvientas” de mano para todo servicio. (“No sea respondona. ¡Se va, pues, de la casa! Váyase con sus trapos a la calle”).

Hoy, desde este ángulo, en Chile ha parido Marte.

***

Para dominar y ser clase dirigente, era necesario tener los bienes de capital bajo control, el Gobierno y las instituciones del Estado por sí o por mandatarios, jugar a la política con más entrenamiento y mejores equipos; pero igualmente necesario, en régimen formal de libertades públicas, derechos políticos y civiles, en la democracia histórica de Chile, controlar la ideología del Estado. Y a la ideología de las clases dirigentes hacerla pasar por consenso nacional.

En esto, quienes han sido dueños del Chile histórico demostraron durante muchas décadas suma habilidad.

La hegemonía estaba asegurada por una ideología “nacional” secretada por las acciones y las omisiones de quienes dirigían al país, por su reacción frente a quienes soportaban el peso económico de tal dirección minoritaria, y también frente a los hechos aparentemente exteriores de la gran política, la gran economía, las grandes finanzas internacionales que - desde centros de poder misteriosos - fueron la condición irrecusable del privilegio de los que mandaban dentro.

La legislación de Chile, la institucionalidad chilena, las formas de su democracia, las distorsiones de su economía (la antigua inflación perpetua, por ejemplo, verdadero fátum en la vida del país), los tipos humanos de la política diaria como las situaciones recurrentes de conflicto social, los partidos y las universidades, las iglesias, la presencia de extranjeros, el drama y lo cotidiano, todo iba asimilándose en una estructura de mitos. No era una operación fácil, no bastaban las fantasías o las intenciones individuales, era una labor colectiva en que la tendencia la indicaban - con sus decisiones políticas, y cuando era indispensable con el uso de la fuerza bruta - las clases dirigentes, mientras su estructura, minuciosa, compleja y formal, constituía la función de los intelectuales del sistema.

Intelectuales en sentido muy amplio, comprendiendo profesionales y burocracia (inclusive oficiales militares y sacerdotes, para no hablar de esos fehacientes que son los profesores, los periodistas, los políticos), sin atender a su personal colocación en derechas o izquierdas; intelectuales del sistema, no de los regímenes de Gobierno.

El número relativo de intelectuales chilenos, en esta acepción, ha sido desde hace mucho, en proporción, notablemente grande. La cohesión fundamental de sus concepciones ideológicas de lo que Chile era, había sido en el pasado y podía ser en el futuro, alcanzaba un grado que no es frecuente sino en países viejos. Resultaría sencillo objetar esta característica diciendo que las tensiones políticas, los altibajos del debate público, las divisiones de opinión, los bloques sociales, que marcaban desde hace largos años al Chile de antes del golpe, contradicen toda idea de cohesión. Error: pues parte de la fuerza integradora del sistema era en Chile justamente el margen notorio de contraste político en lo secundario, en todo aquello que no ponía en duda las bases últimas del sistema.

Hasta qué punto esta serie de mitos garantizados y legitimados constituía una mistificación enorme, se vio el 11 de septiembre de 1973.


*Textos extraídos del libro “Caballeros de Chile”, de Armando Uribe, escrito entre marzo y junio de 1974.

1 de agosto de 2006

La revolución no es un hombre


“¿Cuándo empieza la transición en Cuba?”, le preguntó una periodista a Fidel Castro, tras la toma de la fotografía a los mandatarios asistentes a la reunión del MERCOSUR en la ciudad de Córdoba, Argentina, hace unas semanas. “¿Y a ti quién te paga, la CIA? ¿Por qué no vas y le preguntas a Bush sobre Posada Carriles?”, respondió enérgico Castro, ante la sorpresa de la reportera.

¿Posada Carriles? ¿CIA? ¿Transición… transición? Eso no quedó claro. ¿Transición? ¿Por qué tendría que haber una transición en Cuba? ¿Transición a qué? ¿Qué quería decir eso?

A primera vista, la intencionalidad de la pregunta está clara. Si se habla de transición, se quiere decir que la revolución debe terminar para dar paso a otra cosa. Por eso el enojo de Fidel con la periodista: quien habla de transición es enemigo de la revolución, por las razones ya mencionadas. La anécdota sirve entonces de preludio para lo que vivimos hoy, con Fidel fuera del poder. Y sirve también para preguntarse si se puede plantear desde fuera de Cuba una transición para la isla, sin preguntarle al pueblo cubano lo que quiere para su país. Porque aunque algunos no lo sepan o no lo quieran saber, en Cuba el poder reside en el pueblo y no en una persona. Por eso el odio de los países acostumbrados a una clase financiera y política dominante y corrompida por dólares y oro: en Cuba la revolución no es un hombre, ni una casta social, ni una elite política ni financiera; es un pueblo. Y como tal, hablamos de la máxima expresión de la democracia: “gobierno del pueblo”. Sólo ese pueblo decidirá si quiere o no una transición para su país y hacia qué.

LO QUIEREN ACABAR

Ahora Fidel Castro está enfermo y el poder lo tiene Raúl, su hermano. Y obviamente, toda la “prensa” continental dirigida con la mira de los empresarios más poderosos del orbe, habla del “fin” de la revolución, entre otras cosas porque Raúl no es tan querido en la isla, y porque los milicos cubanos tampoco lo quieren tanto, y también porque el tipo no es tan inteligente como Fidel, y bla, bla, bla. Nadie menciona que las revoluciones las hacen los pueblos y no un hombre. Pero la prensa trabaja para los intereses de sus dueños y presiona para que se obligue a Cuba a seguir el camino de la “apertura”económica hacia los intereses de las transnacionales y el gran capital mundial. Como si ese fuera el único camino posible. Como si el pueblo cubano no conociera la trampita del capitalismo y fuera un rebaño de seres incapaces de pensar lo que quieren para su tierra (al que le caiga el poncho…).

Mientras en Estados Unidos el huracán “Katrina” y los que lo siguieron después, causaban miles de muertos, inundaban ciudades enteras y provocaban enormes pérdidas al gobierno norteamericano, en Cuba el pueblo hacía frente a la catástrofe con disciplina, organización e ingenio. ¿Resultado? Ninguna víctima fatal en Cuba. Pérdidas materiales sí, muchas, pero las que importan, las vidas, salvaron ilesas. Mientras, en EE.UU., se destapaba la olla y se denunciaba que el Presidente George Bush había sido advertido de la necesidad de mejorar los diques de Nueva Orleáns, en muy malas condiciones para resistir un huracán como los que se venían. Bush prefirió gastarse la plata en su guerra contra el terrorismo. Y miles de afroamericanos murieron en Orleáns tras el paso de “Katrina” y sus primos. La tragedia de la ciudad del jazz aún late en el corazón negro de América. Y Cuba, de inmediato, en su momento, ofreció ayuda humanitaria en el campo de la salud para ir en auxilio de los miles de pobres afectados por el desastre. Las fronteras desaparecen cuando de vidas humanas se trata. El ser humano debe estar por sobre toda ideología. He ahí una gran diferencia entre la “dictadura” de Cuba y la “democracia” de Estados Unidos.

¿Transición en Cuba? ¿Transición a qué?

Se acusa al régimen de Fidel de coartar los derechos individuales pero al mismo tiempo en Washington se decreta toque de queda para todos los menores de 17 años. Se le acusa de ser un dictador pero su gobierno nunca ha atacado a otro país, y menos, desconociendo las resoluciones de las Naciones Unidas al respecto. EE.UU. invadió Irak desobedeciendo a la comunidad internacional y más encima, mintiendo descaradamente. Ya quedó claro que las armas de destrucción masiva las tienen ellos y sus compinches judíos, que también atacan países desoyendo los llamados del resto del planeta. Pero Fidel es el dictador. En el mundo al revés, él y Chávez son obstáculos para la democracia y Bush, Blair y los asesinos de Sion son el ejemplo. Mejor sería que estos gorilas dijeran la verdad de una vez: que Castro y Chávez son obstáculos para “su” democracia, sustentada en los millones de dólares que financian sus campañas políticas y que después se retribuyen gobernando a favor de ellos, los grandes mercaderes. Algo parecido a lo que sucede en Chile.

CON TODO, LA REVOLUCIÓN SIGUE

Si desaparece Fidel, como desapareceremos todos, la revolución seguirá. La “dictadura” de Castro goza de buena salud. La experiencia socialista en Cuba ha funcionado bien y hoy, el pueblo cubano tiene mucho que agradecer a los colores verde olivo. Los valores esenciales de la humanidad son derecho vivo en la isla. Salud, vivienda, protección social, alimento. Desarrollo sustentable. Y una educación de real calidad no sólo en el aula, sino en la misma sociedad. Escuchar hablar a un estudiante cubano y comparar su vocabulario, su cultura, su personalidad con la de uno chileno, sirve para tomar conciencia de las enormes distancias valóricas que hay entre Chile y Cuba. Nosotros creemos ser un país democrático, aún teniendo el sistema electoral que tenemos. Eso demuestra la ignorancia del chileno medio y la corrupta vida de la clase política local. Nosotros hablamos de igualdad: en Cuba la practican. Por eso el capitalismo desea borrar luego a Castro. Para que su ejemplo y el de su pueblo no se reproduzca en otros países y la igualdad y la fraternidad entre los humanos siga siendo una utopía hermosa pero inalcanzable. No una meta concreta por la cual luchar.

En las calles de Miami celebraron con euforia la noticia de la salida de Fidel del poder. Y bien, hay que ser justos. El odio de estos cubanos hacia Fidel es justificado. Les impidió hacer la fiesta que querían en la isla. Los echó. Si quieren puterío, váyanse a EE.UU. Y por eso la alegría ante la enfermedad de Castro. El privilegiado, el rico, el millonario, el señor, necesita tener pobres. Sin pobres, no hay millonarios. Es una relación directa, incluso a un nivel psicológico: el rico necesita ver lo que no es. Y también necesita mano de obra barata, políticos fácilmente sobornables, leyes que nadie cumpla, bajos impuestos. Como en Chile. Como en tantos otros países de América Latina. Y quizás si Fidel muere, las champañas de 300 dólares y otros lujos encenderán una celebración que en la historia, no ha parado: los que han ganado siempre han sido ellos, los dueños de la tierra y el oro. Cuba es una especie de vendetta personal para ellos y de ahí la euforia que veremos tras la muerte de Fidel.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Pero la revolución no es un hombre. La revolución es un pueblo. Y el pueblo de Fidel sabrá el camino que debe tomar. Porque a diferencia de nosotros los chilenos, los cubanos sí saben como viven los pueblos latinoamericanos. Saben de la pobreza, del mal estado de nuestra educación, de lo que significa la salud privatizada, las drogas en las poblaciones, los lujos exacerbados frente a la miseria agonizante. Y quizás ese ha sido el mayor mérito de Fidel: haber instruido a su pueblo, haberlo educado, haberle entregado las mejores herramientas del conocimiento para que ningún terno y corbata venga a venderle gato por liebre. Y las instituciones, la Asamblea del Poder Popular, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, todas las organizaciones ciudadanas, artísticas, populares, obreras, incluso el Partido Comunista Cubano, seguirán funcionando en pos de un objetivo: la batalla de ideas como manera de situar al socialismo como forma de existencia pacífica entre los hombres.

Fidel está enfermo. Quizás muera, pero pensar que con él morirá la revolución, es otra cosa. Un absurdo, por decirlo elegantemente. El pueblo cubano cree en el socialismo porque conoce el capitalismo mejor que nosotros. Y a pesar de tener a toda la prensa continental en contra, Cuba y su pueblo han sabido proyectarse, tal como hace 47 años, como alternativa real y posible para todos los pueblos del mundo. ¿Qué han encarcelado a opositores? Sí, es cierto. ¿Que han matado disidentes? Sí, también es cierto, como lo es que la revolución tiene que defenderse. Porque, ¿qué hay detrás de esta “oposición” que acusa muertes y encarcelamientos? Claramente, no hay un afán por mejorar la calidad de vida del pueblo: hay simplemente un objetivo “politiquero” de tercera categoría, que es hacer de Cuba un negocio más dentro de este enorme tablero económico llamado planeta Tierra. Y eso pasa por desmantelar lo que el pueblo cubano ha construido durante todos estos años. Esa es la “transición” de la que hablan los periodistas. Esa es la “transición” que Cuba no quiere.

¿Será posible creer que los cubanos quedarán huérfanos si muere Fidel? Bajo ningún punto de vista. Uno de los pueblos más cultos del mundo no se venderá tan fácilmente a las mañas financieras transnacionales. Menos ahora, con Venezuela y Bolivia desplegando la bandera de la revolución bolivariana como alternativa real para los pueblos americanos y situando en el colectivo latino nuevas formas de cooperación e integración. ¿Transición? Sí, puede ser. Pero hacia una coalición bolivariana basada en el desarrollo sustentable orientado a la mejora de la calidad de vida de los pueblos. ¿Qué tal?

La batalla de ideas continúa. Y Fidel muerto es más gigante que vivo.